7.8.12

Eugène Ionesco


SRA. MARTIN:—Puedo comprar un cuchillo de bolsillo para mi hermano, pero ustedes no pueden comprar Irlanda para su abuelo.

SR. SMITH:— Se camina con los pies, pero se calienta mediante la electricidad o el carbón.

SR: MARTIN:— El que compra hoy un buey tendrá mañana un huevo.

SRA. SMITH:— En la vida hay que mirar por la ventana.

SRA. MARTIN:— Se puede sentar en la silla, mientras que la silla no puede hacerlo.

SR. SMITH:— Siempre hay que pensar en todo.

SR: MARTIN:— El techo está arriba y el piso está abajo. . .

SRA. SMITH:— Cuando digo que sí es una manera de hablar.

SRA. MARTIN:— A cada uno su destino.

SR. SMITH:— Tomen un círculo, acarícienlo, y se hará un círculo vicioso.

SRA. SMITH:— El maestro de escuela enseña a leer a los niños, pero la gata amamanta a sus 
crías cuando son pequeñas.

SRA. MARTIN:— En tanto que la vaca nos da sus rabos.

SR. SMITH:— Cuando estoy en el campo me agradan la soledad y la calma.

SR: MARTIN:— Todavía no es usted bastante viejo para eso.

SRA. SMITH:— Benjamín Franklin tenía razón: usted es menos tranquilo que él.

SRA. MARTIN:— ¿Cuáles son los siete días de la semana?

SR. SMITH:— Lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo.

SR: MARTIN:— Edward es empleado de oficina, su hermana Nancy, mecanógrafa, y su hermano William, ayudante de tienda.

SRA. SMITH:— ¡Qué familia divertida!

SRA. MARTIN:— Prefiero un pájaro en el campo a un calcetín en una carretilla.

SR. SMITH:— Es preferible un filete en una cabaña que leche en un palacio.

SR: MARTIN:— La casa de un inglés es su verdadero palacio.

SRA. SMITH:— No sé hablar en español lo bastante bien para hacerme comprender.

SRA. MARTIN:— Te daré las zapatillas de mi suegra si me das el ataúd de tu marido.

SR. SMITH:— Busco un sacerdote monofisita para casarlo con nuestra criada.

SR: MARTIN:— El pan es un árbol, en tanto que el pan es también un árbol, y de la encina nace la encina, todas las mañanas, al alba.

SRA. SMITH:— Mi tío vive en el campo, pero eso no le atañe a la comadrona.

SR: MARTIN:— El papel es para escribir, el gato para la rata, y el queso para echarle la zarpa.

SRA. SMITH:— El automóvil corre mucho, pero la cocinera prepara mejor los platos.

SR. SMITH:— No sean pavos y abracen al conspirador.

SR: MARTIN:— Charity begins at home.

SRA. SMITH:— Espero que el acueducto venga a verme en mi molino.

SR: MARTIN:— Se puede demostrar que el progreso social está mucho mejor con azúcar.

SR. SMITH:— ¡Abajo el betún!

Después de la última réplica del SR. SMITH los otros callan durante un instante, estupefactos. Se advierte que hay cierta nerviosidad. Los sones del reloj son más nerviosos también. Las réplicas que siguen deben ser dichas al principio en un tono glacial, hostil. La hostilidad y la nerviosidad irán aumentando. Al final de esta escena los cuatro personajes deberán hallarse en pie, muy cerca los unos de los otros, gritando sus réplicas, levantando los puños, dispuestos a lanzarse los unos contra los otros.

SR: MARTIN:— No se hace que brillen los anteojos con betún negro.

SRA. SMITH:— Sí, pero con dinero se puede comprar todo lo que se quiere.

SR: MARTIN:— Prefiero matar un conejo que cantar en el jardín.

SR. SMITH:— Cacatúas, cacatúas, cacatúas, cacatúas, cacatúas, cacatúas, cacatúas, cacatúas, cacatúas, cacatúas.

SRA. SMITH:— ¡Qué cagada, qué cagada, qué cagada, qué cagada, qué cagada, qué cagada, qué cagada, qué cagada, qué cagada, qué cagada!

