29.9.12

Motivaciones

Salí a andar en bicicleta. En realidad es un paseo más religioso que otra cosa, porque no podría decirse que salí (por lo menos al principio) por puras ganas de hacer deporte o ir a hacer un mandado en algún lugar; tachando razones que no, diría que lo que me movió fue casi completamente religioso o estético. Durante un momento pensaba "sí, lo que buscaba era una auténtica experiencia estética. La vida es la mayor expresión multimedial que uno puede desear sin mucho dinero".
Mis abuelos juzgan imprudente andar en bicicleta rápidamente y con auriculares puestos; quizás lo sea, pero aquí es donde los muchos medios están completos. A la vez puede uno andar por el lugar más nuevo del mundo (si es que eso existe) pero escuchando la canción mas vieja de la vida, como para hacer un contraste, y sentir dos posibilidades: la canción se torna nueva, indescifrable, como el paisaje que estamos viendo, ese paisaje donde nunca habíamos estado antes; o el paisaje se torna ligeramente familiar, porque se tiñe de recuerdos que van cobrando corporeidad mientras los sonidos están siendo ejecutados en nuestra cabeza. Es así que esto de los auriculares fue casi una necesidad imprescindible. La sumatoria de todo, la bicicleta y los auriculares, arroja un resultado curioso.

No quiero ser osado con las comparaciones pero andar en bicicleta fue casi como tener sexo con una ex esposa (¿suena loco, no?) porque uno atraviesa a toda velocidad los costados que ya conoce; incluso a nivel químico porque, como el sexo o el chocolate, es sabido que el ejercicio libera feromonas. Todo supo converger en el punto donde estaba abandonado a la suerte de un semáforo en verde (y el contador de segundos que Camau puso en los semáforos, que se acerca, nunca alejándose, al cero), en la avenida más ancha de tu ciudad, y los autos de ambos costados alumbraban con las luces medias, haciéndome sentir, y quizás no es una falacia del todo, como el king of the stage. Y terminó lilah, y comenzó potion, y ¡wham! el sonido de los toms violentos mientras hastiado de hastiarme escupí un escupitajo que cayó sobre el asfalto y nadie notó mientras viraba violentamente en la pulcra calle levantando velocidad de a poco, como una gacela rabiosa, tratando de coordinar eso que eran mis pies, que se aceleraron muchísimo (a esta velocidad: dos horas a Mercurio, sin hipérbole) con los beats regulares pero también retorcidos del barítono de Dana Colman.
En el camino, y especialmente en el escupitajo, quedaron sumergidas todas las cosas que hacían falta depurar de esa enfermedad que contraje al llegar a una ciudad poblada de recuerdos, donde la nostalgia es como una niebla o como una divisa y la mirada del otro es enfermiza y constante. Para librarme de todo eso hicieron falta varios kilómetros en la bicicleta a velocidades absurdas y casi-atropellar dos o tres viejas en el cruce con la peatonal; cruzarse con amigos de la secundaria que no esperaba que saluden y pasar por las casas de todas las novias que me habían engañado. Que el automóvil lujoso de un hombre que no conocía me escupa su monóxido polvoriento en la cara y la gente, toda la gente que miraba según su costumbre, me reclame con los ojos el ruido molesto que estoy haciendo al cantar a los gritos y el hecho de que esté siempre muy cerca de pasar a alguien por encima con las cubiertas sucias de la playera azul del demonio.
Nada mejor que una catarsis de sábado a bordo de un bípedo metálico de esos que le gustaban tanto a Alfred Jarry. Ahora me siento mucho mejor, porque dicen que el make-up sex es el mejor de todos. Por mi parte no sé, pero sí que las viejas solían tener mucha cara de resentidas antes de volver a casa.

« 1 | 2 »

De motivaciones

Bueno, uno busca una excusa, en distintos lugares ("el estilo de un autor es su manifestación individual de su modo de ver la vida, en todas las partes intencionales de la obra"). Borges busca su motivación en una biblioteca oscura, Cortázar en ese imaginario París que los periodistas tildan de adolescente. Da gusto leer a Verne y a su tanteo decimonónico de lo imposible o a Twain y la simpleza de los niños de pueblo; y yendo un poco más a lo general, también podemos hablar de todas las personas en el mundo que en algún momento de su vida tuvieron algo para decir.
Yo quisiera tener algo para decir; no sé si lo tengo, pero lo vislumbro (borroso como se vislumbra al principio) cada vez que de la cabeza quiero extraer dos o tres cosas, amasarlas como se amasa una pizza y extenderlas a través de cinco o seis párrafos que ensayan guardar una coherencia que permita apreciar que fueron escritos de una sola vez.
Mi motivación está allá afuera, la mayoría de las veces. Un breve racconto por lo que acostumbraba escribir (el nuevo mundo de un advenedizo al llegar a una ciudad nueva, completamente solo, donde forzosamente puede uno descubrir sus múltiples caras), pondrá de manifiesto esto que Bajtin llamó estilo. La ciudad, sus cosas nuevas, sus cosas viejas, la sensación de absoluto. La sensación de "todos somos uno", esa apreciación sintácticamente armada pero que uno siente (vale decir, siente su sentido) en determinados momentos cortísimos como un orgasmo. Una lucecita que se prende, se apaga, se prende por unos segundos y queda apagada hasta otra esporádica Navidad, pero dejan ese recuerdo indeleble; todos, al final de cuentas, somos uno. La vida no es más corta o más larga que un chiste si uno olvida de repente sus recuerdos.

24.9.12

The ghost of the corporate future

Un hombre sale de su departamento,
llueve, no tiene paraguas
empieza a correr debajo de los toldos
tratando de salvar su traje
tratando de secarse, pero no tiene suerte

cuando sale de la abarrotada estación de subte
se saca sus dos zapatos
se para justo sobre el gordo escupitajo de alguien
y todos los que lo ven dicen "ew"

pero no le importa
porque anoche recibió una visita del
Fantasma del Futuro Corporativo
el fantasma dijo, "sacate tus dos zapatos
ni bien tengas la oportunidad
especialmente si se mojan."

también dijo
"imaginá que te vas
en un viaje de negocios un día
y cuando volvés a casa
tus hijos crecieron
y nunca hiciste gemir a tu esposa

y la gente te pone nervioso
pensarías que el mundo termina
y todos los caracteres de todo
empezaron de alguna forma a mezclarse
y todo es plástico
y todos son sarcásticos
y toda tu comida está congelada
y necesita descongelarse.

bueno, quizás deberías tomar mucho menos café
y nunca más ver las noticias de las diez
quizás deberías besar bien a alguien,
o lamer una roca,
o ambas.

quizás necesitás cortar tu propio cabello
porque puede ser tan divertido
no cuesta dinero
y siempre vuelve a crecer
el cabello crece incluso después de muerto,

y la gente es sólo gente
no deberían ponerte nervioso.
el mundo dura siempre.
siempre viene y siempre va.
si no tirás tu plástico
las calles no serían tan plásticas
y si besás a alguien
los dos van a tener práctica.

el mundo dura siempre
poné a los inútiles en el bolsillo
y sacate tus dos zapatos.
porque la gente es sólo gente como vos.

y el mundo dura siempre.
siempre viene y siempre va."

Blinding light

Esto de vivir solo fue una cosa de esperarlo uno o dos años y que finalmente se dé; cuando se dio fue lo más feliz de mi vida por tres o cuatro semanas hasta que me acostumbré y me pareció natural. (Todo, al acostumbrarse, se vuelve natural. Razón por la cual Foucault alega que mucho de lo que decimos no es sino construcción histórica y percibirlo como natural es erróneo y nos lleva a estancarnos). No es natural. Ahora lo veo que estoy de nuevo en mi tierra, ya va la tercera vez; no podría (está a medio camino entre capricho y verdadera imposibilidad) sacrificar por nada en el mundo la libertad que tengo allá, que existe no sólo en los aspectos más adolescentes del término sino también como libertad sumamente responsable que otorga el hecho de tener que encontrarse siendo uno mismo en una ciudad donde, forzosamente, no se es nadie sino uno mismo, sin el bagaje gigantesco del pasado.
Todo esto muy idealmente lejos de la holgazanería y la inercia, que son las peores enemigas de una persona que se está formando. La inercia nos lleva por definición al estado en el que empezamos, que también, por definición, es cero. Acá reside una de las importancias en empezar a vivir en otra ciudad nueva: el pasado es experiencia, es herramienta, y tiene función residual. Se conocen los caminos del pasado, pero se están conociendo más caminos del futuro, que no son los mismos pero se intuyen por lo que uno ya tiene aprendido. La libertad responsable significa que, dado el hecho de tener todos los caminos a disposición de uno se elige el que mejor nos identifica. En el mejor de los casos, sin una represión exterior que nos indique cuáles son los más prudentes, FUERA de toda excusa de represión que enarbole la bandera de la moral.
Hoy pensaba que estoy rodeado, pero no tanto como quisiera, de gente auténtica: esa gente que sin mentirse a sí misma se muestra tal cual es y no trata de esconder lo que le gusta ser, por más mal visto que sea. Como un drogadicto que no esconde sus jeringas; como un cura fuera de la Orden, que encontró a Dios en una montaña vestido de civil y de la mano con su esposa. Por supuesto, dicen que son los menos. Me hacen pensar que el secreto para ser uno mismo es hundirse en un charco de lodo, uno solo, pero hundirse hasta la cabeza. Y en caso de que uno tema ahogarse, contaba Alfred Jarry que para él un ahogado es una persona con un estilo de vida diferente al nuestro, sólo que no le dejamos estar bajo el agua el tiempo suficiente. Nada que haya entrado a nuestra vida hace poco puede ser permanente o enteramente cierto; regar aparte de sembrar (no quiero sonar como Osho) es también a mi parecer importante.
Mucha gente se olvida o pierde las ganas de regarse, sorda al llamado que viene desde el interior de uno. Van quedando en el camino. Un camino que no es una carrera laboral o académica; estándares inventados por gente que no son nosotros y por lo tanto no pueden, nunca podrán, saber lo que nos conviene. El camino es personal y se puede caminar todo el tiempo, pero no se camina todo el tiempo. Yo prefiero pensar que no estoy dejando de caminar porque no es hora de dejar de caminar: no quiero hoy, como nadie quiere al principio, convertirme, deliberadamente, en un idiota.

