16.9.12

La carta abierta, 2

DE DONDE LAS VACILACIONES EMPUJAN DE UN LADO AL OTRO
Y HACEN PENSAR QUE TAL VEZ NO VALE LA PENA
ESCRIBIR LO QUE SE SIENTE. ¿O SÍ?

El sentimiento de violencia está latente en mí como está latente en vos, Buenos Aires. A veces se concreta en hecho, crimen, atentado o catástrofe. Y uno está aquí, aquí dentro de tus venas, Buenos Aires, y no puede dejar de percibir los sacudones, la inquietud, la insatisfacción, las venganzas, las rebeliones ruidosas o silenciosas que tienen lugar en algún otro meandro de esas venas. Otras veces la violencia es muda e invisible. Pero también se la siente. Sentir, ¿te das cuenta? Con una fuerza que nos sobrepasa, cierto. Sentir el hollín, sentir la contaminación, sentir la represión, sentir las aglomeraciones, sentir la agresión. Una fuerza que nos sobrepasa, como sobrepasó a todas las voces subterráneas (no tan de ángeles como pretendió alguna vez Kerouac), desde Nietzsche a Dostoievski; una fuerza cada vez más intensa y que hay que concretar en algo escrito porque si no reventás. ¿Pero se puede llegar a la Forma por el sentimiento, por esa fuerza del sentimiento?
(Eduardo Gudiño Kieffer)

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