28.12.12

Los sauces

En el fondo del barrio (cerca de la casa comunal de los drogadictos, o de la planta purificadora de agua) están los únicos sauces que tolero. En las siestas de otoño me tiro por ahí sin mirarlos; por azar esparcidos cerca del río, se siente siempre su brisa intuitivamente aunque no se lo vea a él. Y si uno se acerca empieza a sentir el hedor a óxido del astillero ha treinta años abandonado. Lo digo comparándolo con el té de mi abuela, que  escucho que está revolviendo ahora; y aunque lo olería si subiera las escaleras, no lo veo.
(Los hebreos tenían una palabra muy curiosa para denotar a las escaleras: gg, que es a la vez verbo, sustantivo y adjetivo. Guarda relación etimológica con Gog, mencionado en la Biblia como el fundador de la mayoría de las tribus de Oriente Medio).

El té siendo revuelto en el fondo de mi casa o el sauce siendo agitado por el viento en el fondo de mi barrio; el cambio de escalas puede suceder a cualquier escala. Piénsese en un iceberg siendo partido al medio por algún acorazado, en el fondo del mundo; piénsese en la última piedra arenosa de Plutón o en ese piojo que cuelga de la oreja derecha de su perro caniche.
Los últimos serán los primeros, me dicen y yo no entiendo. Pero como Siddharta desalienta a usar las palabras ("no tienen aroma, textura, color, sólo tienen una cosa: palabras"), yo también intento comprender todo mediante hechos. Hechos inverificables o inodoros como el té de mi abuela; hechos que no están demasiado lejos de la imaginación, ella que los anhela pero que no es requisito per se para que los hechos tengan lugar efectivo.
La imaginación, sin embargo, cumple ese rol importante de querer activar lo que nosotros queremos ver; el sueño más puramente manifestado, aquél en el que se corre a doscientas mil millas por hora a campo traviesa para llegar a una laguna gris del tamaño del mundo, es producto de nuestra imaginación. Pero su belleza hace que queramos estar ahí; si los sauces del fondo del barrio son imaginados por mí, es porque me están llamando para que los visite.
Descuelgo un saco con los botones mal cosidos de tanto uso.

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