31.10.12

Horkheimer

También necesité esta pausa de visitantes (hoy pensé dejarlos entrar de vuelta en diciembre) para recuperar un poco la voz de lo que me gustaba escribir y cómo me gustaba escribir, que por sí mismo no vale mucho pero sirve en cambio para esquematizar mis reflexiones inmaduras en mi cabeza que por algo es circular. La voz, prioriza Borges, debe ser lo primero que una persona debe encontrar en sí misma, y más todavía un escritor. Yo no me considero un escritor sino un burdísimo pensador (como si quisiera considerarme un mecánico sólo por saber manejar un destornillador y una llave inglesa), pero es el principio de algo porque estoy sobre todo con ganas de pensar. Con ganas de aprender también; en realidad estoy con ganas de todo. Estoy en el proceso, ya lo creo, de encontrar mi propia voz; es un proceso que lleva años ya porque la primera alusión que recuerdo a este proceso (que de lo contrario hubiera sido automático quién sabe por cuánto tiempo) fue una amiga de mi viejo que me dijo "lo único que necesitás, querido Patricio, es poder pulir tu estilo". Pulir el estilo fue una frase que me sigue sonando aunque no recuerde quién carajo la dijo; recuerdo más bien su perfume su voz y el tono en el que lo dijo, probablemente algo irónico, porque se trataba de unas estúpidas aventuras de ciencia ficción de alrededor de 430 hojas de largo que no conservaban coherencia ni originalidad alguna. Hoy extraño esas obras; creo que fueron mi cumbre, pero no se conservan (para usar terminología que los profesores de cosas clásicas reservan puramente a esos griegos misteriosos de antes de Cristo). La voz sigue pensando en encontrarse, y se sigue pensando en encontrarse meramente pensándose; el hecho de escribir temporalmente para mí mismo acá (y no creo que, cuando reciba gente de nuevo, esta gente se moleste en leer de pe a pa las entradas que escribí en su ausencia) me ayuda a encontrar esa voz (señal es ya de que estoy conforme, bastante conforme, con las cosas que escribo y no releo) y sobre todo a organizar estos pensamientos, esquematizándolos en párrafos largos y en oraciones todavía más largas, como un pasatiempo en una noche oscura de verano en la cual no hay nada más que hacer que escribir para recuperar así sea un poco de energía para leer a Horkheimer. Y deprimirse otra vez.

Energía

La caminata de ida y la caminata de vuelta (que consisten, en términos generales, en caminatas de treinta minutos a menos que uno camine por diagonales) fueron momentos de una reflexión honda que me permitió pasar el tiempo y olvidar que estaba efectivamente caminando. También me permitió olvidar el calor sofocante y el sol abrasador y el pavimento hirviendo y también me permitió olvidar las flores lilas de los jacarandás y las lindas chicas que pasaban y también me permitió olvidar los largos tramos vacíos en la entrada a la Universidad que caminaba, a esa hora, solamente yo; con esto quiero destacar lo profundo de la intromisión en la que estaba, profundamente, sumido hoy a la tarde.
Tuvo dos tintes distintos. En la primera salí de mi casa con una energía inusitada, que de repente fue creciendo y creciendo hasta llegar hecha un bólido realmente rebosante de energía inusitada para poder escuchar una clase sobre lírica erótica griega arcaica (Safo, née 620 ó 610 a.C.); la segunda caminata fue teñida en principio por muchísimo enojo y Sonic Youth hasta que, merced a los pensamientos propios, también fue tornándose una caminata enérgica análoga, más o menos a la altura del boulevard, a la primera caminata la de ida. En las dos pensé más o menos lo mismo, en la segunda más profundamente:

Destaco la libertad que tenemos los seres humanos, cada vez más con los años, de organizar nuestra vida (y el tiempo de nuestra vida) bajo estándares que nosotros elegimos. Llega un momento, y es el decisivo a mi parecer, en el que tenemos que elegir una orientación que determinará, querramos o no, la libertad de acción que tendremos en los años siguientes: ese momento es la juventud, en la cual nos fuerzan (pero a la larga, terminamos forzándonos nosotros mismos para seguir con el impulso) a elegir una vocación que, seguramente, será eterna e inexorable. Todo lo eterno e inexorable que puede ser una decisión humana.

