24.11.12

Nóstos álgos

Retrotraigo a este bello fragmento de una viajera con muchísima experiencia a la oscuridad y al acre hedor a polvo que hay en este blog que no visita nadie.
No quiero detenerme con epígrafes; la imagen basta.
Cabe recordar sólo un par de cosas:
1. yo hice ese mismo viaje anteayer (lo que es lo mismo que comentarles que encontré este escrito dos días después de haber hecho este viaje), y todavía me pesa en el alma el haberlo terminado;
2. yo saqué las mismas conclusiones, y terminé tan inspirado que no pude decir nada.




“Cuando volvés a tu casa en colectivo el viaje se termina cuando te subís, pero cuando viajás a dedo el viaje termina cuando te bajás del último medio de transporte”, me dijo Demian la noche anterior, muy feliz con su descubrimiento.

Transporte 2: de Mina Clavero a Carlos Paz

Al rato llegó nuestra salvación: Julio César. Estábamos parados muy cerca de una curva, así que se ve que nos vio apenas dobló, porque frenó en el acto y se puso a pocos metros. Este buen hombre nos llevó en su auto derechito hasta Carlos Paz por el camino de Altas Cumbres (una de las rutas más lindas y escénicas de la provincia). Mientras íbamos en el auto —con la radio al máximo, por lo cual escuché la mitad de las cosas— nos contó que él había sido mochilero hacía 30 años (“cuando casi no había mochileros”) y que le gustaba mucho viajar. Estaba casado con una alemana y había viajado a Europa unas 8 veces. Nosotros le contamos acerca de los viajes, las burbujas y todas esas cositas simpáticas. Una conclusión que saqué (muy leve y precipitada, por cierto) es que los que levantan mochileros en la ruta son personas que son, quieren ser o alguna vez fueron viajeros. O por lo menos son personas que nos tienen simpatía.

 entrada del recomendabilísimo blog de Aniko, 

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