28.11.12

Dos lecturas finales ("Hozomeen, Hozomeen...")

"...no quiero oír todas tus descripciones con palabras y palabras y palabras de lo que hiciste en el invierno, tío. Quiero entender las cosas a través de la acción."
(Jack Kerouac, The Dharma Bums)



"Hace unos treinta años que vivo en este planeta y todavía no oí una sílaba de los consejos valiosos o hasta serios de mis mayores. Pues ellos no me han dicho nada, o quizá no puedan decirme algo de utilidad. Aquí está la vida, un experimento, la mayor parte del cual no ha sido realizado todavía por mí; pero no me beneficia en absoluto el que otros lo hayan realizado. Si poseo alguna experiencia que considero de valor, estoy seguro de que mis guías no dijeron una palabra acerca de ella."
(H. D. Thoreau, Walden: Life on the Woods)
"Como los pájaros que se congregan en los árboles al atardecer y luego desaparecen al caer la noche, así son las separaciones del mundo", escribió Ashvhaghosha hace casi dos mil años.

Manifiesto del músico frustrado

A riesgo de ser tachado de rebelde sin causa (según leí por ahí, tal como son tachados personajes como Fernando Vallejo o John Lennon [...]), expongo mis ideas, brevemente porque tengo que salir a caminar bajo la lluvia del miércoles, acerca de esto que en un arranque absurdamente espontáneo de caminar con la guitarra por mi pieza llamé "retórica musical" o "presentación de los acordes a fines de persuasión compasiva":
ya superé la etapa (los años corrijan esta deserción) de músico virtuoso; ya no me interesa, como hace meses atrás, dominar con maestría el laúd o el saxofón; pensando en Edward Hamell, o en Seasick Steve, o personajes como ellos que están en la frontera del blues y del no-saber-qué-diablos-hacer sino MOVER A LAS MASAS, los tomo como referentes de lo que deseo ya fervientemente de la música y del perfeccionamiento musical propio, que no es sino otra cosa que WASTE OF POTENTIAL:

sí señores, como convencer a tu madre misma de que tocás bien la guitarra por gritar, tan desaforadamente, mientras rasgueás los acordes de Puerto Montt (ese viejo tema de Los Iracundos) o vía radio, cantando con voces finitas un tema del primer disco compilado de Green Day con el que habría sido tu amigo del alma, solo para que las chiquillas se mojen los calzones escuchando tu voz finita por la emisora de radio (todo esto basado en hechos reales): no vale más el virtuosismo que el entretenimiento, y el entretenimiento, compenetrado con la sofística de que el que sabe más no es el que conquista, sino conquista el (por decirlo mal y pronto) el "vendehumo": el verdadero "rhétor" de la música, o siquiera de una parte ínfima de ella como ser el blues o el rock and roll (que se degradaron, y ojo que no es por mí, en entretenimiento) es el que sabe poner garra en lo que hace, y no ¡perfección!
(de esto me voy a arrepentir en años siguientes, cuando aspire efectivamente a ser un virtuoso... ¿será? pero ese tren ya pasó, se me hace, y de acá a diez años lo más que puedo esperar es tocar con la manera en que Edward Hamell lo hace con su seudónimo Hamell on Trial, unos punteados improvisados impecablemente desprolijos que exigen del oyente nada menos que un frisson de musique, como osan llamarlo los científicos: estremecerse ante la ¡precariedad! pero también el ¡sentimiento! [ojo] de lo que uno está escuchando)

sí señores.
esto es la verdad del mundo. no hace falta convencer a nadie ya de la erudición de uno, menos todavía si uno no posee tal erudición.
vengan a mí las chicas, los chicos, las masas locas: venga a mí mi madre y mi abuela cuando toco los iracundos o esos beatniks con sus chasquidos cursis y sus boinas-ecolalia cuando recito haikus con un arpegio mínimo, o esos muchachitos alternos cuando toco un tema de radiohead o esos depresivos borrachos de bar, pero de tan amplísima y fina cultura, cuando quiero imitar y no puedo el saxo doble de dana colman con mi voz barítona de pescadería infernal o el saxo con tres cuerdas del señor hombre de arena

¡todo, después de todo, es imitación de una imitación de una imitación

y nada es degradado ni fue degradado por mí, así que no me echen la culpa. yo sólo soy un músico frustrado, que ansía saber lo que al mundo le gusta, como para ser nada más ni nada menos que una gemita interesante, y con esa satisfacción, nimia pero satisfacción al fin, entrar a abocarme a las cosas que realmente me gustan, como la literatura y esas sandeces.

¿Última? epístola a Charlie

Aunque quisiera, y aunque fuera tarde, a esta hora ya no podría leer; acabo de quemar, de una caída, el velador tenue que iluminaba mi pieza (que consiste en un escritorio y un colchón, con aspiraciones de budista) cuyo foquito de 75 watts tuve que cambiar tres veces. Inicio esta conversación, la más dolorosa de las conversaciones unilaterales, mediante cosas nimias; así fue, siempre desde tiempos inmemoriables, la forma más cómoda de iniciar este tipo de conversaciones fatales.
El otro día le dije a alguien que vos siempre fuiste una compañía espiritual y ahora no lo sos menos, excepto por el hecho de que ya no puedo hablar con vos. De manera que, como se hace con los dioses, tengo que inventarte pareceres en vez de consultártelos. Uno de ellos es el siguiente: vos no querés que yo esté mal. Hago lo posible por no estar mal, y a veces me siento medio egoísta porque me sale; lo que sí se es que vos no estás mal (sumergida como estás en ese viejísimo mundo lleno de amor y luz, que hace unos meses conociste en propia carne durante ocho minutos), así que yo voy a hacer el ensayo de no estar mal tampoco. Y me distraigo leyendo libros, alguno de los cuales me recuerda a vos, y alguno de los cuales incluso está marcado con tu propia caligrafía. La caligrafía que me hace sentir una emoción extraña, como un cosquilleo en las orejas que tuve la mañana que me enteré que falleciste, la misma caligrafía con la cual están escritas las palabras "te quiero". Tu caligrafía prolija y tu extraña manera de escribir las 'e' fueron la forma más cercana que tuve de vos, al no haber llegado nunca a abrazarte sino indirectamente, a través de gente que te conoció y con la que comparto ciudad (y con la que comparto también malas noticias, aunque también buenas). En fin, no sos más que una nube divina ahora mismo, ni sos menos que eso. Sos eso que pienso cuando escucho una canción que dice "todo lo mueve ella con su mano", o algo así; sólo que ahora es dolorosamente verdad, y tiene ese gustito amargo de las cosas de la vida (o de la no-vida) que no tienen regreso. Tu mano con las uñas pintadas de azul porque ese es el color que detesta tu madre.
Pensar en el último mensaje que te escribí, diciéndote que escales la montaña, que es imposible caerte; no sé qué podrías haber leído vos en ese mensaje, pero yo tampoco sé. Yo nunca estuve, y esto ya te lo dije, en posición de comprenderte. A pesar de lo bien que decís que lo hacía. No me gustaría hacer públicas nuestras conversaciones pero es un riesgo fatal de publicar esto en este blog, que estoy seguro, es una de las cosas de esta Tierra que te gustaría leer si pudieras leer algo. Porque habla de vos, y te amás, porque te amamos. Pensá que yo nunca fui religioso hasta hoy, día en el que vos parecés formar de una manera que se asemeja a un tejido inconsciente, varios fenómenos de mi vida. Como si todo estuviera efectivamente movido por tu mano. En ese caso, vos serías uno de los vértices de mi panteísmo. Me consuela, al escribir tan intrincado, el hecho de que no, de que no vas a leer esto y por lo tanto no tengo que explicarte: "dejá, yo me entiendo", pasemos a otra cosa.
Te vamos a extrañar mucho, pero yo creo que menos. No sé por qué. Será porque nunca te vi sonreír cara a cara, o será que con tu sonrisa marcada en mi propia sonrisa, que al fin y al cabo siempre fue o causa o efecto de ella, me alcanza; un ejercicio de pensarte en cada cosa que hago, ya de manera automática, porque vos también sos yo, esto es, porque yo también te llevo dentro.
Je t'embrasse encore deux fois y nos vamos a ver; pero ya sabés que, siendo los dos así de imprecisos, nunca aclaramos realmente dónde.

