9.8.12

Transición

Uno primero necesita probar el arroz para ver si ya está listo; deja las cosas sin limpiar porque no sabe cuál de los detergentes es el más apropiado y por si fuera poco llega un gato a ensuciar la casa con un mal olor que no se va con sahumerios (rudimentaria técnica que uno ya tenía aprendida, y en realidad es la única que uno domina plenamente).
A mitad de año se rompe la cama y es hora de una reacomodación total en los muebles de un reino que es el propio, totalmente hasta el último rincón. Para julio, cuando se vuelve, uno se memorizó ya todas las cosas que uno ve por la ventana. Así a veces haya hermosas excepciones, como un hombre alto y rubio que pasa totalmente solo, tocando una armónica vieja. O esas minas que gritan sin más razón que su ebriedad histriónica, seguidas de chicos altos y bien afeitados que les sostienen los abrigos pensando que ejercen el mejor trabajo del mundo.
De a poco uno se va enterando dónde son los cines más baratos; de a poco uno va extrañando la ciudad de donde viene (para después volver y redescubrir que es un bodrio), de a poco uno va adoptando una nacionalidad que no viene muy prevista en los papeles. Ya hay esquinas, increíblemente, que recuerdan a personas, y con esas personas ya la relación se arruinó. Figúrense, un proceso que pensábamos que iba a llevar meses y meses, ya está completo (ya, incluso, se pasó a otra cosa). Ya descubrimos el amor por la academia; eso que con su rigidez primero nos repelía un poco, ahora se nos presenta como la intuición de una mina de oro sin explotar.
Ya incluso se consiguió un trabajo que no prosperó, la semana más fea de la estadía que casi se asemeja a unas vacaciones; prueba de esto es que las vacaciones de repente se hacen insufribles y uno quiere a toda costa volver a la rutina.
La vida es una transición constante, menos de lugares que de estados de ánimo; "on ne regne pas sur l'âme qu'en calme". Todo lo que nos sobreviene, sea que lo consideremos casualidad, causalidad o esos nombres vacíos (que según Derrida son una copia de una copia de una copia) es para nuestra vida y toca asumirlo, porque decir que algo nuestro es ajeno a nosotros es negar nuestro hígado, caer en el autoengaño, tomar de estúpida a nuestra conciencia que todo lo sabe.

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