Esta libertad puede ser usada sabiamente o no. Pero en realidad no sé si la cosa pasa por la sabiduría (que requiere mucha introspección) sino por la originalidad o, más bien, atenerse a la propia naturaleza (que conserva mucho de inexorable y determinado, también): quiero ilustrar esto con un ejemplo.
En la primera caminata tomé la decisión de, en algún momento, volver a Corrientes por un lapso de tiempo, trabajando y estudiando la misma carrera a la vez, pero allá. Es decir, estudiando por mi cuenta para aprobar aquí la mayor cantidad de exámenes que me fueran posibles. Contribuir, a la vez, con el fruto de mi trabajo a mantener a mi hermana aquí (haciendo lo que le gusta, como manera de devolver el gigantesco favor que mi familia me hizo al tenerme aquí escribiendo para ustedes) y al mismo tiempo destinando una parte al ahorro de una suma que invertiré en esto de viajar que detallé tan apasionadamente anoche, la noche de octubre, en la entrada anterior. Todo esto requiere energía y disciplinamiento; cabe destacar que no seré totalmente libre como los adultos temen de sus niños y que si bien no tendré a mi cargo los quehaceres de la casa intentaré distribuir mi tiempo (y sobre todo mi energía) en esa autosuperación personal que, por estar lejos, corre el serio peligro de difuminarse en algún momento. Será mérito totalmente mío obtener esta disciplina y mantenerla a lo largo de todo el tiempo que fuera necesario allá; contaré con el incentivo (pero esto es tema aparte) de estar metido en un asunto que involucra dos ciudades que amo, como si mi existencia estuviera efectivamente dividida en dos. Todo despegará a partir de ese momento; tanto mi experiencia, como mi capital (al que no hay que temerle, dijo Casero), como mi desempeño académico/academicista o incluso mi energía primero que nada inusitada; a partir de este despegue llegaré a ese estado de ánimo particular que se necesita para llevar al mundo por delante, en calidad de turista autoritario, recorriendo el mundo o porción de él totalmente solo.
Hablé de distribución de tiempo y sobre todo de energía. Creo que los errores de la vida, los que tienen que ver con un conformismo sembrado en la juventud y cultivado en la adultez (en la cual se prioriza definitivamente al presente en detrimento del futuro), se asocian a una distribución errónea de las energías. Energías que unos prefieren aplicar a los hijos, pero que a la larga, acaban por acabarse; se descuida a los hijos, se descuida a la mujer, a la carrera o al empleo y en definitiva a uno mismo que es la sumatoria de todas esas cosas. Consiste en tener energías, pero tener energías concretamente distribuidas, mediante estándares bien privados, en las cosas que pueden hacernos crecer y abrirnos al mundo. El ejemplo más cercano que se me ocurre por el día de hoy es el hecho de cursar una carrera en la Universidad. Está bien, probablemente se requieran otros recursos de los cuales yo no estoy al tanto, pero ya dijo una profesora (que ahora es vicedecana) que la mitad de las materias de "esta carrera" pueden rendirse libres. Hace falta destacar los beneficios que trae rendir en condición de libre una materia de "esta carrera". El beneficio más grande del que puedo pensar en este momento es este asunto de las dos provincias que amo; me imaginé a mí mismo (y esto fue el detonante de todo el asunto) estudiando y trabajando en "home", temporalmente claro está, para venir acá y arrasar con todo diciendo "dejen de desperdiciar tantas energías en el tedio de la impartición de conocimientos progresiva y a cada tramo regulada y examinada; ustedes solos, con el control sobre sus propios objetivos (hace falta cierta pasión, un tanto ciega, para lograr esto) pueden por sí mismos superar todas estas instancias, con una lectura propia y mucho más honda de lo que en principio debería interesarles, esquivando la autoridad necia de los exámenes parciales y pasando directamente al final, que testificará ante los ojos de una procesal burocracia, ojos que no conocen, que ustedes son versados por el tema por h o por b, sin haberse gastado las nalgas un año o medio ininterrumpidamente en un banco azul verde gris blanco rojo o negro como la muerte misma."