22.9.12

Kitsch soviético

Todo tiene un ciclo, ciclos cerrados sobre su propio eje que se van reinventando de a poco; la creatividad consiste en la repetición off-topic de esos ciclos, que avanzan a dimensiones que no habíamos esperado. "La realidad -física, espiritual- es un fenómeno dinámico."
Todo me parece una palabra harto imprecisa: entonces voy a tratar de aterrizar a lo concreto para no aburrir a quien, de casualidad un sábado a las diez y diecisiete, pudiera estar leyendo esto.
La música, el "arte de las musas", la "técnica de las musas", ese territorio tan ampliamente explorado sobre el cual sus mayores teóricos nunca pudieron teorizar fuera de una emoción profunda. La hay en todos lados porque es un sistema semiótico como tantos otros; la hay por consiguiente de millones de variedades, basadas en tres acordes, en mil, o en tres muy difíciles; las hay como bandera de un pueblo o como testimonios de un momento privado de dos amantes que recuerdan ese momento cada vez que la canción repiquetea como esas lloviznas finitas sobre la cabeza de uno o los dos por separado o los dos juntos que volverían, por difusión, a ser uno.
Hoy quiero ahondar sobre una de sus manifestaciones. El ciclo pasó fuera de su dimensión particular para entrar a una dimensión totalmente nueva; hasta hoy menospreciaba a Regina Spektor queriéndola como una persona talentosa abrazable y linda, de una voz muy suave que domina cada uno de sus registros y unos dedos cortos y regordetes que jamás se supo erraran a una tecla del piano, porque todo parece esta musa hacerlo adrede. ¿Por qué digo 'menospreciaba'? Porque es una persona para amar.
Hoy llegué a Corrientes; fue un viaje larguísimo de catorce horas, que sin embargo se me hicieron muy cortas. No sé por qué. De repente llegué con las piernas acalambradas y con muchísima energía; necesité tres cafés para recuperarla, después de haber dormido horrible como en cualquier colectivo semicama, y ni hablar cuando se me cortó la batería del celular y tuve que bancarme a Luis Fonsi en altoparlantes, ya cruzando el Paraná sobre nuestro felicísimo gigante de concreto llamado Manuel Belgrano, mientras trataba ingenuamente de leer a Hesse mientras un hombre de negocios filmaba con su celular todo el trayecto y hablaba con una de sus hijas en altavoz. Personajes curiosos, como el propio Josef Knecht; pero remitiéndonos a bastantes horas antes, todavía me invadía la sensación agridulce (que ya deviene en costumbre) de abandonar Córdoba, ciudad hermosa que amo, llena de gente que se mete como hormiguitas que brillan por su ausencia como si fueran diamantes. Perdón por la analogía boba. Extraño a mi cronopia, extraño a mi gato y a mi cama y a la ciudad un poco, caminarla privadamente de noche bajo la luz eterna y el ruido eterno y todas esas cosas que según los expertos te alteran la percepción y la vuelven estúpida. Desde que llegué a Corrientes no vi gente en todo el día sino a la mañana; a la tarde salí a caminar bajo el sol y a pesar del día precioso no vi más de diez personas en las cuarenta cuadras que hice. Sábado a la siesta, figuraos.
El sonido que me acompañó durante todo el trayecto, o la mitad, es un álbum de Regina Spektor llamado Soviet Kitsch, creo que el segundo que se mandó; un poder que rozando el minimalismo, pero sin atreverse a entrar en él por completo, es el equivalente musical (y no me queda ya ninguna duda) a esos poemas que te sorprenden a cada palabra, no como Baudelaire (quien vale por sus frases) sino más como el Girondo de ferviente inspiración. Digo esto porque nunca se sabe cuando la voz de Regina, de registro, como he dicho, tan pulcro, puede quebrarse en un oh-ah-oh-ah violento que encima es acompañado por el piano, como si fueran de la mano; tan prolijamente pueden coincidir en un solo camino, al mismo compás, las manos la garganta y el corazón, o esa glándula sentipensante que las personas tienen. Este disco está enteramente vomitado desde el corazón; el kitsch (felizmente para el título que remite a Kundera) probablemente no como lo entendieran a principios o a mediados del siglo pasado, porque es un chicle muy lejos de ser chewing gum. Una obra de arte inocente que nos atraviesa como un jackhammer, porque por si fuera poco expone puntos de nuestra vida que nos incomodan: mientras nos hace ver las estrellas, en un mundo de idilios perfectos y de niños susurrando, ella quedando como una virgen a la que se adora en el planeta Tierra y no más allá en cielos que no existen; al mismo tiempo, recordándonos que la vida que llevamos sobre la tierra es plástica, artificial y sólo nos preocupa el auto y el dinero del amor por una persona, que nos dejó probablemente intuyendo la superficialidad de nuestras almas pobres. Todo este contenido que pasa cerca de lo filosófico, se incluye, se siente incluido, también en este álbum.
Musicalizando, como nadie más lo pudo, ese alejarse progresiva y agridulcemente del lugar donde uno se siente infinitamente cómodo, al lugar donde nunca se sabe qué tan cómodo va a sentirse uno; y llegando tan de sorpresa porque lo bajé como inocente y ahora no puedo dejar de escucharlo, y no hace más de un día entero que lo tengo en mi cabeza resonando. Favor de escucharlo poderosamente, poniendo toda la atención en los sonidos y discerniéndolos uno por uno (no hay demasiados), "escucha activa" dirían los profesores de música; simplemente sentirlo con el corazón, porque es un mensaje el que está queriendo ser atravesado o no, y no es un mensaje menor para nada.
Prometo subirlo y dejar el link muy pronto, pero ahora estoy corto de tiempo. Dejo un adelanto.

Un té bajo las carpas de plástico

Estoy manejando por la ruta a unos 200 kilómetros de Formosa capital, en la ciudad de Ibarreta y diviso una seguidilla de carpas. Detengo mi auto y me obligo a espiar. "Ey, ¿tú qué haces parado acá?", me encara un gitano que va cargando unos trozos kilométricos de plástico, con el sudor atravesándole la cara. Mi respuesta fue directa y sincera: "Me gustaría bajar y estar un rato en la carpa con ustedes, para conocer cómo viven". Al instante, el hombre pega un grito ensordecedor, en un dialecto que suena a Europa del Este, llamando a los que están en la carpa, y varios vienen a mi encuentro y me invitan a tomar un té.

Las familias que viven acá, en Ibarreta, son los Costichi y los Iovanovich, unos 38 integrantes, que están instalados al borde de esta ruta perdida en el territorio formoseño desde hace unos 15 días. "Nos vinimos desde Santiago del Estero", me cuenta Jony, un pibe que debe andar por los 18 años. "El trabajo estaba mal por ahí y nos perseguían todo el tiempo. Nos tildan de ladrones y vagos y nos empiezan a hacer las cosas difíciles, y antes que pelear preferimos seguir viaje. Acá estamos bien, por ahora; tenemos familiares en otros pueblos cercanos y nos vamos juntando."

A la charla se suma Daniel, su hermano, que minutos atrás estaba desconfiando y clavándome la mirada más potente y escrutadora que recibí en mi vida. Me dice que estuvo en Buenos Aires hace unos años, en lo de unos tíos, y que le pareció una ciudad fea y demasiado grande. Me trae un recorte de diario, y me obliga a que lo lea:
"El pueblo gitano no tiene enemigos, jamás se alzó en armas, jamás tuvo una cartera política, jamás tuvo representatividad, ni tuvo un Estado. Sí, han sido tomados como soldados para otras guerras, han sido esclavizados, torturados, asesinados, perseguidos: justamente por no tener enemigos, por no tener ejércitos, ni cartera política, siempre han sido tomados como chivo expiatorio para muchísimos proyectos políticos o violentos, y se han inventado muchísimas infamias sobre el pueblo gitano."
Le digo que me parece un buen texto, que dice cosas que yo no sabía, y le pregunto si lo leyó. Me responde que no sabe leer ni escribir, pero que está aprendiendo y apenas lo haga quería leer este recorte que le dio un familiar de la gran ciudad. Me quedo en silencio pensando y saboreando el té, que es realmente exquisito.





(de Esteban Widnicky, en Rumbos nº 470)

20.9.12

Anotado en el cielo

"Cuando me tuve que enrolar en Córdoba, no tenía documento. Mi padre le había dicho a mi madre: ‘Hay que hacer los trámites para anotarlo a Daniel’, pero mi mamá dijo: ‘Daniel está anotado en el cielo, qué me importan los papeles’. Estoy anotado en el cielo, con el pastor, pero no en la tierra. Escribimos a Buenos Aires y nos dijeron que viajáramos. No fui a Buenos Aires, costaba un dineral. Un juez en Córdoba me dijo: ‘Venite con dos testigos falsos, decí que naciste en Córdoba un año antes, y entonces te enrolamos y no te cobramos’. Me enrolé a los diecisiete e hice el servicio a los diecinueve. En los papeles figuro nacido en Córdoba, el 6 de octubre del ‘29. Nací en Buenos Aires el 6 de octubre del ‘30. Mis testigos falsos fueron un violinista gallego y un ave negra de esas que andan en los tribunales, que dijo: ‘Yo me ocupé, Sr. Juez, de los servicios de obstetricia’. El violinista dijo: ‘Pues mire, yo he estado ahí sentado, leyendo una partitura y me puse a tocar el violín, y me dijeron: ¡Ha sido un varón!’"

