30.6.12

Mdou. II

(cadáver exquisito → insulso)


lo más absurdo que puede suceder
en estos tiempos abrazo el tiempo
y aprisionas devociones incipientes
es vivir una caricatura de amor
de años y en años cantando
belleza que cubierta de hidras* vomita el suelo
"ha habido otras; ninguna como vos y vuelvo"
gasto tinta no obstante reflexionando en la olla
lo especial que me parecés
porque "ser" es un oficio más bien perverso
y sin embargo, todo porque es madrugada
a la madrugada es cuando regamos las hidras*
de día, cuando aparezcan los sweethearts
estúpido, estúpido, mil veces estúpido inconsciente
me olvido de que
dispersadas en el suelo de esta mugre
están las hidras; regadas tan dedicadamente.
si cocino, en la cocina del garo?
para otros ojos, para otras bocas,
ningunos tan fríos, tan silenciosas
la hidra*, en su ronroneo
donde la apatía no deja de existir
lejos de provocar una catástrofe
que exponga el viaje de los amantes
se irá mientras mi vida cena fideos
quedará vacía, es así de fundante


*=hiedra (sic)


letra = ciruela
melodía = carol

29.6.12

La cueva

Los Beatles tocaban en la caverna, Platón repudiaba a la caverna (como Feinmann odia genéricamente todo, y es objeto institucional de ironía), los hobbits vivían en una suerte de cuevas y dicen que las mujeres más sabias, las que se llevan los corazones, van a una cueva que nadie sabe dónde queda.

anggarfer

R. A. W.

"Deberías ver al mundo como una conspiración dirigida por un grupo muy estrechamente relacionado de gente casi omnipotente, y deberías saber que esa gente sois tú y tus amigos."


(R. Anton Wilson)

28.6.12

Temporada de exámenes

Terminó la temporada de exámenes. Un breve inventario de lo que me dejó la semana que esperaba desde hace dos años.¹
  • Dos días o tres fuera de mi casa; hay una sartén sucia como no es sorpresa. La sorpresa es que ya ni siquiera recuerdo qué fue lo último que cociné con ella. No escucho maullar a mi gato: cuando estoy duerme y cuando me voy es misterio.
  •  
  • Mucha intriga sobre qué habrá dicho Artaud para que lo estudien.
  •  
  • Cinco tazas de café, contadas en cuatro horas. Guarnición: Lucky Strike; no tuve tiempo de comprar los puchos que me gustan. (La vida es un sinsentido interesante)
  •  
  • Cadáveres exquisitos de segunda mano; risas risas y más risas. Antes de la perotata politizada mi compañero de investigación sobre el dadaísmo -vale decir, colega payasólogo-, se cortó la remera con una tijera frente a todo el curso, mientras yo conferenciaba sobre un conferenciante que había llegado borracho a una conferencia en Nueva York.
  •  
  • Cervezas en Brujas (tradición de las primeras). "Había que", venía dándole vueltas pero no hay con qué darle. Cierto como que los cordobeses aman a los Smiths.
  •  
  • Mucho conocimiento y pocas nueces de esos conocimientos que se lavan con agua. De los más variados: desde Homero a Marinetti. Será nada de eso lo que posiblemente retenga.
  •  
  • [¿Mencioné el balcón, Morphine? La mateína de ese día también excesiva, que esto no sorprenda a los desprevenidos. Va así para que se afiance la metáfora, como el agua crea cemento casi de la nada.]
  •  
  • Suficiente cansancio físico. Me duelen las pantorrillas. Lo que no me llevo son horas de sueño; dos por día desde que comenzó la semana. También me di cuenta de lo maleable que es el tiempo, de manera que el martes parecían haber pasado dos años desde el domingo, cargando con la culpa de no saber nada hasta momentos anteriores a cada examen... estrategia suicida donde siempre uno termina abriendo el paracaídas a patadas con la ayuda de dos o tres compañeros que sacrifican su sueño por la noble causa -común.
  •  
  • ¿Qué me cuestioné?
  •  
  • Escuché un gol de Boca gritado desde la calle, cuando mi compañero iba caminando al lado mío escuchando la radio y de repente dijo "GOL", así, sin exclamación (como los verdaderos fanáticos dicen, apasionadamente), y alrededor de nosotros una oleada de gooooooooooooooles, ora más sinceros ora más agresivos, abajo abajo abajo la Chacabuco desierta porque nadie se pierde de ésos. Ni siquiera los que no tienen interés verdadero.
  •  
  • Estoy donde me gustaría estar; ya no me quedan dudas. "La casa está en orden"





═════════
¹ Fue Adrián, en el 2010, el que me inculcó las ganas de enfrentar tanto la falta de tiempo como la falta de sueño sólo armado de excedente de energía. ¿De dónde viene esa energía? Del intercambio: ejemplo figurativo, ¿qué pasa en los mundiales de fútbol? Mucha gente en la misma situación que nosotros, queriendo ganar y no prestando atención a otra cosa mientras el desafío dure, perdido o ganado; sólo hablando de eso, improvisando una favela de sentimiento común que si bien efímero, sabe regresar según disposición de la FIFA. Crea la cohesión y de la cohesión se desprende el entusiasmo, como cuando cada uno de los comensales se prende un cigarrillo y en cuestión de minutos comiénzanles a picar los ojos.