Todo convergiendo en un solo punto

Estoy reviviendo lentamente, con esa persistencia que tienen los sentimientos fuertes, esa nostalgia a un país que está ahí afuera y cuando chico (y de prestado) solía recorrer, descubrir, aunque idealizando, cada uno de sus paisajes que se me presentaba de manera súbita y contundente, con una rapidez digna de mi calidad histérica de turista.
Estoy redescubriendo musicalmente todos esos lugares, sumando a ellos lugares que no conozco y estoy idealizando; La Rioja es un buen ejemplo, quizás uno mejor sea el Barrio Alberdi de Córdoba: más precisamente la calle Chubut. (Hoy me pareció y con razón que, a la larga, el absoluto es acá Córdoba. Es el centro del país, y es el centro que habito; todos han pasado por aquí en algún momento, dejándome un testimonio que recojo en mi calidad de aficionado).
El país está allí afuera y generalmente, dicen los sabios, un joven hombre no puede vivir sin conocer su país a fondo. Miguel de Unamuno añade que el racismo se cura viajando. Los prejuicios son juicios, y con estos ya se tiene el ingrediente crítico tan amado por los contemporáneos, cuando se conoce y, sobre todo, se ama lo que se tiene, que generalmente está muy cercano y poco apreciado.
Toda mi vida menosprecié todas estas maravillas que estoy descubriendo ahora con mi imaginación y más adelante con mis pies y con mis manos. Y luego, cuando esté encerrado en una celda (que no será necesariamente una cárcel de encausados por homicidio, Dios me oiga, pero si debe ser será) recordaré la juventud viajera con unas ganas conservadoras de volver al pasado, pero con una liberal fuerza para mirar el futuro, que espero sea mucho más amplio que el simple país que ya habré conocido a fondo.
Todo esto tiene como contexto una fuerte meditación sobre mis objetivos vitales, que ayer alcanzaron un punto cúlmine de pesimismo. Sigo sin tenerlos, y es de hecho que ya están mucho menos claros que hace diez minutos; pero tengo también claro que me guío por imágenes y no por anhelos espirituales y que gran parte de estas imágenes son las mismas que estoy releyendo de la voz del Chango Rodríguez, de Cafrune e incluso de Julio Sosa. El país está allí afuera, hombre, con todos sus enigmas por ser descubiertos; es de esperar que uno salga a querer conquistarlo, a él solo primero, y después a un par de millones de almas más que sonreirán ante mi retórica antes de volver tranquilo y cómodo (tranquilo sobre todo de consciencia) a la cucha cordobesa que también, a su manera, es un Aleph: es uno de muchísimos mundos que es muchísimos mundos y es solamente uno. Porque es el primero; la novia que siempre extrañaremos.

El "Chango" Rodríguez

Voluntad de sonreír en el momento más difícil de su vida.
La segunda chacarera es la más asombrosa: cada una de sus coplas está dedicada a sus vecinos del pabellón; una dedicada al que será procesado por falsificar cheques, otra al del cuento de la casa propia, otra a la mateada en las celdas, otra a los jueces, otra a los abogados, y la última al profesor que vendía "títulos de doctores".
—En fin, estoy escribiendo mucho, siento la necesidad imperiosa de hacerlo, a toda hora. Estoy conociendo mucho mejor a mi guitarra. Ahora le encuentro cosas que no había descubierto antes.
— ¿Te acordás, abrazando la guitarra, de tus tiempos de viajero pobre, cuántas veces habrás andado por las trincheras santiagueñas, por las chayas riojanas, por las bagualeadas calchaquíes, por toda esta Argentina cantora y fiestera...?
—Sí, fijate. Ahora es cuando más recuerdo todas esas cosas lindas, que tanto me han hecho crecer. Claro, tenés razón...
Calla, piensa un momento, deja la guitarra sobre el lecho y con una sonrisa extraña en él, nostálgica, me dice:
—...estos últimos tiempos míos han sido demasiado de manicomio. No tenía tiempo para pensar. Todos los días, todas las noches, una actuación o varias. La radio, la televisión, los teatros, las grabadoras, me quitaron algo del lirismo evocativo; ahora, de golpe, al tener que someterme sorpresivamente al silencio, todos los recuerdos vuelven a mí. Desde ahora y para siempre he conquistado la valoración de lo evocativo. Me he dado cuenta de la fuerza que tiene la tierra. He regresado a mi madre, a mi lar, a mi infancia, a aquella época heroica de no poder salir de la pensión porque no tenía qué ponerme. El silencio me ha vuelto la imagen de aquellos rostros curtidos que he visto en los rincones más criollos de esta parte de América. Las manos de las mujeres. La mirada del labriego. La inquietud de los changos.


30.10.12

La retórica

Pero decir discurso, palabra (logos) no es decir poca cosa, porque -y aquí está el acta fundacional de la retórica- la palabra es un gran soberano que con un cuerpo pequeñísimo y sumamente insignificante lleva a cabo divinísimas obras.
La palabra no está hecha para filosofías sino para obrar; para deleitar y para persuadir. La palabra es tan poco fiable para filosofar -pues tiende gustoso a reflejar lo mítico e inexistente- como fundamentalmente psicagógico, o sea, arrastrador de almas. La palabra es acción que mueve, conmueve, seduce, persuade y hace cambiar de opinión al prójimo.

