1.10.12

La música bretona

A los ñoños les gusta hablar de cosas que nadie entiende. Hesse asegura esto, y dice que está perfectamente bien. (la historia nos ha mostrado, por otra parte, que Hesse mismo fue bastante ñoño). En esta ocasión quisiera hablarles de esas cosas que les hacen decir a sus familiares: "¿eh? ¿que el nene escucha qué?"
Situación por demás incómoda, porque uno, en la pasión cegadora de hacer lo que le gusta, olvida lo que es esencial: defender por qué lo hace. Entonces uno cree que para los otros la pasión injustificada vale por toda justificación, y en realidad no porque justificar muchas veces es una dialéctica perversa que mucho tiene que ver con el discurso, la persuasión y la buena moral.
DE CUALQUIER MANERA, (y desquitándome en otro momento de estas ingratas situaciones), quisiera hablarles de la música bretona. Bretaña es un sector de la república de Francia que se sitúa estirándose como desperezándose en el sector noroeste, casi casi que tocando lo que luego se llamaría Gran Bretaña (o la vaga zona cultural que indica que es una continuación de Bretaña, que conservó a su modo muchísimos de sus encantos que tienen que ver con lo celta y lo irlandés). Es famosa por sus quesos o algo así, creo que el roquefort salió de unas cuevas secas donde fermentó, se pudrió y quedó riquísimo; es una zona, dicen, muy pobre y desértica, pero tiene una impronta cultural, como ya quise insinuar, muy fuerte.
¿Qué diablos me lleva a hablar de Bretaña hoy, un domingo a la madrugada (dones, bah, son las 1:46 am)? Calma, mamá, que ya esclarezco todo. Está por llover, y la atmósfera está insoportablemente pesada. Pesada porque vacía, mucho calor, mucha humedad, la verdad no sé; los versados me corregirán. Pesada porque vacía, y vacía (por suerte) porque se puede llenar con cualquier cosa. Más si es domingo. Entonces uno pone una lista de música al azar en un blog de esos que tiene, y da con esta canción que también es injustificable. ¿Por qué si ese sitio infame está musicalizado tan finamente con jazz de repente saltan tres viejas gritando cosas en un idioma rarísimo, casi desafinando, y sin-instrumentación-alguna? Es un poco difícil de tragar, pero ya Bajtin dijo que lo difícil de tragar es lo que no estamos acostumbrados a tragar. Como los chinos que comen bichos y esas degeneradeces. Entonces haga uno el esfuerzo por escuchar a estas tres señoras (uno puede inferir del título en francés, estas tres señoras que son hermanas) y trate de encontrar, más allá de lo rancia que pueda ser, la belleza de esta canción: para mí ya no pasa desapercibida y es apreciable como una de las joyas más valiosas que escuché en mi vida corta. Es hora de justificar por qué la pongo en el blog; generalmente (aunque no pasa mucho) tengo miedo de que la gente de con este tema extraño en una de sus búsquedas aleatorias por lugares que no le interesan, y se quede pensando en lo horrible que suena, aumentando un prejuicio que ya no es sólo hacia mí, si me conocen, sino hacia una legión cultural entera que encuentra ese tema "divino". Yo ni siquiera lo entiendo, creo que busqué la traducción pero la olvidé, pero no me interesa mucho. El vacío en el que vivo ahora mismo se llena con esta imagen de tres señoras, quizás ya fallecidas, cantando un tema tradicional de una tierra desierta y pobre que tiene mucho queso y está muy lejos. (Nunca fui a Bretaña, me muero de ganas de ir y hacer uno de esos diarios de viaje que son hoy tan famosos).
En fin. Las tres voces de estas señoras solas, cantando algo que bien podría ser punk pero no es (y tiene esa violencia, y tiene esa belleza, y tiene esos requisitos inaprehendibles...) llenan con un vacío un espacio que está vacío. Porque la canción tan minimalista cala hondo. No me crean, escúchenla. Saquen sus propias conclusiones. Hay, sin duda que las hay, millones de facetas del mundo que ignoramos, millones de modos de ver el mundo que nosotros no vemos en nuestra casa y seguramente, muy seguramente, no veamos nunca. Hoy quiero traerles uno de esos. De los que me causaron impresión a mí. Porque después de todo, esto de ser ñoño también es un trabajo, si se quiere, un tanto ególatra.


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