(Daniel Moyano, de su entrevista con Andrew Graham-Yooll)


PROCASTINACIÓN, $2,5 
 (Precaución, su consumo puede ser perjudicial para la salud física y mental)

19.9.12

Corrientes



Falta poco para que vuelva
(Sofi: QUIZÁS tenés razón cuando me decís que extraño un poco. YO TE DIGO QUE NO, pero es una cuestión simplemente de orgullo; quién sabe qué cosas pueden estar pasando en qué lugares de la mente infinita -esa que no vamos a conquistar con banderas sino con palabras e introspección de a dos- de un humano que esperamos, sea una mente efectivamente infinita. "La procesión va por dentro")
falta poco para que te vuelva a ver a vos, desde una terraza, porque acostumbro a ver lugares nuevos cada vez que voy como turista y no como ciudadano (YA ME SIENTO EXTRAÑO y no. Soy como un turista que se conoce todas las calles) así viéndote a la mañana como te vio este notero de un espacio online de información meteorológica, así de sencilla iluminada al medio al medio no, y justamente el sol cayendo sobre el río, que parece infinito, que te lleva a latitudes lejanas pero (y esto me duele ahora como nunca antes) no a mi casa de ahora, no a esta Córdoba desierta metida de prepo en el medio de la nada. Linda, reluciente una joya entre veinte mil montañas, pero que no es vos, iluminada al medio sabiamente por tu río que refleja al sol y que hace confundir a los cielos, que son, a la larga, formados por las mismas aguas.
Hace rato no veía una imagen más fresca de este Corrientes lindo, este Corrientes hermoso, esta Corrientes REINA-DEL-PARANÁ (¿que es Empedrado? PERO ¡CÁLLESE!); sepa entenderse a mis mayúsculas, porque en este momento estoy muy emocionado. Por las mañanas eras sólo mía, por las mañanas caminaba por una avenida sin ver a nadie, pero A NADIE, y eso no es típico ni en pueblos ni en ciudades ni en campos ni en nada, la costanera vacía, yo caminando, los cosos de los árboles cayendo en un compás lento marcado por mi pie, el compás que yo elijo, quién va a elegir el compás si yo no estoy porque no hay nadie; esas cosas extraño, Corrientes, ahhhhhhh..., esos momentos donde no eras una turra malcriada y avariciosa, no eras un haragán que sin embargo ansiaba todas las riquezas así histriónicamente, haciendo ruido con tu moto tuneada; esos momentos donde eras una vieja señora muy linda despertándose desde un balcón que daba al río, tenía el sol en el living y nada de maquillaje en su sonrisa natural de dientes amarillos marcados marcaditos como mapa de ese mate amargo que es el que, a la vez, más nos estimula.
Esta foto fue tomada desde la calle Q. donde orienté, más o menos, uno de los "relatos" que dejé en este blog y que son un insulto a la inteligencia del lector y a las emociones de dos o tres nenas malcriadas que dieron con la suerte de leer tal aberración y creyeron que era para ellas (Martina no existe); la calle es un lindor y déjeseme aclarar esto, la foto está tomada desde las terrazas de uno de los edificios más altos de la calle, si no el más alto, y que a saber: es la calle más lujosa o una de las más lujosas de la ciudad y queda ahí tan cerquita y escondida de la miseria, la tradición y el desenfreno. Baje derecho por donde usted tenga la suerte de encontrar una escalera y llegará a la playa que siempre usábamos con Isis para fumar marihuana y mirar a los pescadores, que imitaban el sonido de sus reeles diciendo PRRRRR, CHCH PRRRRRR y no pescaban nada, se reían mucho, tomaban su vino, nos miraban a nosotros riéndose, repetían los sonidos, juntaban sus cosas y se iban pa'su casa. Con la rusa loca también bajamos ahí un día, y con dos uruguayos, y nos quedamos toda la noche deambulando, pensando en la vida una vez que los uruguayos se fueron, ella queriendo ser tan libre, yo queriendo seguir aburriéndome pero no tanto y mirándola mientras reflexionaba y pensando a mi vez carajo yo no tendré cosas que reflexionar; esa playa da para todo, y se las recomiendo o no, dependiendo de muchas cosas: la situación climatológica, la época del año y sobre todo la hora del día. A la mañana no va a haber mayores problemas y si la "marea" o lo que se llame es baja van a ver ese barco hundido marrón y oxidado que está encallado casi en la arena principal como si fuera un easter egg del GTA Vice City. Nadie le dio mucha bola y me encantaría conocer a algún catedrático jubilado que me quisiera contar de dónde vino, hacia dónde iba, qué demonios fue de él.
¿Qué más hay para describir en la foto? Ah, el puente. Naturalmente hay que cruzarlo caminando porque es para ir a todos lados y no ir a ninguno; la vista desde el puente (seguramente no pocas fotos se pueden encontrar de ella) es imponente y refleja a toda la ciudad de punta a punta con sus desnivelaciones artificiales porque naturales no tiene (excepto el hecho de ser un barranco en sí misma y no admitir cualquier inundación burda que sin embargo ataca sin piedad a la vereda de enfrente). Dura agua llama como tierra para tirarse, y sin embargo moviéndose siempre; mucha gente es la que amenazó tirarse de allí pero creo secretamente que tienen el secreto miedo de no llegar nunca si se tiran, terminar arrastrados por el viento hacia Buenos Aires y verse obligados a seguir una nueva vida emocionante pero lejos de ese afán de muerte y del lugar de donde nació, Corrientes. (Uno se iba a tirar por no conseguir la discografía entera de Nirvana; esa clase de pasiones son más bien ucrónicas y no quiero pensar que son un insulto a la vida porque no existen jamás per se. De cualquier manera jamás se tiró y ese personaje anda por ahí entre castings de películas y borracheras de jóvenes ramonillos).
Ya me asqueé de Corrientes y del catálogo de recuerdo que tengo mirando a esta foto limitada y un poco obtusa o cursi; acaso un paneo general por todo lo que desde esa terraza puede verse hubiera sido un poco más fructífero pero llegué a la parte de los recuerdos que efectivamente me hacen pensar que fui un tonto y somos todos tontos y la humanidad entera es tonta por donde la veas y Corrientes sería mejor sin su costanera, sin su calle Q., sin su puente y sin sus playas corrompidas por barcos oxidados y jóvenes que fuman marihuana; hubiera sido mejor en un principio y para todos (y todos incluye a los cordobeses) que éste también fuera un valle virgen en el cual el sol alumbra la mitad del río y la mitad no dependiendo de la hora del día pero sin la intromisión egoísta e impersonal de sus edificios de hormigón armado, que parecen pajareras llenas de loros ruidosos y ambiciosos si esa metáfora me es permitida.


"La noche sin fortuna que tercamente albergo en estos ojos..."

Me encontré con el serenatero que le digo. Que ya usaba el sombrero de vaquero pero todavía cantaba en trío. Que le dije quiero que le canten una canción a la pelada. Querían que los llevara en taxi, y yo no hay caso: a pie o nada, antes por el camino encuentran clientes, ¿diga-lo? Caminaron y todo, pero no encontraron clientes ni nada. Que a dónde era, que uno de ellos no podía caminar mucho porque le dolían los pies de lo tanto que se la pasó caminando en su juventud. No jodan que ya llegamos. ¿Adonde, aquí?
Desde aquí de la esquina se veía la casa de María del Mar. Había gente afuera. Yo le dije al serenatero: vamos a cantarle una canción a la pelada que está adentro, la dueña de la fiesta.
¿Desde aquí de la esquina?
Sí. Hay mucha gente frente a la casa, y además no quiero que me vean, así que vamos a cantarla bien duro, que se oiga.
Que cuál canción.
Rayito de luna.
Apuesto que nunca cantó una canción así con ese sentimiento. Seguro era por todo lo que había caminado para llegar acá, y ahora descansaba cantando. La canción sonó duro y bonito, y no me acuerdo qué canción era la que sonaba adentro, sólo que a los dos versos de mi Rayito de luna la música cesó, y toda la concurrencia comenzó a murmurar adentro. Después ella salió a la puerta. Dio tres pasos y miró a la esquina. Entonces había que ver lo que era su mirada debajo de esa luna llena, y mis músicos cantándole a sus rayitos. Ella se portó como una dama, se aguantó toda la canción quietica, ya la luna le estaba desempegotando el pelo. El que sí no se portó fresco fue su novio, que ya quería comenzar a armar tropel, que ya estaba armando comisión para ir hasta la esquina y cascarme, que era que no le dejaban tranquila a su novia.
Hubiera sido mejor que me hubieran tirado para yo agarrarme a correr de una , para no tener que correr por nada cuando el músico acabó mi canción, que yo sin un centavo en el bolsillo cómo hacía para pagarle, que no pude hacer nada más sino pisarme.
Y todavía me cuido.
Que no crea, que en esta ciudad todo el mundo sabe que amenaza de serenatero es la única que se cumple.
Por ella me he lanzado maldiciones encima.
Pero yo ahora me siento que he aprendido mis cositas.
(Andrés Caicedo, "El atravesado")

