30.7.12

Marcos, sus aficiones


Éste es Marcos, poeta correntino lapidado por pervertido. Al parecer canaliza sus deseos sexuales escribiendo poemas informales que convierte en entradas de un blog prolijamente decoradas con fotos de adolescentes. Escribo esto con el propósito efímero de hacerlo conocido aunque sin ánimos de denunciar (es menester denunciar sus métodos, que ya otros hicieron trascender); es sin duda un tipo que sabe por diablo, no por viejo. Y hace; en el término más arcaico de la palabra¹. Como si fuera sacado de un cuento de Bukowski.
Esto es por difundir también las cosas inesperadas como si sumaran al entramado factual de nuestra vida, que al fin y al cabo es un relato poco menos que cultural. Entre las noticias que me llegan de la provincia madre, la de este tipo me interesó. No solamente porque canalice sus impulsos sexuales produciendo escritos que llaman la atención por su pulcritud y su originalidad, sino porque no mucha gente arriesga tanto por querer hacerlo²; mucho menos, los que denuncian sus fines además de sus medios. Algo así como Charles Manson. No lo apruebo, porque lo mío es vivir tratando de no hacer daño; simplemente me sorprendió ver creaciones surgidas de circunstancias desacostumbradamente oscuras.

http://quetepasamujer.blogspot.com.ar/2010/08/existe.html

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¹ "El término «ποίησις» significaba «hacer» en un sentido técnico, y se refería a todo trabajo artesanal. Consecuentemente, era un término que aludía a la actividad creativa en tanto actividad que otorga existencia a algo que hasta entonces no la tenía."


² Hablando con una amiga del tema, me dio a entender que no es del todo acertado juzgar a los enfermos (es una enfermedad desde el punto de vista psicológico) con los estándares de la gente "sana". Por lo tanto, no es correcto hablar de coraje y valor al arriesgarse por esta afición desviada, porque el enfermo no siente culpa y crea sus propias reglas. Esto, para la vida en sociedad, es perjudicial. Me dijo que, además, violó a una nena de nueve años, lo que hace al hecho mucho más grave de lo que pensaba cuando escribí esto y de hecho siento que debería borrar lo escrito. No lo voy a borrar para que se aprecie la profundidad de mi error, ahora que veo que el sujeto es capaz de más de que lo que expuse. No es correcto dejar, por azar, marcas casi indelebles a una nena. Llegamos a la prueba, aparentemente, de que el libertinaje absoluto no es para nada bueno, por lo que las más de las veces es necesario distinguirnos cambiando el más animal de nuestros impulsos por la más racional de nuestras vacilaciones. Me sumo al repudio a este personaje, pero sigo pensando que no es productivo querer molerlo a patadas sin arrojar luz en forma objetiva (todo acá quiso ser objetivo) sobre qué es lo que piensa y siente y por qué tuvo que ser así y no de otra forma.

Borges sobre Cortázar

Hacia 1947 yo era secretario de redacción de una revista casi secreta que dirigía la señora Sara de Ortiz Basualdo. Una tarde, nos visitó un muchacho muy alto con un previsible manuscrito. No recuerdo su cara: la ceguera es cómplice del olvido. Me dijo que traía un cuento fantástico y solicitó mi opinión. Le pedí que volviera a los diez días. Antes del plazo señalado, volvió. Le dije que tenía dos noticias. Una, que el manuscrito estaba en la imprenta; otra, que lo ilustraría mi hermana Norah, a quien le había gustado mucho. El cuento, ahora justamente famoso, era el que se titula “Casa tomada”. Años después, en París, Julio Cortázar me recordó ese antiguo episodio y me confío que era la primera vez que veía un texto suyo en letras de molde. Esa circunstancia me honra.


Muy poco sé de las letras contemporáneas. Creo que podemos conocer el pasado, siquiera de un modo simbólico, y que podemos imaginar el futuro, según el temor o la fe; en el presente hay demasiadas cosas para que nos sea dado descifrarlas. El porvenir sabrá lo que hoy no sabemos y cursará las páginas que merecen ser releídas. Schopenhauer aconsejaba que, para no exponernos al azar, sólo leyéramos los libros que ya hubieran cumplido cien años. No siempre he sido fiel a ese cauteloso dictamen; he leído con singular agrado Las armas secretas, y he elegido ese cuento.


Una historia fantástica, según Wells, debe admitir un solo hecho fantástico para que la imaginación del lector la acepte fácilmente. Esta prudencia corresponde al escéptico siglo XIX, no al tiempo que soñó las cosmogonías o el libro de Las mil y una noches. En “Cartas de mamá” lo trivial, lo necesariamente trivial, está en el título, en el proceder de los personajes y en la mención continua de marcas de cigarrillos o de estaciones del subterráneo. El prodigio requiere esos pormenores.


Otro rasgo quiero indicar. Lo sobrenatural, en este admirable relato, no se declara, se insinúa, lo cual le da más fuerza, como en el “Yzur” de Leopoldo Lugones. Queda la posibilidad de que todo sea una alucinación de la culpa. Alguien que parecía inofensivo vuelve atrozmente.


Julio Cortázar ha sido condenado, o aprobado, por sus opiniones políticas. Fuera de la ética, entiendo que las opiniones de un hombre suelen ser superficiales y efímeras.


Buenos Aires, veintinueve de noviembre de 1983.