Borges y el nacionalsocialismo tardío

A riesgo de sacar de contexto lo expuesto (pero no es una posibilidad muy grande), cito:
[...] el grado físico de mi felicidad cuando me dijeron la liberación de París...
Desde el principio, comprendí que era inútil interrogar a los mismos protagonistas. Esos versátiles, a fuerza de ejercer la incoherencia, han perdido toda noción de que ésta debe justificarse: veneran la raza germánica, pero abominan de la América "sajona"; condenan los artículos de Versalles, pero aplaudieron los prodigios de Blitzkrieg; son antisemitas, pero profesan una religión de origen hebreo; bendicen la guerra submarina, pero reprueban con vigor las piraterías británicas; denuncian el imperialismo, pero vindican y promulgan la tesis del espacio vital; idolatran a San Martín, pero opinan que la independencia de América fue un error; aplican a los actos de Inglaterra el canon de Jesús, pero a los de Alemania el de Zarathustra.
[...] 
Para los europeos y americanos, hay un orden —un solo orden— posible: el que antes llevó el nombre de Roma y que ahora es la cultura de Occidente. Ser nazi (jugar a la barbarie enérgica, jugar a ser un viking, un tártaro, un conquistador del siglo XVI, un gaucho, un piel roja) es, a la larga, una imposibilidad mental y moral. El nazismo adolece de irrealidad, como los infiernos de Erígena. Es inhabitable; los hombres sólo pueden morir por él, mentir por él, matar y ensangrentar por él. Nadie, en la soledad central de su yo, puede anhelar que triunfe. Arriesgo esta conjetura: Hitler quiere ser derrotado. Hitler, de un modo ciego, colabora con los inevitables ejércitos que lo aniquilarán, como los buitres de metal y el dragón (que no debieron ignorar que eran monstruos) colaboraban, misteriosamente, con Hércules. 
(Anotación al 23 de agosto de 1944, en Otras inquisiciones)

La radio argentina con la atención que genuinamente se merece

"El himno nacional. Síntesis perfecta de un sentimiento...".

PATRIA:
me hace pensar en la "matria" de sábato, expuesta en sobre héroes y tumbas; ¿por qué 'patria', con 'p', idea-resabio de un patriarcado, basado en la figura masculina? ¿por qué no mejor 'matria', idea basada en la madre, que después de todo es la que nos gesta y la que nos protege? ojo, que estas son ideas de sábato y no mías; son las que me vienen a la cabeza (lo cual es, en alguna medida, una especie de acuerdo con ellas) cuando escucho la palabra 'patria', palabra de la que temo (junto con las otras dos subsiguientes) se convierta en 'significante vacío'. post-scriptum: quisiera tener el libro aquí para corroborar fuentes, pero desgraciadamente se lo robaron a un amigo en una playa en cuesta blanca, a cuarenta kilómetros de aquí.

INDEPENDENCIA:
y aquí la cosa se pone difícil con mi propio sentimiento patriótico (tan discutido, no obstante, por gente que ama a sus fronteras culturales pero no a su país como institución sistemática). Independencia suena a una calle que está en el centro de Córdoba, que divide las calles en dos nombres distintos; nada más que eso. es más, casi que esa calle siempre me sonó al nombre de la calle misma y hasta hace muy poco tiempo no la relacionaba con otro concepto que "la calle que divide las calles", sin tener en cuenta que en realidad la idea de 'independencia' es en efecto un concepto muy lindo que, además, hace meritorio vivir en una calle nombrada así, como alguna gente que conocí vive en esa calle. pero no pasa de eso. no me remite a san martín, no me remite a figuras históricas (por demás fosilizadas en libros de primaria) quizás porque no estoy en contacto permanente con la historia, como estoy en contacto permanente con la calle llamada Independencia.

AMOR:
¿de quién? ¿por dónde? ¿de qué organismo, en qué medidas, previsto por qué clase de políticas expresadas en qué códices legales? ¿recurso o insumo ilimitado en épocas de tan áspera desigualdad? ¿cómo estoy seguro
de que esto que usted dice
no es puro artilugio de su retórica, señor de la radio?
mire que es difícil reconocer y delimitar un fenómeno (que no sé siquiera si es un fenómeno, un epifenómeno, un sentimiento o un proceso fisiológico, o si es todo eso a la vez), como para que usted, señor inocente en su inspiración de entusiasta, venga a sugerirme de que voy a ser, por el hecho mero de pertenecer a un país de 40 millones de habitantes, partícipe de un amor que me aúna con todos; sobre todo dado el hecho de que conozco una ínfima parte de estos 40 millones de habitantes; y siendo que no soy ni walsh ni lío pecoraro, una ínfima parte de estos 40 millones de habitantes sabe realmente quién soy (y una porción todavía menor está en condiciones de amarme a pesar de eso).
señor radio: disculpe si quizás lo estoy pensando todavía muy centrado en mí mismo, pero esta propaganda que he escuchado de sus labios, transmitiéndose por la radio del plata en esta madrugada de miércoles, deja muchísimo que desear por estar impregnada de esa esencia rara que es la sospecha de que algo está haciendo hecho sin sinceridad o sin ganas. no deja de tener ese aire perverso de las propagandas patrióticas, llenas de nuevo de palabras que peligran ser eso que llaman "significantes vacíos"; es como esas especies al borde de la extinción, pero que mueren al multiplicarse.

26.11.12

Bruja

"Me dijo resien un linllera bagabundo ke cada ves ke paso por la eskina de mi barrio el vive devajo en una alcantarilla me dijo tira una moneda maldito y tendras 
tus deseos me dijo le tire la moneda y medijo si keres llorar llora y le dije nose llorar me dijo agarra dos kilos de cevolla y pelala y llora agarre las cevollas y nome llore"

25.11.12

Código de faltas

La gente de la ciudad necesita catarsis mucho más seguido que la gente que no-es-de-la-ciudad (léase que es en un pueblo o que vive en la frontera entre la nada misma que es el puro monte y el pueblo con sus ritmos regulares y sus apretadísimos lazos sociales).
Esta entrada es a fines obvios de catarsis (aunque para Aristóteles es algo que se recibe y no que se entrega), descarga emocional o algo así en un formato que no es criticable porque no es obra mía, sino obra de fuerzas mentales que no controlo. Así que no esperen calidad, y probablemente sentimiento tampoco porque no lo tengo muy refinado.
Como ya dije, pero no quiero forzar al asiduo lector a hacer una búsqueda, me doy cuenta del momento en el que empiezo a extrañar mi lugar de procedencia cuando estoy en otra actividad cualquiera, como cortar aceitunas o resumir a Gorgias, y se me viene una imagen viva de mi ciudad de origen a la cabeza, una imagen de una calle cualquiera (literalmente, una calle cualquiera) que en ese momento no tiene ninguna significación ni resonancia, y aparece sin causa aparente alguna. Inmediatamente comienzo a extrañar esa esquina o esa calle o esa plaza, poderosamente, pero más que nada por el hecho de saber que no voy a poder transitarla hoy ni mañana; y es ahí donde comienzo a pensar cuándo voy a poder de hecho transitarla, y comienzo a planear fechas de huida.
En este caso la fecha de huida está bien planeada; me gustaría adelantarla un par de semanas pero se hace lo que se puede. De cualquier manera, dejé de preparar todos los finales menos uno para poder irme temprano y sin pena ni gloria, de manera que no estoy para nada conforme con mi desempeño académico en esta última etapa del año. Pero esta etapa es una etapa donde no se pelea ya más nada; cuando todo ya se tiene promocionado o regularizado o incluso libre (uno hace su mejor esfuerzo pero a veces eso no alcanza) es cuestión de inercia, procastinación, o alguna misteriosa fuerza de aquellas.
De tal forma que mis vacaciones han empezado, por ni siquiera mencionar a Mina Clavero, prematuramente. Y van a empezar prematuramente en cuanto vuelva a Corrientes a transitar esas esquinas que tengo tantas ganas de transitar, o a salir a dar esos póstumos paseos en bici nocturnos que suelo dar uno o dos días antes de volver a esta metrópolis de la concha de su madre, por decirlo suavemente. Hasta el momento donde surjan todas esas cosas por designio geográfico de los dioses, me basta con escuchar el OK Computer y soñar para no morir de alienación. No estoy lejos, y la fecha no está lejos, pero de cualquier manera si no salgo me siento encerrado. Es tan instintivo como eso.

Siento correr por mi garganta la cerveza fría en un lugar público ¡por fin!, en un lugar público que los cordobeses (que vi que canalizan muchísimo su ansiedad mediante movimientos rápidos de boca o piernas) tienen por utópico, porque no existe el famoso Código de Faltas. Y encima, por si fuera poco, hay playa y campo. Todas esas cosas que te parecían el peor de los desequilibrios, al estar tan desequilibradas (te hablo a vos, exiliado por vocación o algo así) ahora te parecen la paz, la paz que escapaste. Y el perfecto equilibrio entre la paz y la guerra, que es lo mismo que decir que el futuro es incierto y el pasado está firme como una roca, es el más perfecto de los equilibrios. Me gustaría buscar la etimología de la palabra perfecto; pero me remonta a algo que, por definición propia, no puede ya mejorarse. Lo que quiere decir que no se pueden imaginar otros escenarios donde eso sea mejor o más fino o más elaborado; simplemente es, existe como es y no puede ser de otra forma que no sea peor. Díganme si esas veredas perfectas (de lo sucias que están, de lo rotas que están) pueden mejorarse; no pueden. Por eso todo el intento burdo de la intendencia de Corrientes de mejorar sus calles o pintar sus cordones o incluso poner plazas nuevas prostituyen a la ciudad tal como la conocemos; no hay otra Corrientes que la que recordamos, ella no tiene futuro, es la novia con la que nos juntamos al ver el atardecer (y después vamos por ahí engañándola con drogadictas como Córdoba).