18.9.12

La vida mental

La vida de un hombre (regular, aburrida sobre todo los días de lluvia) tiene una parte importantísima de ensueño; no sé qué sería de esa gente que no la tiene. Probablemente el hombre más rico del mundo sueñe, también, con vivir en una galaxia lejana... tan altas son las metas a las que llegó sin probablemente haber aspirado a ellas nunca. Mi ensueño es bien simple: es una serie de imágenes inconexas, sonidos y olores. Django Reinhardt, bombones de licor, y el sol pegando en una biblioteca. Por lo que leo a veces, mucha gente tuvo el mismo sueño que yo, y no me molesta, porque es mío también como el de toda esa gente (porque dicen que todos somos uno) y es sabido que cuando mucha gente desea lo mismo el universo, que no es hostil, se lo hace mucho más fácil.
Está lloviendo y mi vida es aburrida y regular especialmente hoy. Me debato si ir o no a la clase de gramática, o si salir de casa o no, o si agarrar los libros siquiera o seguir durmiendo hecho un capullo violeta en la cama del living, la única que subsiste. Pero no, me parece haber llegado a la determinación de que voy a ir a la universidad pero no voy a ir a clases. Está tan lindo para quedarse dentro y el olor a tierra mojada como que me llama, constantemente, por mi nombre, y a los gritos (cosa que suena inverosímil pero es, y alguno de ustedes que esté leyendo este blog, probablemente con lluvia, tendría que salir a buscar la tierra que habla; no es difícil encontrarla y basta sólo verla para probar que el enunciado es cierto en alguno de los niveles sobre los que la verdad opera).
Escribo esta entrada porque estoy escuchando Django Reinhardt aunque no tenga bombones de licor y el sol no pegue en mi biblioteca. Una sola siesta en un piso casi vacío de un edificio céntrico que da a una calle cuestarriba (donde yo, ni mi gato, contamos en realidad como personas o entes) es suficiente excusa para escuchar también a Django Reinhardt. Mucha gente tiene el delirio de vivir en otra época; creo que esto es perfectamente posible, porque en realidad dicen que no hay épocas. Lo que hay que aguantarse, eso sí, es la cara que ponen los empleados de la municipalidad cuando uno va a pagar los impuestos, o la cajera del supermercado cuando ve que uno no compra más que velas o verduras. Esas son las anécdotas propias de un esquizofrénico, que les contará a sus hijos cuando las bombas alumbren Londres en la Segunda Guerra Mundial. Por otra parte, qué hay para perder: los viejos también leyeron a Cocteau y a Mallarmé y pueden considerarse igualmente locos que nosotros. La cosa no pasa por ahí. Django Reinhardt y volver a las épocas donde existió, tan milagrosamente para Oscar y la Tierra, es encontrar la paz interior fuera de las épocas donde el ruido y la limpieza devoradoramente obsesiva (que roza la impersonalidad) han hecho olvidar a los soñadores de que todavía puede poseerse un pedacito de Tierra, para el cual hay que luchar toda la vida, dicen, pero que al final de la vida será enteramente suyo: "llevar adelante un hogar", y sentarse en el porche del mismo (o en su sillón favorito, o probablemente en el piso, porque todo se ajustará a las preferencias que uno tenga a la hora de amoblarlo) y escuchar Django Reinhardt, the Cure, Ramón Ayala; y no hable probablemente de un piso cedido por alguna autoridad inmobiliaria que vende y compra pisos como si fueran panes calientes allende los cepos cambiarios y todas las limitaciones que el Gran Nosotros puedan imponerle. Cada uno tiene que encontrarse su pedazo de tierra, así sea en su mente, para vivir en paz con uno mismo. Mi pedazo de tierra está musicalizado por Django (pero depende del día) y es donde yo, permanentemente o cuando lo recuerdo, sueño conmigo mismo siendo libre y descansando de una lucha vital, encarnizada y cansadora por esa libertad que me miente con palabras dulces que me la merezco y siempre me la he merecido.

16.9.12

The bathroom window



córdoba, 2012/ como me gustaría haberte fundado y ver floreciente el valle vacío. me las arreglo para no sentirme tonto amándote a vos que sos dos millones; siempre fiel al censo, marea destructiva que tira cifras tan dispares. unos tan pobres, que otros tan ricos, que todos el mismo, que todos ignorándonos siempre los unos a los otros. y a vos tan desconsideradamente vos aunque sobresalgas todo el tiempo como una humareda marrón de las heces espirituales que somos, cositas chiquitas que te caminamos. como me gustaría haberte fundado y recordar el valle vacío.
no me puedo engañar sin embargo, sos la misma córdoba para todos.
sería estúpido alegar que los bares sucios fueron abiertos para mí y que los centros de pago y que las tribunas de Alberdi. una vez que termina el partido. o que los museos cuando están cerrados o el semáforo que sigue funcionando aunque no aparezcan automóviles.
sería una demostración idiota de ego pretender que las veredas que me vieron crecer este último año fueron caminadas por mí desde su planeamiento por el arquitecto Crisol (quien me hubiera cedido, de ser así, el primer paso por ellas, frescas y recién secas por el sol cordobés, en ese primer día de su nacimiento); también sería tonto pretender que voy a ser el último que las camine aunque esto sea por siempre incomprobable, porque bien podría yo quedarme abrazado a alguno de tus parquímetros hasta que el mundo muera, todos menos yo, y sea yo el último, efectivamente, en caminar tus veredas. cuando en un sol abrasante que se desploma sobre vos ya no quede ni un paquete vacío de yogurísimo frutilla ni una colilla sola, o sea, esto es totalmente utópico y no ha lugar. es por siempre incomprobable.

no tengo el afán de sonar tonto, obstinadamente tonto, pero podría haberme creído por un segundo que mientras me bañaba esta tarde, mirando por la ventana de vidrio espejado y bien sucio, hacia el exterior, hacia el par de abedules que crecen frente a las ventanas también sucias del tribunal de enfrente, bien podría haberme creído que en esta primavera incipiente las hojas verdes de esos abedules crecían para mí. y que ellos, olvidando a los ciento cincuenta inquilinos del edificio mío, estaban esperando que yo les ponga nombre. no sé qué nombre voy a ponerles, pero no pude menos que sacarle una foto a su belleza, una vez que estaba con el pelo mojado, el alma limpia y el sueño leve post-ducha. he aquí la foto. hice lo que pude para recuperar su nitidez y no la más bella, aunque acaso algún día ensaye una foto en serio con una cámara en serio, un ángulo en serio, una ventana en serio en un domingo en serio. el tema es que nadie nos asegura que los abedules no perderán su belleza en una hora, porque puede nacer de un ángulo anual del sol a las cinco y media de la tarde. al fin, bien podría verlos yo de otra manera a partir de hoy, estén desnudos o frondosos, cada vez que me bañe detrás de mi vidrio espejado sucio que queda bien enfrente de tribunales. y abrir la ventana, y que me vea la señora jueza y cuando me vea gritarles Y QUÉ, ¡SI YO TAMBIÉN SOY UN ABEDUL!

Los chicos selva

1.

Recóndita, apacible y arropada por la inmensa selva amazónica del sur de Venezuela, la comunidad indígena yanomami Irotatheri recibe inesperadamente a un grupo de periodistas invitados por el gobierno para demostrar que no hay pruebas de una presunta masacre denunciada a fines de agosto.

Hace una semana, el gobierno desplegó el operativo militar 'Centinela' para investigar la supuesta masacre de unos 80 yanomami Irotatheri a manos de mineros ilegales brasileños, según denunció una organización aborígen y la ONG Survival International, que defiende los derechos de estas comunidades.

"No matanza, todo fino", explica en español un yanomami de una comunidad vecina tras conversar con un hombre cazador, que viajó con la comitiva para ejercer de traductor.



2.

Ni bien la comitiva sale del helicóptero, los indígenas, curiosos, dan pequeñas palmadas de bienvenida en el pecho a sus visitantes.

Algunas mujeres cubren los ojos de sus hijos en brazos cuando son fotografiadas para "evitar que pierdan su espíritu", explica el traductor.

Para la etno-lingüista Mari Claude Mattéi Muller es difícil saber si realmente ocurrió la matanza, puesto que sólo la cifra de 80 muertos le parece sospechosa. "Para los yanomami existen los números uno y dos, y todo lo superior lo llaman 'muchos'", sostiene, aunque señala que algunos de sus amigos en las comunidades le alertaron que "algo pasó", sin atreverse a confirmar nada.

Muller señala que los yanomami son un pueblo nómada, por lo que no se puede determinar si es la primera vez que Irotatheri es contactada por el mundo moderno.

La carta abierta, 2

DE DONDE LAS VACILACIONES EMPUJAN DE UN LADO AL OTRO
Y HACEN PENSAR QUE TAL VEZ NO VALE LA PENA
ESCRIBIR LO QUE SE SIENTE. ¿O SÍ?

El sentimiento de violencia está latente en mí como está latente en vos, Buenos Aires. A veces se concreta en hecho, crimen, atentado o catástrofe. Y uno está aquí, aquí dentro de tus venas, Buenos Aires, y no puede dejar de percibir los sacudones, la inquietud, la insatisfacción, las venganzas, las rebeliones ruidosas o silenciosas que tienen lugar en algún otro meandro de esas venas. Otras veces la violencia es muda e invisible. Pero también se la siente. Sentir, ¿te das cuenta? Con una fuerza que nos sobrepasa, cierto. Sentir el hollín, sentir la contaminación, sentir la represión, sentir las aglomeraciones, sentir la agresión. Una fuerza que nos sobrepasa, como sobrepasó a todas las voces subterráneas (no tan de ángeles como pretendió alguna vez Kerouac), desde Nietzsche a Dostoievski; una fuerza cada vez más intensa y que hay que concretar en algo escrito porque si no reventás. ¿Pero se puede llegar a la Forma por el sentimiento, por esa fuerza del sentimiento?
(Eduardo Gudiño Kieffer)

Thank you, come again

A life can only be said to have ended when there is no chance of it continuing again. In regards to our consciousness, death is more like a pause than an end.