Gorgias pone las bases de la relación entre la retórica y la poética, pues sostiene que un discurso escrito con arte y pronunciado no de acuerdo con la verdad deleita y persuade a una inmensa masa de gente.
O sea, la palabra no sirve para reproducir la realidad ni para transmitírsela a los demás, pero sí para actuar sobre los individuos de una colectividad convenciéndolos y haciéndoles cambiar de opinión (discurso retórico) o enhechizándolos y drogándoles el alma como si realmente la palabra fuera un fármaco hechicero (discurso poético).

Igualmente alejada del discurso retórico y del poético está la verdad, entendida como la reproducción de la realidad, puesto que con las palabras se pueden construir muchos intermedios que reflejan no la realidad tal cual es (que nadie conoce en su verdadera entidad) sino la presunta realidad manipulada a nuestro gusto y a nuestra real gana con mejor o peor propósito o intención.


Antonio López Eire, Retórica clásica y teoría literaria moderna

Qué asco este mate

"El que quiere interesar a los demás tiene que provocarlos"
GENIO DALÍ, TE APLAUDO TE APLAUDO porque soy una middle-age woman que compra cuadros en el bazar, o una adolescente tardía que estudia bellas artes y te toma por modelo. Por qué. Porque no conozco otros modelos; porque no me interesa ir a la India o no me interesan esas cosas estelares que pasan fuera de casa; me interesan los modelos, esos modelos que adopta todo el mundo, para llamarlos por su nombre y acariciarlos como si los conociera. Ignorando deliberadamente esos videos de Dalí moribundo que circulan por Youtube, que dice, con una voz que no es de él y sujetando un respirador de oxígeno, "visca catalunya, visca el rey".
Ignorar deliberadamente muchas cosas para poder salir el sábado con tranquilidad. Qué asco. Qué asco tener que escribir sobre esto; qué asco que nadie me lea; qué asco no poder provocar a nadie para que me lea; qué asco no ser interesante.
Qué asco este mate. Igual me lo tomo. Quién sabe algo en esta vida.

(Hay dos cosas auténticamente nuestras: nuestros sueños, y las razones por las cuales los hemos olvidado. El ruido del mundo nos hace olvidar muchísimas cosas, entre ellas, a nosotros mismos. Aquél que de chico sueña algo, que en reglas generales nunca se olvida, tiene que pasarse toda su juventud luchando contra lo que lo nubla para poder recuperar eso que había sido en la etapa más pura de su vida. A mi juicio, esta pureza se va contaminando cada vez más pronto; en cuanto el ruido del mundo, ese bombardeo de cosas continuo y de fácil acceso, de cosas superficiales y coloridas, llama a los cada vez más jóvenes a olvidarse de lo que hay en el interior y conocer -aunque sea bien necesario, pero después- el mundo exterior en alguna de sus facetas. Esto no tiene que ser ignorado; exhorto, me exhorto a mí mismo, para conservar la autenticidad de mis actos, a no ahogarme en estos fantasmas, a contemplar y disfrutar todo con el yugo de mi propia vocación. Que es totalmente mía, no sé cuál es, la he olvidado).

Abstracto o figurativo

Añadí adornos nuevos a este blog que no es más de ustedes. Diez discos haciendo una reseña rápida (pero no bien pensada) de lo que escuché en este año o en estas últimas semanas; y un favicon, que siempre había negado un poco por considerarlo poco estético a pesar de tenerlo en uno de mis blogs o precisamente por eso. En este caso es un bien armado proceso cruzado de una representación artística del famoso big bang. En 1 o 2 píxeles. Se entiende bien, o si no, para eso este epígrafe.
Por supuesto son cosas que se atienen al formato. El contenido, que es una forma de formato, también tiene que contar; para eso estoy escribiendo ahora mismo, haciendo un recorrido por una casa que está sola, como el Asterión de Borges. Pido perdón a no sé quién si reitero muchas veces que ahora este blog no es de nadie; no sé por cuánto tiempo no sea de nadie; seguramente hasta que lleguen los primeros reclamos (no prontos) de que extrañan lo que tan pobremente escribo. Seguramente no lleguen nunca. Seguramente mi casa quede sola para siempre.
De cualquier manera, como ya he dicho, necesito descansar de los juicios del mundo. Del egocentrismo (diría el amigo M. Angenot, que viene a visitarnos el año que viene) de juzgar todo lo que hace el mundo de acuerdo a los estándares propios; de decir que es por amor, por amor a la cultura, al arte, a la buena prosa, a uno mismo o a ese amor filial pero siempre egoísta que tienen para nosotros los novios o los familiares o incluso (y esto es lo más terrible) los amigos. Reprimir al otro enarbolando una bandera, que siempre o casi siempre está manchada con la frase stencil de libre expresión; juzgando tácitamente o no sus opiniones a menos que la otra persona, la interpelada, sea una eminencia o una autoridad o un gran sabio. No soy ninguna de las tres cosas. Espero algún día poder ser todo eso. Algunos, muchos de ustedes, sabrían por fin callarse la boca.
Léase, porque leer es escribir, este movimiento introspectivo como la milonga más introspectiva que puede haber en el mundo; me cansé de su histeriqueo, me silencio un rato, veo cómo mierda puedo golpearlos en la panza, escribo para entenderme sólo yo, sin ganas de ser abstracto o figurativo; me paro, en fin, fuera del mundo de Feinmann, fuera de la prolijidad de los imberbes mal afeitados.

