30.10.12

Abstracto o figurativo

Añadí adornos nuevos a este blog que no es más de ustedes. Diez discos haciendo una reseña rápida (pero no bien pensada) de lo que escuché en este año o en estas últimas semanas; y un favicon, que siempre había negado un poco por considerarlo poco estético a pesar de tenerlo en uno de mis blogs o precisamente por eso. En este caso es un bien armado proceso cruzado de una representación artística del famoso big bang. En 1 o 2 píxeles. Se entiende bien, o si no, para eso este epígrafe.
Por supuesto son cosas que se atienen al formato. El contenido, que es una forma de formato, también tiene que contar; para eso estoy escribiendo ahora mismo, haciendo un recorrido por una casa que está sola, como el Asterión de Borges. Pido perdón a no sé quién si reitero muchas veces que ahora este blog no es de nadie; no sé por cuánto tiempo no sea de nadie; seguramente hasta que lleguen los primeros reclamos (no prontos) de que extrañan lo que tan pobremente escribo. Seguramente no lleguen nunca. Seguramente mi casa quede sola para siempre.
De cualquier manera, como ya he dicho, necesito descansar de los juicios del mundo. Del egocentrismo (diría el amigo M. Angenot, que viene a visitarnos el año que viene) de juzgar todo lo que hace el mundo de acuerdo a los estándares propios; de decir que es por amor, por amor a la cultura, al arte, a la buena prosa, a uno mismo o a ese amor filial pero siempre egoísta que tienen para nosotros los novios o los familiares o incluso (y esto es lo más terrible) los amigos. Reprimir al otro enarbolando una bandera, que siempre o casi siempre está manchada con la frase stencil de libre expresión; juzgando tácitamente o no sus opiniones a menos que la otra persona, la interpelada, sea una eminencia o una autoridad o un gran sabio. No soy ninguna de las tres cosas. Espero algún día poder ser todo eso. Algunos, muchos de ustedes, sabrían por fin callarse la boca.
Léase, porque leer es escribir, este movimiento introspectivo como la milonga más introspectiva que puede haber en el mundo; me cansé de su histeriqueo, me silencio un rato, veo cómo mierda puedo golpearlos en la panza, escribo para entenderme sólo yo, sin ganas de ser abstracto o figurativo; me paro, en fin, fuera del mundo de Feinmann, fuera de la prolijidad de los imberbes mal afeitados.

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