24.11.12

Nóstos álgos

Retrotraigo a este bello fragmento de una viajera con muchísima experiencia a la oscuridad y al acre hedor a polvo que hay en este blog que no visita nadie.
No quiero detenerme con epígrafes; la imagen basta.
Cabe recordar sólo un par de cosas:
1. yo hice ese mismo viaje anteayer (lo que es lo mismo que comentarles que encontré este escrito dos días después de haber hecho este viaje), y todavía me pesa en el alma el haberlo terminado;
2. yo saqué las mismas conclusiones, y terminé tan inspirado que no pude decir nada.




“Cuando volvés a tu casa en colectivo el viaje se termina cuando te subís, pero cuando viajás a dedo el viaje termina cuando te bajás del último medio de transporte”, me dijo Demian la noche anterior, muy feliz con su descubrimiento.

Transporte 2: de Mina Clavero a Carlos Paz

Al rato llegó nuestra salvación: Julio César. Estábamos parados muy cerca de una curva, así que se ve que nos vio apenas dobló, porque frenó en el acto y se puso a pocos metros. Este buen hombre nos llevó en su auto derechito hasta Carlos Paz por el camino de Altas Cumbres (una de las rutas más lindas y escénicas de la provincia). Mientras íbamos en el auto —con la radio al máximo, por lo cual escuché la mitad de las cosas— nos contó que él había sido mochilero hacía 30 años (“cuando casi no había mochileros”) y que le gustaba mucho viajar. Estaba casado con una alemana y había viajado a Europa unas 8 veces. Nosotros le contamos acerca de los viajes, las burbujas y todas esas cositas simpáticas. Una conclusión que saqué (muy leve y precipitada, por cierto) es que los que levantan mochileros en la ruta son personas que son, quieren ser o alguna vez fueron viajeros. O por lo menos son personas que nos tienen simpatía.

 entrada del recomendabilísimo blog de Aniko, 

16.11.12

Icho Cruz, 22 km.

Como soñar es gratis, o por lo menos muy barato, estoy soñando con un momento en el cual haga otro viaje a dedo (posiblemente este mismo sábado) con el parcero Alonso y/o con cualquiera que quiera adherir a la causa. Digo otro en conmemoración al segundo, mucho más largo y extenso que el primero (una simple travesía a Jardín América en Misiones); un largo camino a través de todos los lugares y todas las situaciones más bizarras y aleatorias de la Patagonia, vistos desde los ojos de tres adolescentes ya crecidos pero en muchos aspectos muy ingenuos, egresados recién del desenfreno de la escuela y ya decididos, o más o menos, por un camino vital en particular. Menos yo, pero no importa.
La experiencia de este sábado puede ser un poco distinta a esta, pero no lo suficiente como para que no traiga recuerdos. Estoy viendo el camino que tengo que recorrer en teoría (es una ruta de dos horas a través de una carretera escarpadísima para llegar a Mina Clavero, una localidad de montaña en Traslasierra); haciendo todos los esquemas que mentalmente me servían y mucho en esas épocas de vagabundeo constante. Un viaje de dos horas, e incluso un viaje de cuatro, jamás en la vida nos hubieran asustado: y si la noche nos sorprendía con el camino a medio hacer, era cosa muy mala pero que sucedía en cuanto uno cerraba los ojos (y uno acostumbraba extenuarse muchísimo con esas travesías); en contraste a esos momentos, donde la casa era la propia cabeza, acá avanzaremos (seguramente) a un destino en particular con cuatro paredes y un techo y mucha gente que estará esperándonos, previa decisión y muy sabia de tomar un colectivo para llegar en hora y media o dos pero pagando el correspondiente precio.
Quiero compartir para no olvidarme esta hazaña por-realizarse que seguramente costará su tiempo y su dinero (aunque la idea es que no tanto); no sé si se haga efectiva o no pero de que no es riesgosa no cabe ninguna duda ya; después contaré, para que figure en actas, si la cosa funciona y se hace o si al final fue todo un delirio de una imaginación exhausta por la absorción indiscriminada de conocimientos inútiles que representa la época de parciales, tan benigna y tan sádica a la vez para el estudiante promedio.

On beliefs

"Si una opinión contraria a la tuya te hace enojar, es una señal de que estás subconscientemente al tanto de no tener una buena razón para pensar como lo hacés. Si alguien sostiene que dos y dos es cinco, o que Islandia está en el Ecuador, sentís lástima más que enojo, a menos que sepas tan poco de aritmética o geografía que su opinión haga temblar tu propia convicción personal. Las controversias más salvajes son aquellas que tratan de cuestiones para las que no hay buena evidencia de ninguna de las partes.

La persecución es común en la teología, no en la aritmética, porque en la aritmética hay conocimiento, mientras que en teología hay sólo opinión. Así que cada vez que te encuentres enojándote acerca de una diferencia de opinión, tené cuidado; seguramente descubrirás, examinándote, que tu creencia está yendo más allá de lo que la evidencia garantiza."

Bertrand Russell, "An Outline of Intellectual Rubbish" (1943)

12.11.12

La fábula del observador y el artista

Alonso me enseñó hoy rudimentos de estilo en lo que respecta a microcuentos; no es una casualidad, o lo es en una medida mediana, que haya sido la misma semana en la que Sofi me dijo (y no sé por qué me causó tanta impresión) que tengo buena memoria.
De estos dos hechos, que devienen de dos relaciones muy especiales que tengo con personas que son muy buenas en lo que hacen, nace una reflexión muy mía; nacida de universos separados, dos experiencias se unen. Voy a tratar de ser más figurativo, porque eso es lo que rescato de los mejores filósofos: los de la claridad.
Básicamente acabo de escribir un microcuento. Después de corregirlo totalmente, quedó con exactamente cien palabras. Introduje todavía un par de correciones más, siempre manteniendo este equilibrio. Alonso me habló de un concurso en España donde se pueden enviar cuentos en hasta cuatro o cinco idiomas, cuyo límite máximo de palabras es de cien; exactamente las palabras que obtuve. No puedo negar que estoy orgulloso de esta creación aunque no piense enviarla a este concurso, pero más agradecido estoy con ella porque me hace reflexionar sobre algunas cosas. En especial las que tienen que ver con las circunstancias de su creación, y como ella refleja una serie de frases armadas que escuché sobre la carrera que estudio; cómo al principio me mostré infinitamente escéptico, como después adherí fielmente a la creencia y cómo ahora la estoy observando, aunque dándole la razón, de modo muy crítico. En palabras simples, "Letras no forma escritores". Más vehementemente: "nunca vas a ser escritor si sos un egresado de Letras". Y ahora, después de haberla peleado mucho tiempo, veo claramente por qué. La circunstancia de creación de recién me mostró el origen del proceso. Consiste en una conexión tan clara con una forma de arte (literatura) que primero viene la esencia difusa y luego vienen las palabras para expresarla. Toda esta experiencia de creación fue, en mi caso, fortuita. Sé de gente que vive materialmente de estas experiencias, acaso porque sabe inducirlas o sabe aprovecharlas mejor. Sé de gente, aunque no estoy tan seguro, para la que este tipo de experiencias son la única ventana al mundo, esto es: la única manera de conocerlo o de hacerse conocer por él. Las experiencias de creación tienen que ver, aunque de modo misterioso, con la emoción, el sentimiento y el dominio de una técnica que se intuye más de lo que se estudia. Es por esta intuición que en el arte, la más pura expresión de lo inherentemente humano, hay tantos talentos que ignoran su talento, tantos talentos no especialistas, y tantos ignorantes especialistas en hacerse pasar por talentos.
El campo de la filosofía, del razonamiento, de la lógica y de la organización mental de experiencias (o "ciencia") es un campo conectado al primero, pero por lazos que no tienen que ver con la creación misma. Tiene que ver con lo que me decía Sofi. La herramienta más valiosa para quien se ejercita y quiere desempeñarse en este campo es la memoria: el método más valioso, a mi parecer, es aquél que permite relacionar informaciones para sacar conclusiones. Las conclusiones tendrán por consecuencia, a nivel emocional, una aprensión ante la multiplicidad de lo real. Ésto sofocará al observador con datos externos a él, que querrá asir de una sola estirada de mano, lo cual es imposible desde el vamos. Este observador, crítico pero por lo mismo frío, no puede ser a la vez artista. El artista sabe abstraerse a una emoción. El observador sabe abstraerse de las emociones. El canto de la musa, a mi parecer, es lejano para él; lo que me pasó recién no pasa de lo fortuito. Estoy conforme con el resultado porque es un territorio completamente nuevo. Pero jamás podría aprender, siendo como soy ahora, cómo inducir el canto de la musa. Todos dicen que la inspiración es algo que viene azarosamente y nos sorprende en cualquier lugar. No pongo esto en discusión porque de la inspiración no sé nada, pero acá es donde la cosa se vuelve inmediatamente sospechosa. Porque justamente por su rareza me parece que hay distintos tipos de inspiración, acordes quizá con los esquemas mentales de cada uno; la manera en la que canalizamos estos tipos de inspiración son variadas como los propios esquemas mentales, pero quizás puedan corresponderse por lo menos a estos dos paradigmas. Lo veo hoy más cierto que nunca: el escritor jamás podría estudiar Letras sin perder algo de su esencia, al volverse más una red dinámica de conocimientos que un alma dedicada de lleno al perfeccionamiento e-motivo e inspirador de su técnica. El artista es estudiado por el observador, como las plantas mismas son estudiadas por el biólogo; cada uno, haciendo su vida, es objeto de la mirada de aquellos que los comparan con otros de su clase y según las rúbricas de su propio modelo ad hoc. Odio pensar que los artistas tienen eminencia sobre los críticos, pero todo concluye en esto; uno vive la experiencia, otro la discute.
Yo elegí mi carrera y elegí mi especialización y elegí cuál camino tomar de estos dos, aunque recién estoy empezando a vislumbrar sus consecuencias. Nada de esto es permanente ni definitivo; no me arrepiento de ser el subordinado a seres especiales que llegan a desarrollar de modos misteriosos su mente y su alma. Es mi vocación y ya lo veo claro. Por todo esto seré siempre esclavo de mis palabras, las mismas palabras que escribí hace mucho o recién y me parecen estúpidas. Y seré a la vez esclavo de las palabras de los otros, lo que acaso es más grave.

