28.3.13

Historia basada en hechos reales

Una vez estaba volviendo en colectivo dos pisos desde Buenos Aires, era el 26 de mayo del 2010. Algo me llamó la atención, además del hecho de estar volviendo de Buenos Aires en un colectivo de dos pisos. Voy a tratar de describir eso, porque es algo que quise hacer desde que sucedió y nunca pude comunicar su plena importancia.
La autopista por la que venía estaba desierta, silenciosa, llana y tan limpia que se podía comer en ella. Reflejaba la luz naranja de los faroles y también reflejaba, aunque no lo escuchara, el tss tss de sus filamentos de tungsteno. El fin de semana largo no había terminado, por eso tan poca gente. Eran las 11 de la noche. Había un cartel electrónico a manera de pasacalles. Yo estaba sentado en la primera fila del segundo piso, con todo el ancho del cristal para mí como a mi me gusta (siempre que hay disponibilidad me mando, a sabiendas de que sentado ahí puedo ser el primero en morir en un choque frontal) - y como si estuviera escrito en los códices de no sé qué guionista estúpido que derramó su café sobre las pruebas de imprenta, el cartel decía:

"FELIZ BICENTENARIO
1810 - 2010"

Fin de la descripción

Concretamente, me llama la atención la forma en que estos hechos que parecen suceder a propósito en realidad, y con toda lógica, son accidentales. No fui el único que vio ese cartel, incluso si se tiene en cuenta que en esa ruta a esa hora había muy poca gente. Sería necio alegar que fui el único que percibió su dimensión histórica. Pero de hecho me sucedió dos o tres veces haber estado de paso en algún lugar, sintiéndome interpelado por el "universo" al ver que en otro lugar del mundo (o de la historia) estaban desenvolviéndose instantes significativos: la muerte de tal o cual persona pública o tal o cual violenta disolución de fronteras políticas, como cuando Forrest Gump veía distraídamente la llegada del hombre a la luna en el '69. Como Forrest, uno no se da cuenta (al final, todos somos 'idiotas': sólo que a algunos les ofende el stricto sensu) de la resonancia simbólica que pueden tener esas cosas que pasan en TN como importantes, metidas en el morbo de siempre que también juzgamos importante. Sagaz renovación de la fábula de la ovejita mentirosa combinada con cierto cuento de Poe sobre esconder algo grosso en tarjeteros que estén a la vista. Si uno tiene la cabeza en el momento, es en ese momento donde uno está tomando un café en una estación de servicio de Neuquén cuando se entera que murió Sandro - historia basada en hechos reales.

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