31.10.12

Horkheimer

También necesité esta pausa de visitantes (hoy pensé dejarlos entrar de vuelta en diciembre) para recuperar un poco la voz de lo que me gustaba escribir y cómo me gustaba escribir, que por sí mismo no vale mucho pero sirve en cambio para esquematizar mis reflexiones inmaduras en mi cabeza que por algo es circular. La voz, prioriza Borges, debe ser lo primero que una persona debe encontrar en sí misma, y más todavía un escritor. Yo no me considero un escritor sino un burdísimo pensador (como si quisiera considerarme un mecánico sólo por saber manejar un destornillador y una llave inglesa), pero es el principio de algo porque estoy sobre todo con ganas de pensar. Con ganas de aprender también; en realidad estoy con ganas de todo. Estoy en el proceso, ya lo creo, de encontrar mi propia voz; es un proceso que lleva años ya porque la primera alusión que recuerdo a este proceso (que de lo contrario hubiera sido automático quién sabe por cuánto tiempo) fue una amiga de mi viejo que me dijo "lo único que necesitás, querido Patricio, es poder pulir tu estilo". Pulir el estilo fue una frase que me sigue sonando aunque no recuerde quién carajo la dijo; recuerdo más bien su perfume su voz y el tono en el que lo dijo, probablemente algo irónico, porque se trataba de unas estúpidas aventuras de ciencia ficción de alrededor de 430 hojas de largo que no conservaban coherencia ni originalidad alguna. Hoy extraño esas obras; creo que fueron mi cumbre, pero no se conservan (para usar terminología que los profesores de cosas clásicas reservan puramente a esos griegos misteriosos de antes de Cristo). La voz sigue pensando en encontrarse, y se sigue pensando en encontrarse meramente pensándose; el hecho de escribir temporalmente para mí mismo acá (y no creo que, cuando reciba gente de nuevo, esta gente se moleste en leer de pe a pa las entradas que escribí en su ausencia) me ayuda a encontrar esa voz (señal es ya de que estoy conforme, bastante conforme, con las cosas que escribo y no releo) y sobre todo a organizar estos pensamientos, esquematizándolos en párrafos largos y en oraciones todavía más largas, como un pasatiempo en una noche oscura de verano en la cual no hay nada más que hacer que escribir para recuperar así sea un poco de energía para leer a Horkheimer. Y deprimirse otra vez.

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