11.11.12

El mapa y el territorio, pt. 2

Quiero no dejar de brindar sorpresas a mis lectores, que después de estos recesos van a ser muy pocos; espero captar su atención después del hiato, una vez que pase. Está decidido ya, y sigo decidido hasta fin de mes, que faltan 20 días para que termine el hiato del que estoy hablando.
Hasta ahora es el mes más productivo e interesante; paradójicamente a la clausura. No pienso particularmente en borrar alguna de las entradas que salieron "a la luz" como privadas; la verdad, no sé por qué no estoy aceptando visitas. Lo que es innegable es una libertad en el formato de escribir que no tenía hace mucho, pero que no podría decir que se veía limitada por el influjo de visitas. ¿O sí? es algo que nunca sabré. De cualquier manera estoy disfrutando escribir estas entradas, cambiar el formato a cada rato e incluso poner un título en chino.

Me distraje cantando otra cosa y ya no sé qué estaba escribiendo; no importa y no quiero releer para retomar el hilo de la conversación.
Charlie me dijo una vez "pero... ¡lo que más me gustaba de tu blog era su plena libertad!"
Las épocas cambian dicen, de manera tan perceptible que uno creería que es totalmente artificial. Así es el sistema que yo invento también: una serie de tópicas que van acá y otra serie de tópicas que no, y una serie de tópicas más que no abordo ni abordaría nunca. Este sistema quita libertades, como todos los sistemas, pero hace que las cosas marchen pa'delante y tengan un rumbo para ser productivas. El otro día pensaba si toda la gente pensaba igual que yo: de lo general a lo particular. Sin el mapa, no camino el territorio. Caminar el territorio para dibujar el mapa, cuando ya otros lo hicieron, me parece superfluo. No puede menos que molestarme la impracticidad de los escépticos esos, los de escritorio o SMN.

Iniciación formal de una duda

Lucio (@sandiaconqueso): —Te hago una consulta flash via twitter. Estoy tratando de entender qué es un rizoma. ¿Me tirarías alguna pista?




Artemis (@LeRhizome): —Es una estructura semi-subterránea, que se opone a la estructura de árbol. Más que nada es eso.

10.11.12

La legislación más apasionada

[...] Digestos Históricos, de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba.
El 18 de enero de 1940 el Honorable Consejo Superior funda el Instituto de Humanidades, pregonando la idea del saber desinteresado, "dirigido a suministrar un saber integral y expresando que ello se realiza por el cultivo de las mas excelsas disciplinas” en oposición a otras Facultades y escuelas de la Universidad "que preparan profesionales y técnicos" (Res. 392/46). Este nuevo Instituto cultivaría "las más excelsas disciplinas" como las "Lenguas Clásicas, con su poder formativo y ordenador de la mente, las ideas universales, el examen de los problemas ontológicos, las fuentes estéticas del Arte y los altos estudios Religiosos" (Res. 392/46).
del blog online de la Facultad de Filosofía y Humanidades,
de la Universidad Nacional de Córdoba

Hauts étudies

Aprehender lo absoluto

Queriendo acercarme a muchas cosas me alejé de las concepciones como:
ser sabio o ser creativo o ser artista, de los más atormentados. Entonces, que ninguno de ustedes (y espero que esto sirva como mensaje de bienvenida, así quede archivado por largo tiempo) que vendrán a mi blog en poco menos de un mes, espere acá encontrar algo que definitivamente espera.
Puedo ser predecible en algunas cosas, pero no todas; merced a la predecible volubilidad, que es lo que me caracteriza hoy tajantemente, pero no sé si mañana.
El título del blog (hoy por hoy) está en chino.
Tuve un acercamiento leve a la cultura china, sobre todo a la música y a algunos pintores; no se compara en nada con saber auténticamente algo de la cultura china. Tomé algunos elementos de un par de productos, de lo más nuevos en realidad, para apreciarlos según mi occidental mentalidad que nunca los comprenderá del todo.
Ayer me debatía a mí mismo la posibilidad de aprender un idioma oriental y familiarizarme con su esquema de valores, que según Derrida, viene dado histórica y tácitamente; un enriquecimiento de la forma de leer sería, por lo tanto, leer lo mismo en dos idiomas, en dos modos ("doxas" de Angenot) de organizar dialécticamente las ideas que descifro.
Tal hazaña sería genial, pero justamente por ser genial, se me hace titánica y no creo tener tiempo de cumplirla en vista de que también tengo planeadas muchísimas cosas.
Las investigaciones musicales de China son marcadamente más difíciles que las de Occidente, así sea de cualquier era: los resabios de cultura que se mantienen hasta hoy de las épocas más antiguas se remontan simplemente a Grecia o a Roma; cuyos alfabetos no son desconocidos para un estudiante de literatura o como quiera uno llamar a esta carrera llena de frustrados.
El alfabeto chino es, se sabe, muchísimo más difícil; uno está a la deriva copiando y pegando símbolos incomprensibles que parecieran ser nombres. En este sentido saber leer sería excelente, y saberlos interpretar en todo su milenario significado sería todavía mejor; y es aquí cuando veo que la tarea se vuelve absurda.
De cualquier manera pude rescatar un par de discos (compilados, según traducción bestial) que representan lo mejor que le pasó a la música instrumental china en la contemporaneidad (que cuesta tanto creer que para nosotros y para ellos sea la misma, "más allá de que todos somos uno" como gustan decir los instructores de reiki).
Vuelvo a la premisa del principio: que estas falsas figuras, que nadie entiende salvo los cantoneses, no me hagan pasar por un experto ni por un aficionado ni siquiera por un interesado, sino muchísimo menos que estas tres rúbricas nimias.
No se me haga pasar por nada; no soy nada. Soy un joven estudiante con conexión a Internet. E intereses de los más volátiles.

Cuadernillo de manualidades

La cosa pasa por hastiarse primero del humo de los colectivos soplándote en la cara
cosa de que la cara te quede totalmente negra, que de noche, pases desapercibido
si no fuera por las toses con sangre del transeúnte promedio.
La iluminación de tu cara luces de maxikiosco mediante;
apurar el paso en la senda peatonal, pero en realidad sin que te importe mucho.
La cosa pasa por no tener balcón donde plantar un puto ficus
y por las piedras del gato clavadas en los pies, cada vez que te animás
por esas obras de espiritualidad forzosa, a caminar descalzo.
La cosa va por bajar y enterarte de que el mundo de afuera
huele bien y mal al mismo tiempo;
bien por la perfumería industrial de pisos que usa la portera de los martes
mal por su cigarrillo mal consumido, mientras pasa el trapo para que quede brillante brillante.
La cosa es vivir esto mismo todos los días
ad absurdum y en un momento hastiarte y entonces decir
"voy a tomar medidas".
Medidas de whisky,
o ver una película cualquiera sobre Christopher McCandless.
En definitiva, soñar.
Los métodos son muchísimos y bien discutibles. Eso no está en discusión.