In an infinite universe anything is possible and everything is inevitable. There is every chance that your chain of thought may be continued again somewhere, sometime, in the infinite possibilities of time and space.

It’s true that the atoms forming your mind will have changed, but take a look at your own body: in the last few years almost every atom has changed within it. Who you were then no longer exists; they could be seen as “dead”. You are a copy of that body, gradually constructed around it using the proteins and enzymes absorbed from your dietary intake. If by random chance your final thought pattern was reconstructed a trillion years from now in another place, who is to say that this would not be you? Amazingly, you would not feel that any time had passed at all.

(Bard Canning, "the Death Delusion")
Una vida sólo puede asumirse como terminada cuando no hay ninguna chance de que continúe. En lo que respecta a nuestra conciencia, la muerte es más una pausa que un final.
En un universo infinito cualquier cosa es posible y todo es inevitable. Es totalmente posible que tu cadena propia de pensamientos sea retomada en algún lugar, en algún momento, en las infinitas posibilidades del tiempo y del espacio.
Es verdad que los átomos que forman tu mente habrán cambiado, pero echá un vistazo a tu propio cuerpo: en los últimos años casi todos los átomos han cambiado en él. Quien eras vos entonces ya no existe; ese ser podría ser visto como "muerto". Sos una copia de ese cuerpo, gradualmente construido alrededor del primero usando las proteínas y las enzimas absorbidas de tu dieta diaria. Si por una casualidad azarosa tu patrón final de pensamiento fuera reconstruido de acá a un trillón de años en algún otro lugar, ¿quién pudiera decir que ése no serías vos mismo? Y sorprendentemente, sentirías que no ha pasado absolutamente nada de tiempo.

15.9.12

C.

basta que la mentira suene convincente
basta que los otros te crean perfecto
basta creer que se es feliz y eficiente



Horacio y Lucía ("Una bella bomba...")

Pues en verdad os digo que de una Madre
procede todo lo que vive sobre la tierra.
Por tanto quien mata, mata a su hermano.

Una bella bomba acaba de reventar una clínica poética, que daba un maestro de la poesía, que nunca supo como se fabricaba una bomba. Y eso es bueno un poeta no fabrica bombas que revienten clínicas. Un poeta se preocupa por los mil y un preciosismos que tiene su oficio. Así se habla un mismo idioma entre poetas y se hacen festivales y convenciones con hoteles pagos y paseos finamente arreglados. Así la poesía es un bonsai, cortamos acá, arreglamos allá, podamos, podamos, podamos… podemos irnos a la mierda con esos arbolitos enanos mientras el lenguaje se derrama y nos inunda. Nosotros como si nada. Nuestras herramientas son: la tijera, el alicate, la podadora, cosas de jardinero para presentar el recorte de lo vivido a cómodos lectores que esperan se les separe la paja del trigo. Así como esperan los señorones rurales para comenzar a vender. Nada es salud en la clínica, todos los poetas, vestidos de riguroso negro, esperan la sentencia del que dice saber cómo se escribe un poema y no sabe fabricar una bomba. Pero está bien que no sepa fabricar una bomba porque un poeta muere reventado por una bomba, en una clínica poética, escuchando a los popes decirle que no, ese verso no y esa comparación; esa repetición y que el surrealismo ha muerto y más de dos boludeces al mismo tiempo porque son los laboratoristas de la palabra. Los feudales del verso, que ya le pusieron los alambres a la caballada. Entonces no tiene sentido que Alterio salvaje diga "La puta que vale la pena estar vivo". Primero porque los caballos están cercados y prontamente para que sean consumidos serán convertidos en mortadela. "La mortadela era un puema" decía el viejo Lencina que atendía la despensa del barrio Güemes. ¿Por qué Lencina decía esto siendo un viejo sonso del barrio Güemes?  Porque Lencina tenía sospechas metafísicas y era cierto verlo subir al tanque y quedarse oteando las estrellas de ese otro poema. ¿Por qué a Lencina se le hacía claro que la mortadela estaba tan buena? Acaso la pimienta que esos caballos habían recibido. O eran los cortes elegidos para picar y embutir. Las podas que se habían hecho. Porque en realidad un poeta bien podría ser un carnicero sacrificando caballos y convirtiéndolos en mortadela. Por eso es bueno que la bomba haya reventado también en el frigorífico, no quedó un poeta vivo. El último que parecía boquear en la vereda de enfrente todavía no dejaba de gritar que la poda era necesaria como trizar al caballo para hacer mortadela y entonces he gritado al cielo "La puta no vale la pena que esté vivo".

Marcelo Dughetti, Villa María, 1970

Y por todas esas cosas yo me sentía antagónicamente cerca de la Maga, nos queríamos en una dialéctica del imán y limadura, de ataque y defensa, de pelota y pared. Supongo que la Maga se hacía ilusiones sobre mí, debía creer que estaba curado de prejuicios o que me estaba pasando a los suyos, siempre más livianos y poéticos.

Procrastinando también se aprende

"que sea puta que sea socialista
que siga la vía de la liberación"

y esa locura que nos parece a nosotros siempre de los troskos y lo fácil que es irse de la universidad, olvidarse de los troskos, olvidarse que existen, olvidarse que son seres humanos y tienen problemas y acaso lo primero que desea uno es dejar de lado sus convicciones vitales de justicia social e igualdad de oportunidades y quieren irse a sus casas, poner sus manos en la nuca, acostados bocarriba en una cama desordenada con puchos medio quemados alrededor, en la sencillez infinita del que tiene una conciencia tranquila y sólo desea dormir un rato para seguir la lucha. nosotros, a ese privilegio, lo tenemos vedado. vivimos en la inacción y preferimos escribir sin comas. (ellos son seres formales y sus peticiones, tan limpias, tan sensatas, también tienen una puntuación pulcra y sobria). nosotros olvidamos que tapamos nuestros agujeros con posters, que acaso no sean del Che pero quieran aparentar cultura.
y me parece tan invaluable el momento en el que dos personas (dos soledades, querría decir uno, tan sádica como neciamente) de conciencia intranquila, que pasan sus vidas queriendo saber qué van a hacer con sus vidas, que pasan sus días queriendo aprender cómo hacerlos, pueden darse besos en la nariz y tratarse de usted en una cama igual de desordenada, del mediodía a la medianoche, sin más testigo que un gato tonto que no es ni trosko ni facho ni nada.

