7.7.13

Breve informe sobre el río

Recién llego a la hermana ciudad de Corrientes. (Me gusta pensar que con Córdoba son como dos lindas hermanas que conocí de casualidad por ahí; una siempre está con el pelo mojado y lleno de fibra vegetal, de la que suele flotar por el río cuando se hincha; la otra, con la cara llena de polvo, merece una silueta bien formada por las curvas que dibujan las montañas del oeste).
Me recibió como de costumbre: dejándose ver desde lo alto de la lomada un poco antes del peaje, desapareciendo de nuevo y reapareciendo cuando los pies están bien afirmados sobre el puente de cemento. Hoy fue un poco distinto, como si se hubiera cambiado un rol en la ceremonia.
Me preocupa (más allá de que el humor negro sana, con una patada en los huevos) el caudal. Como si la hermana estuviera enojada. El río desbordó y pude ver una iglesia inundada, colocada no tan ingeniosamente junto a la ribera; el agua irrespetuosa había barrido con los alambrados y no tardó en hacer flotar todo lo que estaba en el medio. "Destrucción", pensé yo; pero soy un homo sapiens, y veo todo con mis ojos de homo sapiens.
Lo que puede ser destrucción también puede ser sanación, pero eso no parece ser juicio de mi competencia.
El día está gris y aburrido, dominguero de buena cepa. Llueve intermitentemente. Creo que la imagen del río me va a acompañar todo el día; el shock de haberlo visto de tan cerca a pesar de estar en un colectivo de dos pisos, tranquilamente sentado junto a la máquina de café mientras abajo se extienden las profundidades. El vértigo me hizo ver una rama que, perdida en el medio, parecía una serpiente marina; me pregunté si en mi exageración no cabría traer una ballena y ver si calza. Capaz calza. Lindo espectáculo para que veamos los correntinos, a la vez preocupados y maravillados, desde la costa que nos queda.

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