17.3.13

Waking Life, pt. 2

Recién estoy entendiendo la amplitud del film de Linklater que mencioné antes... es una obra filosófica hecha y derecha y sus bases son radicales; simpatizan con el existencialismo aunque no son precisamente él, y con el posmodernismo tiene un sentimiento de indiferencia amable sospechoso de que tiene algo incompleto. (Todo esto según pude entender). Sus diálogos siempre me parecieron muy densos, pero ahora me siento en posición de poder desentrañar mínimamente algo. Y no porque de repente sea un erudito. Por una razón muy distinta: le he perdido el miedo a las palabras, al mismo tiempo que descubrí que estaban todas vacías, en realidad. No llego al extremo de admitir que todo esta vacío como dice Kerouac, pero no hay que negar la perversidad de las palabras: suelen ser algo y a la vez lo opuesto en un sistema de muy dudosas limitaciones... antes me sentía muy lejos de entender cualquier -ismo, porque pensaban que todos tendían a lo mismo. Hoy los ismos se me llenaron en un trabajo de investigación que me sirvió para saber que, si en efecto todos tendemos a lo mismo, los ismos son una escala innecesaria y muy intensa en el debate (para/trans)filosófico de qué hacer con nuestra vida. Ismoísmo: un aeropuerto siempre extranjero donde las posturas de la historia se pelean por valijas vacías.
La propuesta de Linklater es una más de entre ellas, asida a su fe en la posibilidad de dar un ejemplo. Puede parecer poco creíble porque no ha salido en formato de tratado filosófico, sino en formato cinematográfico. El cine remite afortunadamente al arte: pero no debería remitir solamente al arte, porque esto sería quitarle su estatus de disparador de mensajes diferentes al arte por sí mismo. Con esto quiero decir: no es razón suficiente para subestimar esta propuesta, decir que estar presentada en forma de diálogos diáfanos a través de las vivencias de unos personajes bosquejados de forma muy extraña. Por otra parte, si recordamos personajes bosquejados de forma muy extraña bastará nombrar a Holden Caulfield o Raskolnikov.
Si no lo malinterpreto, uno de sus pensamientos básicos está retomado desde muchos puntos de vista, todos los cuales son dados al personaje por otros personajes que (siguiendo su propia lógica) dudosamente podrían ser siquiera personajes, o algo más que personajes. Este pensamiento básico que recuerdo estructura toda la película, desde los diálogos hasta la fotografía. A saber.
¿Qué pasaría si en realidad fuéramos el sueño de otra persona?
Si discutimos sobre el interrogante mismo, no saldremos del aeropuerto y de la eterna pelea por valijas vacías. Occam dirá que sería mejor no pensarlo; E. Bachrach dirá que hay pruebas muy fehacientes (aunque no concluyentes, dirá un escéptico) de que nuestro cerebro es en gran medida autónomo. El primer problema es en realidad sentar a todos los sabios a discutir el tema, porque cada uno está siempre ocupado en sus propias cosas. Por la puerta de atrás del aeropuerto veo salir a un grupo de viejos chinos risueños y los sigo. Entre ellos, despreocupadamente, Sartre o quizás el mismo Kerouac. No quiero poner en bolsas a todos los grandes nombres cargados de un significado que ni sus portadores sospechan.
Una de las respuestas: la diferencia real está en nuestra acción, que también es, en principio, pensamiento.
Guy Forsyth (corremos el riesgo de que a Linklater no le guste su apellido y por lo tanto sería mala educación estar recordándoselo constantemente) expresa, dos puntos.
"The trick is to combine your waking rational abilities with the infinite possibilities of your dreams".
Todo, esta entrada misma también, queda sujeto a revisión.

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