12.9.12

Los ídolos

Cuando era chico soñaba con la fama. No me gustaba decir eso y me mentía a mí mismo muy a menudo, pero ahora veo que tengo toda la razón: me gustaba mucho la idea de ser famoso. Cierta vez le dije a mi tío que quería ser músico para ir por el mundo en un autobús de giras y me dijo que deje de ver tanto MTV.
Progresivamente comprendí que es algo que quiere todo el mundo, y que es más un fetiche que un deseo real; como Billie Joe Armstrong, y su sex-appeal de "persona ficta" (dirían en las clases de literatura), esa construcción-Billie-Joe que es el sujeto que canta en Green Day y que sería un donnadie cuarentón californiano si se hubiera querido quedar en el molde atendiendo cajas de supermercado en vez de pasar su adolescencia vendiendo marihuana. Y esto acarrea una vida muy ruidosa (a mi parecer) que está hecha para un grupo especial de personas, pero hay otras personas que no lo toleran ni lo tolerarían. A veces la fama llega sin querer. Es fácilmente mensurable (hay personas más famosas que otras) pero todo depende de unos estándares muy retorcidos que pertenecen a la masa y que, sigo pensando, muchas veces está equivocada.
La fama, los fetiches de la persona ficta, seguramente se asientan en bases falsas. Hasta cierto punto es un reconocimiento por el talento de una persona; luego esa persona se convierte en una construcción social, y su fama y su estilo de vida también; surgen programas de la MTV que rompen, como nunca se han roto, las barreras que separaban la intimidad y el teatro.
Esto derivó en mi escepticismo, ahora que soy un poco más viejo; ese escepticismo de "kill your idols" (eso me pareció, en su momento, muy doloroso: Billie Joe era mi ídolo y lo que yo quería para vivir, el resto de mi vida. ¿Por qué iría a matarlo?). La mayor parte de las veces un ídolo es un mito andante que no se acercaría a hablar con vos por pura voluntad, sin importar todo lo que lo ames y adores; en ocasiones los ídolos son una persona tan egoísta que no tienen consideración por el humus del cual nacieron sus flores (la fama, el dinero, las groupies) y en la ceguera del fanatismo, las masas ignoran este hecho con una sonrisa comprensiva; atacando, por supuesto, a los ídolos de los demás. Porque la historia fue en gran parte lucha entre ídolos. No he leído a Nietzsche, pero esa idea previa que uno se hace (porque la historia fue en gran parte ideas previas) respecto al título de uno de sus ensayos me hace suponer que él abordó este tema hace bastante tiempo y en realidad está liquidado como para tener que confrontar mi punto de vista al suyo.
Está bien, yo no soy Nietzsche; pero en gran parte, Nietzsche también tenía dudas de si él era Nietzsche, como todos dudamos estar aquí y ahora; los únicos que tienen claro (en su fuero interno) quién es Nietzsche son sus lectores, que construyen a partir de su legado, y casi de manera automática, la imagen del loco que abrazaba a los caballos y se dejaba crecer un bigote tupido (algunos dicen que es porque sonreír una vez le provocó una lastimadura permanente en el labio superior). Sólo la confrontación de los nombres no hace esta entrada menos válida que un ensayo de Nietzsche; los nombres, ya sabemos, son etiquetas efímeras que muchísimas veces acarrean sedimentos, leyendas y mitos sobre la persona que intenta señalar. Por eso es tan grave osar a decir que yo soy mejor poeta que Jim Morrison (amado por sus groupies), o que los Beatles son mejores que Jesús (amado por sus feligreses). Los solos nombres son, a mi parecer, parámetros equivocados, si los comparamos con los méritos. Los méritos también son muy relativos. Nadie tiene la verdad artística universal (y por suerte que es así) para desarrollar la expresión propia del único modo correcto que los demás no pudieron aprehender. Como la vida, al menos en sociedad, es una construcción semiótica, y el arte lo es más, uno hace la obra y esta obra es interpretada de mil maneras distintas, de manera que arriesgar que una obra será siempre la mejor es una falacia de base puesto que en realidad hay mil obras. Pero supongamos que, a pesar de esto, existe un mérito que hace esta entrada incomparable en profundidad a un ensayo de Nietzsche; historiador, filólogo, y tantos otros títulos (un poco más específicos que el solo nombre), que tenía un poder de abstracción mayor al mío pese a que es de una época dos siglos anterior a la del pelotudo con mala prosa que opta por el blog para difundir sus ideas difusas. En ese sentido, hay una visión bastante más clara de a quién adorar y a quién no: por supuesto, no permanentemente, pero por lo menos en oposición a esos otros que jamás en su vida se arriesgaron a crear nada. (Porque la complejidad exploratoria es la misma en el dictador, en el poeta, en el pintor... dice Bukowski, y esto también es un mérito en sí mismo). Por eso es que, a la larga, los poetas más grandes son los que más se hundieron en el lodo de su propia obra, hasta sus últimas consecuencias. Ejemplo epigonal: Galileo. (Si tomamos el "poeta" en su más amplia acepción). No sé qué hace falta en una persona, sino cierta dosis de locura, para llevar su obra hasta las últimas consecuencias; lo que venga después, sea fama o decapitación, es en realidad consecuencia del germen de genio que hubo al principio, y es lo que diferencia de estos hombres a los falsos ídolos que la sociedad construye, tanto a partir de sus opositores como de sus adoradores. El día que un Disney idol opte por dar su vida para defender su arte (no su nombre), nos hará recapacitar a todos acerca de su propia naturaleza. Podemos optar por la fama, y podemos soñar con ser, también, construcciones sociales; para qué, piensa uno, y por qué, si todo el mundo quiere lo mismo o cree querer lo mismo. Es sabido que es más difícil llegar a los lugares donde hay más gente, y por eso se originan guerras por dinero, por petróleo o por la verdad divina. ¿No es la respuesta, simplemente, un correcto desenvolvimiento de la propia personalidad, en detrimento de todas esas falsas personalidades que hay dando vueltas: cuyos nombres casualmente coinciden con las personas, pero no son precisamente ellas? Pasa con las cosas mismas: el arte abstracto, el ácido lisérgico, Dios o McDonald's. Decía Kerouac, para gran preocupación mía, que no hay otra manera que conocer que la propia experiencia. No se puede conocer a partir de la idea corrupta que los otros puedan transmitir, en cuanto a la mala comunicación de su propia experiencia o, lo que es peor, a la mala comunicación de la mala comunicación de los demás. (Una cadena de falacias que deriva en una mentira que puede corromper, seguramente, al alma más pura y más esencialmente curiosa). Si la sociedad y el panteón ideal de los grandes son un juego de sombras y transparencias que danzan delante de aquellos hombres-arquetipo que se encuentran atrás de todo y a los que nunca vamos a conocer, qué nos queda: estamos definitivamente solos. Léase esto quizás como una declaración de incertidumbre existencial, de aquél que quiere ser un discípulo pero no sabe de quién (porque los maestros, en su mayoría, están muertos y sólo quedan sus transparencias). O léase como quiera, porque yo también estoy próximo, quizás, a estar muerto. Lo importante es haber sembrado sádicamente la intranquilidad en alguno de los posibles lectores; lo importante es, siempre, abrir(se) espacios de debate.

11.9.12

"El tiempo es un remanso inmóvil."

(llámenme tonto
me molestará como arena en los zapatos
pero hoy descubrí que los valores vitales
involucran cosas muy simples.
quiero contar de qué se trata.)



una sola flauta canta
todas las combinaciones de sonidos del mundo
en ese sentido
todas las flautas son esa flauta
susurrando la melodía más hermosa.
"el tiempo es un remanso inmóvil."
tu sola sonrisa brilla
como no la hubieran comparado jamás
espejos infinitos de agua reflejando
el sol, los cirros, y el primer hombre del mundo
que aprende a sonreír después del eterno letargo.
en ese sentido
tu sonrisa atraviesa la historia
que dura un instante en el remanso
y me hace necesitarte a vos y a la flauta
para asir la belleza del mundo entero.

10.9.12

La carta abierta

PROGIMNASMA, EXORDIO, ISAGOGE O MÁS BIEN SANATA

[...] creo en una especie de corriente invisible en la que algo (no sé qué) tendrán que ver las neuronas o no y los poderes de la mente o no; creo en una coincidencia tácita, subyacente, que pugna por aflorar y no siempre puede, una coincidencia que nos une a los casi diez millones, y de pronto esos casi diez millones de hombres y de mujeres y de jóvenes y de viejos y de lindos y de feos y de gordos y de flacos y de altos y de bajos y de heterosexuales y de homosexuales y de ateos y de creyentes y de pobres y de ricos se han transforrmado en algo así como en casi diez millones de hormigas que corren dentro de mí, me hacen cosquillas, se me salen por la nariz, por las orejas, por los otros innombrables orificios del human body, y tal vez yo pueda ser todas y cada una de esas hormigas. No sé si me entendés, Buenos Aires, la cosa no es humildosa sino humilde en serio.

(Eduardo Gudiño Kieffer)

Dar

Ciertas cosas se repiten en algunas canciones, por ejemplo, que me llaman la atención; generalmente las canciones en inglés. Son frases que son intraducibles y en esto reside su encanto. (No es el caso de una palabra, por decir, 'obnoxious', que vi en un poema de Bukowski y que si bien es de difícil traducción, es sólo una palabra y cada uno puede arrojar su versión libre de valorización social bajtiniana; otro ejemplo son palabras como 'reckless' o la portuguesa 'saudade').
En fin: estas frases, compuestas de un grupo de palabras traducibles, componen una masa mayor que sus partes. Se puede jugar a arrojar una traducción unívoca, pero el desafío es encontrarla. Me pasó muchas veces con "the shadow of the valley of death" que en el castellano cristiano hace referencia al bíblico "valle de las lágrimas"; con todo lo que esto trae lógicamente como bagaje cultural, espiritual o religioso. Estas asperezas idiomáticas tienen sus particularidades. Una vez me pasó con una sola palabra: la palabra "give".

"I'm givin'," "Got a lotta give"; lo escuché muchas veces. "Dar" y "hacer" (dice la profesora) son verbos transitivos por excelencia: siempre hay algo que dar. ¿Qué es tan importante para dar, que se da por sobreentendido? Y pensé en todo: drogas, energía, caos, abrazos. Es algo bien cultural, por lo que tendríamos que googlearlo en vez de consultar un diccionario; al arriesgar una cultura, pensé en la californiana. Lo escuché mucho en canciones que venían de esta tierrita idílica, que parece albergar tantos universos. Como dijeron, "Alderaan is not far away". Así es como el hermano mayor, que mencioné en la entrada que escribí sobre junip, supo aclararme esta duda al haber vivido él mismo mucho tiempo en California. Corría el año 2011, problemático en muchos sentidos, y en enero tuve un problema menos entre tantos: el que corresponde a la traducción de tan complicado término.

Pasó así. Estaba cantando la canción J. A. R. de Green Day, que en un momento dice "Now I'm giving...". Y recordé la pregunta; también había escuchado en una canción de Sublime que decía algo acerca de dar algo que nunca aclaraba qué era. ¿Qué es lo que hay que dar? Y Charlie estaba al lado, creo que esperábamos a mis otros amigos en un lugar de Mendoza de cuyo nombre no quiero acordarme. Y le pregunté:
¿Qué es 'give'? ¿What's there to give?
(Hablábamos indistintamente en español y en inglés, en ese entonces mi anglosajón básico estaba mucho menos oxidado que ahora; luego lo estuvo muchísimo menos, y fue deteriorándose con el correr de las materias universitarias.)
"Simple:", léase con acento inglés. "it's love."
"We have to give love."

9.9.12

Cómo cantar blues ― una guía para principantes

La mayoría de los blues comienzan con "Woke up this mornin'". Es usualmente malo comenzar el blues con "I got a good woman" a menos que pongas algo malo en la próxima línea.
Ejemplo: "I got a good woman with the meanest dog in town."

Los blues son simples. Una vez que tengas bien la primera línea, repetila. Después encontrá algo más que rime. O algo así.
Ejemplo:
"Got me a good woman with the meanest dog in town
oh yeah! got me a good woman with the meanest dog in town
he got teeth like Margaret Thatcher, and he weigh 'bout 500 pound."

