7.4.13

La enciclopedia imposible

Debería haber una enciclopedia de tabúes. Una enciclopedia de cosas que la gente se ha puesto a reflexionar por su cuenta, pero nunca se ha tomado la molestia de publicar. Verbigracia:
# "Grandes y pequeñas conclusiones sobre la utilidad o la/s parautilidad/es del coso de la pizza"
# "Grandes y pequeñas cuestiones inherentes al uso y abuso de perfumes para piso"
# "Grandes y pequeños dilemas sobre las grandes y pequeñas ventajas y desventajas de la subida o la bajada a pie o en auto de una calle en subida o bajada"
Y otras cuestiones que, por más fácilmente aplicables a la vida, pueden pasar también por más serias (palabra que mucha gente confunde sin piedad con "filosóficas"). En este momento quiero escribir sobre una en particular. Acaso lo que pueda escribir acá (en realidad, sería una suerte) pueda conformar un artículo de esa misma enciclopedia de ensueño, que para venderse mejor no revelaría su pretencioso contenido a priori y podría adosarse a la revista Anteojito, si existe todavía. Veamos una muestra de su funcionamiento. Se propone una pregunta:

¿Existe una especie de envidia constructiva? Los pasos para resolver este sencillo interrogante serían: en primera instancia, formularlo claramente (esto definirá su alcance) y segundo, recopilar citas, frases, párrafos, aforismos o títulos de obras que recojan, retomen, replanteen, reformulen o respondan esta problemática. Es un trabajo de erudición no menor.
Supongamos que la problemática tiene fácil solución, como la cuestión de la correcta colocación del papel higiénico en su lugar ad hoc. La cosa no pasará a mayores. Tratemos de responder el ejemplo antes citado.

¿Existe una especie de envidia constructiva?
Los eruditos son gente muy talentosa que pasa su vida en bibliotecas tratando de excavar detalles y rarezas sobre lo dicho acerca de un tema en particular; los sabios, palabra sacra que muchas veces considero sinónima de "truhanes", intentan ahorrarse este camino que implica esfuerzo vano y arriesgar su propia respuesta, que muchas veces no es más que una opinión. Que se haga esto es muy molesto para los eruditos, porque aparte de la recopilación de todas las (± novedosas) opiniones emitidas sobre un tema en particular, son los encargados de hacer un estudio de la legitimidad de los opinadores. Pero eso es otro tema.
Hagamos como los sabios, porque es muy tarde para mí hacer una investigación vía blogger.

Supongamos que sí, que hay un tipo de envidia constructiva. Como "envidia" es una palabra muy fuerte, el lector buscará el eufemismo que prefiera. No me importa mucho. De cualquier manera, hay mucha gente (esto lo leí en la propia enciclopedia que estoy tratando de armar) que dice que ninguna palabra bastará para referirse a una cosa, menos si no está presente, mucho menos si es abstracta. Según esta gente, decir "envidia" es tan ambiguo como decir "ambiguo" o decir "biberón". A otra gente le chocará esta idea de "envidia constructiva". Para mí no hay nada más viable. Convengamos una sola cosa: todos hemos tenido ídolos. El fanatismo es, visto desde fuera, una cosa aburrida porque hace caer a uno constantemente en lugares comunes; pero ídolos hemos tenido todos. Y todos hemos tenido que mudar de ídolos: cambiarlos, atenuarlos, desilusionarnos de ellos y acabar matándolos (figurativamente y no). Todos hemos sentido que la presencia de alguien nos mueve a hacer una cosa que hasta ahora no hemos hecho. Todos hemos visto en alguien una cualidad de la que nosotros carecíamos, y la cual nosotros deseábamos fervientemente poseer: ¿no funciona esto, en algún punto, igual que la envidia? Cuando nos apropiamos de esta cualidad, así sea la más humilde, consideramos al ídolo de igual a igual y ya estamos en condiciones de establecer una relación de aburridísima empatía entre pares.
Esta apremiante necesidad de adquirir nuevas cualidades, para mejorarnos a nosotros mismos (y mejorarnos en un punto de vista estrictamente personal y nunca universal, porque es muy difícil que todos estemos de acuerdo en qué es una cualidad y qué no; ejemplo: un hombre quiere convertirse en un ingenioso estafador después de haber leído la Odisea) no puede sino ser llamada "constructiva". Intenta construir algo. Analogía: un hombre tiene un par de terrenos, y quiere construir un edificio nuevo. El plano de este edificio nuevo será el reflejo de la otra persona en nuestros propios intereses; creo que aquí podríamos hablar de los hombres que, por una obstinada austeridad, nunca pasan de poseer prados vírgenes.
Quede claro que no me estoy refiriendo a cosas materiales porque las cosas materiales son también de las más tediosas. Porque son las más deseadas. Desear fervientemente mucha materia es querer meterse en una habitación llena de gente que empuja y que se apretuja por lo mismo. O querer deliberadamente hacer una de esas interminables colas en los bancos, esas cosas que en realidad son consideradas el lado B de ser feliz y no un medio por sí mismas. Atengámonos a cualidades, si se quiere, espirituales.

Podríamos cerrar con un ejemplo.
Si hay algo que envidio de la gente en general, aunque también podría citar personas concretas, es la capacidad de decir la palabra justa en el momento indicado. Puede ser que tenga un extraño fetiche con esto de las palabras, pero para mí no hay cosa más importante. Después de todo, es inevitable; no estamos solos, nunca vamos a estar solos, y nunca vamos a poder estar más que totalmente solos. Una combinación perfecta de palabras dicha en el momento indicado (estos son muy frágiles) puede hacer ver al otro el estado anímico total del enunciador, pero éste es sólo el mejor de los casos; puede convencer, cómo no, aunque esto haya sido discutido y estudiado y practicado hasta el hartazgo. Le mot parfait requiere una doble capacidad: la capacidad de entender al otro, a lo que enunció o lo que podría enunciar; y la capacidad de formar una respuesta en base a eso, en un proceso mental fugaz. Este proceso mental fugaz es parecido a una intuición; un hombre intuitivo no es necesariamente un hombre crítico pero (quizás todo lo contrario:) es un hombre fiel a su propia naturaleza.
Creo que esto es, en términos generales, lo que envidio. Y lo pienso tanto, que quisiera la ayuda de alguien más para pensarlo. Es urgente la necesidad de terminar esa enciclopedia. "Intuición for dummies", "cómo elaborar la respuesta justa en el momento indicado" (y sus homólogos: "qué es repuesta justa" y "qué es momento indicado"), "¿de dónde saqué esta gran idea?", "consideraciones mayores y menores sobre los ídolos" y por fin el interrogante-disparador: "¿existe alguna especie de envidia constructiva?".
En realidad lo único que que necesito, al fin, es alguien que me diga que todo lo que estoy pensando está bien, y más básico: que está bien pensar todo lo que estoy pensando. De nuevo siento la preocupación de encontrarme totalmente solo, por tener una cabeza harta de nudos incomunicables en una enciclopedia imposible.

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