Cryptic tears and conceptual lockjaw



La primera prueba real de vida de los Residents fue una tarjeta de Navidad llamada El Perro de Santa, un brillante disco de 45'' y cuatro canciones, del cual varias copias fueron mandadas a destinatarios tan dignos como Frank Zappa y el presidente Nixon. Los Residents aplaudieron animadamente y se apresuraron para llegar al buzón todos los días en la espera de una avalancha de 'bravos' por correo. Pero no hubo respuesta. Ni una. Incluso la copia de Zappa fue devuelta al buzón, víctima de una dirección falsa. Una lágrima solitaria cayó por la mejilla de cada uno de los Residents, y en la víspera de Año Nuevo volvieron al estudio, más tristes pero más sabios. Santa Dog, el primer disco sacado a la calle en Ralph Records, es hasta hoy la más rara de las grabaciones alguna vez disponibles de los Residents. Éstos cayeron en su instancia de anonimato vengativo esta vez, lo que les dio la confianza para continuar ofreciendo sus obras maestras a un mundo hostil. Su siguiente proyecto, Meet the Residents, fue grabado en 1973 y publicado a principios de 1974, pero encontraron difícil distribuir alguna copia. El disco era tan bueno que ninguna de las tiendas de discos de San Francisco quería tocarlo. Era "demasiado raro", "loco", "negativo", y los outlets comerciales temían que algo de eso pudiera pegarse y contaminarlos. Sin embargo, los Residents tomaron un montón de estímulo de sus amigos artistas, y lo pasaron en la galería artística Ant Farm. Pusieron un sampler en un número de File, la revista canadiense de "arte", ofreciendo copias de su primer álbum por un costo poco mayor de una Big Mac con papas fritas. Pero la reacción de los lectores fue de grandes bocas abiertas y minúsculos signos de interrogación invisibles formados sobre sus cabezas, así que se felicitaron unos a otros y pasaron a su siguiente proyecto: el extravagante musical en video, Vileness Fats. En un estudio con forma de caja, sin ventanas, en Sycamore Street en San Francisco, los Residents construyeron sets increíblemente complejos pintados a mano. Su espacio de trabajo era tan pequeño que cada set tenía que ser desarmado antes de que el próximo pudiera ser construido. Con incómodos y abultados disfraces ellos grabaron los pixelados movimientos de cada uno de ellos e intérpretes seleccionados del exterior en un film en blanco y negro de media pulgada; los resultados sugirieron un maravilloso y onírico mundo no muy distinto a ver un Boston terrier chillando bajo ácido arrojado en un barril de anguilas albinas vivas. Vileness Fats fue tristemente abandonado alrededor de la Navidad de 1975 después de tres arduos años de trabajo inútil. Afortunadamente un poco del material está siendo editado en una pequeña edición de 30 minutos (compañía de mayores sugerida), la cual los Residents tienen esperanzas de exhibir en el año 1980.
(por MATT GROENING,
encargado de escribir una historia sobre
el comienzo de los Residents, desde 1973 a 1979)

28.7.12

Samuel Beckett

ESTRAGON.— En attendant, essayons de converser sans nous exalter, puisque nous sommes incapables de nous taire.
VLADIMIR.— C'est vrai, nous sommes intarissables.
ESTRAGON.— C'est pour ne pas penser.
VLADIMIR.— Nous avons des excuses.
ESTRAGON.— C'est pour ne pas entendre.
VLADIMIR.— Nous avons nos raisons.
ESTRAGON.— Toutes les voix mortes.
VLADIMIR.— Ça fait un bruit d'ailes.
ESTRAGON.— De feuilles.
VLADIMIR.— De sable.
ESTRAGON.— De feuilles.
Silence.





VLADIMIR.— Elles parlent toutes en même temps.
ESTRAGON.— Chacune à part soi.
Silence.

(Samuel Beckett, "En attendant Godot"  fragmento)

27.7.12

La ciudad posmoderna

"Los críticos para quienes la línea de cielo creada espontáneamente en Manhattan había sido el modelo moderno de ciudad, descubrieron las virtudes de la desvertebración de Los Ángeles, un desierto de detalles sin forma, el paraíso (o el infierno) de aquellos que hicieron lo que quisieron."


(Eric Hobsbawm, "Historia del s. XX")

23.7.12

La enfermedad moral del patriotismo

‎"Yo me reconozco como uruguayo. Reconozco una vaga región cultural llamada Uruguay. Pero de ninguna manera soy patriota. Me niego a ser patriota como me niego a responder a una raza —otra histórica arbitrariedad de la ignorancia humana—. Me niego a inyectarme ese sentimiento militarista. Ser patriota es confirmar la arbitrariedad de haber nacido en un lugar cualquiera de este mundo, negando el mismo derecho que merece un africano o un asiático de merecer mi más profundo respeto, mi más firma defensa como ser humano.(...) Por todo eso, y por mucho más, no soy patriota. Seré patriota el día que se reconozca como única patria a la humanidad —así, sin discriminaciones."


(Jorge Majfud, "La enfermedad moral del patriotismo". Fragmento)

"Body and Soul"

"Pero todo eso, el canto de Bessie, el arrullo de Coleman Hawkins,
¿no eran ilusiones, y no eran algo todavía peor, la ilusión de otras ilusiones, 
una cadena vertiginosa hacia atrás, hacia un mono
mirándose en el agua el primer día del mundo?"


En el verano caliente, saboreaba dos cosas: la victoria de haber vuelto de Córdoba con la certeza de que pronto me iba a ir para quedarme para siempre (la mitad de mis cosas ya estaban allá y el momento se sentía como una vacación temprana), y el calor en sí mismo, que junto a la falta de internet nos hacía a mis amigos y a mí refugiarnos en la pieza, con tereré de manzana y silencio para la siesta.
La pieza estaba oscura para contrastar con el día que, fuerte afuera, era luminoso y penetrante. Lo que más me daban ganas de hacer era imaginarme a mí mismo en invierno releyendo algunos fragmentos escritos para la princesa A. Ragnhild, jugando al ajedrez con la computadora y escuchando algunos discos de jazz. Sencillamente feliz. En fin, y para ser conciso porque Saussure me llama, uno de estos discos era, naturalmente, Jazzuela. Probablemente no exagere si digo que fue Cortázar el que me tiró los primeros nombres para el jazz. Este disco tiene algunas joyas que más tarde descubriría a su debido tiempo, como I'm Coming Virginia, la hermosa Bessie y el rag perfecto de Jelly Roll Morton. Hoy acabo de descubrir en toda su importancia una de las joyas del disco.
La escuchaba de pasada sin saber su nombre y mientras movía los peones en la pieza oscura; la escuché de nuevo alumbrado por un foco alto-consumo clandestino (porque el trato era tenerlos a todos bajos), dos meses más tarde ya acá cuando a las apuradas tuve que hacer una hipótesis de sentido para un cuento horrible cuando ya me había resignado a rendir libre la materia. La escuché mil veces en la biblioteca también anónimamente hasta que un buen día desenvolví la caja acústica donde venía para encontrarme con una gran oscuridad, un gran misterio. Y ahora que más o menos pude ubicar todas las canciones, o casi todas, y relacionarlas con un nombre y una cara o varias caras, y memorizarme (ya que vengo escuchando el disco sostenidamente hace ya casi un año) todos sus acordes, más que nunca me parece oscura; hoy también la descubro histórica y difícil. "Body and Soul" fue escrita en Londres para la actriz Gertrude Lawrence, leo en la wikipedia, y la versión que nos llega a través de Cortázar fue grabada el 11 de octubre de 1939 por Coleman Hawkins, el primer gran tenor. Una progresión de acordes desconocida hasta el momento, llevadas por un piano sobre el cual Hawkins improvisa; según lo poco que pude entender del aspecto técnico, una improvisación libre pero muy difícil de seguir. La estructura rara y nunca escuchada llevada cálidamente y con suavidad a través de los tres minutos. Lo mejor, señalan, vino después. La misma progresión desconocida de acordes, su suavidad al ser tocada, fue uno de los primeros anuncios del bebop, ese ritmo ardiente que florecería con la maestría de un gran jazzman que Cortázar también admira; ausente (como Monk) en Jazzuela, pero sin embargo merecedor de ser protagonista del cuento-adelanto de su técnica narrativa. Charlie Parker (a.k.a. Johnny Carter) aspiraría en épocas donde destruir con el aliento estaba dulcemente permitido, en cuanto se adivinaba un mundo nuevo detrás de los escombros de lo que estos genios tiraban abajo.

