1.12.12

En este sábado nublado y...

En este sábado nublado y caluroso comunico: estoy perdido.
Estoy perdido dentro de mi mate demasiado caliente para este calor y que no sabe a nada; que me hice con la esperanza de despabilarme de la siesta (qué hermosa palabra resuena en los labios de mi bisabuela, cuando me decía "despertate y despabilate que hay que comer", subiendo a durísimas penas 16 escalones [los conté en la infancia] a pesar de su progresiva artrosis); una bombilla del Gauchito Gil perdida en Córdoba que traje, siempre tan legendaria, porque es la que usaba para los tererés dulces y los vinos; perdido en fin dentro del mate como Maná se pierde en un barco, se pierde en tus brazos.
También estoy perdido dentro del gato. El gato que me tiene como esclavo limpiando su mierda y acariciándole las orejas, y yo que me dejo por puro amor. Podría no hacerlo y a él le importaría, pero no por mucho tiempo: eso admiro de los gatos y de los seres irracionalmente racionales en general; aceptan lo que les viene merced a una amnesia constante de quiénes han sido, en sus vidas, los bienhechores y los malhechores. Como la vez que fui a buscarlo después de un mes sin tenerlo, y el gato me mordió porque no me reconocía. Ahora que somos como padre e hijo un poco, un poco como compañeros de piso, y ya nos conocemos todas nuestras mañas, nos llevamos bien. La incongruente relación sigue basada en el hecho de que todavía yo soy el encargado de comprarle la comida, lo que supone un esfuerzo monumental sobre todo cuando se termina en los días no hábiles léase sábados nublados.
También estoy perdido dentro del blog. Acá se cierra un poco el proceso: el mate, el gato, el blog, el sábado tiñendo de gris toda la parafernalia; el blog, no sé para qué sirve el blog, y es más: no sé si estoy escribiendo ahora, a pesar de estar efectivamente escribiendo; no sé si soy yo el que escribe, no sé asimilar (nunca hice el ensayo) esta forma de escribir como mi auténtico estilo, aunque haya recibido alguna que otra crítica positiva aislada. Nunca escribí así. Es difícil explicar este sentimiento, pero es un sentimiento basado en eso: en la dificultad de explicar también el blog; para qué sirve, qué espero de él. Y como dije en alguna entrada anterior (pero no quiero esperar del asiduo lector una erudición, lo que se dice erudición, sobre todas las sandeces que digo, siempre propensas a ser demolidas) no me gustan las cosas que no puedo aprehender semánticamente por completo; me cuesta iniciar una novela si no leí una reseña de cómo termina. Tonto pero es así. No me gusta estar a la deriva, y con este blog estoy no a la deriva pero remando sin saber a dónde. Quisiera ya que me asignen un trabajo, o una causa noble, pero no hay nada. El blog está muerto por definición. Estoy remando en un ataúd, y mientras tanto, recolectando nenúfares.

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