9.12.12

Re:

Tuve tiempo de digerir tu última epístola una vez leída viajando todo el camino; dormí tres horas (ahora me arrepiento porque no tengo las fuerzas para levantarme de la silla e ir a ver a Molotov) en las cuales seguramente soñé con vos diciéndome todo, pero no me acuerdo. Cuando me desperté, estaba en Resistencia; ya todo era escalofriantemente familiar. Haciendo una relectura, que no ansiaba ser muy distinta de la primera diez horas antes, garabateé esto mientras el colectivo caluroso me lo permitió en su inercia. Arrancó cuando estaba redactando el pie de página, que es más bien macabro y no pasa de información complementaria.
el encuentro con la muerte, via uno de sus emisarios (que todo el tiempo son millones¹) es inevitable, arcaico (qué linda palabra) hasta el punto que remite al primer hombre que, bajo la lluvia, lloró ya viudo; no sabiendo en primitiva confusión si las gotas caían del cielo o si llovía él mismo sobre su difunta amada, sobre su sepultura cuya sencillez profanarían hombres años más tarde alegando santidad o ciencia.
me siento heredero herético de estos superhombres que lejos de la aprensión que provocan estas situaciones límite, han sabido sobreponerse para su propia calma: mental y de espíritu.
algo dentro me dice que debo sonreír ante tu partida; obedezco sin culpas.
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¹ basta con recordar que en el planeta Tierra se produce una muerte por suicidio cada cuarenta segundos.
 

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