De repente uno se ve en una montaña verdosa
(yo no puedo describir fehacientemente esto que veo,
porque mi mente y sobre todo mis palabras están acostumbradas
al hollín del N6 y a las luces de los maxikioscos
en tristísimo detrimento de la santa luz solar;
voy a hacer, no obstante, un intento).
No sé si alguna vez sintieron:
ese cosquilleo de los pastos altos, esos que terminan en V
o el hormigueo constante de los pastos bajos, más bajos que las plantas de los pies
o el olor a tierra, o el olor a lluvia, o el olor a jazmines.
El pasar caliente de un té de hierbas una mañana helada
o el inconfundible humo negro de un tronco negro recién prendido;
quien haya sido el primero en prender el fuego,
cosa que ahora nos parece tan natural en las garrafas de nuestra casa,
habrá sido terriblemente odiado por los conservadores de la época:
"queremos que el mundo siga así, con fuegos casuales
queremos que la luz de este sol que alumbrará a nuestros hijos
y a los hijos de nuestros hijos
sea la única luz, el único fuego, mientras siga girando
en la bóveda celeste
con ese ciclo que llegamos a comprender tan bien."
No obstante, el fuego sigue, y siguió arrasando a través de toda la historia
y está en muchísimos lugares pero sobre todo en este tronco negro
prendido al naranja que tengo frente a mí
que me hace picar los ojos con su esencia
(esencia: "lo que hace que uno sea lo que es")
y que me hace arrugar la nariz con su olor.




Todo es tan distinto
un tronco negro o un maxikiosco 24.
Es parte de un mismo sol, pero el problema está dónde estámos, que lo estamos ignorando.
Son parte de una misma belleza, que al fin y al cabo es intangible;
son parte de dos esquemas mentales distintos, dos estados de ánimo distintos
y el aburrimiento de los pastos altos y de los pastos bajos
puede equipararse, simplemente por ser el mismo,
al hastío de los balcones cero y a la rutina de las universidades públicas.
Después de todo, uno siempre tendría que disfrutar donde está.
Y si no es posible, hay algo que está funcionando mal
en nosotros o en los otros.
Soy joven para soñar, pero ojalá
nunca obliguemos al otro a estar donde no quiere estar;
obliguémosle, por el contrario (confío en que seremos agradecidos
con el tiempo suficiente)
a que conozca dónde le gustaría estar;
que ensaye una prosa pobre de experimentación mental
y que luego se dirija allí con los mismos pies con los que caminará toda su vida.

Four poems of departure. I, The city of Choan

Los fénixes juegan en su terraza.
Los fénixes se fueron, el río fluye todavía, solo.
Flores y grama
cubren el oscuro camino
                   donde se erguía la casa dinástica de Go.
Las ropas brillantes y las capas brillantes de Shin
son ahora la base de viejas colinas.

Las Tres Montañas bajan desde el lejano cielo,
la isla de la Blanca Garza
                     separa por su lado dos arroyos.
Ahora las altas nubes cubren el sol
y no puedo ver la lejana Choan
y estoy triste.

("Chinese of Rihaku", traducido por Ezra Pound
del chino en el año 1915.
Yo lo traduzco del inglés.)

Vértigos o contemplación de algo que termina

Esta lila se deshoja,
desde sí misma cae
y oculta su antigua sombra.
He de morir de cosas así.


(Alejandra Pizarnik - 1962)
No me apasiona Alejandra, pero estaba leyendo una colección de poemas suyos
enmarcados dentro de una colección de libros que hablan sobre la locura.
Este me pareció buenísimo; los demás no me parecieron la gran cosa.
No quiero quejarme de todo y por eso este epígrafe va en letras chiquitas.
Esta poetisa me va a sorprender algún día, pero no hoy.

8.11.12

Somos poco, pero olvidémonos de eso

Triunfar en una ciudad extranjera (como París, una de las ciudades que el mundo entero ve como "cosmopolitas" - kosmopolités: ciudadano del mundo) y volver a la ciudad de donde venimos, es traer con nosotros un capital simbólico que es la victoria.
Esto leo en un artículo de una revista, ya no me acuerdo cuál, ya pasaron cinco minutos.
El problema, claro está, es desear ese capital simbólico: sea por una cuestión (más que privada) de ego o sea porque realmente queremos expandir nuestros límites para sentirnos ("il faut traveller loin en aimant sa maison" -Apollinaire) "auténticamente latinoamericanos" como el propio Cortázar, epi-ejemplo de esta experiencia de viaje, Cortázar que cita esa frase de Apollinaire antes de que comience su obra más conocida (o quizás no, quizás la obra comienza muchísimo antes); ¿en qué consiste conquistar una ciudad? Creo que en adoptar su ritmo y entender sus costumbres, entender sus vueltas. Lo mismo, rudamente, que conquistar una persona: que deje de ser un misterio, allá lejano. Formar parte, id est, participar, que es una de las prácticas-requisito de la experiencia. Después de todo, no hay sino experiencias. La teoría es un dulce caramelo para una persona que tiende (naturalmente o no, no lo sé) al sobre-examen de sus vivencias y también de las ajenas; la experiencia, por otro lado, es inevitable y comprende la auténtica dimensión del conocimiento. Un conocimiento que a pesar de poder ser explicado pobremente con palabras que hoy por hoy son más frágiles que nunca, es un conocimiento desesperantemente inalienable. (Una de las enfermedades de la experiencia: usarla como excusa o móvil para imponer un autoritarismo desmedido sobre personas que todavía no se han forjado a sí mismas).
Han dicho que los blogs son una bitácora de estas experiencias, que entre otras cosas que forman la vida. Por eso escribo aquí. Aunque vida: esa palabra que tanto para los biólogos como para mí, que no soy ni quiero ser jamás un biólogo, está tan vacía de sentido; la palabra que todo el mundo quiere tatuarse como si realmente significara algo. La vida es una cortísima brecha entre una infinitamente grande y pesada masa de nada: la participación en ella, muy a pesar de su reflexión sobre ella, es lo que la hace dinámica y colorida y a la larga, quizás cuando ya no lo necesitemos, nos facilite ese capital victorioso que anhelamos en un principio. "World won't offer you a present; believe me. Want a life. It works", reza un proverbio turco. No hay nada que pueda llamar yo 'vida' y que alguien más pueda llamar, de la misma forma, 'vida'; tan solos estamos cuando queremos aunarnos con palabras, que son arena movediza, "fuente de malentendidos". No hay vida y muerte para los muertos, que no reflexionan como eso como dice apropiadamente el Eclesiastés; tampoco hay inmortalidad para los que ignoran la muerte, como dice Borges. Se trata de cumplir el papel que nos toca; no es nada simbólico. Ni nada nuevo. En grandes escalas de tiempo se ve que en rigor de verdad nunca hubo nada realmente nuevo.




Hombre japonés pone en subasta la tierra y las ofertas han superado ya los 100 millones de dólares
Hombre en Japón asegura que Dios se le apareció en sueños y le permitió vender nuestro planeta para resolver sus problemas financieros; el precio inicial de poco menos de un dólar rebasó ya, luego de que el anuncio se vilarizara, los 100 millones de dólares.
(Fuente: Pijama Surf)

R. Amarante

Pelo menos no mercado, vamos dizer assim, "mainstream". Esse termo horrível, né? Inglês. Dá vergonha de dizer, mas enfim. O grande mercado. Quando você fala que você quer fazer arte aí as pessoas falam: "Nossa, qué arrogante! O cara acha que é artista." Na verdade, é isso mesmo, sabe? Nao devia ser feio falar isso e querer isso. É só... é muito simples. Fazer arte é fazer a coisa com afeto e nao se deixar dirigir pela razao da conseqüência. Nao fazer a coisa comecando pela conseqüência, que é o resultado. Fazer, e a conseqüência vai ser o que for. Isso... visto isso como a situacao do meio musical fonográfico é uma crítica, parece uma crítica. Se estivesse tudo certo nao ia ser uma crítica tao assim.

Por lo menos en el mercado, por decirlo así, "mainstream". Ese término horrible, ¿no? Inglés. Da vergüenza de decir, más en fin. El gran mercado. Cuando decís que querés hacer arte, ahí las personas dicen: "¡Dios mío, qué arrogante! El tipo cree que es artista". En realidad, es eso mismo, ¿sabés? No debería ser feo decir eso ni querer eso. Por lo que es muy simple. Hacer arte es hacer la cosa con afecto y no dejarse dirigir por la razón de la consecuencia. No hacer la cosa comenzando por la consecuencia, que es el resultado. Hacer, y la consecuencia va a ser lo que fuere. Eso... visto eso como una situación del medio musical fonográfico es una crítica, parece una crítica. Si estuviese todo bien, no sería una crítica tan así.

Derrida

En la filosofía tradicional, la obra literaria es considerada como una envoltura retórica en cuyo interior duerme la sabiduría oculta de la Idea a la que el lector debe despertar con el beso semiológico.

(La obra literaria estaba en ese sentido considerada siempre como dotada de una totalidad de sentido.)

La deconstrucción afirmará que la envoltura retórica es todo lo que hay y que por ello la obra de arte literaria es irreductible a una idea o un concepto.





«Il n’y a hors du texte», dice Derrida.

7.11.12

Diferentes niveles de la misma mitología

Tomás hablaba hoy de tener su propia huerta de higos y un trabajo a medio tiempo como profesor, una vez que haya terminado su tiempo en la carrera. Su comida consistiría en higos, y usaría el resto de su sueldo para comprar cerveza; así, se compraría un terreno financiado de acá a diez millones de años (sic) y viviría otros nueve millones de años en una casa muy pequeña rodeada de un patio enorme, suficiente para su plantación de higos que serían su único medio de subsistir; "y que me chupe un huevo todo, hasta el apocalipsis zombie".

