15.8.12

Nico, icon

Los documentales musicales me emocionan seguido; los miro muy seguido. Emocionar en mi opinión no es sólo reducir a lágrimas sino generar alegrías gigantescas o despertar un profundo espíritu crítico sobre mi existencia y (lo que yo creí en algún momento que era) mi auténtica vocación. Básicamente, despierta esa "energía", que me cuesta muchísimo definir pero veo en todos lados, y estoy bastante convencido ya de que es la misma energía en cada caso en la que la veo. Me sorprende que nadie se haya molestado en separar conceptualmente ese tipo de energía de otras muchísimo más banales, como esas que se extraen del petróleo o de las olas del mar. Que también tienen energía, pero es de otro orden menos humano.
La semana pasada vi un documental sobre Nico, la warhol superstar afiliada a la Velvet Underground para su gran primer disco. Fui por auténtico interés, ese intrépido interés que nos lleva a consumir todo lo relacionado a una cosa (y ya consumí bastante ese disco), esperando encontrar algo muy bien logrado. Estilísticamente, no lo encontré; sin embargo el documental (me pidieron que lo compare con No Direction Home y no es muy parecido) es bastante humano, cala profundo en la vida de la atormentada Christa Päffgen porque tiene entrevistas con gente muy cercana a ella. No me gustó nada más que la parte técnica: especialmente, cuando alguien decía una cosa y esas palabras aparecían en la pantalla. No estoy hablando de subtítulos, sino de un GRAN TÍTULO resaltando una idea que podría haber estado genial sin esas letras gigantes semitransparente tapando los ojos de la persona que decía la palabra en el momento crítico. Algunos planos tampoco me gustaron (ya dije que no sé nada de cine); de la banda sonora no hay mucho que pedir, porque Nico fue 50% musa 50% música, y hubiera sido tonto no poner música propia de ella o de sus secuaces en la película. No hubiera sido tonto, quizá, incluir música ajena a lo esperable.
Acerca de la música quiero destacar una sola cosa. La ultimísima escena de la película, simultánea a los créditos (y esto no es un spoiler, sino que ya pasó todo lo bueno, el "clímax" diríamos y éste es sólo el cierre de una hora y media de emociones intensas). Consiste en una escena muy simple, en muchos sentidos: John Cale con un piano de cola, en un salón casi vacío a excepción del propio piano y un cuadro en la pared. Esto me llamó la atención; quién tendría un galpón gris tan grande y feo para tomarse la molestia de instalar ahí un piano, colgar un cuadro e invitar a John Cale. De cualquier manera, lo que tocaba John Cale es lo que me interesa; un cover de un tema de Nico que se llama "Frozen warnings". Uno lo escuchaba, y se perdía en sus dedos, y no recuerdo un solo nombre de los créditos de la película. Para la producción, esto debe estar muy mal. Pero para nuestra apreciación de aficionados, que de última conformamos mayoría, esto está muy bien; John Cale toca, nada improvisadamente estoy seguro, una versión muy refinada del tema de Nico que en realidad, como todo en ella, es bastante precario. Y por un momento, el sonido lo aísla a uno de todo el mundo exterior. Así la persona que tengas al lado haya llegado a conocer profundamente tu persona; John Cale es una isla, nosotros somos islitas mirándolo tocar. Cada nota es una nota totalmente nuestra, inalienable como nuestras uñas. Asidas con fuerza, nunca compartidas, nunca comprendidas. Mañanas permafrost o noches calurosas (lo mismo da) en algún lugar que sólo nosotros conocimos y cuya descripción no podría pasar de una tentativa.
Recomiendo la película como se recomienda alguna película medianamente buena: por cuestiones de cortesía.


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