12.4.13

Mississippi John Hurt

Recién vine rumiando la idea: ¿y si todo lo que pensamos que es sublime pasa sólo por nuestra cabeza (que es mucho decir)? Todo lo que nos parece hermoso nos incumbe, de alguna manera, con lo que queremos ser; y querer ser no es más que pensar qué es lo que queremos ser. Todo lo que nos parece hermoso pasa por nuestras mentes; lo apreciamos con nada más que con nuestra cabeza.
Subí las escaleras, saludé al portero y giré la llave para entrar a mi casa. Y cuando entré en mi casa me puse a ver el siguiente video. Ya recomendé música por acá, con algún éxito (el éxito de la recomendación es convencer al otro de que se tome la molestia de escuchar lo que se propone; tomo como medida de este éxito una entrada que convenció a Alfredo, que no me conocía, para escuchar un disco entero que recomendé yo acá por puro capricho). Esta vez no quiero sólo recomendar, o quiero recomendar de la forma más honda posible. Tómense la molestia, ya digo sin paliarlo más: vean este video. Véanlo con el corazón. Sitúense, con toda la fuerza de sus mentes capaces de pasión, en el video como si fuera una pileta. Recurran con obstinación a todos los recursos que puedan: imaginen el contenido de esas tazas sobre la mesa, imaginen grillos cantando como si se tratara de la humedad de un verano, imaginen su propio pie golpeando el piso de madera para seguir el ritmo a la guitarra polifónica, enfundado en un zapato de gamuza.
Imaginen a este hombre, a este solo hombre, moviendo poderosamente el mundo con la facilidad de quien mueve cuatro dedos para marcar un compás.
Todo en este hombre es facilidad: la ejecución y su escucha. La simpleza es arte. Por eso no me caben dudas de que éste puede efectivamente ser uno de los mejores guitarristas de la historia.
Mississippi John Hurt.


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