Título de la entrada

Pero igual tengo serias dudas sobre qué escribir. Describir, tan ineficientemente, el tango que estoy escuchando; la frialdad de los mates (frialdad es una palabra que suele aplicarse a las personas, pero que, al ser este mate cuasi-humano, también puede aplicarse a él mismo). Mi tarea, que es gigante, de resumir a Eurípides y disfrutar a Horkheimer (¿o será al revés?) acompañado también de estos tangos en esta casa fría o caliente que ya se vuelve insoportablemente rutinaria; el hecho de querer ser más simple, más ameba, de lo que soy, pero al mismo tiempo deseando una vida maximalista, pero al mismo tiempo extrañando los tiempos minimalistas, y así vamos como en un mosaico demente; el hecho de los mosquitos en el tobillo, del calefón prendido en piloto, de las camisetas sucias que amontono pero no clasifico.
No era un mosquito, era uno de esos bichitos que caminan y no vuelan y cuya existencia no molesta para nada (los matamos igual sin pocos escrúpulos), y que siempre dudé que fueran clasificados de alguna manera por la zoología, que tiene un tan buen ojo clasificador.
Revivir el blog parece, a esta altura (arrepintiéndome del optimismo desmesurado de la entrada anterior) una tarea titánica. No hay nada sobre lo que pueda escribir; no hay nada que quiera hacer leer, así haya expulsado tan pacíficamente de aquí a todos mis lectores. Esta catarata de gente que caía Dios sabrá de dónde (como abejorros en la oficina de un cruel hombre de negocios solitario) se va a chocar contra esa pared, que yo imagino, que alega que sólo pueden leer este blog lectores invitados; poco a poco procederán a alejarse de la pared, tan azarosamente como llegaron, y un influjo permanente y por millares de gente de todo el mundo que caía será violentamente interrumpido para existir nunca más, y esto destruirá a mis estadísticas que, si bien eran mentira, tanto bien me hacían para creerme famoso. O acaso no, o acaso retome la publicación mundial de mis "escritos" mañana mismo, y esta gente no se arrepienta sino por veinticuatro horas; acaso no la retome nunca más, y este blog, a pesar de su gran decadencia ta transitada, sea testigo de la decadencia más pronunciada en toda su historia: la de no existir para nadie más que para uno mismo.
Quizás deba (empiezo todas las frases con quizás, porque en realidad no tengo nada claro) aclarar un rato mis modos de vida: me di cuenta que hace algunos meses no escucho a la ISB, hace unos meses que Hesse me parece tedioso. Por lo único esotérico que conservo cierta predilección, falsa o nostálgica, es por Alejandro Jodorowsky; pero ya me da vergüenza mi cholulaje de perseguirlo en Twitter. Soy una persona muy distinta, que es productiva a los ojos de sus padres pero sólo a los ojos de ellos. Y siempre concentrándose en cosas que no valen la pena. Quién propone que este blog no sea mi vocación para toda la vida, tanta era la pasión que le ponía en sus mejores épocas; tanta la velocidad por la que mis dedos se deslizaban en las teclas de esta máquina infernal que tanto tiempo consume. Hace calor, llegan los mosquitos, el mate está frío (y quiero que esté caliente, así haga muchísimo calor); Córdoba se presenta (y esta es una fórmula que no me interesa repetir, porque nadie la está leyendo) como una mujer desnuda en un baño con mucho vaho. Abriendo su toalla a sus bulevares; vení, caminame, vení, que estoy caliente y aburridísima en esta nochecita sal de baño martes noche primavera octubre infernal Halloween fiesta gringa casa casa casa.

