28.11.12

Manifiesto del músico frustrado

A riesgo de ser tachado de rebelde sin causa (según leí por ahí, tal como son tachados personajes como Fernando Vallejo o John Lennon [...]), expongo mis ideas, brevemente porque tengo que salir a caminar bajo la lluvia del miércoles, acerca de esto que en un arranque absurdamente espontáneo de caminar con la guitarra por mi pieza llamé "retórica musical" o "presentación de los acordes a fines de persuasión compasiva":
ya superé la etapa (los años corrijan esta deserción) de músico virtuoso; ya no me interesa, como hace meses atrás, dominar con maestría el laúd o el saxofón; pensando en Edward Hamell, o en Seasick Steve, o personajes como ellos que están en la frontera del blues y del no-saber-qué-diablos-hacer sino MOVER A LAS MASAS, los tomo como referentes de lo que deseo ya fervientemente de la música y del perfeccionamiento musical propio, que no es sino otra cosa que WASTE OF POTENTIAL:

sí señores, como convencer a tu madre misma de que tocás bien la guitarra por gritar, tan desaforadamente, mientras rasgueás los acordes de Puerto Montt (ese viejo tema de Los Iracundos) o vía radio, cantando con voces finitas un tema del primer disco compilado de Green Day con el que habría sido tu amigo del alma, solo para que las chiquillas se mojen los calzones escuchando tu voz finita por la emisora de radio (todo esto basado en hechos reales): no vale más el virtuosismo que el entretenimiento, y el entretenimiento, compenetrado con la sofística de que el que sabe más no es el que conquista, sino conquista el (por decirlo mal y pronto) el "vendehumo": el verdadero "rhétor" de la música, o siquiera de una parte ínfima de ella como ser el blues o el rock and roll (que se degradaron, y ojo que no es por mí, en entretenimiento) es el que sabe poner garra en lo que hace, y no ¡perfección!
(de esto me voy a arrepentir en años siguientes, cuando aspire efectivamente a ser un virtuoso... ¿será? pero ese tren ya pasó, se me hace, y de acá a diez años lo más que puedo esperar es tocar con la manera en que Edward Hamell lo hace con su seudónimo Hamell on Trial, unos punteados improvisados impecablemente desprolijos que exigen del oyente nada menos que un frisson de musique, como osan llamarlo los científicos: estremecerse ante la ¡precariedad! pero también el ¡sentimiento! [ojo] de lo que uno está escuchando)

sí señores.
esto es la verdad del mundo. no hace falta convencer a nadie ya de la erudición de uno, menos todavía si uno no posee tal erudición.
vengan a mí las chicas, los chicos, las masas locas: venga a mí mi madre y mi abuela cuando toco los iracundos o esos beatniks con sus chasquidos cursis y sus boinas-ecolalia cuando recito haikus con un arpegio mínimo, o esos muchachitos alternos cuando toco un tema de radiohead o esos depresivos borrachos de bar, pero de tan amplísima y fina cultura, cuando quiero imitar y no puedo el saxo doble de dana colman con mi voz barítona de pescadería infernal o el saxo con tres cuerdas del señor hombre de arena

¡todo, después de todo, es imitación de una imitación de una imitación

y nada es degradado ni fue degradado por mí, así que no me echen la culpa. yo sólo soy un músico frustrado, que ansía saber lo que al mundo le gusta, como para ser nada más ni nada menos que una gemita interesante, y con esa satisfacción, nimia pero satisfacción al fin, entrar a abocarme a las cosas que realmente me gustan, como la literatura y esas sandeces.

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