Devendra Banhart soñaba reencarnar en un caballito de mar, una vez agotadas todas sus expectativas en cuanto acumulación idiota de bienes materiales. La canción, cuya letra propone este estilo de vida, cambia enormemente ante la primera mención de este animal que funciona como la solución a este problema de despojarse totalmente de todo; en la parte más apasionada de la canción, canta también que "le gustaría morir si no reencarnara en esta forma", en la forma que él canta. Una solución imaginada, metafísica, probablemente inviable; pero no sabemos si lo es también la huerta de higos.

Hesse habla de una vida modesta enclaustrada en la persecución de un bien personal inalienable: la propia vocación. La superación y el saber deben ser llevados a cabo solitariamente relegándose al plano de lo modesto y lo privado; es, dice, inimaginable un sabio que vive en la opulencia o que incluso podría vivir en la opulencia si se lo propusiera, de seguir siendo sabio. El sabio persigue intereses que son la fina expresión de la sabiduría del mundo ("meditar es afinar el corazón en acorde con el todo", reza una de sus metáforas más hermosas) pero que a la vez no interesan a nadie. He aquí la paradoja de por qué la vocación, el llamado, lo más íntimo de una persona, choca sin remedio, al modo de ver de Hesse, con el mundo en el que la persona está ineludiblemente incluida.

Tomás habló de un ermitaño en una playa en Cuesta Blanca, un hippie que a cambio de un bocado o dos de lo que cocines te presta una parrilla para que puedas disfrutar de unos choripanes en la playa. Nadie nunca, de todas estas personas que caminan sin perderse por debajo de mi ventana que, oh dolor, da a un primer piso tanto de día como de noche, seguramente se ha preguntado nunca de qué vive el ermitaño durante todos los otros días de la semana, esos días en el que él más honor hace a su epíteto de ermitaño y en cambio nosotros, los de debajo de la ventana, perseguimos esclavitudes pensando que algún día, cuando seamos viejos y podamos haber acumulado la riqueza suficiente para una huerta de higos, seremos finalmente libres.

Saturación de signos

En época de parciales sucede algo muy sencillo con la mente de un estudiante que todo lo absorbe cual esponja: a falta de terminología precisa (como la que voy a ensayar de acuñar ahora mismo) las metáforas van hacia lo desértico. "Mente seca", por ejemplo. Sobre todo en Córdoba capital, que es bastante secante.
Lo comprobé hoy mientras venía caminando de vuelta a casa, después de rendir uno de los numerosos exámenes de estos días calurosos, y en realidad habiendo tenido que estar rindiendo otro que postergué por comodidad.
Llega un momento donde la mente se satura de signos: es cansador tener que traducir signos todo el tiempo; signos por todos lados. Y signos no sólo en los apuntes de un estudiante promedio que lee sobre signos (en una muestra estupenda de recursividad) sino signos también fuera de esos apuntes, cuando el estudiante promedio quiere desviar su mirada de ellos y no encuentra más que lo mismo pero en otros colores y en otros tamaños: maxikiosco por aquí, una novela mexicana por allá, el señor o los señores tomando una cerveza en un bar que tiene nombre francés o el pasto sucio de plaza España con sus correspondientes indicaciones pidiendo por favor que uno no lo pise.
La mente se satura de signos en época de exámenes y no queda más que hablar sobre ellos, tratar de agruparlos en la cabeza, vía un blog que nadie lee: es la mejor manera de olvidarse diez o quince segundos del calor agobiante de la ciudad (32 grados centígrados) y esperar a que estén los arroces; porque tanta importancia tiene la comida en la vida del estudiante promedio.

5.11.12

Sensibilidad medieval

Cuento esto pobremente con la pava puesta para el mate cocido, que se sabe, tiene efectos anestésicos. Lo digo, para poder dormir porque son casi las cinco y media de la mañana, y tengo un día corto por delante, pero que debe ser empezado tempranamente.
De chico me gustó viajar con la mente. Mis destinos predilectos en esa época eran los que trataban de ciencia ficción; mi familia acostumbraba regalarme con libros de este estilo, en su mayoría muy ingenuos y que me marcaron para siempre. "La luna, en cambio, es aburrida como una pizza sin salsa...", decía uno que espero conservar todavía (es cuestión de ver en la biblioteca).
Pegando un salto grande en mi línea de tiempo, recuerdo haber tenido predilección por esos destinos terrestres pero todavía imposibles como Nueva York. Mi gran sueño (aunque chocara con mi ideal de acumulación de capitales) era tener un departamento desde el cual poder ver el atardecer, y a la noche ver tranquilamente Saturday Night Live o incluso presenciarlo de vez en cuando; poco a poco eso evolucionó a una casa florida y grande, como la de Maxwell Sheffield. Aquí alternaba entre la Nueva York querida e Inglaterra o similares. Cuando trabé amistad con las alemanas de mi corazón, también soñé con su país o algún país nórdico; siempre, llamaría Kundera, el mismo "kitsch".
También soñé con caravanas gitanas o freighthopping en el corazón de Norteamérica. Muchísimas cosas inducidas por los productos culturales que decidí consumir en tal o cual época de mi vida.
Hoy estoy en ese momento de indagación sobre cosas que dejaron de existir hace mucho tiempo: basta recordar mi nada urgente obligación de estudiar la tragedia griega para el día miércoles o jueves. Un poco más cerca, cronológicamente, de tal distancia inaprehensible (en el transcurso de la cual muchísimo bagaje cultural fue perdido), llego a la música medieval, que siempre despertó mi curiosidad. Quiero relatar brevemente cómo llegué a esta obsesión que me ocupó toda la noche, de manera que ahora, a las cinco y media, quisiera seguir desarrollando pero necesito un mate cocido para aplacar y poder dormirme.
Se me ocurrió ver un documental de Canal Encuentro sobre San Pedro Pescador, un pueblo del Chaco que queda bajando el puente en Corrientes. Hasta aquí nada extraño. Por relación a este documental recordé otro, que trataba sobre cierto manuscrito ilustrado medieval, llamado el Salterio Luttrell (Luttrell Psalter); no lo encontré en la página de Canal Encuentro porque no era de producción nacional pero lo encontré en Youtube y ahora ¡oh casualidad! lo estoy descargando para verlo entero. En los primeros diez segundos de programa sonaba una música de laúd de fondo: quise saber más sobre esta música, concretamente nombres de artistas o nombres de composiciones.
La música medieval se mantiene siendo un misterio, y se compone en su gran mayoría de cantos corales en alabanza al dios cristiano, que eran compuestos por grandes virtuosos en su mayoría italianos o ibéricos. Pero estos cantos corales no me interesan en lo más mínimo; indagando sobre música instrumental llegué a que todas tenían en común un instrumento: el laúd.
No voy a describir técnicamente qué es un laúd, sino cómo suena: como todos nosotros imaginamos al medioevo. Trae un poco de dragones, un poco de peste negra, un poco de héroes bélicos con tendencias suicidas, tranquilidad de campos, señores feudales y esas cosas destructivas que aprendíamos en el Age of Empires II, y que los obispos de nuestro colegio católico desalentaban como si el catolicismo hubiera sido la religión más pacífica de la historia occidental.
Recalqué ya mi obsesión nocturna por esta música, en la cual me estuve iniciando en las últimas tres horas desde que corté el teléfono con Sofi y la escuché por casualidad, la investigué todavía por casualidad y me apasioné por algo que puede ser casualidad pero en realidad era sentimentalismo largamente madurado (de lo contrario, no me hubiera interesado tanto). Como resultado de esta indagación surgió el presente álbum, que presento a ustedes (público hipotético todavía, que en poco menos de un mes dejará de serlo): un álbum con quince canciones que tienen en común un laúd y una composición apasionada.

El álbum se denomina Empfindsamkeit, que es la palabra alemana para "sensibilidad" y en realidad designa a un capítulo tardío de esta apasionante historia musical, que sin lugar a mucha duda se estudia en los conservatorios de esta ciudad misma y acaso también en los de la ciudad de donde vengo. No pude menos que caer en ella, encantado, y ya iniciado en nombres procedo seguramente a una obsesión muy larga. Todo empieza y termina, por hoy, en este disco de quince canciones del cual puedo presumir como articulación totalmente mía.

Clic en Juana la Loca para su deleite.

4.11.12

Los Bee Gees

Mi viejo y mi vieja me propusieron cada uno por su lado volver a Brasil este verano; hace diez años que no voy. Todos mis amigos y allegados en general fueron a Brasil en algún momento de su niñez o adolescencia, que siempre es más cercano cronológicamente que la última vez que fui; a esto se deben conocimientos sobrados de la cartografía brasilera que prefiero ignorar o rudimentos lingüísticos de los cuales presumen de cuando en cuando. Mis recuerdos de Brasil son mucho más difusos y corresponden a una casa comunal (con toda mi familia) una cicatriz por un golpe con un picaporte (que todavía conservo) haberme perdido en la playa (haber pensado que mi vieja era una vieja cualquiera y haber caminado con ella dos cuadras) y una tarde lluviosa en la que compré el primer disco original que tuve: de los Bee Gees.
En mi adolescencia "punk" me daba vergüenza recordar que era fanático de los Bee Gees, por haberlos visto un día en esos clips que pasaba el Canal 13; hoy, como me da vergüenza mi adolescencia punk, vuelvo por antítesis al recuerdo de los Bee Gees. Los recordé por el blog de Rabo, que recomiendo siempre: al costado hay algunas fotos de íconos de la música contemporánea entre los que están los Bee Gees y un poco más, es decir, los tres hermanos y otros dos músicos los cuales uno podría ser Andy, el cuarto hermano que murió tempranamente de sobredosis unos meses después de haber entrado a la banda. (Esta historia es una de las que más me impresionó, y es la primera mención que recuerdo del mundo de las drogas y sus consecuencias). Decidí poner algunos temas de los Bee Gees en Grooveshark para acompañar el estudio, pero por supuesto no puedo estudiar ahora. Y guiado por la música recordé ese Brasil con mi familia; mientras Corrientes estaba inundada y mi bisabuelo nos pasaba por teléfono prepago los datos de la tormenta y el desborde del río, nos divertíamos y nos bronceábamos como nunca. Un día llovió. Y ese día íbamos en el auto por alguna avenida aledaña al océano, cruzándonos con muchísima frecuencia autos argentinos (cosa que, no sé por qué, me sorprendió mucho como me sorprendería hoy mismo) y llegando a una rotonda (así lo recuerdo y así lo recordé a lo largo de todos estos años) en la cima de una lomada en la que había, por obra do Senhor, una disquería. Era la ciudad de Tramandaí, a la que seguramente vuelva este verano, y corría el año 1998. Entré en esa disquería y compré un CD de los Bee Gees que, fabricado en Brasil (es decir, "importado" como gustaban los señores en esa época), costó un puñado de reales que mi madre seguramente abonó con dinero argentino, la verdad no sé. Fue previo al 4 a 1 y no le habrá dolido demasiado. Yo lo disfruté muchísimo. Ahora no me acuerdo como se llama el disco, pero tengo una vaga idea del orden de sus temas: es por estas pistas un disco de compilación, un grandes éxitos, cuyo nombre no he encontrado en ningún lado. Me conformo con escuchar los temas solos. Después de eso compré dos o tres discos más de los Bee Gees, que me inspiraron muchísimo para cantar con voces agudas, pintar barbas a mis osos de peluche y dibujar las cosas que imaginaba de escuchar. También aprendí mis rudimentos de inglés, porque del portugués sigo sin saber nada; y soñaba con tener mi propia banda, de la cual haría una versión extendida del tema Tragedy (que trataría sobre ¡un dinosaurio!) y duraría nada menos que 14 minutos y sería ampliamente valorado por la crítica. De todo esto conservo un vergonzoso recuerdo de haber cantado ese tema frente a todo mi colegio en segundo grado cuando en realidad hubiera querido cantar mi versión, que todavía no estaba terminada. Mi familia alimentó su superstición de que yo era un niño prodigio y se debatía si llevarme o no a una escuela de niños prodigios; seguramente si lo hubieran hecho esto en vez de ser una entrada de un blog sería una tesis de doctorado. Pero hubiera quemado etapas, y eso no me hubiera gustado demasiado.
Viéndolo en retrospectiva (intentando, como más se pueda, ponerme en el lugar de un yo mucho más joven e inmaduro) leer esto no me hubiera gustado, porque tiene ese aire de distanciamiento que tienen los adultos que escriben sobre niños (no soy ninguna de las dos cosas, sin embargo) y eso a mi yo niño no le gustaba; le hacía sentir un experimento científico. Cierto día agarré la ficha médica-psicológica que completó mi madre cuando entré al preescolar, y me ofendí al leer que había revelado que a veces me olvidaba de ir al baño. Pero no me ofendí por el dato revelado, sino porque estaba diciendo cosas de mí cuyo derecho jamás había consultado conmigo. Creo que desde chico soy propenso a escribir mi autobiografía, proyecto que mediante este blog estoy logrando en cuotas.
Sigo escuchando los Bee Gees y recordando mi pasado, a la vez que retomo una vez más el interrogante de qué pasaría si supiera qué voy a escribir en este blog diez días en el futuro. Porque para ser sincero, esta entrada no se veía venir ni a gancho. Pero está bien: en eso reside el encanto de una autobiografía; el encanto virtual de que se va haciendo de a poco y sigue siendo igual de pretensiosa siempre.

Por qué

Cuando iba cruzando ese boulevard hermoso que tengo como Costanera (si me habré hartado de criticarla, lo recuerdo ahora que estoy viejo) le decía a Coco "estas diversiones de pueblo, son lo que más me gusta".
"Esto no es un pueblo". (No puedo a esta altura dar nombres de cuentas de Twitter).
"Sí que es. Tenés que ver..."
Y cruzamos todo el boulevard, un auto interrumpiendo con un estruendo (estoy exagerando) mi exposición diferida de urbanismo. Entonces bajamos lentamente una escalera de cemento que hervía a rayos, porque eran las tres de la tarde de una tarde de primavera incipiente en Corrientes; al final de la escalera había unas barras de hierro oxidado, por las cuales fue dificilísimo hacer pasar la bici. Después de esa barra la escalera seguía, pero ya no llevaba a ninguna parte: cualquier persona que haya estado allí sabrá que antes había un puente de hierro y ahora no hay nada, de manera que la escalera se interrumpe bruscamente en un final abrupto, que en tiempos de crecida es un abismo al río mismo.
Allí me senté, una vez ubicada pobremente la bici cosa de que no nos lleve a ninguno de los dos por delante, y suspendí mis pies en el abismo que entonces daba a una playa y hubiera roto, por consiguiente, mis piernas. Coco hizo lo mismo, pero recostándose en la baranda de cemento de la escalera absurda; allí saqué un cigarrillo de marihuana de mi bolsillo y lo prendí queriendo disfrutar el atardecer, y no pudiendo en realidad.
"Tengo poco tiempo y vos también, pero vamos..."
"Sí", dijo él, "un rato".
(Todo esto no fue así en realidad, pero lo estoy sintetizando a efectos de).
Allí miré ese mismo río al cual le había escrito muchísimas cosas, desde el día en que empecé a escribir hasta hoy. Tomo el día en que empecé a escribir como una fecha que no da más de arbitraria, porque el primer poema al río que recuerdo lo escribí a mis quince años, pero también recuerdo haber comenzado a escribir muchísimo tiempo antes.
Un poco de esa esencia quise agarrar y supuse que iba a ser más fácil con la marihuana. Ése era, en realidad, mi objetivo secreto; pasé a buscar a Coco solamente para tener una expresión oral, no quedar hablando solo como un loco que en Corrientes esas cosas no son jamás recomendables. Con Coco la conversación se desvió a otras cosas, pero no importaban: todo forma parte, como dije antes, de una misma cosmogonía que nace y muere en el momento en que la recordamos y olvidamos, respectivamente.
Me hubiera gustado inspirarme para escribir un libro enorme de poesías al Paraná en ese momento, in chamamesco modo, pero realmente no pude. De cualquier manera, el cigarrillo estuvo bien, y como eran épocas de abundancia no me forcé demasiado y una vez terminado lo tiré a ese abismo arenoso del cual alguien rescataría. Miré un rato a los pescadores allá, en esa isla que (debido al río muy bajo) era hoy accesible; los que estuvieron allí recordarán de qué isla se trata. Era la auténtica diversión de pueblo, y Corrientes es un pueblo más allá de sus pretensiones: de cualquier manera, aunque los demógrafos digan que sí, no me hubiera gustado vivir toda mi adolescencia en un pueblo de verdad, porque tendría a la vez dos efectos: un aburrimiento voraz y unas fuertísimas raíces de las cuales todavía no me podría haber comenzado a desprender con seguridad.
Interrumpí a Coco con sus planes de viajar a Texas, Estados Unidos, poniéndome de pie de una vez: habían venido a mi mente imágenes del Josefina (ese antiguo instituto de inglés y bellas artes construido como a principio del siglo XX) que regía todo el barrio, que se llama Deporte (no sé por qué). A ese barrio me tenía que ir ahora. No quedaba lejos, y el camino era hermoso: todo el mundo sabe que para llegar a cualquier lado en Corrientes uno toma mil caminos uno más corto que el otro, pero la Costanera sigue siendo la experiencia menos práctica pero más pintoresca para llegar. Subí como pude otra vez mi bicicleta a la vereda, la superior, que daba ya a la avenida de los autos estruendosos. Me despedí, agradeciendo en voz alta haber tenido la prudencia de venir en septiembre porque por cuestiones vegetales la avenida es perturbadoramente rosada; me puse en camino pedaleando mi bicicleta azul y oxidada, que nadie saca nunca menos yo, recordando el día anterior el cual había consistido en un cansador viaje de ida y vuelta por los confines de la ciudad, los autos más estruendosos de todo, el amor de sus esquinas y el diálogo con una historia que dormía porque era domingo y encima de septiembre.

Circunstancias de las más extrañas

El domingo se junta con Illya Kuryaki and the Valderramasa y con una conversación con una amiga de secundario para recordarme esas diversiones de pueblo; me sorprende que ella las haya llamado de la misma manera que yo, y refiriéndose (se nota por el contexto de la conversación a las mismas cosas): concretamente tomar cerveza en la vía pública e irnos a fumar, alumbrados por unas estrellas ciegas de litoral, a una playa sucia donde siempre hay carpas habitadas por nadie sabe quiénes.
Se amontonan las imágenes como nostalgias que uno, en la gran ciudad y luchando por su futuro, aplaca gracias a un documental del prestigioso canal Encuentro. (Después escribo sobre ese documental, que habla sobre el pueblo de San Pedro Pescador enfrente de Corrientes y que acabo de descargar a mi hard drive). Todo forma una especie de cosmogonía que uno recuerda, como si ahora estuviera situado desde la tragedia y no desde el mito mismo. Todo se compenetra tanto porque pertenece todo al mismo lugar; y esto me hace sospechar, ahora más de grande y habitando otra ciudad que no es la mía pero se ha vuelto la mía, que en realidad los grandes teóricos de la memoria y el sentimiento desprestigian a los lugares, las imágenes y las impresiones que estas y aquellos nos producen a nivel psiquis.
Mil veces me ha pasado recordar mediante olores, como el perfume de alguien que conocía de allá; otras mil veces, quizás millones, mediante sonidos de una canción (ya he escrito demasiado sobre esto acá y no quiero hartar a mis lectores novembrianos hipotéticos); otras pocas veces, escasas sólo en comparación con las otras, me ha pasado recordar espontáneamente paisajes de allá y momentos de allá, sin estar haciendo nada que en principio se relacione con estos hechos. Este es un fenómeno que sucede uno o dos meses después de mi último regreso (que este año suman tres); yo lo asocio principalmente al comienzo de eso que las masas llaman 'extrañar' y Sofi me ha pedido implícitamente que (me) defina.
Esa es señal de dos cosas: que ya quiero aprehender el momento del regreso; y que el momento del regreso está cada vez más cerca.

La más fuerte impresión auditiva que puedo describir en este momento es el álbum Soviet Kitsch de Regina Spektor, link a cuya reseña hecha por mí copiaré en este preciso lugar. Éste es el álbum que escribía cuando abordé el colectivo la última vez que volví a mis pagos (léase Corrientes, porque no vivo ni en Rumania ni en la ciudad española de Córdoba); reproduje el álbum por puro aburrimiento, porque no le tenía mucha fe a Regina sino que lo puse sólo por no tener ganas de pensar qué poner; es un álbum que escuché cuatro (sin hipérbole) veces en lo que duró todo el viaje. Alrededor de veinticinco veces los días que me quedé, cosa que no es proporcional pero se explica, y unas dos veces, que ya lo sabía de memoria, en el viaje de vuelta a mis nuevos pagos. Desde ahí lo escuché interrumpidamente varias veces, por ocasiones numerosas, semanas enteras sin escucharlo. Ahora que la vuelta es inminente, más por ansia que por realidad, estoy empezando a escucharlo de nuevo. En realidad no me recuerda a Corrientes, sino a esa clara ansia de volver a Corrientes que suponen los pueblos de Esperanza y Río Primero: el largo viaje se está produciendo y ya está cerca la hora de volver a casa (que siempre acarrea circunstancias de las más extrañas), se acerca la hora de ver a esa gente que preguntará cómo me va y yo, con una sonrisa cínica (conjugando a la vez las no-ganas de responder con el agradecimiento tácito de que se preocupen por el tema) "bien, me va bastante bien". El hecho de ser guía turística en mi ciudad, escribiendo ya allá las expresiones de un paisaje viejo pero siempre recompuesto de una u otra manera; sobre todo ahora, que estoy lejos y que poseo más herramientas lingüísticas que nunca (porque no son cosas en realidad que se olviden) para describir las impresiones que estos paisajes me traen. Este blog, en ese sentido, no es sino un trabajo de recursividad: es valioso como bitácora de un alejamiento no prolongado ni extremo; preparación para la antesala (es decir, dos estadios antes de) una vida entera lejos del lugar donde nací, pero persiguiendo los sueños más íntimos que ya habrán de una vez madurado.



Guillermina (@guillezubieta): —Ya viene el verano, y vamos a tomar porrones en parques y veredas mientras paseamos al gato que ahora es parte de esto.
Lucio (@sandiaconqueso): —No sabés lo que extraño tomar porrones en la vía pública. Si hacés eso acá te llevan en cana. Así que este verano va con todo.
Guillermina (@guillezubieta): — ¡Acá también es ilegal! Vamos pal pueblo, esto es cualquiera.

1.11.12

Metanoviembre

En el sentido de que en el ritmo frenético de los días no podemos olvidar cuándo estamos viviendo (y el hecho de que mientras más afuera del sistema queramos estar más adentro vamos a estar, en realidad) tendríamos que llamar sólo como señal de protesta a los meses con nombres distintos. Prodiciembre, metanoviembre, paraoctubre, periseptiembre; prefijos griegos, como tantas lenguas gustan; prefijos latinos, como yo mismo no prefiero; o prefijos inuits o rumanos según preferencia personal de cada uno de los hablantes o incluso prefijos a cada mes en un idioma inventado o decir los meses en un idioma inventado, vale decirlo ya, inventar otros meses; inventar incluso otros calendarios para hacernos olvidar de la marcha incesante de los calendarios que ya existen, para que nadie se entienda con nadie y para que todo el mundo quiera estipular una fecha en la que se haga nada porque será totalmente inútil planear en esta nuestra nueva concepción del tiempo (como correr y no como calendario) y que de las millares de formas variables como la marea en las cuales evocamos la vuelta de la luna o la milonga terrestre, nazca una sola percepción sostenible y pura: de que no tenemos más que un solo día, hoy, que es el único en el que el sol alumbra hasta que no alumbra y sigue siendo hoy indefinidamente, pero ahora mismo sólo no parece, cuando el sol tiene el capricho de comenzar a alumbrar de nuevo. Como decía la vieja Janis, "it's all the same fucking day, man".
De cualquier manera, y no es por ser antisistema (todo lo contrario, quiero ser el mejor estructuralista del mundo pero la gente no me reconoce ese derecho por ser un joven noventoso y malcriado), quisiera llamar con otro nombre a los meses en este blog, sólo para hacerles creer a los lectores que entraron en una dimensión paralela; pero no se puede. Si Blogger y la vida en sociedad nos permitieran tantas licencias, el mundo sería un caos y no nos quedaría más alternativa que disfrutar el día (en tanto nos habremos dado cuenta de lo arena que es: efímero y fugaz una vez en nuestras manos).

Una entrada que no habla sobre noviembre

Nunca se me pasó por la cabeza explicar por qué copio fragmentos de textos que no son míos con letra Georgia (me gusta tanto la fuente como el nombre que tiene, nombre a país con otro alfabeto que probablemente no conoceré nunca). Esta constante tendencia a robar textos, citándolos a veces, citándolos la mayoría de las veces no, es en realidad una constante gana de ponerlos en contacto con el mundo que leo, los signos que recibo a través de los canales más extraños variados y sobre todo inesperados: estoy esperando no que saquen conclusiones, mucho menos que saquen las mismas conclusiones que yo, sino que se dejen seducir por ese aroma a nada que les despierta un texto en principio incomprensible pero que justamente por esto puede, la mayoría de las veces, ser leído de muchas maneras.
Pongo por ejemplo la entrevista con el Chango Rodríguez, tres entradas hacia atrás: imagínense, porque quizás no conozcan al Chango Rodríguez, un hombre en un pabellón que en su juventud ha viajado muchísimo y hoy está encerrado (los versados en su biografía dirán que por homicidio, los ignotos simplemente no dirán nada) y tiene muchísimo tiempo para la introspección y la composición de obras. Cómparese eso con mi propia vida (seis entradas más atrás), con mis propios sentimientos (después de todo, por algo copié justamente ese fragmento) o con los sentimientos suyos, señor lector: cualquier conclusión o impresión o, en el mejor de los casos, estremecimiento que pueda hacerle sentir yo con lo que transcribo de otras fuentes es sin duda valioso. Yo dudo tener ese poder con palabras propias; lo inesperado para alguien siempre viene de un lugar que no es la propia cabeza. No confío, todavía, en esa gente que dice que "todos somos uno": no por nada los otros tienen el poder y la costumbre, tan valiosos los dos, de hacernos romper en llanto de cuando en cuando.