15.9.12

Horacio y Lucía ("Una bella bomba...")

Pues en verdad os digo que de una Madre
procede todo lo que vive sobre la tierra.
Por tanto quien mata, mata a su hermano.

Una bella bomba acaba de reventar una clínica poética, que daba un maestro de la poesía, que nunca supo como se fabricaba una bomba. Y eso es bueno un poeta no fabrica bombas que revienten clínicas. Un poeta se preocupa por los mil y un preciosismos que tiene su oficio. Así se habla un mismo idioma entre poetas y se hacen festivales y convenciones con hoteles pagos y paseos finamente arreglados. Así la poesía es un bonsai, cortamos acá, arreglamos allá, podamos, podamos, podamos… podemos irnos a la mierda con esos arbolitos enanos mientras el lenguaje se derrama y nos inunda. Nosotros como si nada. Nuestras herramientas son: la tijera, el alicate, la podadora, cosas de jardinero para presentar el recorte de lo vivido a cómodos lectores que esperan se les separe la paja del trigo. Así como esperan los señorones rurales para comenzar a vender. Nada es salud en la clínica, todos los poetas, vestidos de riguroso negro, esperan la sentencia del que dice saber cómo se escribe un poema y no sabe fabricar una bomba. Pero está bien que no sepa fabricar una bomba porque un poeta muere reventado por una bomba, en una clínica poética, escuchando a los popes decirle que no, ese verso no y esa comparación; esa repetición y que el surrealismo ha muerto y más de dos boludeces al mismo tiempo porque son los laboratoristas de la palabra. Los feudales del verso, que ya le pusieron los alambres a la caballada. Entonces no tiene sentido que Alterio salvaje diga "La puta que vale la pena estar vivo". Primero porque los caballos están cercados y prontamente para que sean consumidos serán convertidos en mortadela. "La mortadela era un puema" decía el viejo Lencina que atendía la despensa del barrio Güemes. ¿Por qué Lencina decía esto siendo un viejo sonso del barrio Güemes?  Porque Lencina tenía sospechas metafísicas y era cierto verlo subir al tanque y quedarse oteando las estrellas de ese otro poema. ¿Por qué a Lencina se le hacía claro que la mortadela estaba tan buena? Acaso la pimienta que esos caballos habían recibido. O eran los cortes elegidos para picar y embutir. Las podas que se habían hecho. Porque en realidad un poeta bien podría ser un carnicero sacrificando caballos y convirtiéndolos en mortadela. Por eso es bueno que la bomba haya reventado también en el frigorífico, no quedó un poeta vivo. El último que parecía boquear en la vereda de enfrente todavía no dejaba de gritar que la poda era necesaria como trizar al caballo para hacer mortadela y entonces he gritado al cielo "La puta no vale la pena que esté vivo".

Marcelo Dughetti, Villa María, 1970

Y por todas esas cosas yo me sentía antagónicamente cerca de la Maga, nos queríamos en una dialéctica del imán y limadura, de ataque y defensa, de pelota y pared. Supongo que la Maga se hacía ilusiones sobre mí, debía creer que estaba curado de prejuicios o que me estaba pasando a los suyos, siempre más livianos y poéticos.

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