1.11.12

Una entrada que no habla sobre noviembre

Nunca se me pasó por la cabeza explicar por qué copio fragmentos de textos que no son míos con letra Georgia (me gusta tanto la fuente como el nombre que tiene, nombre a país con otro alfabeto que probablemente no conoceré nunca). Esta constante tendencia a robar textos, citándolos a veces, citándolos la mayoría de las veces no, es en realidad una constante gana de ponerlos en contacto con el mundo que leo, los signos que recibo a través de los canales más extraños variados y sobre todo inesperados: estoy esperando no que saquen conclusiones, mucho menos que saquen las mismas conclusiones que yo, sino que se dejen seducir por ese aroma a nada que les despierta un texto en principio incomprensible pero que justamente por esto puede, la mayoría de las veces, ser leído de muchas maneras.
Pongo por ejemplo la entrevista con el Chango Rodríguez, tres entradas hacia atrás: imagínense, porque quizás no conozcan al Chango Rodríguez, un hombre en un pabellón que en su juventud ha viajado muchísimo y hoy está encerrado (los versados en su biografía dirán que por homicidio, los ignotos simplemente no dirán nada) y tiene muchísimo tiempo para la introspección y la composición de obras. Cómparese eso con mi propia vida (seis entradas más atrás), con mis propios sentimientos (después de todo, por algo copié justamente ese fragmento) o con los sentimientos suyos, señor lector: cualquier conclusión o impresión o, en el mejor de los casos, estremecimiento que pueda hacerle sentir yo con lo que transcribo de otras fuentes es sin duda valioso. Yo dudo tener ese poder con palabras propias; lo inesperado para alguien siempre viene de un lugar que no es la propia cabeza. No confío, todavía, en esa gente que dice que "todos somos uno": no por nada los otros tienen el poder y la costumbre, tan valiosos los dos, de hacernos romper en llanto de cuando en cuando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario