31.10.12

Todo convergiendo en un solo punto

Estoy reviviendo lentamente, con esa persistencia que tienen los sentimientos fuertes, esa nostalgia a un país que está ahí afuera y cuando chico (y de prestado) solía recorrer, descubrir, aunque idealizando, cada uno de sus paisajes que se me presentaba de manera súbita y contundente, con una rapidez digna de mi calidad histérica de turista.
Estoy redescubriendo musicalmente todos esos lugares, sumando a ellos lugares que no conozco y estoy idealizando; La Rioja es un buen ejemplo, quizás uno mejor sea el Barrio Alberdi de Córdoba: más precisamente la calle Chubut. (Hoy me pareció y con razón que, a la larga, el absoluto es acá Córdoba. Es el centro del país, y es el centro que habito; todos han pasado por aquí en algún momento, dejándome un testimonio que recojo en mi calidad de aficionado).
El país está allí afuera y generalmente, dicen los sabios, un joven hombre no puede vivir sin conocer su país a fondo. Miguel de Unamuno añade que el racismo se cura viajando. Los prejuicios son juicios, y con estos ya se tiene el ingrediente crítico tan amado por los contemporáneos, cuando se conoce y, sobre todo, se ama lo que se tiene, que generalmente está muy cercano y poco apreciado.
Toda mi vida menosprecié todas estas maravillas que estoy descubriendo ahora con mi imaginación y más adelante con mis pies y con mis manos. Y luego, cuando esté encerrado en una celda (que no será necesariamente una cárcel de encausados por homicidio, Dios me oiga, pero si debe ser será) recordaré la juventud viajera con unas ganas conservadoras de volver al pasado, pero con una liberal fuerza para mirar el futuro, que espero sea mucho más amplio que el simple país que ya habré conocido a fondo.
Todo esto tiene como contexto una fuerte meditación sobre mis objetivos vitales, que ayer alcanzaron un punto cúlmine de pesimismo. Sigo sin tenerlos, y es de hecho que ya están mucho menos claros que hace diez minutos; pero tengo también claro que me guío por imágenes y no por anhelos espirituales y que gran parte de estas imágenes son las mismas que estoy releyendo de la voz del Chango Rodríguez, de Cafrune e incluso de Julio Sosa. El país está allí afuera, hombre, con todos sus enigmas por ser descubiertos; es de esperar que uno salga a querer conquistarlo, a él solo primero, y después a un par de millones de almas más que sonreirán ante mi retórica antes de volver tranquilo y cómodo (tranquilo sobre todo de consciencia) a la cucha cordobesa que también, a su manera, es un Aleph: es uno de muchísimos mundos que es muchísimos mundos y es solamente uno. Porque es el primero; la novia que siempre extrañaremos.

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