4.11.12

Circunstancias de las más extrañas

El domingo se junta con Illya Kuryaki and the Valderramasa y con una conversación con una amiga de secundario para recordarme esas diversiones de pueblo; me sorprende que ella las haya llamado de la misma manera que yo, y refiriéndose (se nota por el contexto de la conversación a las mismas cosas): concretamente tomar cerveza en la vía pública e irnos a fumar, alumbrados por unas estrellas ciegas de litoral, a una playa sucia donde siempre hay carpas habitadas por nadie sabe quiénes.
Se amontonan las imágenes como nostalgias que uno, en la gran ciudad y luchando por su futuro, aplaca gracias a un documental del prestigioso canal Encuentro. (Después escribo sobre ese documental, que habla sobre el pueblo de San Pedro Pescador enfrente de Corrientes y que acabo de descargar a mi hard drive). Todo forma una especie de cosmogonía que uno recuerda, como si ahora estuviera situado desde la tragedia y no desde el mito mismo. Todo se compenetra tanto porque pertenece todo al mismo lugar; y esto me hace sospechar, ahora más de grande y habitando otra ciudad que no es la mía pero se ha vuelto la mía, que en realidad los grandes teóricos de la memoria y el sentimiento desprestigian a los lugares, las imágenes y las impresiones que estas y aquellos nos producen a nivel psiquis.
Mil veces me ha pasado recordar mediante olores, como el perfume de alguien que conocía de allá; otras mil veces, quizás millones, mediante sonidos de una canción (ya he escrito demasiado sobre esto acá y no quiero hartar a mis lectores novembrianos hipotéticos); otras pocas veces, escasas sólo en comparación con las otras, me ha pasado recordar espontáneamente paisajes de allá y momentos de allá, sin estar haciendo nada que en principio se relacione con estos hechos. Este es un fenómeno que sucede uno o dos meses después de mi último regreso (que este año suman tres); yo lo asocio principalmente al comienzo de eso que las masas llaman 'extrañar' y Sofi me ha pedido implícitamente que (me) defina.
Esa es señal de dos cosas: que ya quiero aprehender el momento del regreso; y que el momento del regreso está cada vez más cerca.

La más fuerte impresión auditiva que puedo describir en este momento es el álbum Soviet Kitsch de Regina Spektor, link a cuya reseña hecha por mí copiaré en este preciso lugar. Éste es el álbum que escribía cuando abordé el colectivo la última vez que volví a mis pagos (léase Corrientes, porque no vivo ni en Rumania ni en la ciudad española de Córdoba); reproduje el álbum por puro aburrimiento, porque no le tenía mucha fe a Regina sino que lo puse sólo por no tener ganas de pensar qué poner; es un álbum que escuché cuatro (sin hipérbole) veces en lo que duró todo el viaje. Alrededor de veinticinco veces los días que me quedé, cosa que no es proporcional pero se explica, y unas dos veces, que ya lo sabía de memoria, en el viaje de vuelta a mis nuevos pagos. Desde ahí lo escuché interrumpidamente varias veces, por ocasiones numerosas, semanas enteras sin escucharlo. Ahora que la vuelta es inminente, más por ansia que por realidad, estoy empezando a escucharlo de nuevo. En realidad no me recuerda a Corrientes, sino a esa clara ansia de volver a Corrientes que suponen los pueblos de Esperanza y Río Primero: el largo viaje se está produciendo y ya está cerca la hora de volver a casa (que siempre acarrea circunstancias de las más extrañas), se acerca la hora de ver a esa gente que preguntará cómo me va y yo, con una sonrisa cínica (conjugando a la vez las no-ganas de responder con el agradecimiento tácito de que se preocupen por el tema) "bien, me va bastante bien". El hecho de ser guía turística en mi ciudad, escribiendo ya allá las expresiones de un paisaje viejo pero siempre recompuesto de una u otra manera; sobre todo ahora, que estoy lejos y que poseo más herramientas lingüísticas que nunca (porque no son cosas en realidad que se olviden) para describir las impresiones que estos paisajes me traen. Este blog, en ese sentido, no es sino un trabajo de recursividad: es valioso como bitácora de un alejamiento no prolongado ni extremo; preparación para la antesala (es decir, dos estadios antes de) una vida entera lejos del lugar donde nací, pero persiguiendo los sueños más íntimos que ya habrán de una vez madurado.



Guillermina (@guillezubieta): —Ya viene el verano, y vamos a tomar porrones en parques y veredas mientras paseamos al gato que ahora es parte de esto.
Lucio (@sandiaconqueso): —No sabés lo que extraño tomar porrones en la vía pública. Si hacés eso acá te llevan en cana. Así que este verano va con todo.
Guillermina (@guillezubieta): — ¡Acá también es ilegal! Vamos pal pueblo, esto es cualquiera.

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