31.12.12

2012

Ya Eduardo Galeano relativizó todo lo que se puede el significado del fin de un año; en uno de los peores momentos de la historia en el que lo podía hacer: el paso del segundo al tercer milenio después de Jesucristo. Más allá de eso, aprovecho esto sólo para poner un punto final al trabajo (¿trabajo?) de escribir acá por este año, ya que, para no mentirme a mí mismo, no voy a publicar más cosas por ahora. Hace tiempo no publico nada, y está bien.
De cualquier manera sentía que no podía hacer esto sin un cierre. Sí sin un balance; eso es precisamente lo que omitiré ahora.
Ya hace un año este blog es una poderosa muralla de dos partes a través de la cual se canaliza un caudal de tikitikis en dos o tres teclados distintos. Creo que no es nada más que eso. La razón por la cual devienen los tikitikis, a veces organizadas y a veces no tanto, está abierta a un estudio ajeno a la finalidad misma del blog y por lo tanto no corresponde explicarla aquí tampoco.
Esto es un medio muy valioso y lo aprecio; por eso necesitaba un broche de oro oxidado para que lo luzca en las cenas de gala de fin de año.
Sin más: ¡feliz 2013, y vuelva pronto!

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