El entusiasmo es el que nos mantiene vivos; rescato (y en realidad es lo que anhelaba) de que después de una semana de dormir mal, pensar peor y recrearme mucho, las cosas están como un poco más completas y en orden, y los momentos tanto de sueño como de soledad y relajamiento psicofísico, son "de oro", valor que conocemos como esclavos ya con una profundidad más razonable.
(Porque está lo extra; uno se tira de espaldas, con los brazos abiertos, sobre un colchón de personas que de repente es bien sólido. Abrazan no necesariamente con los brazos, pese a la etimología-confusión; pero esta empresa maratónica no hubiera tenido comienzo sin el apoyo emocional de los amigos, yerba de las mejores, que te obligan a tomar sopa cuando el blanco de tu remera se despintó por razones de las más pesadas).

27.6.12

Escena en el balcón

Where is the ritual?
And tell me where, where is the taste?
Where is the sacrifice?
And tell me where, where is the faith?


Where is the cave where the wise woman went?

Petacas

Había dicho y con razón una compañera que después de tanta Grecia y Lacio una necesita una petaca de whisky; yo le respondí "de ginebra", pensando en esas cosas verdes que tienen un dibujito de llave y no sabiendo precisamente qué son ni a qué me refería. Una vez teníamos tan poca plata y tantas ganas de emborracharnos que terminamos comprando una petaca de anisado, que es la cosa más horrible que probé nunca después del Sol Azteca (con el que me llevé uno de los peores... pero no sé si viene en petacas). Terminamos tomando tereré de anisado (creo) mezclado con Dios sabe qué cosa; no lo terminamos, como tantas otras cosas quedaron sin terminarse. Un whisky hubiera sido una solución; ahora estamos teóricamente (y con esto quiero decir astronómicamente) en invierno y el frío apremia, para un whisky, para una petaca de lo que mierda sea, así no tenga alcohol pero esté caliente "como negra en baile", dijo no sé quién; hubiera sido gracioso si no hubiera sido repetido por otro quién sabe quién, simples genealogías de lo dicho. Y la petaca me hace acordar a esa vez donde mi abuelo, ebrio, le pidió a un amigo suyo, también ebrio, que vaya a llevar la basura a no sé qué basural, que para peor queda a cinco kilómetros, es decir veinte minutos en auto, y digo en auto porque fuimos en auto; así es, fui yo también, en un alarde suicida, y eran recién las diez de la noche. En el camino hablamos quién sabe de qué cosas, pero recuerdo que me contó un chiste
Llega un gallego a su casa y su mujer le recibe con su comida favorita, vestida con ropa muy provocadora, con música suave y velas. El gallego se sienta y come como si nada, sin mirar a la mujer. La mujer, aunque ofendida, se le acerca y le comienza a acariciar. El gallego no cae en la cuenta y sigue comiendo. Van a la pieza; el gallego se mete en el baño, y la mujer se acuesta en la cama con pose también provocadora. El gallego la ignora. Cuando sale y se acerca, le pregunta por qué está actuando tan raro.
—Pues Manolo, ¿no ves que quiero fornicar?
— ¡¿FORNICAR?! ¿Y PARA QUÉ QUIERES FORNICAR? Ya tienes Mastercard, Visa card...
mientras íbamos al basural, y bajo la luz de las estrellas, arrojó revoleándolas siete bolsas de basura, llenas de vidrios (porque mi abuelo es vidriero, de vocación mecánico). Y la vida fue feliz; yo tenía doce años y fingí que no entendí el chiste. Volvió y se paró junto al garage, a la puerta verde que todavía existe (y existiría en mi ingenuidad y según mis cálculos hasta el fin de los tiempos), en la vereda inclinada que en la ebriedad, y lo he corroborado, está todavía mucho más inclinada la muy desgraciada; parado con su petaca de whisky barato que enfrente le venden sin más juicio que con cara de "una más"; y mi vieja, que en vez de petaca, pero esa es otra historia y por ahí nos sentamos en el patio a escribirla en conjunto. No tengo muchas historias de petacas, tendría más historias de botellas completas si me las hubieran preguntado; la verdad, el último feliz contacto que tengo con las petacas fue enfrente de mi casa acá en Córdoba, donde en el kiosco descubrí que venden petacas a cinco pesos. Cosa tonta, dije yo en mi decir personal; es realmente un buen trato y algún día lo consideraría. Y casi extendí los cinco pesos, pero los destiné mejor a comprar uno de miga de verdura, que son como mi fetiche barrial (acá hay en todos lados, y en todos lados son riquísimos e igualmente baratos). Quizás considere una. Ahora que el invierno apremia, apremiando también la catrallada de cosas estúpidas y de datos que uno tiene que memorizar para poder soñar algún día con ponerse el bonete que se ponen los yankis en sus escuelas, y arrojarlo al cielo (o de última, ser licenciado y pasar días y días completos en una biblioteca); qué delirio todo, "la vida es una comedia si la ves de lejos". Petacas; borrachera condensada. Pequeño soplo de vidrio, que me sorprendió al saber que estaba hecho de arena.