Los autos de blues son Chevys, Cadillacs y camiones rotos circa 1957. Otros transportes de blues aceptables son un autobús Greyhound o un "southbound train". Notar: un BMW, Lexus, Mercedes, mini-van o vehículo deportivo NO son autos de blues.

"Walkin'" juega una parte importante en el estilo de vida del blues. También lo hacen "fixin' to die", y "findin' a good woman."

Los adolescentes no pueden cantar el blues. Solamente los adultos pueden cantar el blues. La adultez, cuando se trata de blues, significa ser suficientemente viejo para una condena a la silla eléctrica por disparar a un hombre en Memphis.

Podés tener el blues en Nueva York o Los Ángeles pero no en New Haven o Phoenix. Tiempos difíciles en Vermont o Dakota del Norte son sólo una depresión menor. Chicago, St. Louis y Kansas todavía son los mejores lugares para tener el blues, pero Abilene, Mobile y New Orleans están bien si estás en apuros.

Los colores siguientes NO pertenecen al blues: violeta antique, champagne, malva, gris pardo y melocotón.

El blues no es, sin embargo, una cuestión de color. Tiger Woods no puede cantar blues; Sonny Liston puede.

No podés tener blues en un edificio de oficinas o un centro comercial; la iluminación es equivocada. Otros malos lugares para el blues: K-Mart, aperturas de galerías, y el supermercado. Buenos lugares para el blues: una cárcel, el porche trasero de tu madre, al lado de la autopista, el fondo de un vaso de whiskey berreta o un hotel de mala muerte.

¿Tenés derecho a cantar el blues?

Sí, si:
  • tu primer nombre es un estado sureño. Ejemplo: Georgia
  • sos ciego
  • disparaste a un hombre en Memphis.


No, si:
  • sos sordo
  • alguien en tu familia maneja un Lotus
  • tenés un fideicomiso.

Yanni, Julio Iglesias, y Barbra Streisand probablemente no puedan cantar blues. Nunca.

Si pedís agua y tu nena te da gasolina, es blues. Otras bebidas de blues son:
  • licor de malta
  • whisky irlandés
  • agua turbia
  • vino Thunderbird
  • un bourbon, un escocés y una cerveza. Al mismo tiempo.
Bebidas de blues NO son:
  • un mai-tai
  • un vaso de Chardonnay
  • un Yoo-Hoo (de cualquier sabor).

Si ocurre en un motel barato o en una cabaña de escopetas, es una muerte de blues. Apuñalado por la espalda por un amante celoso es también una muerte de blues. También la silla eléctrica, el abuso de sustancias o que te nieguen tratamiento en una sala de emergencia. NO es una muerte de blues si morís durante una liposucción.


Algunos nombres de blues para mujeres: Sadie, Louise, Bessie y Baby.
Nombres de mujeres que NO son nombres de blues: Heather, Jennifer, Emily y Alexandra.

Algunos nombres de blues para hombres: Willie, Joe Willie, Hank, y Po'Boy.
Nombres de hombres que NO son nombres de blues: Geoffrey, Damian y Keith.

Personas con nombres como Sierra o Sequoia NO tendrán permitido cantar el blues, no importa cuántos hombres hayan disparado en Memphis.

¿Necesitás un nombre de blues? Intentá alguna de estas combinaciones:
  • nombre de una aflicción médica (Blind, Asthmatic, etc.) o una falencia personal (Dishonest, Low Down, etc.)
  • o sustituí por un nombre de fruta (Lemon, Fig, Persimmon); o usá el primer nombre y el nombre de fruta
  • terminá con el apellido de un presidente (Jefferson, Johnson, Fillmore, etc.)
  • Ejemplos: Low Down Persimmon Johnson; One-Handed Fig Fillmore.
¿Necesitás un instrumento de blues? Tocá uno o más de los siguientes y alterná con riffs de voz rasposa:
  • armónica
  • guih-tarra
  • violín
  • saxo
  • piano (si se necesita afinamiento).

Ahora, estás listo para cantar el blues... a menos que tengas una computadora.


8.9.12

Palabras finales de Los mitos de Cthulhu

Llega Pe[nélope Cruz] a la India. Como le gusta el color local o lo auténtico va a comer a uno de los peores restaurantes de Calcuta o de Bombay. Así lo dice Pe. Uno de los peores o uno de los más baratos o uno de los más populares. En la puerta ve a un niño famélico quien a su vez no le quita los ojos de encima. Pe se levanta y sale y le pregunta al niño qué le pasa. El niño le dice si puede dar un vaso de leche. Curioso, pues Pe no está bebiendo leche. En cualquier caso nuestra actriz consigue un vaso de leche y se lo lleva al niño, que sigue en la puerta. Acto seguido el niño bebe el vaso de leche ante la atenta mirada de Pe. Cuando se lo acaba, cuenta Pe, la mirada de agradecimiento y felicidad del niño la lleva a pensar en la cantidad de cosas que ella posee y que no necesita, aunque allí Pe se equivoca, porque todo, absolutamente todo lo que se posee, se necesita. Al cabo de unos días Pe mantiene una larga conversación filosófica y también de orden práctico con la madre Teresa de Calcuta. En determinado momento Pe le cuenta esta historia. Habla de lo necesario y de lo superfluo, de ser y no ser, de ser con relación a y de no ser en relación ¿con qué?, ¿y cómo?, ¿y al final de cuentas que´es eso de ser?, ¿ser tú misma?, Pe se hace un lío. La madre Teresa, mientras tanto, no para de moverse como una comadreja reumática de un lado al otro de la habitación o del porche que las cobija, mientras el sol de Calcuta, el sol balsámico y también el sol de los muertos vivientes, espolvorea sus postreros rayos imantado ya por el oeste. Eso, eso, dice la madre Teresa de Calcuta, y luego murmura algo que Pe no entiende. ¿Qué?, dice Pe en inglés. Sé tú misma. No te preocupes por arreglar el mundo, dice la madre Teresa, ayuda, ayuda, ayuda a uno, dale un vaso de leche a uno y ya será suficiente, dice la madre Teresa en italiano y con evidente mal humor. Al caer la noche Pe vuelve al hotel. Se ducha, se cambia de ropa, se pone unas gotas de perfume sin poder dejar de pensar en las palabras de la madre Teresa. A la hora de los postres, de golpe, la iluminación. Todo consiste en sacar un pellizco microscópico de los ahorros. Todo consiste en no atribularse. Tú dale a un niño indio doce mil pesetas al año y ya estarás haciendo algo. Y no te atribules ni tengas mala conciencia. No fumes, come frutos secos y no tengas mala conciencia. El ahorro y el bien están indisolublemente unidos.

Quedan algunos enigmas flotando como ectoplasmas en el aire. ¿Si Pe iba a comer a un restaurante barato cómo es que no le dio una gastroenteritis? ¿Y por qué Pe, que tiene dinero, iba precisamente a comer a un restaurante barato? ¿Para ahorrar?

Somos malos para la cama, somos malos para la intemperie, pero buenos para el ahorro. Todo lo guardamos. Como si supiéramos que el manicomio se va a quemar. Todo lo escondemos. No sólo los tesoros que cíclicamente sustraerá Pizarro, sino las cosas mas inútiles, las baratijas, hilos suelos, cartas, botones, que enterramos en sitios que luego se borran de nuestra memoria, pues nuestra memoria es débil. Nos gusta, sin embargo, guardar, atesorar, ahorrar. Si pudiéramos, nos ahorraríamos a nosotros mismos para épocas mejores. No sabemos estar sin papá y mamá. Aunque sospechamos que papá y mamá nos hicieron feos y tontos y malos para así engrandecerse aún más ellos mismos ante las generaciones venideras. Pues para papá y mamá el ahorro era interpretado como perdurabilidad y como obra y como panteón de hombres ilustres, mientras que para nosotros el ahorro es éxito, dinero, respetabilidad. Sólo nos interesa el éxito, el dinero, la respetabilidad. Somos la generación de la clase media.

La perdurabilidad ha sido vencida por la velocidad de las imágenes vacías. El panteón de los hombres ilustres, lo descubrimos con estupor; es la perrera del manicomio que se quema.

Si pudiéramos crucificar a Borges, lo crucificaríamos. Somos los asesinos tímidos, los asesinos prudentes. Creemos que nuestro cerebro es un mausoleo de mármol, cuando en realidad es una casa hecha con cartones, una chabola perdida entre un descampado y un crepúsculo interminable. (Quién dice, por otra parte, que no hayamos crucificado a Borges. Lo dice Borges, que murió en Ginebra).

[...] En el folletón está la salvación del lector. Quién nos lo iba a decir. Mucho presumir de Proust, mucho estudiar las páginas de Joyce que cuelgan de un alambre, y la respuesta estaba en el folletón. Ay, el folletón. Pero somos malos para la cama y probablemente volveremos a meter la pata. Todo lleva a pensar que esto no tiene salida.


