18.6.13

4. Conócete a ti mismo

El personaje es un signo; cada vez que uno lee una obra literaria y hay alguien que hace algo, ese alguien es un signo: ese alguien remite a otra cosa: esa otra cosa es identificable, probablemente de varias formas, y eso es lo que hace la obra en sí polisémica. Esto es algo que aprendí hace poco, y me preocupa mucho.
La asociación quizás sea ilegitima, pero esta vida no me deja de parecer una obra de comedia escrita por un guionista ebrio. Eso me haría a mí personaje de esta obra, probablemente "antihéroe" (ser antihéroe es algo que está muy de moda) y por lo tanto me haría personaje-signo: yo mismo remitiría a otras cosas que un lector empírico, en algún otro planeta, ve y de lo cual extrae conclusiones. Así como tenemos motivaciones, exploradas rigurosamente por el psicoanálisis, también nuestras acciones significan algo, digamos a posteriori.
Una autoridad en semiótica dijo que es semiótico todo aquello que significa, y después otro le contradijo: "no, esperá", le dijo, "el mundo mismo es un texto". Yo adhiero a esto último. Si el mundo es un texto, eso significa que hay algo en él que significa y que es digno de ser estudiado, como efectivamente fue. "El hecho más incomprensible del mundo, es que éste es comprensible", dijo Albert Einstein. Las conclusiones salen a la vista como flor de loto en la bosta. Si yo soy parte de este mundo, y este mundo es una serie de signos comprensibles, yo mismo debo ser un signo (más o menos complejo, no importa) y por lo tanto mis acciones deben significar algo. Probablemente este es el principio que funda las autobiografías, que eliminan complejidades de la persona a fin de hacer su historia relatable; en la realidad, las cosas no pueden ser tan sencillas.
En mi caería la responsabilidad, entonces, de hacer una especie de "semiosis interior" y, aunque no tengo para nada interiorizadas las categorías de esta disciplina (porque soy peor que un no-iniciado: soy de aquellos que han leído sobre el tema y no entendieron casi nada). Es pensable que un examen fiel a mí mismo, teniendo en cuenta estos hechos, traería a la luz verdades que yo mismo desconozco todavía, pero que están latentes. Mi tesis de licenciatura podría ser yo mismo. Y la claridad de un "yo", instancia variable pero a la vez estable, se ve en el pasado pero se proyecta hacia el futuro.
"Conócete a ti mismo", dicen los zen. Pero el método es un camino indeterminado, largo y ventoso.

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