} } }
} }
}

Sobre las nuevas medidas de seguridad

Decidí (y esto se lo digo a mí mismo, por ahora) restringir la seguridad del blog a una lista selecta de lectores, que por razones como que no sé configurar tal cosa, será simplemente un blog para mí mismo.
Esto no tiene ánimos de ser permanente ni nada; es simplemente haber invitado a un cierto número de gente que ahora no soporto, y querer echarlos de mi casa con la escoba tras la puerta, momentáneamente tan sólo, para estar solo un rato indeterminado, abandonándome a mis propios pensamientos; a un soliloquio que tiene tanto de privado como de poco sistemático y de ahí el pudor a ser leído.
De cualquier manera, es bien evidente que el blog había llegado a un punto de retroceso del cual no quiere salir; después de pensar razones por un tiempo descubrí que se debe justamente al riesgo de ser leído (y juzgado según estándares ajenos) por cualquiera. Para suprimir a este molesto complemento agente, más molesto porque indeterminado, tomé esta medida de seguridad que no sé si será efectiva.
Quiero ver, por otra parte, cuándo empiezan a aparecer los primeros reclamos por las renovadas medidas de seguridad. Seguramente, tarden muchísimo o nunca se produzcan. Tan así ha sido la decadencia de este noble espacio.
Por lo pronto voy a dedicarme a escribir impresiones, totalmente mías, que han sido juzgadas en otro contexto pero ahora (en mi afán de ser todopoderoso) no podrán ser juzgadas más que por mí mismo, y por mis posteriores; los que, en algún arranque similar al que tuve hoy a la siesta, podrán leer una vez que decida aflojar las medidas de seguridad.

Creo que no hay nada más profundo que lo totalmente privado, como sostenía N. Senada, y es por eso que este pobre ensayo (que tiene todas las promesas de resultar) de revivir este blog, se produce justamente hoy y es desesperado, pero eficiente.

23.10.12

Dogs in the basement

Con permiso de Walter.

"Si quieres volverte sabio, primero tendrás que escuchar a los perros salvajes que ladran en tu sótano."
Friedrich Nietzsche.


J'ai toujours tâché de vivre dans une tour d'ivoire;
mais une marée de merde en bat les murs, à la faire crouler.
(G. Flaubert)


17.10.12

Un sueño en San Luis

Me dicen cada tanto que Carl Jung recomienda escribir los sueños; esta es una "práctica" que había abordado hace un tiempo pero abandoné. Y como siento que a este blog también lo estoy abandonando (y no se lo merece en realidad, porque me trajo algunas escasas satisfacciones en su momento) se me ocurrió relatar no el sueño, sino la impresión que me dejó el mismo.

No sé de dónde veníamos pero la procesión, que era una procesión que viajaba en colectivos de dos pisos (y más que nada viejos que roncaban de noche, mientras yo trataba de leer un libro) se detuvo en San Luis y aunque teníamos destino a Corrientes, mi abuela me pidió que me baje. Nunca estuve en la capital puntana, y toda la construcción de la ciudad (que no fue mucha, pero de ella recuerdo algunos parques, la terminal y una librería por el centro) fue enteramente producto de mi imaginación. Bajó toda la comitiva y me quedé más tranquilo, pero mi abuela, que parecía ser alguna especie de jefe, me dijo que ya no me podía acercar más a Corrientes y que me dejaba con mi equipaje, un poco de plata y que intentara volver como pudiera.
La procesión se bajó a caminar, adorando a dos ídolos (muy interesantes, ahora que lo recuerdo): una mujer llamada Fedra y un hombre llamado Edipo, en dos caravanas distintas que en un momento se encontraron con sorpresa. Fedra y Edipo son nombres de personajes de tragedia clásica que yo estudié en la facultad y en el sueño recordé este hecho; me sorprendió que los adoraran, pero más me sorprendió la forma de sus ídolos ("penates") antropomórfica y colorida, de la gama del negro al rojo, que llevaban enarbolándolos como estandarte por sobre todas las cabecitas de los fieles que canturreaban. Este episodio confuso fue en una de las avenidas. Acto seguido, mi abuela me dijo que vayamos, ya que estábamos, a comprar. Entramos a Yenny y lo primero que vi fue un libro gordísimo de Jack Kerouac con un título que no existe, largo pero que no recuerdo; y otro libro de Jack Kerouac pero escrito bajo un seudónimo que yo supe que pertenecía a Jack Kerouac. Estaban ciento ochenta pesos, y es más de lo que mi abuela hubiera gustado pagar por mí; así que me dediqué a ver (salteando también los discos) un estante con ollas de aluminio que acaso iba a necesitar para mi viaje o para mi casa. Mi abuela compró no sé qué cosa y salió; yo me quedé solo.