22.7.12

Lealtad comercial de los duendes

Recién sucedió algo risible. Estaba parado junto a la "barra desayunadora de mármol" (aquella que convenció a mi vieja para elegir éste departamento en detrimento de otros con posible balcón) y sentí un olor bastante familiar, un olor dulce, celeste (sé que era celeste) extendiéndose sobre el café como una humareda, pero probablemente no proviniendo de él. Los olores traen recuerdos, como sin ir mas lejos la música o la expresión "no hay tu tía".
Cuando estaba en Corrientes, venía caminando desde la terminal y, más o menos a la altura de España y Maipú, donde tenía que doblar para entrar en la ciudad, mi camino se cruzó con el de una chica y una señora, su madre. En la mañana cálida, yo iba caminando mucho más rápido que ellas porque estaba sinceramente ansioso de llegar, pero cuando olí los perfumes de una de ellas (creería que el de la madre) tuve que detenerme. El perfume era café con leche en mi casa, era siestas en el patio a xadrez, era instituto de inglés a las cinco de la tarde, era figuras de acción de Dragon Ball. Y en realidad, estaba ansiando a llegar más o menos a lo mismo, así que no me dolió aflojar el paso para seguirlas un par de cuadras, respirando (obviamente, con disimulo) el perfume de la señora la mayor, y cuando esas visiones por fin me aburrieron, doblé en una calle perpendicular y seguí mi camino tratándome de adaptar al hoy y a la circunstancia.
Pero la experiencia de la barra desayunadora de mármol fue mucho más tangible. Así es que cuando, agachado para recoger el café con leche (con una técnica innovadora que difiere mucho de los cafés con leche de las épocas del perfume de la señora), sentí olor a los primeros días de la universidad, cuando no sabía qué diablos hacer con mi vida y cuando salía a caminar para perderme y para escribir acá de nuevo; comunicándoselo a ustedes, asiduos lectores, que tenían la obligación moral de imaginar Córdoba en su mente. Tiempos de subida y bajada, de amor platónico, y de compromiso académico leve; también mucho calor (el calor me entraba por la nuca, en ese momento, de espaldas a la ventana, como una brisa que acariciaba), que se sentía mucho cuando llegaba a mi departamento, con el miedo de dejar las ventanas abiertas por los famosos hombre-araña (que luego descubrí que no existen), cuando todavía no vivía con Aureliano. En realidad, ahora tampoco vivo con Aureliano, sino el olor de ese perfume suave y celeste no hubiera sido tan fuerte. Y luego relacioné el perfume a una marca, a un nombre y a una imagen: el poett momentos déjà vu, de frasco celeste y una mujer sentada entre cinco o seis transparencias de la misma mujer. Quiero recalcar la efectividad de la marca. El frasco vacío del desodorante de ambientes estaba tirado en la basura, y créanme que he hecho muchos esfuerzos, antes de las vacaciones, para intentar sacarle alguna última esencia, como un recuerdo; el frasco está totalmente vacío, y si no estuviera tan convencido, no estaría en la basura. Y sin embargo, inclinado cerca del basurero, pude sentir una vez más su aroma. ¿Por qué será? A veces la publicidad no miente, chicos. Y el nombre ("déjâ vu") que me parecía tan estúpido cuando compré el desodorante, elegido al azar entre muchos otros en la góndola de un supermercado por la presión de mi vieja en febrero ("ya está, elegí uno y vamos"), de repente se me apareció con mucho sentido. Fue un auténtico "momento déjà vu". ¿Es muy cronopio de mi parte pensar que esta característica fue percibido por los señores, acaso duendes magos de los perfumes, que experimentando con sus aromas celestes primero los tiraron a la basura y un mes después volvieron a sentir el aroma que otrora exhalaban? Me gustaría pensar que sí, por lo menos para sentir que los quince pesos que invertí en él no fueron, del todo, un gasto innecesario.

19.7.12

Glasgow y los colores imposibles

"Here's the bird that never flew
here's the tree that never grew
Here's the bell that never rang
Here's the fish that never swam."
(Poema popular que canta los milagros de Saint Kentigern)



Me encargué personalmente de informar los fetiches geográfico-antropológicos de este blog ayer, y hoy de los musicales; de la combinación de ambos fetiches derivan las ganas de escribir sobre Glasgow, una ciudad que no conozco.
Para escribir sobre Glasgow voy a hacer una pequeña introducción. Ayer leíamos un capítulo de una obra de André Martinet, un lingüista francés, para tratar de entender algunos conceptos básicos de su terminología. Me llamó la atención por segunda vez una frase que había subrayado y redondeado, como para recordar después. En su contexto:

"En el espectro solar, un español, como la mayor parte de los occidentales, distingue entre violeta, azul, verde, amarillo, naranja y rojo. Pero estas distinciones no se encuentran en el espectro mismo donde no hay más que un todo continuo del violeta al rojo. Este todo continuo se articula de modo diverso según las lenguas. Sin salir de Europa, en bretón y en galés, una sola palabra, glas, se aplica a una parte del espectro que cubre aproximadamente las zonas de azul y el verde."
La sola palabra glas me dio ganas de buscar más información sobre los idiomas bretón y galés. En el otro blog hay resultados de esta búsqueda, que hice como hace dos meses. Su música es genial y su folklore habla por sí solo mediante historias seculares que todavía existen. La vistosa bandera de Bretagne, provincia de Francia que bordea al Canal de la Mancha, es una de las tres banderas que puse en la barra del costado como auspiciante-fetiche-geográfico-antropológica de este blog que tanto de soñador tiene.
Qué sucedió hoy. Venía navegando por la web con toda la armonía de quien no tiene nada mejor que hacer y encontré algunas canciones que habían seleccionado los ya afamados Belle & Sebastian, banda representativa (aunque para nada la única) de la ciudad escocesa de Glasgow. Una reseña: "es difícil encontrar una banda que se haya abierto tan resueltamente como Belle & Sebastian. Estos 'glaswegians'...", y acá me detuve. ¿"GLAS - WEGIANS"? Separando intuitivamente la palabra, como quien está todo el tiempo forzando etimologías, me dije a mí mismo que muy probablemente tenía algo que ver con la misteriosa combinación de colores.
En fin, todo para contar que ya conozco la etimología 99% cierta de la palabra Glasgow (que después se hizo topónimo). Y tiene efectivamente que ver con lo que nos contaba Martinet ayer, en la mesa con mate y butter toffees, a los estudiantes silenciosos.

