8.11.12

Somos poco, pero olvidémonos de eso

Triunfar en una ciudad extranjera (como París, una de las ciudades que el mundo entero ve como "cosmopolitas" - kosmopolités: ciudadano del mundo) y volver a la ciudad de donde venimos, es traer con nosotros un capital simbólico que es la victoria.
Esto leo en un artículo de una revista, ya no me acuerdo cuál, ya pasaron cinco minutos.
El problema, claro está, es desear ese capital simbólico: sea por una cuestión (más que privada) de ego o sea porque realmente queremos expandir nuestros límites para sentirnos ("il faut traveller loin en aimant sa maison" -Apollinaire) "auténticamente latinoamericanos" como el propio Cortázar, epi-ejemplo de esta experiencia de viaje, Cortázar que cita esa frase de Apollinaire antes de que comience su obra más conocida (o quizás no, quizás la obra comienza muchísimo antes); ¿en qué consiste conquistar una ciudad? Creo que en adoptar su ritmo y entender sus costumbres, entender sus vueltas. Lo mismo, rudamente, que conquistar una persona: que deje de ser un misterio, allá lejano. Formar parte, id est, participar, que es una de las prácticas-requisito de la experiencia. Después de todo, no hay sino experiencias. La teoría es un dulce caramelo para una persona que tiende (naturalmente o no, no lo sé) al sobre-examen de sus vivencias y también de las ajenas; la experiencia, por otro lado, es inevitable y comprende la auténtica dimensión del conocimiento. Un conocimiento que a pesar de poder ser explicado pobremente con palabras que hoy por hoy son más frágiles que nunca, es un conocimiento desesperantemente inalienable. (Una de las enfermedades de la experiencia: usarla como excusa o móvil para imponer un autoritarismo desmedido sobre personas que todavía no se han forjado a sí mismas).
Han dicho que los blogs son una bitácora de estas experiencias, que entre otras cosas que forman la vida. Por eso escribo aquí. Aunque vida: esa palabra que tanto para los biólogos como para mí, que no soy ni quiero ser jamás un biólogo, está tan vacía de sentido; la palabra que todo el mundo quiere tatuarse como si realmente significara algo. La vida es una cortísima brecha entre una infinitamente grande y pesada masa de nada: la participación en ella, muy a pesar de su reflexión sobre ella, es lo que la hace dinámica y colorida y a la larga, quizás cuando ya no lo necesitemos, nos facilite ese capital victorioso que anhelamos en un principio. "World won't offer you a present; believe me. Want a life. It works", reza un proverbio turco. No hay nada que pueda llamar yo 'vida' y que alguien más pueda llamar, de la misma forma, 'vida'; tan solos estamos cuando queremos aunarnos con palabras, que son arena movediza, "fuente de malentendidos". No hay vida y muerte para los muertos, que no reflexionan como eso como dice apropiadamente el Eclesiastés; tampoco hay inmortalidad para los que ignoran la muerte, como dice Borges. Se trata de cumplir el papel que nos toca; no es nada simbólico. Ni nada nuevo. En grandes escalas de tiempo se ve que en rigor de verdad nunca hubo nada realmente nuevo.




Hombre japonés pone en subasta la tierra y las ofertas han superado ya los 100 millones de dólares
Hombre en Japón asegura que Dios se le apareció en sueños y le permitió vender nuestro planeta para resolver sus problemas financieros; el precio inicial de poco menos de un dólar rebasó ya, luego de que el anuncio se vilarizara, los 100 millones de dólares.
(Fuente: Pijama Surf)

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