Esta fue la mejor parte del sueño. Yo solo en una ciudad que no conocía. Cosa que ciertamente me había pasado antes, sin contar los delirantes festejos de los fieles que adoraban ídolos clásicos; cosa, también, que extraño mucho porque no me ha vuelto a pasar desde entonces. Y analicé todas las cosas que podría hacer, que no eran pocas. Y tuve sobre todo esta reflexión, que me llama la atención ahora que estoy despierto, pero que en el sueño me pareció todo lo natural del mundo: "uno es totalmente libre, solo, en una ciudad desconocida". En realidad no totalmente; tengamos en cuenta las normas jurídicas y todas esas aburrideces que el extranjero en un principio ignora y el neonato también. Pero virtualmente libre me basta. Porque podía elegir libremente para dónde encarar dentro de la ciudad que yo imaginaba rodeada de montañas y valles hermosos (creo que así es San Luis después de todo), podía decidir yo encarar para mi casa, siguiendo a una procesión que me había abandonado, siguiéndola de cerca en algún colectivo viejo y barato que fuera rumbo a Corrientes donde terminaría ese delirante espectáculo; podría también volver a Córdoba, que en este último tiempo fue mi hogar, pero estaba seguro de que allí no encontraría a nadie sino a mi casa vacía (sin el gato, incluso) y esa idea no me llamaba la atención. Podía finalmente quedarme en San Luis, como un inocente pasajero que decidió quedarse, sin nada más que una suma insignificante para una vida (que, a efectos de ejemplo, no superaba los trescientos pesos, supongo) y una ligera ubicación de los lugares más importantes de la ciudad para mi interés, como Yenny, la terminal y las iglesias de ídolos paganos.
Extraño tanto verme en esta disyuntiva, parado no ya en un parque puntano sino en una estación de servicio quietísima por la madrugada, cuando me han dejado ahí de un auto ("tengo que volver hijo así que vos esperá el colectivo a Rosario o a donde quieras y nos vemos avisame cuando llegues") y yo totalmente feliz, y, como más me gusta, ocioso, esperando ese bendito colectivo o esperando no sé qué cosa con un café negro en la mano y un sombrero de gamuza que llamaba la atención, pero nadie me decía nada. De los pocos transeúntes que había. Así conocí muchos pueblos del interior de Santa Fe que no tienen ningún interés particular más que ser pueblos de paso; daría ahora muchas cosas, o no muchas pero algunas pocas muy valiosas, para volver a disponer de, idealmente, una libertad así sea un poco truncada, una suma módica de dinero y los pies puestos en el cruce de setecientos caminos, cada uno con su encanto ya descubierto, o a ser descubierto o redescubierto. Quiero agradecer a mi viejo, no sé por qué. Y que tengan dulces sueños.

10.10.12

Carta de renuncia de W. Faulkner al servicio postal

October, 1924.

As long as I live under the capitalistic system, I expect to have my life influenced by the demands of moneyed people. But I will be damned if I propose to be at the beck and call of every itinerant scoundrel who has two cents to invest in a postage stamp.

This, sir, is my resignation.


(Signed)


_____

Octubre, 1924.

En tanto viva bajo la influencia del sistema capitalista, espero que mi vida también esté influenciada por las demandas de gente adinerada. Pero maldito sea yo si me propongo estar al servicio de cada rufián itinerante que tiene dos centavos para invertir en una estampilla postal.

Esto, señor, es mi renuncia.

(Firma)

7.10.12

Fisiología

soy el hombre que vive en esas cuevas pagas por hombres infelices que se afeitan las patillas según dicta su generación (la de los más fuertes)
escucho las cornetas de los fanáticos enfurecidos allá mirando un partido de fútbol de primera división
siento los puñetes de los adolescentes borrachos de vino y me pregunto si no serán todos el mismo aprovechando el ocaso mil veces siempre para intercambiarse moretones como de chicos se intercambiaban estampillas
soy el hombre infeliz más infeliz por el impuesto a las tabacaleras dispuesto a renunciar a todo por mi amor casi deportivo a arruinarme
soy el hombre insulso versado en olores diluidos a carbono, pelucas perfumadas de mujeres de modesto éxito laboral, ácaros inquietos de mesitas de café con dos sillas
soy quien riega las plantas de su propio balcón tres veces por semana y nunca cambia los cuadros de lugar para olvidar que están allí tan sonrientes
estoy solo
que alguien me ayude

1.10.12

Little tail

Hay quienes señalan que los gatos mueven su cola cuando están irritados e incluso cuando están preparándose para un posible ataque, por lo que recomiendan que frente a este comportamiento, se tenga cierta cautela. Pero también hay casos en los que ese movimiento no nos esta advirtiendo de un ataque o que nos esté amenazando, sino que se trata de un conflicto interno en el gato, algo más complejo.
Se dice que en este caso, el gato entra en un conflicto al querer hacer dos cosas al mismo tiempo pero un impulso choca y bloquea al otro. Quienes plantean esta posibilidad, hablan de un ejemplo en el que, un gato maulla frente a una puerta como indicando que quiere salir. Pero cuando se le abre la puerta, nota que afuera hay una fuerte lluvia y entonces el gato se queda allí parado moviendo su cola frente a la situación.