"Es común derivar el nombre Glasgow del antiguo cúmbrico glas cau, que habría significado pequeño valle verde [glas]. El asentamiento probablemente tuvo un nombre cúmbrico anterior, Cathures; el nombre moderno aparece por primera vez en el período Gaélico (1116) como Glasgu. También hay registros de que el rey de Strathclyde, Rhydderch Hael, dio la bienvenida a San Kentigerno (conocido también como San Mungo), y facilitó su consagración como pastor alrededor del 540. Por trece años Kentigerno ejerció en la región, construyendo su iglesia en el arroyo Molendinar, y realizando conversiones. Una gran comunidad se desarrolló alrededor de él y se hizo conocido como Glasgu (usualmente traducido como 'el querido Verde [glas]', o 'el querido lugar verde [glas]')."
Esto, que no roza la mitología, termina de armar una colorida historia: la ciudad nació de una palabra que nosotros no podemos comprender en nuestro español (mera forma, según Martinet, de dividir los colores), aplicada a un santo que hoy es su patrono, y que por siglos ha mantenido su herencia. Hoy, sin ir muchísimo más lejos, cuna de algunas de las mentes creativas más importantes de nuestra era. No es ninguna casualidad que el blog esté dedicado a ellos en un alarde de fanatismo sin contemplaciones.


Molendinar Burn, Glasgow

El instinto gregario

Se me ocurrió de repente que un individuo cobra importancia cuando parece algo. Realmente detesto los lugares comunes, pero es estúpido negar, y mucho más olvidar, que las primeras impresiones son muy importantes. ¿Poco ético? ¿Superficial? Pueden ser todas esas cosas, pero no dejan de ser importantes.
Entonces, te respetan cuando, caminando por el barrio a las cuatro de la mañana con un camello prendido en el labio levemente inclinado y la capucha puesta, nadie tiene la intención de molestarte. En realidad, ahora leo "respetan" y no sé si sea precisamente respeto; el respeto es una especie de consideración que se gana más bien con la segunda impresión, pero para esto, el contacto con el potencial 'respetante' difícilmente puede ser fugaz como si anduviéramos por la calle. Por este respeto se lucha, muchas veces conscientemente; sin embargo, no notamos cómo la gente nos observa (porque sí, todos somos observados) cuando salimos por la calle, con un aspecto que nos parece natural, que es el aspecto que llevamos siempre, abiertos sin saberlo a una oleada de primerísimas impresiones.
Para ser concreto, lo que me sucedió a mí ahora fue tener conciencia de que mi aspecto no es el que tengo siempre, siendo que hoy estuve abierto a dos cambios. A las cuatro de la mañana, caminando por la T. C. de Allende, estos cambios recayeron con especial peso: puesta la capucha (nunca lo hago y lo hice por el frío), prendido el camello, cortito el cabello (hoy me lo corté, y esto es muy importante); realmente parecía otra cosa que no parecía yo, pero que sin embargo era yo, indudablemente, por estar viviéndolo en primera persona como en el Counter-Strike. Para más, venía escuchando el Blue Lines; alguien que lo haya escuchado entenderá a qué viene todo esto. Todo forma una imagen que, a primera vista, cautiva o desagrada al transeúnte (en este caso, no hubo ningún transeúnte porque son las cuatro de la mañana de un jueves de invierno). Esta imagen puede o no estar ligada a rúbricas y estereotipos, por algún instinto que tenemos los seres humanos por querer clasificarlo todo. Así como tendemos a juntarnos casi por naturaleza, como las máquinas desalmadas en Yo, Robot, terminamos influenciándonos por nuestros camaradas (fundación de las "tribus urbanas", tema trillado hasta la náusea en los notidocumentales que consumían nuestros padres circa 2008). De cualquier manera, es relativamente fácil adoptar elementos para sentirse parte de un grupo. Elementos físicos bien notables, especialmente fáciles de aprehender: "con esas rastas parecés un hippie", "¿y el látigo?, digo, por tus borcegos". Elementos psicológicos, que requieren de un estudio mayor (el estudio no apropiadamente realizado o motivado, creo yo, da origen a los famosos posers: individuos que hasta cierto punto toman una estética que sin embargo no se conjuga del todo con sus actitudes, determinadas por el simple deseo de pertenecer a x grupo, pero que sin embargo no son suficientes porque no se adoptaron o no se conocieron realmente). Luego están los que, superando orgullosamente la etapa gregaria, quieren ser con la misma vehemencia totalmente distintos a todo: desencajando, con mayor o menor éxito, de los estereotipos sociales en pos de una individualidad exacerbada. Ninguna de estas figuras me parece ridícula per se; las figuras retóricas del poser fracasado o del individuo original no son más que otro tipo de clasificaciones mentales como los punks y los hippies, sea cual sea su grado de realización exitosa. Suelo encontrar más bien ridículas a las personas; las hay, por supuesto, en gran número y de las más diversas maneras: no todos los punks son genios, mal que les pese a los adolescentes de 14 años (que muchas veces quisimos ser los que no somos, y que no somos pocos). Así como no será ridículo todo aquél convencionalmente considerado excéntrico por x motivo. De repente se me ocurre una persona que puede haberse teñido todo el cabello en amarillo y rosado, y usado lentes con un armazón distinto en cada lado, y bañarse una vez cada tres semanas, y andar con una iguana al hombro, y sin embargo tener muy buenos argumentos para eso. Los argumentos nacen, en fin, sintiendo cómodamente lo que se es y (por decirlo mal y pronto) sin estar "a la defensiva". Entonces será el momento glorioso (que los adolescentes anhelan pero la mayoría de las veces no cumplen en la adolescencia ["la sabiduría nos llega cuando ya es inútil", dijo G. G. M.]) en que todo lo que los demás piensen, opinen, juzguen o clasifiquen pase a importarnos, con franqueza, una mierda entre cien mierdas. Más aún. Será el momento en que nos daremos cuenta que limitar nuestro yo para saltar dentro de un estereotipo entre miles nos parecerá un sacrificio gigantesco, doloroso y por completo inútil.

