19.9.12

Corrientes



Falta poco para que vuelva
(Sofi: QUIZÁS tenés razón cuando me decís que extraño un poco. YO TE DIGO QUE NO, pero es una cuestión simplemente de orgullo; quién sabe qué cosas pueden estar pasando en qué lugares de la mente infinita -esa que no vamos a conquistar con banderas sino con palabras e introspección de a dos- de un humano que esperamos, sea una mente efectivamente infinita. "La procesión va por dentro")
falta poco para que te vuelva a ver a vos, desde una terraza, porque acostumbro a ver lugares nuevos cada vez que voy como turista y no como ciudadano (YA ME SIENTO EXTRAÑO y no. Soy como un turista que se conoce todas las calles) así viéndote a la mañana como te vio este notero de un espacio online de información meteorológica, así de sencilla iluminada al medio al medio no, y justamente el sol cayendo sobre el río, que parece infinito, que te lleva a latitudes lejanas pero (y esto me duele ahora como nunca antes) no a mi casa de ahora, no a esta Córdoba desierta metida de prepo en el medio de la nada. Linda, reluciente una joya entre veinte mil montañas, pero que no es vos, iluminada al medio sabiamente por tu río que refleja al sol y que hace confundir a los cielos, que son, a la larga, formados por las mismas aguas.
Hace rato no veía una imagen más fresca de este Corrientes lindo, este Corrientes hermoso, esta Corrientes REINA-DEL-PARANÁ (¿que es Empedrado? PERO ¡CÁLLESE!); sepa entenderse a mis mayúsculas, porque en este momento estoy muy emocionado. Por las mañanas eras sólo mía, por las mañanas caminaba por una avenida sin ver a nadie, pero A NADIE, y eso no es típico ni en pueblos ni en ciudades ni en campos ni en nada, la costanera vacía, yo caminando, los cosos de los árboles cayendo en un compás lento marcado por mi pie, el compás que yo elijo, quién va a elegir el compás si yo no estoy porque no hay nadie; esas cosas extraño, Corrientes, ahhhhhhh..., esos momentos donde no eras una turra malcriada y avariciosa, no eras un haragán que sin embargo ansiaba todas las riquezas así histriónicamente, haciendo ruido con tu moto tuneada; esos momentos donde eras una vieja señora muy linda despertándose desde un balcón que daba al río, tenía el sol en el living y nada de maquillaje en su sonrisa natural de dientes amarillos marcados marcaditos como mapa de ese mate amargo que es el que, a la vez, más nos estimula.
Esta foto fue tomada desde la calle Q. donde orienté, más o menos, uno de los "relatos" que dejé en este blog y que son un insulto a la inteligencia del lector y a las emociones de dos o tres nenas malcriadas que dieron con la suerte de leer tal aberración y creyeron que era para ellas (Martina no existe); la calle es un lindor y déjeseme aclarar esto, la foto está tomada desde las terrazas de uno de los edificios más altos de la calle, si no el más alto, y que a saber: es la calle más lujosa o una de las más lujosas de la ciudad y queda ahí tan cerquita y escondida de la miseria, la tradición y el desenfreno. Baje derecho por donde usted tenga la suerte de encontrar una escalera y llegará a la playa que siempre usábamos con Isis para fumar marihuana y mirar a los pescadores, que imitaban el sonido de sus reeles diciendo PRRRRR, CHCH PRRRRRR y no pescaban nada, se reían mucho, tomaban su vino, nos miraban a nosotros riéndose, repetían los sonidos, juntaban sus cosas y se iban pa'su casa. Con la rusa loca también bajamos ahí un día, y con dos uruguayos, y nos quedamos toda la noche deambulando, pensando en la vida una vez que los uruguayos se fueron, ella queriendo ser tan libre, yo queriendo seguir aburriéndome pero no tanto y mirándola mientras reflexionaba y pensando a mi vez carajo yo no tendré cosas que reflexionar; esa playa da para todo, y se las recomiendo o no, dependiendo de muchas cosas: la situación climatológica, la época del año y sobre todo la hora del día. A la mañana no va a haber mayores problemas y si la "marea" o lo que se llame es baja van a ver ese barco hundido marrón y oxidado que está encallado casi en la arena principal como si fuera un easter egg del GTA Vice City. Nadie le dio mucha bola y me encantaría conocer a algún catedrático jubilado que me quisiera contar de dónde vino, hacia dónde iba, qué demonios fue de él.
¿Qué más hay para describir en la foto? Ah, el puente. Naturalmente hay que cruzarlo caminando porque es para ir a todos lados y no ir a ninguno; la vista desde el puente (seguramente no pocas fotos se pueden encontrar de ella) es imponente y refleja a toda la ciudad de punta a punta con sus desnivelaciones artificiales porque naturales no tiene (excepto el hecho de ser un barranco en sí misma y no admitir cualquier inundación burda que sin embargo ataca sin piedad a la vereda de enfrente). Dura agua llama como tierra para tirarse, y sin embargo moviéndose siempre; mucha gente es la que amenazó tirarse de allí pero creo secretamente que tienen el secreto miedo de no llegar nunca si se tiran, terminar arrastrados por el viento hacia Buenos Aires y verse obligados a seguir una nueva vida emocionante pero lejos de ese afán de muerte y del lugar de donde nació, Corrientes. (Uno se iba a tirar por no conseguir la discografía entera de Nirvana; esa clase de pasiones son más bien ucrónicas y no quiero pensar que son un insulto a la vida porque no existen jamás per se. De cualquier manera jamás se tiró y ese personaje anda por ahí entre castings de películas y borracheras de jóvenes ramonillos).
Ya me asqueé de Corrientes y del catálogo de recuerdo que tengo mirando a esta foto limitada y un poco obtusa o cursi; acaso un paneo general por todo lo que desde esa terraza puede verse hubiera sido un poco más fructífero pero llegué a la parte de los recuerdos que efectivamente me hacen pensar que fui un tonto y somos todos tontos y la humanidad entera es tonta por donde la veas y Corrientes sería mejor sin su costanera, sin su calle Q., sin su puente y sin sus playas corrompidas por barcos oxidados y jóvenes que fuman marihuana; hubiera sido mejor en un principio y para todos (y todos incluye a los cordobeses) que éste también fuera un valle virgen en el cual el sol alumbra la mitad del río y la mitad no dependiendo de la hora del día pero sin la intromisión egoísta e impersonal de sus edificios de hormigón armado, que parecen pajareras llenas de loros ruidosos y ambiciosos si esa metáfora me es permitida.


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