SR: MARTIN:— ¡Qué cascada de cagadas, qué cascada de cagadas, qué cascada de cagadas, qué cascada de cagadas, qué cascada de cagadas!

SR. SMITH:— Los perros tienen pulgas, los perros tienen pulgas.

SRA. MARTIN:— ¡Cacto, coxis! ¡Coco! ¡Cochino!

SRA. SMITH:— Embarrilador, nos embarrilas.

SR: MARTIN:— Prefiero poner un huevo que robar un buey.

SRA. MARTIN (abriendo la boca de par en par):— ¡Ah! ¡Oh! ¡Ah! ¡Oh! ¡Dejen que rechinen los dientes!

SR. SMITH:— ¡Caimán!

SR: MARTIN:— Vamos a abofetear a Ulises.

SR. SMITH:— Yo voy a vivir en mi casa entre mis cacahuetales.

SRA. MARTIN:— Los cacaos de los cacahuetales no dan cacahuetes, sino cacao. Los cacaos de los cacahuetales no dan cacahuetes, sino cacao. Los cacaos de los cacahuetales no dan cacahuetes, sino cacao.

SRA. SMITH:— Los ratones tienen cejas, las cejas no tienen ratones.

SRA. MARTIN:— ¡Toca mi toca!

SR: MARTIN:— ¡Tu toca de loca!

SR. SMITH:— La toca en la boca, la boca en la toca.

SRA. MARTIN:— Disloca la boca.

SRA. SMITH:— Emboca la toca.

SR: MARTIN:— Emboca la toca y disloca la boca.

SR. SMITH:— Si se la toca se la disloca.

SRA. MARTIN:— ¡Usted está loca!

SRA. SMITH:— ¡Y usted me provoca!

SR: MARTIN:— ¡Sully!

SR. SMITH:— ¡Prudhomme!

SRA. MARTIN, SR. SMITH:— ¡Frangois!

SRA. SMITH, SR: MARTIN:— ¡Coppée!

SRA. MARTIN, SR. SMITH:— ¡Copée Sully!

SRA. SMITH, SR: MARTIN:— ¡Prudhomme Frangois!

SRA. MARTIN:— ¡Pedazos de pavos, pedazos de pavos!

SR: MARTIN:— ¡Rosita, culo de marmita!

SRA. SMITH:— ¡Khrisnamurti, Khrisnamurti, Khrisnamurti!

SR. SMITH:— ¡El Papa se empapa! El Papa no come papa. La papa del Papa.

SRA. MARTIN:— ¡Bazar, Balzac, Bazaine!

SR: MARTIN:— ¡Paso, peso, piso!

SR. SMITH:— A, e, i, o, u, a, e, i, o; u; a; e; i; o; u; i.

SRA. MARTIN:— B, c, d, f, g, 1, m, n, p; r; s; t; v; w; x; z.

SR: MARTIN:— ¡Del ojo al ajo, del ajo al hijo!

SRA. SMITH (imitando al tren):— ¡Teuf, teuf, teuf, teuf, teuf, teuf, teuf, teuf, teuf!

SR. SMITH:— ¡No!

SRA. MARTIN:— ¡Es!

SR: MARTIN:— ¡Por!

SRA. SMITH:— ¡Allá!

SR. SMITH:— ¡Es!

SRA. MARTIN:— ¡Por!

SR: MARTIN:— ¡A!

SRA. SMITH:— ¡Quí!

Todos juntos, en el colmo del furor, se gritan los unos a los oídos de los otros. La luz se ha apagado. En la oscuridad se oye, con un ritmo cada vez más rápido:

TODOS JUNTOS:— ¡Por allá, por aquí, por allá, por aquí, por allá, por aquí, por allá, por aquí, por allá, por aquí, por allá, por aquí, por allá, por aquí!

Las palabras dejan de oírse bruscamente. Se encienden las luces. El señor y la señora MARTIN están sentados como los SMITH al comienzo de la obra. Ésta vuelve a empezar esta vez con los MARTIN, que dicen exactamente lo mismo que los SMITH en la primera escena, mientras se cierra lentamente el telón.



(La cantante calva, escena XI)

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