18.7.12

Palahniuk

Años más tarde, en Londres, un joven me llevó aparte antes de un acto literario. Trabajaba de mesero en un restaurante de cuatro estrellas —uno de los dos únicos restaurantes de cuatro estrellas de la ciudad—, y le había encantado que yo contara cómo el mesero ensuciaba la comida. Mucho antes de leer mi libro, él y los demás empleados ya enmierdaban la comida que les servían a los famosos.
Cunado le pedí que me dijera el nombre de uno de eso famosos, él negó con la cabeza. No, no podía correr el riesgo de decírmelo.
Cuando me negué a firmarle el libro, él me hizo un gesto para que me acercara y me susurró:
—Margaret Thatcher ha comido mi semen.
Levantó una mano con los dedos extendidos y dijo:
—Por lo menos cinco veces.






(Fight Club, en la introducción)

Operación quirúrgica

El retrete lleva cerrado por lo menos tres horas. Creo que lo están usando de quirófano...
ENFERMERA. —No le encuentro el pulso, doctor.
DR. BENWAY. —A lo mejor se lo metió en un dedil por el jebe.
ENFERMERA—¿Adrenalina, doctor?
DR. BENWAY—El sereno se la inyectó toda para divertirse. —Mira a su alrededor y toma una de esas ventosas de goma con un mango que se usan para retretes atascados... avanza sobre la paciente—. Haga una incisión, doctor Limpf —dice a su aterrado ayudante—. Voy a darle masaje cardíaco.
Limpf se encoge de hombros e inicia la incisión. El doctor Benway lava el desatascador agitándolo en el agua del inodoro...
ENFERMERA—¿No deberíamos esterilizarlo, doctor?
DR. BENWAY—Probablemente, pero no hay tiempo. —Se sienta en el desatascador como si fuera un bastón-asiento, y contempla cómo el ayudante hace la incisión—. Ustedes los jóvenes son unos inútiles que no pueden sacar un grano sin bisturí eléctrico con drenaje automático y sutura más automática todavía... dentro de poco estaremos operando por control remoto a unos pacientes que nunca habremos visto... no serviremos más que para apretar botones. La cirugía ya no necesitará habilidad... ni conocimientos ni técnica... ¿les conté que una vez realicé una apendicectomía con una lata de sardinas oxidada? Y otra vez me encontré sin instrumento alguno y quité un tumor uterino con los dientes. Eso fue en el Alto Effendi, y además...
DR. LIMPF. —La incisión está lista, doctor.
El doctor Benway hace entrar la ventosa del desatascador por la incisión y bombea arriba y abajo. La sangre salta sobre los médicos, la enfermera y las paredes... la ventosa produce un chapoteo espantoso.
ENFERMERA—Creo que está muerta, doctor.
DR. BENWAY—Bueno, son gajes del oficio. —Cruza la habitación hacia el botiquín...— ¡Algún jodido drogadicto me ha cortado la cocaína con detergente! ¡Enfermera! ¡Mande al chico a buscarme esa receta!


(Naked Lunch)

Diálogo entre Sinclair y Pistorius

En nuestra siguiente entrevista me dio Pistorius una explicación:
—Suponemos siempre demasiado estrechos los límites de nuestra personalidad. Adscribimos tan sólo a nuestra persona aquello que distinguimos como individual y divergente. Pero cada uno de nosotros es en el ser total del mundo, y del mismo modo que nuestro cuerpo integra toda la trayectoria de la evolución, hasta el pez o incluso más atrás aún, llevamos también en el alma todo lo que desde un principio ha vivido en las almas de los hombres. Todos los dioses y todos los demonios habidos, sea entre los griegos, los chinos o los cafres, todos están con nosotros, están presentes, como posibilidades, deseos o caminos. Si toda la Humanidad muriese, con la única excepción de un solo niño medianamente dotado, este niño superviviente volvería a hallar el curso de las cosas y podría crearlo otra vez todo; dioses, demonios y paraísos, mandamientos e interdicciones, antiguos y nuevos testamentos.
—Está bien —le objeté—. Pero, entonces, ¿dónde queda el valor del individuo? ¿Por qué aspiramos aun hacia algo, si todo lo llevamos ya acabado en nosotros?
— ¡Alto! —exclamó Pistorius con fuerza—. Hay mucha diferencia entre que lo llevemos simplemente en nosotros o que, además, lo sepamos. Un loco puede exponer ideas que recuerden a Platón y un colegial piadoso crea, en su imaginación, profundas conexiones mitológicas que aparecen en las doctrinas de los gnósticos o de Zoroastro. ¡Pero no lo sabe! Y, mientras no lo sabe, es un árbol o una piedra, y, en el mejor caso, un animalito. No creo que vea usted hombres en todos los bípedos que van por esas calles, simplemente porque andan erectos y llevan en sí nueve meses a sus crías. Sabe usted muy bien que muchos de ellos no son sino peces u ovejas, gusanos o sanguijuelas, hormigas o avispas. Todos ellos entrañan posibilidades de llegar a ser hombres, pero sólo cuando las vislumbran y aprenden a llevarlas en parte a su conciencia es cuando puede decirse que disponen de ellas...


(Demian - die Geschichte von Emil Sinclairs Jugend)

Palabras incomprendidas, 5

BELLEZA DE NUEVA YORK: anduvieron por Nueva York durante horas; a cada paso variaba el espectáculo como si fueran por una estrecha vereda de un paisaje montañoso arrebatador: en medio de la acera un joven se inclinaba y rezaba, a poca distancia de él dormitaba una negra hermosa, un hombre vestido con un traje negro atravesaba la calle dirigiendo con gestos ampulosos una orquesta invisible, el agua brotaba de una fuente y alrededor de ella almorzaban sentados unos obreros de la construcción. Las escaleras verdes trepaban por las fachadas de unas casas feas de ladrillos rojos, pero aquellas casas eran tan feas que en realidad resultaban hermosas, junto a ellas había un gran rascacielos acristalado y, detrás de éste, otro rascacielos en cuyo techo habían construido un pequeño palacio árabe con sus torrecillas, sus galerías y sus columnas doradas.
[...]
FRANZ. —La belleza europea ha tenido siempre un cariz intencional. Había un propósito estético y un plan a largo plazo según el cual la gente edificaba durante decenios una catedral gótica o una ciudad renacentista. La belleza de Nueva York tiene una base completamente distinta. Es una belleza no intencional. Surgió sin una intención humana, algo así como una gruta con estalactitas. Formas, que en sí mismas son feas, se encuentran casualmente, sin planificación, en unas combinaciones tan increíbles que relucen con milagrosa poesía.
SABINA. —Una belleza no intencional. Sí. También podría decirse: la belleza como error. Antes de que la belleza desaparezca por completo del mundo, existirá aún durante un tiempo como error. La belleza como error es la última fase de la historia de la belleza.
FRANZ. —Es posible que la belleza no intencional de Nueva York sea mucho más rica y variada que la belleza excesivamente severa y compuesta de un proyecto humano. Pero ya no es una belleza europea. Es un mundo extraño.




