10.8.12

Seis siete cero

Un amigo que se llama Maxi vive en un departamento con aire viejo como esos que describí hace dos meses. Ayer estaba paseando por la parte más lejana del departamento (a saber, es todo como un gran pasillo: donde el baño no es más que un obstáculo y donde todo conduce, indefectiblemente, a la ventana del fondo desde la cual uno aprecia ese vacío teñido de colores amarillentos que tanto nos llamó la atención alguna vez, en un balcón ajeno). Representa un 'kitsch' como tantas otras cosas: es todo lo que el mío no es, y quisiera ser pero no es, y podría ser salvo el hecho de que no será nunca.
Quise escribir sobre él. No estoy en el mejor de los estados mentales (me sorprende que haya podido leer sin rendirme dos entradas de un blog muy bueno) dado que dormí dos horas usando una frazada de almohada y acto seguido fumé un camel, tomé un café más negro que la muerte y salí ora picando ora arrastrándome a una clase ora aburrida ora interesante sobre la institución educativa desde la modernidad.
Dormí ahí. Es increíble lo solitario que puede ser el final del pasillo, cuando uno va con los auriculares escuchando el Sandbox, sabiendo que para dormirse, y se mira alrededor a la habitación muy pequeña donde se está totalmente solo. (Luego va llegando gente. Siempre que duermo ahí es porque los otros cinco amigos están durmiendo en el living mirando La isla siniestra o dándose lecciones de lingüística sexopatológica). El desorden que predomina en la habitación pequeña es característico y hermoso. Hago un inventario torpe. Un armazón de hierro de una silla sin respaldo (vaya uno a saber dónde quedaron los respaldos; mi inventario no fue exhaustivo). Colchones rasgados, que dejan a opinión pública su amarilla espuma que se te adhiere a la espalda en el R.E.M. si justo caíste con poncho de lana. Una mesa muy vintage que tiene una imagen de una pareja, creería incluso que de una publicidad vieja, que hoy justo acomodamos en un rincón junto al placard que dicen que lleva a Narnia. No vi el techo ni el suelo; tan llena de cosas dignas de mencionarse está la habitación al nivel de la vista. Hoy quise abrir el ropero que la pared trajo incorporado, buscando una guitarra partida al medio que dejé arriba de la cucheta izquierda, y me cayó una caja rosada en la cabeza. Había dos camisas colgadas en un perchero; estilo normal salvedad hecha de que son simplemente dos.
No quiero publicar intimidades de Maxi, esto es simplemente a motivos estéticos. Más que nada para probar qué tan capaz soy de transmitir imágenes, ya que veo que no pude transmitir olores.

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