31.10.12

Energía

La caminata de ida y la caminata de vuelta (que consisten, en términos generales, en caminatas de treinta minutos a menos que uno camine por diagonales) fueron momentos de una reflexión honda que me permitió pasar el tiempo y olvidar que estaba efectivamente caminando. También me permitió olvidar el calor sofocante y el sol abrasador y el pavimento hirviendo y también me permitió olvidar las flores lilas de los jacarandás y las lindas chicas que pasaban y también me permitió olvidar los largos tramos vacíos en la entrada a la Universidad que caminaba, a esa hora, solamente yo; con esto quiero destacar lo profundo de la intromisión en la que estaba, profundamente, sumido hoy a la tarde.
Tuvo dos tintes distintos. En la primera salí de mi casa con una energía inusitada, que de repente fue creciendo y creciendo hasta llegar hecha un bólido realmente rebosante de energía inusitada para poder escuchar una clase sobre lírica erótica griega arcaica (Safo, née 620 ó 610 a.C.); la segunda caminata fue teñida en principio por muchísimo enojo y Sonic Youth hasta que, merced a los pensamientos propios, también fue tornándose una caminata enérgica análoga, más o menos a la altura del boulevard, a la primera caminata la de ida. En las dos pensé más o menos lo mismo, en la segunda más profundamente:

Destaco la libertad que tenemos los seres humanos, cada vez más con los años, de organizar nuestra vida (y el tiempo de nuestra vida) bajo estándares que nosotros elegimos. Llega un momento, y es el decisivo a mi parecer, en el que tenemos que elegir una orientación que determinará, querramos o no, la libertad de acción que tendremos en los años siguientes: ese momento es la juventud, en la cual nos fuerzan (pero a la larga, terminamos forzándonos nosotros mismos para seguir con el impulso) a elegir una vocación que, seguramente, será eterna e inexorable. Todo lo eterno e inexorable que puede ser una decisión humana.

Esta libertad puede ser usada sabiamente o no. Pero en realidad no sé si la cosa pasa por la sabiduría (que requiere mucha introspección) sino por la originalidad o, más bien, atenerse a la propia naturaleza (que conserva mucho de inexorable y determinado, también): quiero ilustrar esto con un ejemplo.
En la primera caminata tomé la decisión de, en algún momento, volver a Corrientes por un lapso de tiempo, trabajando y estudiando la misma carrera a la vez, pero allá. Es decir, estudiando por mi cuenta para aprobar aquí la mayor cantidad de exámenes que me fueran posibles. Contribuir, a la vez, con el fruto de mi trabajo a mantener a mi hermana aquí (haciendo lo que le gusta, como manera de devolver el gigantesco favor que mi familia me hizo al tenerme aquí escribiendo para ustedes) y al mismo tiempo destinando una parte al ahorro de una suma que invertiré en esto de viajar que detallé tan apasionadamente anoche, la noche de octubre, en la entrada anterior. Todo esto requiere energía y disciplinamiento; cabe destacar que no seré totalmente libre como los adultos temen de sus niños y que si bien no tendré a mi cargo los quehaceres de la casa intentaré distribuir mi tiempo (y sobre todo mi energía) en esa autosuperación personal que, por estar lejos, corre el serio peligro de difuminarse en algún momento. Será mérito totalmente mío obtener esta disciplina y mantenerla a lo largo de todo el tiempo que fuera necesario allá; contaré con el incentivo (pero esto es tema aparte) de estar metido en un asunto que involucra dos ciudades que amo, como si mi existencia estuviera efectivamente dividida en dos. Todo despegará a partir de ese momento; tanto mi experiencia, como mi capital (al que no hay que temerle, dijo Casero), como mi desempeño académico/academicista o incluso mi energía primero que nada inusitada; a partir de este despegue llegaré a ese estado de ánimo particular que se necesita para llevar al mundo por delante, en calidad de turista autoritario, recorriendo el mundo o porción de él totalmente solo.
Hablé de distribución de tiempo y sobre todo de energía. Creo que los errores de la vida, los que tienen que ver con un conformismo sembrado en la juventud y cultivado en la adultez (en la cual se prioriza definitivamente al presente en detrimento del futuro), se asocian a una distribución errónea de las energías. Energías que unos prefieren aplicar a los hijos, pero que a la larga, acaban por acabarse; se descuida a los hijos, se descuida a la mujer, a la carrera o al empleo y en definitiva a uno mismo que es la sumatoria de todas esas cosas. Consiste en tener energías, pero tener energías concretamente distribuidas, mediante estándares bien privados, en las cosas que pueden hacernos crecer y abrirnos al mundo. El ejemplo más cercano que se me ocurre por el día de hoy es el hecho de cursar una carrera en la Universidad. Está bien, probablemente se requieran otros recursos de los cuales yo no estoy al tanto, pero ya dijo una profesora (que ahora es vicedecana) que la mitad de las materias de "esta carrera" pueden rendirse libres. Hace falta destacar los beneficios que trae rendir en condición de libre una materia de "esta carrera". El beneficio más grande del que puedo pensar en este momento es este asunto de las dos provincias que amo; me imaginé a mí mismo (y esto fue el detonante de todo el asunto) estudiando y trabajando en "home", temporalmente claro está, para venir acá y arrasar con todo diciendo "dejen de desperdiciar tantas energías en el tedio de la impartición de conocimientos progresiva y a cada tramo regulada y examinada; ustedes solos, con el control sobre sus propios objetivos (hace falta cierta pasión, un tanto ciega, para lograr esto) pueden por sí mismos superar todas estas instancias, con una lectura propia y mucho más honda de lo que en principio debería interesarles, esquivando la autoridad necia de los exámenes parciales y pasando directamente al final, que testificará ante los ojos de una procesal burocracia, ojos que no conocen, que ustedes son versados por el tema por h o por b, sin haberse gastado las nalgas un año o medio ininterrumpidamente en un banco azul verde gris blanco rojo o negro como la muerte misma."

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