(R. Bolaño)


Carta neocordobesa a la madre

Mamá:

Antes que nada agradezco tu predisposición luchadora (tan importante para mí) de velar por mi autosuperación, que en mi vanidad infinita calculo mi cualidad más ostensible; los dos sabemos lo bien que me hizo venir acá pese a las condiciones confusas en las que se dio, tanto desde el punto de vista académico como laboral, espiritual, afectivo, y todos esos nombres que uno quiera poner a lo mismo.
Sin embargo no dejan de repetirse, inundadas por el piso, las dos problemáticas ridículas que no nos tomamos el tiempo de resolver debido al atropello de la rutina, el aburrimiento y la inercia:
1. lo ridículo que es todo este lujo para mí solo, que podría de hecho vivir cargando con muchísimo menos
2. lo ridículamente alto que es el precio en dinero por cargar con este excedente que es ridículamente innecesario.
Te digo inundadas por el piso porque me acaba de pasar que después de no haber dormido por casi dos días enteros llego a mi casa a las ocho y media de la mañana con un humor excepcional y al entrar me topo con un charco de agua gigantesco de una gotera enorme que viene no sé de dónde diablos y no quiere parar; sumado a un gato expropiado de su naturaleza de gato (silvestre, indómita, aventurera) paseándose por las alacenas y quejándose a maullidos de no poder caminar por toda el agua que le es desagradable. Una postal de todo lo artificial y embobante de nuestras vidas tornándose finalmente a andar para la mierda.
Te repito: estas (y no digo "las" para ahorrarme el tintecito filosófico) posesiones materiales me parecen innecesarias. Hasta se me ocurre pensar que sólo podrían parecerles severamente necesarias a un alma podrida con corazón de viejo; es sabido que los niños tienen dos juguetes favoritos que guardan con especial celo en detrimento de los otros, novísimos y brillantes, que sus padres insisten en regalarles para los cumpleaños. Así me siento yo ahora: un niño aburridísimo en un departamento inundado de agua y de regalos hermosos, caros, pesados y torpes, que acaban por romperse solos y ser reemplazados por otros previo pago de cantidades fabulosas.
"Las posesiones terminan por poseernos". Con el debido respeto, mamá, mis posesiones no sólo me poseyeron; me sodomizaron. No me culpes por querer dejar todo, pagando un precio apenas más elevado que la locura que estamos pagando mensualmente por mantener este circo. Sumado a la culpabilidad de ese dinero (que es un bien siempre preciado) visto invertido en cosas superfluas, también sucede que estas cosas superfluas están, poco a poco y granito a granito, inflándome reverendamente los huevos izquierdo y derecho en análoga proporción. Hagamos algo antes de que salga en bolas a la calle pensando que estamos así de la ciudad está así de loca como mi propia casa.
Te quiero mucho,

Cristobal

5.9.12

Epistemología beat

"You were not there for the beginning. You will not be there for the end. Your knowledge of what is going on can only be superficial and relative."
(William S. Burroughs)



"The best teacher is experience and not through someone's distorted point of view."
(Jack Kerouac)

Che pampa

Por las noches, a la luz de una hoguera, Pereda mataba el tiempo contándoles aventuras que sólo habían sucedido en su imaginación. Les hablaba de Argentina, de Buenos Aires y de la pampa, y les preguntaba con cuál de las tres se quedaban. Argentina es una novela, les decía, por lo tanto es falsa o por lo menos mentirosa. Buenos Aires es una tierra de ladrones y compadritos, un lugar similar al infierno, donde lo único que valía la pena eran las mujeres y, a veces, pero muy raras veces, los escritores. La pampa, en cambio, era lo eterno. Un camposanto sin límites es lo más parecido que uno puede hallar. ¿Se imaginan un camposanto sin límites, pibes?, les preguntaba. Los gauchos se sonreían y le decían que francamente era difícil imaginar algo así, pues los camposantos son para los humanos y los humanos, aunque numerosos, ciertamente tenían un límite. Es que el camposanto del que les hablo, contestaba Pereda, es la copia fiel de la eternidad.
(Roberto Bolaño, "El gaucho insufrible")


La calle cuesta abajo

Desde el punto de vista del búho, del murciélago, del bohemio y del ladrón,
el crepúsculo es la hora del desayuno.
(Eduardo Galeano)

Cuando salí del bar (está bien, una sola cerveza, está bien) había llovido levemente. No me arrepiento de perderme la lluvia breve; además es martes, uno no puede arriesgar una neumonía el martes y menos una borrachera cuando se cursa el miércoles. La estadía en el bar fue mesurada hasta el último minuto. Hay que hacer buena letra con tu vocación, así no sea el primer pálpito que nos incite a productivizar nuestro tiempo. La academia es la academia y tiene que parecer que atraviesa nuestras vidas de cabo a rabo.
La calle cuesta abajo; es tan extraño cuando uno se siente uno con su propia calle, con sus árboles altísimos que tapan los balcones primeros, y también a la vista los primeros sin balcones, como es el caso de mi propia ventana. Una ventana que desde la calle cuesta arriba se ve como la ventana con las cortinas más llamativas de la cuadra, su sempiterna luz apagada y el gato y el olor a gato que se adivina desde detrás del vidrio sucio. Uno no puede evitar improvisar unos versos con voz grave de semiborracho tabaqueado; no hace ni frío ni calor, pero en cambio hay muchísima humedad.
Uno se queja del ruido de las grandes ciudades pero olvida que su reloj biológico funciona al mismo ritmo (diario o anual) de los demás habitantes de la ciudad; entonces es hora de dormir a la hora de dormir y uno no puede salir a las tres de la mañana a caminar por la calle. Si acaso se estuviera despierto y en pijamas, uno se desanima principalmente por el frío o por el miedo. Pues bien, aquí va el resumen de mi experiencia caminando a las tres de la mañana por una cuadra, llamaríase "céntrica" desierta: desde arriba (porque es una calle cuesta arriba) se ve todo, hasta lo que uno ignora, todo lo que hay más abajo (que ya describí antes), se siente apenas el viento que otrora fue devastador y que levantaba toneles de tierra y volteaba botellas enteras de cerveza.
Lo más importante: el silencio que te cala hasta las venas. Uno mira los balcones altísimos, y parecen ínfimos. "En cualquier momento podría subir ahí". Uno es uno con la calle, y la calle también está allá arriba, siendo el mismo aire que respiramos nosotros; de repente la liviandad se siente y uno no exagera viendo a todos los transeúntes imaginarios desde un piso once. Y cayendo de nuevo a lo mismo, sin ruido y sin dolor.

2.9.12

"La elección no es el conjunto de electores."

Algo de todo esto que dijo Julio (en una carta que transcribí en su cumpleaños, encontrada dando vueltas por la web y quizás cien por cien apócrifa -poco importa en cuanto es una verdadera obra de arte. Res ipsa loquitur) me hace inferir que se trataba de un hombre muy sabio. Pero quizás quiero decir un hombre de una profunda capacidad de autorreflexión. Sólo por esta carta podemos darnos cuenta que tenía gran conciencia de su realidad y de sus compatriotas, los conocía bien, conocía bien sus intenciones y acciones en cuanto a la cultura y conocía la manera de revertir este desdén general por lo que él llama las fuentes de la vida; desdén sujeto a debate, pero por esto mismo incapaz de ser negado.
París es la fuente de muchas cosas. A sus escasos 40 años (escasos para mucha gente, pero más que suficientes para Julio) él fue capaz de tomar la determinación final de dar un quiebre a su vida, extendiendo unas vacaciones de seis meses a lo largo de todo lo que quedó de su vida hasta 1984. Sabia (o profundamente autorreflexiva) decisión según se pudo ver después, con todo el rollo político que sus posturas acarrearon y que los que le sobrevivieron (salvo Borges, que por su disentimiento eligió no entrar en detalles) le elogiarían. Pero no sólo eso. Cortar con una vida de continuo conformismo dado, según sus palabras, en mensualidades; optar por vivir, más allá de intentar imaginarse, en la fuente misma del espíritu que él recibió a través del contacto parcial y manoseado de los textos traídos allende el Atlántico por manos de otros, es una decisión que rehuye a uno creer que fue efectivamente tomada a los cuarenta años, cuando los argentinos conocemos tantos viejos que se arrepienten, a los ochenta, de inacción juvenil, cuando los tiempos y la energía supieron estar tan a disposición de uno.
"La seriedad es el resultado de una hiperestimación del tiempo", recuerdo siempre. Y es cierto: en la inmortalidad puede no haber necesidad de seriedad; en tanto también se corresponde, según Cocteau (autor que caló profundo en Cortázar) a tomarse en serio también la tierra. Pero esta decisión tan radical no puede ser menos que un fruto de una gran estimación a la vida y al espacio, y a la oportunidad dorada (que acaso todos tengamos y muy pocos sepamos asir) de elegir el hogar espiritual de uno: ese estudio tenuemente iluminado donde somos felices estirándonos, como en una cama de dos plazas, los brazos larguísimos (en Julio lo eran) de los entusiasmos que más hondamente nos caracterizan como individuos.

(Ahora creo entender lo que es "una lectura",
y también por qué cambia cada vez.)

Hiperestimación del tiempo

"En la eternidad, sin embargo, no hay tiempo, como ves: la eternidad es sólo un instante, lo suficientemente largo para una broma."
(Hermann Hesse, "El lobo estepario")
Es difícil vivir sin el opio después de haberlo conocido, porque es difícil, después de haber conocido el opio, tomar a la tierra en serio. Y, al menos de ser un santo, es difícil vivir sin tomar en serio a la tierra.
* * * 
A la edad en que Cristo debuta con su muerte, Alejandro muere de una indigestión de gloria. Le imagino triste, al final de su rollo, preguntándose qué podía poseer aún. Quisiera uno contestarle: América, un aeroplano, un reloj, un gramófono, la T. S. H.
* * *
Una mujer de sesenta años me decía: "Lo que ha hecho creer que los hombres de mi generación, los miembros del Jockey, eran espirituales, es el número de vinos que se bebía entonces en la mesa.
Después de cenar, todo el mundo estaba un poco borracho. Los unos, creían decir cosas mordaces, y los otros oírlas. 
(Jean Cocteau, "Opio: diario de una desintoxicación")