(Nesnesitelná lehkost byti)

Ce qu'on aime

Sin ánimos (bueno, un poco) de sonar como una maestra de primaria resentida con la juventud (con la que pasó, con la que está, con la que viene sobre todo) que "no entiende el valor cultural de la actividad de leer como una puerta que abre muchos mundos a través de los cuales crecemos como personas y nos ponemos en contacto con el hermoso mundo de los libros", voy a dedicar las entradas siguientes a transcribir fragmentos de libros que leí en las vacaciones que mencioné. Debido a que no tenía nada más que hacer, leía. Lo cual es para el estudiante de Letras un lujo sin hipérbole. Comprobación que acaso se necesite: una docente investigadora de la UBA apellidada Drucaroff escribió, hace un par de meses, que se tomaba un año sabático para leer todos los libros que quería leer y tenía atrasados.


17.7.12

La búsqueda del cucumelo

"De la bosta nace un mundo nuevo."
(Palabras de un adicto local)

En resumidas cuentas (y resumidísimas, porque la entrada estaba por comenzar en el párrafo siguiente pero escribo esto por motivos estético-institucionales), me fui de vacaciones y por eso mis ¿dos semanas? de silencio absoluto, aunque no me hayan faltado ganas de publicar. Mis vacaciones en principio incluyeron a Corrientes, pero también una sorpresa muy inesperada y no menos linda: la vecina provincia de Misiones, que sobresale como un cuerno, metiéndose en las dos nalgas geográficas representadas por los vecinos estados del Brasil y del Paraguay. Paso a describir no exhaustivamente la capital, uno de los paisajes que más me gustaron, porque tengo predilección desde pequeño con los paisajes urbanos.













Posadas es una ciudad hermosa, pero de una hermosura rara, como desencajada, como una princesa que se tira pedos en la cena de gala.
No me acuerdo ahora bien un poema que había leído sobre Posadas, que decía que "es la ciudad perfecta para jugar a las visitas", es así; no podría vivir en Posadas de otra manera, sin acostumbrarme demasiado, sin que sea como una segunda casa. Hace dos años estoy tratando de buscar una explicación de por qué no me encanta, no me cautiva, más que estando ahí y basta (es decir, permanecer pero nunca querer volver); la única explicación la encuentro en un par de experiencias incómodas y el mal turismo. No hay a quien echarle la culpa sino a mí mismo y a todo el resto del mundo.
Tengo que admitir que esta vez el turismo fue otra cosa. No sé si alguno de los asiduos lectores siguieron siendo ingenuamente asiduos después de mi largo hiato; acá estoy de nuevo, escribiendo estas "fisiologías" ("5% de crepitación anémica"), me tomé unas largas vacaciones que en realidad fueron más largas de lo que pensaba porque no tenía Internet en donde fui y en realidad no hubiera podido escribir aunque quisiera. Pero Corrientes dejó de ser un lugar apropiado para escribir hace rato, y ahora en realidad tampoco es un buen lugar ni una buena hora porque tengo que salir en treinta minutos para la casa de la Familia, ya acá en Córdoba, reacostumbrado (muy rápidamente) al estilo de vida que llevé el último tiempo: sin parar, frenético, sin cursar y sin descanso. Encantandora como pocas tenía a Códoba, subiendo CV's a dos manos, con un pie rayando el apunte y con el otro pie, poniendo la cuchara entre los dos dedos mayores, revolviendo mi café instantáneo. No es que haya necesitado unas vacaciones, porque descubrí que lo realmente estresante de vacacionar es Corrientes y en realidad estando acá, "en mi salsa como dirían los tucumanos", pienso menos de lo que debería y eso me hace estar tranquilo. De cualquier manera, por cuestiones institucionales, me fui a Corrientes igual. Reviví ese aburrimiento voraz pero también encantador que es la vida a la litoraleña; en las últimas cuatro horas, andando en bicicleta, extraje la conclusión más importante de las vacaciones (lo que me dejó tranquilo, como pensando "ya estoy listo para volver"): lo que me gustaba de Corrientes ahora me gusta mucho más y lo que no me gustaba, me gusta mucho menos. Cosa que sí: los mates con la administración pública, el casco histórico, las verdulerías. Cosas que no: esos programas donde, con aburrimiento deliberado, filman a la gente que pasa por la peatonal y les hacen encuestas que rozan la pelotudez plena.
En estas dos semanas que estuve lejos de mi sandía con queso, de mi Aureliano y de mi vida y mi geografía tan extensamente descripta en este blogcito que hasta hace un tiempo se llamaba el Asteroide, hubo una brecha de dos o tres días en el medio en los cuales me viajé hasta la vecina provincia Misiones, la de los muchos epítetos (si hay que ponerle un epíteto): los locales (esa gente 45% indeseable 55% misionera) eligen llamarla Misiones la Hermosa, yo prefiero llamarla Misiones la del Roaming Indeciso, porque cada dos o tres kilómetros que hagas en auto te llega (exagerando un poquito) un mensaje de tu empresa de telefonía preferida diciendo que a partir de este momento te entran a cobrar los mensajes en dólares por la proximidad con el Paraguay. Es una linda experiencia de intercambio cultural recordar que estás bien cerquita de un país vecino y que eso infiere gastos inesperados en tu bolsillo en lo que refiere a telecomunicaciones.
Punto aparte. Es innegable, separando a los misioneros (poniéndolos a gusto en una bolsa de consorcio) que Misiones es efectivamente una provincia hermosa, y sería estúpido esconderlo a muchos turistas que llegan ansiosos de gastar dinero en agua mineral (aunque sea la provincia más húmeda del país) o traídos por el renombre de la frase armada "Iguazú siete maravillas mundo natural" en las infinitas variaciones sintácticas de su ecolalia. Al lado de los turistas del agua mineral, y un poco por debajo en realidad, están los turistas de la gaseosa: nosotros, los que sabemos que el agua mineral está siendo cobrada en euros y por eso somos más inteligentes y optamos por algo que sea igual de caro pero no insípido. Léase, los turistas nacionales. A fines prácticos es lo mismo. Caminamos por los decks de la misma manera, cruzándonos con las otras comitivas y señalándonos los unos a los otros, sacando fotos con variada resolución (aunque siempre menor a los del agua mineral), pero siempre con el mismo objetivo: saltos del Moconá, Garganta del Diablo, el Encantado, el Escondido, lado argentino, lado brasuca, triple frontera. Todo, no se engañen, es muy lindo; la gente tiende a ser ruidosa cuando está delante de algo sublime y eso en realidad me da ganas de prescindir del agua mineral (mal que le pueda hacer a mi salud) e internarme en la selva a mirar todo un poco de lejos y elegir entre el trébol más feo para fotografiar a mi vez, con mi cámara de 640 píxeles de ancho como esas computadoras con windows 95. Tarareando una de la ISB que hable sobre la naturaleza, como para meter ambiente en el silencio de los tucanes.
Posadas, obviamente, es otra cosa. Posadas no es natural, y sería estúpido alegar que "sus grandes jardines" "sus prominentes bajadas" e incluso "los arroyos que corren a la misma altura que los tejados de las casas" la hacen natural; Posadas es una ciudad próspera, bien armada, bien formada y más madura que Corrientes, no sé si anterior o posterior cronológicamente pero de una innegable importancia en esas cosas de integración regional, vías navegables y un largo etcétera de frases armadas que atraen empresarios (que con suerte serán también turistas). Por suerte para el mundo del arte, un flâneur no se interesa, por lo menos al principio, en controlar los containers que entran y salen de la ciudad; no estoy diciendo que yo sea un flâneur, pero estoy instando a los que están esperando un reporte económico que se cambien de blog urgente urgente. No hay mucho que pueda decir sobre mi fetiche de las pendientes gigantescas. Acá en Córdoba lo comprobé, y cuánto peor en Misiones que no es una altura mayor pero en cambio está mucho más instalada en la pendiente: es una locura cómo una persona que está a 50 metros, pero al mismo tiempo mucho más abajo, ya está muchísimo (literalmente, abismalmente) más lejos de nosotros. En Misiones los desencuentros son levemente peores si recurrimos a la imagen de la selva misionera, inmersa incluso en plena ciudad por momentos: en las avenidas se ve cada tanto algún frondoso árbol que esconde el asfalto de los satélites, y en las calles pequeñas, que bajan hasta la Avenida Costanera (lo escribo con mayúsculas porque realmente es una cosa mayúscula), los árboles disimulan las casas que han sido construidas sobre la pendiente violenta, de manera NADA improvisada, sino con mucho ingenio, delicadeza y espíritu. Porque es admirable como en un precipicio, en el cual un cordobés diría "acá es al pedo fundar un barrio", resaltan los vitreaux de mil colores, y adentro la sonrisita sobradora del misionero diciendo, básicamente, "la naturaleza es mi perra". Con lo que quiero dejar inferir de que en Posadas puede sorprendernos algo en cada esquina, y en realidad depende mucho de la impresión que uno tenga antes de llegar y efectivamente sorprenderse. Córdoba es una ciudad que también sorprende (sorprendentemente, menos que Posadas, lo cual no está bien, no) pero con Córdoba entré con un prejuicio muy favorable que me daba ganas de abrazar a los transeúntes. Posadas, no dejo de repetir, sería más hermosa sin los transeúntes. O transeúntes que vos supieras que son todos de otro lado, porque los posadeños fueron metidos en una oportunísima bolsa de consorcio destino a Kuwait; pero sería recaer de lo mismo, porque con una ciudad tan hermosa las gentes no pueden ser muy humildes por mucho tiempo.