Cure for pain

"El vértigo significa que la profundidad
que se abre ante nosotros nos atrae,
nos seduce,
despierta en nosotros el deseo de caer,
del cual nos defendemos espantados."
(Nesnesitelná lehkost byti)

Nadie te cree ya si ponés un tema en facebook diciendo que es tu favorito; no me queda otra que hacer una entrada en blog (o poner el tema repetidamente, cinco o seis veces, a ver si a la séptima, que acaso quede sin hacerse, me crean).
El tema es Cure for pain de Morphine; lo estaba escuchando recién, apoyado en la baranda de un departamento equivocado, mirando directamente a los ojos y a las fauces de la terminal desde un piso siete. Adelante el vacío, corazón de manzana, ahogándome con todo el aire que había. Como si la idea más sensata del mundo para abrazarlo fuera tirarse de bruces, para ver qué pasaba; estofado de cerebros allá abajo, siete pisos, donde se estacionan las bicicletas, se acabó.
Y Aureliano llorando en casa.
(Se me ocurrió que podría tener alas, como leí hoy; "un hombre tiene dos piernas, dos brazos, dos ojos, dos orejas, una boca, una nariz, y es todo lo que puede tener; pero un hombre nunca tendrá dos alas". ¿Volar? ¿Volar en el vacío, así no esté estrictamente vacío? Fantasía y todos lo sabemos por lo menos por la tele).
No obstante, mis pensamientos no fueron nunca tan fatídicos; ésa fue una idea idiota que no encontró realización ni en mis rodillas ni en mis sienes ni en ninguna parte de mi cuerpo excepto mis dedos que apretaban fuerte fuerte fuerte un cigarrillo, como diciéndome que deje de pensar idioteces, que lo más inteligente (después de todo, siempre terminé haciendo lo más inteligente, lo que sea que signifique eso). Idiota es una palabra que se revalorizó, como tantas otras, desde que aprendí su etimología: lo idios, lo propio, esa idea que no podía salir de mí. Y allí enfrente seguía el aire, intacto.
La canción me puso muy triste y muy feliz al mismo tiempo. La letra transmite cosas que no comparto en la totalidad, pero que anhelo; debería usted asiduo lector leerla, ya que está leyendo esto, porque acaso le interese. La última: "Someday there'll be a cure for pain" ("that's the day, I'll throw my drugs away", dice además Mark Sandman. Uno no necesita drogas). Esas promesas a largo plazo; mi frase favorita de Kerouac reza: "Someday I'll find the right words, and they'll be simple".
Mientras tanto estoy hecho un caldero de emociones mezclado con la frialdad de tres exámenes consecutivos (dos de ellos, con diez minutos de separación, oh ignominia dadaísta y hermosa). Absorbiendo conocimientos como una esponja que voy a vomitar cual bulímico sobre un pupitre para zurdos.
El tema me pegó como me debería haber pegado, como me pegó nunca; lo tuve que escuchar dos veces, para que mis compañeros no me pidieran que vuelva a entrar. Allá la terminal, acá el aire; enfrente los microondas abiertos (los veía por las ventanas), allá un tipo desperezándose porque eran las cinco de la mañana.
Con ustedes la canción.

26.6.12

E. Gorey's "gifts from where he's been"


Tres es una verde corona

Todo lo que se mueve, lo mueven sus manos
Ella está reflejada para siempre en la vida de las naciones
En el edificio de los pensamientos; en las arenas movedizas


Ella testimonia pensamientos, ella testimonia visiones
Diciendo la verdad con contradicciones
Sueños de dolor, sueños de risa
Y cada acción sigue


(the Increible String Band)

Serás por siempre (escisión)


[...]


