28.7.13

De mujeres. Monólogo del crítico enamoradizo

é a alta e magra
donzela do quarto
de brincos
coberta por um longo
vestido
("Sandra". Bukowski)

no es que me arrogue la virtud de conocer todas las obras literarias del siglo XX (y lo que expresan en materia de amores). simplemente me llama la atención cuando las cosas se repiten con cierta frecuencia.
y así vamos sin escalas desde Kerouac y Opio en las nubes hasta varios cuentos amateur, pasando incluso por Marla Singer y desde luego Brody Dalle, ejemplos escasos pero nada rebuscados. me llama la atención un fenómeno, estadísticamente llamado "moda", y relativo a la representación de la mujer. ¿cómo es, cómo viene siendo, la mujer que seduce al protagonista?

(voy a iniciar con las mismas palabras con las que se suelen iniciar tantos otros ensayos).
lejos están los remotos tiempos homéricos. en lo que concierne a poesía, más lejos que el héroe épico está la mujer fiel y casera, sorda tanto a declaraciones de amor como a vaticinios injuriosos; laburante demás en su constancia de destejer lo recién tejido.
las mujeres no parecen anhelar este ideal, y hace rato que los hombres tampoco, si suponemos que el mismo Ulises alguna vez lo hizo. es tan estéril y absurdo comparar la Grecia arcaica con el mundo de hoy, que la contradicción se vuelve evidente y necesaria.

así tenemos a Mardou, Amarilla y las mujeres Bukowski de este lado del ring. hoy son las mujeres fuertes las que nos hacen suspirar como niñitas. no estoy diciendo que yo sea un macho con los cojones bien puestos, pero no sé si cuenta como cacería el entrar con un rifle a un establo lleno de yeguas amansadas. hace rato que nos enamoramos de mujeres fuertes. independientes. en algún punto sabias y maduras, pero también crueles, corrosivas y sarcásticas. felizmente, después de siglos el hombre se aburrió de la doncella que se deja golpear sumisa. vaticino que ésas serán las solteras del mañana, así como ya son las tristemente solas del hoy - devotas a un marido al que no le molesta traer el pan a la casa, previa visita a alguno de sus primores clandestinos. (éstos, por regla general, con la marca de Caín de las otras mujeres: las libres). no sé si es la salvaje naturaleza humana la que se está destapando, porque no todos los hombres somos leones o lobos o siquiera porfiados zorrinos. pero una mujer que no te necesite, sino que en cambio se haga merecer, es un tesoro tan valioso al desenterrarse como difícil de ser conservado. [*]

y mi alegría es tener a mi lado (aunque no cerca) a una mujer así.
dura como el acero. hermosa de la mejor cepa; sensible, sincera, con oscura fuerza pero moldeada en cristal. sin ánimo de atarte a nada vuela, sin ahorcarte con su correa ni diciendo "vamos a donde quieras pero conmigo". al pensarlo, no se me ocurre hipocresía más perversa.

[*] en boca de un niño que repetía todo lo que aprendía en la Tierra con sencillez y soltura, Antoine de Saint-Exupéry definió lo "efímero".
"efímero. lo que está condenado a una pronta desaparición."
así describía a la rosa del Asteroide B-612, semejante, aunque sólo en apariencia, a otras diez mil rosas.
un zorro astuto y compasivo lo explicó pacientemente.
"es que la rosa te ha domesticado."
sin ánimos de sonar cursi bajo ningún concepto, comparo un amor con la siniestra rosa parlante que crece en la aridez de nuestro pequeño planeta, y nos insta a cubrirla con un globo.
(y que ingenuamente atribuimos al principio a una brizna de baobab.)

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