Cabe explicar brevemente el título de la entrada: a mediados del mes de enero de 2011, fuimos con dos amigos a una casa totalmente desconocida en Neuquén capital, una de esas casas que quedan al final de un callejón y que les hacen a los locales preguntarse: "¿quién o qué viviría ahí?". Galpón, pasillito, al fondo: plantación (modesta y disimulada) de mariguana natural. En realidad no debería habernos sorprendido de que, al presentarnos como correntinos (porque fuimos a parar a esa casa por alojamiento), lo primero que nos preguntara la hostess, Virginia alias Hare Krishna por el puntito de poder en el medio de su frente, fuera: "¡AH, DONDE HAY MUCHOS CUCUMELOS!" (cucumelo = hongo alucinógeno autóctono). Nuestra negativa fue rotunda pero no tanto: "un poco, pero en realidad hay que buscarlos en Misiones". Crecen en lugares húmedos y de forma más bien casera: nacen de la mierda de la vaca y corríjaseme si me equivoco, pues presté sin terminarlo al libro de Huxley y acaso la información botánica haya estado en el apéndice.

2.7.12

ante-'patafísica

Leí sobre 'patafísica casi ininterrumpidamente en la última hora, y añadí muchos libros a mi catálogo de "lecturas que me debo", la mayoría nacidos de Rayuela, obviamente
-dos obras de teatro de Alfred Jarry y una del conde de Lautréamont-
............................................. y esta lectura ambicio(sísima) culminó, con el hambre que tengo, y las palabras siguientes:

"EXPLICAR DEMASIADO LA BROMA SIGNIFICA ECHARLA A PERDER"

¿Gracias Dios (mera tangente del Universo, número intermedio entre cero e infinito), QUE LA 'PATAFÍSICA HA MUERTO!
de cualquier manera, me prometo una entrada rupestre sobre La ciencia.

pre-'patafísica - ejercicio


"Un ‘Patafísico observa el mundo de un modo particular. Por ejemplo, en vez de enunciar la ley de la caída de los cuerpos hacia un centro el ‘Patafísico preferirá enunciar la ley de la ascensión del vacío hacia una periferia." 


(Luis Casado - 21 de marzo de 2007)

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A veces la gente no entiende la forma en que habla Matilde, pero a mí me parece muy clara.


—La oficina viene a las nueve —me dice— y por eso a las ocho y media mi departamento se me sale y la escalera me resbala rápido porque con los problemas del transporte no es fácil que la oficina llegue a tiempo. El ómnibus, por ejemplo, casi siempre el aire está vacío en la esquina, la calle pasa pronto porque yo la ayudo echándola atrás con los zapatos; por eso el tiempo no tiene que esperarme, siempre llego primero. Al final el desayuno se pone en fila para que el ómnibus abra la boca, se ve que le gusta saborearnos hasta el último. Igual que la oficina, con esa lengua cuadrada que va subiendo los bocados hasta el segundo y el tercer piso. 


—Ah —digo yo, que soy tan elocuente. 