La música bretona

A los ñoños les gusta hablar de cosas que nadie entiende. Hesse asegura esto, y dice que está perfectamente bien. (la historia nos ha mostrado, por otra parte, que Hesse mismo fue bastante ñoño). En esta ocasión quisiera hablarles de esas cosas que les hacen decir a sus familiares: "¿eh? ¿que el nene escucha qué?"
Situación por demás incómoda, porque uno, en la pasión cegadora de hacer lo que le gusta, olvida lo que es esencial: defender por qué lo hace. Entonces uno cree que para los otros la pasión injustificada vale por toda justificación, y en realidad no porque justificar muchas veces es una dialéctica perversa que mucho tiene que ver con el discurso, la persuasión y la buena moral.
DE CUALQUIER MANERA, (y desquitándome en otro momento de estas ingratas situaciones), quisiera hablarles de la música bretona. Bretaña es un sector de la república de Francia que se sitúa estirándose como desperezándose en el sector noroeste, casi casi que tocando lo que luego se llamaría Gran Bretaña (o la vaga zona cultural que indica que es una continuación de Bretaña, que conservó a su modo muchísimos de sus encantos que tienen que ver con lo celta y lo irlandés). Es famosa por sus quesos o algo así, creo que el roquefort salió de unas cuevas secas donde fermentó, se pudrió y quedó riquísimo; es una zona, dicen, muy pobre y desértica, pero tiene una impronta cultural, como ya quise insinuar, muy fuerte.
¿Qué diablos me lleva a hablar de Bretaña hoy, un domingo a la madrugada (dones, bah, son las 1:46 am)? Calma, mamá, que ya esclarezco todo. Está por llover, y la atmósfera está insoportablemente pesada. Pesada porque vacía, mucho calor, mucha humedad, la verdad no sé; los versados me corregirán. Pesada porque vacía, y vacía (por suerte) porque se puede llenar con cualquier cosa. Más si es domingo. Entonces uno pone una lista de música al azar en un blog de esos que tiene, y da con esta canción que también es injustificable. ¿Por qué si ese sitio infame está musicalizado tan finamente con jazz de repente saltan tres viejas gritando cosas en un idioma rarísimo, casi desafinando, y sin-instrumentación-alguna? Es un poco difícil de tragar, pero ya Bajtin dijo que lo difícil de tragar es lo que no estamos acostumbrados a tragar. Como los chinos que comen bichos y esas degeneradeces. Entonces haga uno el esfuerzo por escuchar a estas tres señoras (uno puede inferir del título en francés, estas tres señoras que son hermanas) y trate de encontrar, más allá de lo rancia que pueda ser, la belleza de esta canción: para mí ya no pasa desapercibida y es apreciable como una de las joyas más valiosas que escuché en mi vida corta. Es hora de justificar por qué la pongo en el blog; generalmente (aunque no pasa mucho) tengo miedo de que la gente de con este tema extraño en una de sus búsquedas aleatorias por lugares que no le interesan, y se quede pensando en lo horrible que suena, aumentando un prejuicio que ya no es sólo hacia mí, si me conocen, sino hacia una legión cultural entera que encuentra ese tema "divino". Yo ni siquiera lo entiendo, creo que busqué la traducción pero la olvidé, pero no me interesa mucho. El vacío en el que vivo ahora mismo se llena con esta imagen de tres señoras, quizás ya fallecidas, cantando un tema tradicional de una tierra desierta y pobre que tiene mucho queso y está muy lejos. (Nunca fui a Bretaña, me muero de ganas de ir y hacer uno de esos diarios de viaje que son hoy tan famosos).
En fin. Las tres voces de estas señoras solas, cantando algo que bien podría ser punk pero no es (y tiene esa violencia, y tiene esa belleza, y tiene esos requisitos inaprehendibles...) llenan con un vacío un espacio que está vacío. Porque la canción tan minimalista cala hondo. No me crean, escúchenla. Saquen sus propias conclusiones. Hay, sin duda que las hay, millones de facetas del mundo que ignoramos, millones de modos de ver el mundo que nosotros no vemos en nuestra casa y seguramente, muy seguramente, no veamos nunca. Hoy quiero traerles uno de esos. De los que me causaron impresión a mí. Porque después de todo, esto de ser ñoño también es un trabajo, si se quiere, un tanto ególatra.