30.10.12

Título de la entrada

Pero igual tengo serias dudas sobre qué escribir. Describir, tan ineficientemente, el tango que estoy escuchando; la frialdad de los mates (frialdad es una palabra que suele aplicarse a las personas, pero que, al ser este mate cuasi-humano, también puede aplicarse a él mismo). Mi tarea, que es gigante, de resumir a Eurípides y disfrutar a Horkheimer (¿o será al revés?) acompañado también de estos tangos en esta casa fría o caliente que ya se vuelve insoportablemente rutinaria; el hecho de querer ser más simple, más ameba, de lo que soy, pero al mismo tiempo deseando una vida maximalista, pero al mismo tiempo extrañando los tiempos minimalistas, y así vamos como en un mosaico demente; el hecho de los mosquitos en el tobillo, del calefón prendido en piloto, de las camisetas sucias que amontono pero no clasifico.
No era un mosquito, era uno de esos bichitos que caminan y no vuelan y cuya existencia no molesta para nada (los matamos igual sin pocos escrúpulos), y que siempre dudé que fueran clasificados de alguna manera por la zoología, que tiene un tan buen ojo clasificador.
Revivir el blog parece, a esta altura (arrepintiéndome del optimismo desmesurado de la entrada anterior) una tarea titánica. No hay nada sobre lo que pueda escribir; no hay nada que quiera hacer leer, así haya expulsado tan pacíficamente de aquí a todos mis lectores. Esta catarata de gente que caía Dios sabrá de dónde (como abejorros en la oficina de un cruel hombre de negocios solitario) se va a chocar contra esa pared, que yo imagino, que alega que sólo pueden leer este blog lectores invitados; poco a poco procederán a alejarse de la pared, tan azarosamente como llegaron, y un influjo permanente y por millares de gente de todo el mundo que caía será violentamente interrumpido para existir nunca más, y esto destruirá a mis estadísticas que, si bien eran mentira, tanto bien me hacían para creerme famoso. O acaso no, o acaso retome la publicación mundial de mis "escritos" mañana mismo, y esta gente no se arrepienta sino por veinticuatro horas; acaso no la retome nunca más, y este blog, a pesar de su gran decadencia ta transitada, sea testigo de la decadencia más pronunciada en toda su historia: la de no existir para nadie más que para uno mismo.
Quizás deba (empiezo todas las frases con quizás, porque en realidad no tengo nada claro) aclarar un rato mis modos de vida: me di cuenta que hace algunos meses no escucho a la ISB, hace unos meses que Hesse me parece tedioso. Por lo único esotérico que conservo cierta predilección, falsa o nostálgica, es por Alejandro Jodorowsky; pero ya me da vergüenza mi cholulaje de perseguirlo en Twitter. Soy una persona muy distinta, que es productiva a los ojos de sus padres pero sólo a los ojos de ellos. Y siempre concentrándose en cosas que no valen la pena. Quién propone que este blog no sea mi vocación para toda la vida, tanta era la pasión que le ponía en sus mejores épocas; tanta la velocidad por la que mis dedos se deslizaban en las teclas de esta máquina infernal que tanto tiempo consume. Hace calor, llegan los mosquitos, el mate está frío (y quiero que esté caliente, así haga muchísimo calor); Córdoba se presenta (y esta es una fórmula que no me interesa repetir, porque nadie la está leyendo) como una mujer desnuda en un baño con mucho vaho. Abriendo su toalla a sus bulevares; vení, caminame, vení, que estoy caliente y aburridísima en esta nochecita sal de baño martes noche primavera octubre infernal Halloween fiesta gringa casa casa casa.

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