("En Matilde", Julio Cortázar - fragmento)

"Es lunes, Homero"

El día de ayer terminó áspero y me fui a dormir temprano; hoy amanecí mirando ansiosamente el celular cada cinco minutos, dando vueltas y vueltas en la cama hasta que por fin, a las 10, puse mis piernas sobre los pies. No sé si habré esperado a que esté Aureliano presente para que venga a maullarme como es su puta costumbre; la cosa es que no está. Acaso con él presente la noche de ayer hubiera sido un poco más llevadera.
De cualquier manera, me desperté de buen humor. Sobre todo porque, mirando ansiosamente el celular a pesar de que no llegaba nada, suponía que hoy iba a ser el día en el que vuelva a Corrientes. Las cosas allá se me planteaban perfectas como a todos los estudiantes que vuelven a su tierra en estos días. Durante la mañana pasaron dos o tres cosas que me bajaron los pies a la tierra: las cosas en Corrientes siguen igual que siempre. Y ese igual que siempre me suena, ahora que soy ama de casa, a esa grasa que tenés hace diez años en el horno, empeorándose cada día: el tiempo que corre sin ser percibido no va a aflojarla, no seamos ingenuos.
Pero aparte, el celular no sonó. Todo apunta a que no viajo hoy. Tendría que hacer el ensayo de comprar el pasaje con el poco dinero que tengo, cosa que no espero que funcione; sería cosa de ir a la terminal a probar suerte. Mientras tanto, sin hacer precisamente nada y haciendo todo al mismo tiempo, me tomo las simples molestias de leer libros sobre las pilas de ropa que tengo que meter dentro de la valija, y sentarme de espaldas ignorando deliberadamente los platos sucios; toda la vida está en un desorden ordenado, de manera que no hay que preocuparse mucho. Para mayores referencias, toda la ropa de cama está sobre la mesa, la cama está en el living, la pieza está limpia y vacía y la ropa sucia está escondida de la vista de las visitas, en prolijas bolsas de lavandería. [Ahora la palabra 'visita' se me relaciona desagradablemente con la palabra 'vista', como si fueran alguna clase de intrusos que entran a tu casa a 'pasar revista' de cómo va tu vida].
Escribo esta entrada para contarles que en este lunes de flojera, no hay mejor opción que un poco de bop o ragtime; el ragtime bueno (mientras leía sobre patafísica, hace una hora o dos), el bop viene ahora. Éste es un concierto que Thelonious Monk dio en 1966, creo que en Suecia o algún país escandinavo. Dura una hora. Milagrosamente Youtube ha hecho más fácil a los usuarios subir videos de una hora, de manera que ahora proliferan discos y recitales completos. En varios momentos puede verse como Teolonio golpea el codo contra las teclas del piano con una técnica que él domina, y en el minuto 18 o por ahí puede verse un slide formidable del contrabajista Larry Gales, que con su cara-cterística e inflando el labio inferior, no le erra una, o le erra las mismas que los otros; resultado óptimo de una síntesis libre de manchas. Teolonio, mientras, paseándose entre bambalinas como era su costumbre en los recitales.
Lo que planeo hacer ahora, ya que la casa está mayormente en orden (y lo que no, se ordenará en cinco minutos) es lavar los platos, prepararme unos amargos y comenzar una nueva novela de Hesse. Hace mucho frío, dicen, yo no sentí nada; para que se seque la ropa para el viaje dejé prendida la estufa toda la noche. No quiero ver gente hoy. Córdoba se me presenta acorde a mi estado de ánimo: solitaria pero voraz. Y hasta luego, porque pronto volveré a mis pagos del nordeste. La mañana más larga de mi vida termina a las 4 de la tarde. Ya ni sé si tengo ganas de viajar; estoy de buen humor y las decisiones importantes con buen humor no llegan a tomar la forma justa.



1.7.12

La terminal terminal

Es loco /roza lo surreal/ el hecho de que en dos días /con diferencias solamente de dinero/, uno pueda viajar de Córdoba a Mendoza, o de Frankfurt a Buenos Aires. Roza lo surreal porque nos damos cuenta de súbito de que las distancias son cosa más bien subjetiva; y el día (porque llegará) en el que el ser humano pueda salvar también distancias espirituales sobre las geográficas, podremos ponernos en contacto con los muertos y casarnos con ellos. Pedirles que interpreten sus propios textos y ahorrarnos muchísimas ambigüedades que reinan solamente en este mundo de árboles deshojados y cunetas sucias color cocacola.
Imagínense qué progreso.

Hoy estaba en la terminal, y siempre que estoy en la terminal dedico muchísimo tiempo a mirar fijamente un colectivo y mirar la gente que sube a ese colectivo /vaya a donde vaya/ y si es posible escucharles el acento, mirarles las valijas /perdón/ y conjeturar si el chofer es de acá o de allá.
También gasto muchísimo tiempo en ver relojes para ver si están bien programados, caos que no lo fuera, y familiarizarme con los mapas de destinos de cada empresa, de manera que sabemos que la empresa A es de Reconquista y su flota alcanza como mucho al Paraguay, y esta empresa B es de Bariloche y cubre la mayor parte del sur, excepto en ocasiones los lugares más inhóspitos. Los precios, en general, todos muy parecidos.
Pero lo que más tiempo me consume en la terminal es pararme en la dársena y hacer un cálculo probabilístico de subirme en un colectivo al azar y ver dónde terminamos. Hoy iba a terminar en Bahía Blanca; el colectivo venía más bien vacío y yo podría agarrar, quizás, cualquiera de los asientos sin mayores problemas. El chofer vendría y me diría "a ver, flaco, tu pasaje", yo le diría "no tengo, subí cuando te diste vuelta", frenarían en la banquina y aquí estoy, a treinta kilómetros de Villa María, menuda experiencia, gran gran aventura. Y vería como haría para volver. ¿El gato tendría comida, habré dejado el gas prendido? /no puedo evitar pensar en el club de la pelea en esta parte/, ya vemos todos por qué nos terminamos esclavizando a un lugar, "los hombres no tienen raíces / les molesta no tenerlas". El fetiche de la ciudad nueva es caminar a las seis de la tarde, viendo a los colegiales salir de los colegios colegiados, y yo libre como un turista, mil veces envidiable.
Si tuviéramos raíces, por lo menos no metafóricamente hablando, la vida sería más fácil; limitadísimo, en verdad, el número de decisiones importantes que tendríamos que afrontar. Menor el número de aventuras, pero dice Borges: "ser inmortal es baladí. Los animales son inmortales porque ignoran la muerte". Confróntese; basta adaptar la frase. Hoy no tengo ganas.