20.8.12

Epócrato

Las caminatas más lindas de la ciudad no las necesité inventar y las viví de mañana con un amigo que ahora está lejos; de todo dicen de él todo el tiempo, de las cosas más variadas, más profundas, más dolidas y más excelsas, en tres o cuatro provincias diferentes. Yo lo admiro, pero nos tratamos de igual a igual; e incluso coloquialmente, tratándonos de igual a igual, haciendo nuestro humor bajo y tonto. Como pasa con muchas personas, pero ninguna que haya conocido tan hace poco y tan rápido. (Las drogas, a veces, aceleran un proceso de amistad que es incipiente y de repente, como un clic, se hace profundo. Esas cosas místicas pasan en las ciudades grandes y no en los pueblos del nordeste donde los hechos son cíclicos, lentos y aburridos).
En fin, paseamos mucho. Y se me viene a la mente ahora una terraza de noche despejada, y una terraza de frío otoño, pre-tormenta; hoy estaba tratando de recordar cuándo fue la primera vez que fui a Barrio Jardín y recordé que fue con él, los dos muy borrachos, tratando de encontrar el camino a su casa. La casa comunal que habían alquilado. Dos o tres días después, por cuestiones de trabajo, volví a esa casa, toqué timbre y no atendió nadie; él bajo de un taxi cuando yo ya me disponía a irme, y como no había nadie tuvo que saltar la reja y abrir desde adentro. Esas cosas se recuerdan, como si fueran los Wanderjahre hace sólo dos o tres meses; ahora que está lejos (y aunque estuviera cerca las cosas no serían materialmente lo mismo) esas cosas se extrañan. Cabe decir que no tocaba Green Day en la Meggie hacía dos años antes de esa tarde en la terraza, donde nos rajaron con policía y todo si mi memoria no me falla; tampoco había visto una tormenta tan de cerca. Después como pudimos tuvimos que arreglárnosla bajo la lluvia para volver; éramos dos guitarras y sus guitarristas empapados, tratando de encontrar un taxi porque nos ubicábamos pero nos mojábamos con cada rueda cordobesa que se aventuraba por una calle estrecha e inundada.
Las caminatas más lindas por Córdoba, ciudad que conquistó mi corazón desde el vamos, son a la mañana, sobrio; esas cosas que desacomodan la rutina de los prójimos, los contemporáneos y los cosufrientes. Nos hace mirar distraídamente la vereda corroída, los ojos viejos de las jóvenes, los autos que nos llenan los zapatos lustrados de su humo negro sucio y apestoso. Pero pasa en todas las ciudades. No sé qué la hace especial si no es la historia.

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