Sobre vos caerá verso tras verso
palabra tras palabra
recuerdo tras recuerdo
lágrima tras lágrima.
cuando bese por última vez tus calles frías
el desconcierto 
de no saber qué estoy dejando.


(De Juli, puse sólo un fragmento; me gustó porque
parece la letra de un tango, cantado en
y para Córdoba, la ciudad
de mi corazón, no sé del suyo.)

Our curious position (excerpt)


[...]


entre las
agonías
puntuales
la vida resulta
un amable hábito:
entiendo lo que
Saroyan
quiso decir:


yo me veo para siempre
bajando las
escaleras
abriendo la puerta
caminando hasta el
buzón
para hallar toda esa
publicidad
que
tampoco
me creo.


(C. Bukowski)

25.6.12

"The natural cards revolve, ever changing..."

MARGARITA. — [...] ¿Crees en Dios?
FAUSTO. —Amada niña, ¿quién puede decir "Yo creo en Dios"? Pregunta a los sacerdotes y doctores; su respuesta parece sólo burla de quien pregunta.
MARGARITA. —Entonces, ¿no crees?
FAUSTO. — ¡No me comprendas mal, mujer de tierna mirada! ¿Quién puede nombrarlo? ¿Quién puede confesar que cree en Él? ¿Quién puede percibir y atreverse a decir: "Yo no creo"? El que todo lo abarca, el que todo lo sostiene, ¿nos abarca y sostiene a tí, a mí y a sí mismo? ¿No se aboveda el cielo sobre nosotros? ¿No está firme la tierra aquí debajo? ¿No se asoman, mirándonos con simpatía, las estrellas eternas? ¿No te miro a los ojos y se agolpa todo en tu corazón y en tu cabeza, flotando en un misterio eterno, visible e invisible, junto a ti? Llena tu corazón en toda su grandeza, y si tu sentimiento es alegría, llámalo como quieras. Llámalo felicidad, corazón, amor, Dios. No tengo nombre para ello. Todo es sentimiento. Los nombres son un humo y un eco que envuelven en niebla el fuego celestial.

No persigas a los fantasmas

— [...] y lo que en los colegios se llama "Historia Universal" y allí hay que aprendérselo de memoria para la cultura, con todos los héroes, genios, grandes acciones y sentimientos, eso es sencillamente una superchería, inventada por los maestros de escuela, para fines de ilustración y para que los niños, durante los años prescritos, tengan algo en qué ocuparse. Siempre ha sido así y siempre será lo mismo, que el tiempo y el mundo, el dinero y el poder, pertenecen a los mediocres y superficiales, y a los otros, a los verdaderos hombres, no les pertenece nada. Nada más que la muerte.
—Aparte de eso, ¿nada en absoluto?
—Sí, la eternidad.
— ¿Quieres decir el nombre, la fama para edades futuras?
—No, lobito; la fama no. ¿Tiene ésta, acaso, algún valor? ¿Y crees por ventura que todos los hombres realmente verdaderos y completos han alcanzado la celebridad y son conocidos por las generaciones posteriores?


Sobre el flâneur

Lo apacible de estas pinturas se acomoda al hábito del flâneur (este hombre que vagabundea, que callejea, de este paseante en Cortes, que diríamos en castellano, a la ciudad de París) que va a hacer botánica al asfalto. Pero ni siquiera entonces se podía ya callejear por toda la ciudad. Antes de Haussmann eran raras las aceras anchas para los ciudadanos, y las estrechas ofrecían poca protección de los vehículos. Difícilmente hubiese podido el callejeo desarrollar toda su importancia sin los pasajes. «Los pasajes, una nueva invención del lujo industrial», dice una guía ilustrada del París de 1852, «son pasos entechados con vidrio y revestidos de mármol a través de toda una masa de casas cuyos propietarios se han unido para tales especulaciones. A ambos lados de estos pasos, que reciben su luz de arriba, se suceden las tiendas más elegantes de modo que un pasaje es una ciudad, un mundo en pequeño». Y en este mundo está el flâneur como en su casa; agenciaba cronista y filósofo «al lugar preferido por los paseantes y fumadores, al picadero de todos los pequeños empleos posibles». A sí mismo se agenciaba un medio infalible de curar el aburrimiento que medraba fácilmente bajo la mirada de basilisco de una reacción saturada. He aquí una frase de Guy que nos transmite Baudelaire: «...quien se aburra en el seno de la multitud es un imbécil, un imbécil y yo lo desprecio».

(Walter Benjamin, "Poesía y capitalismo. Iluminaciones II". Capítulo II: el flâneur)   


24.6.12

Merecés los mejores crayones

Muero de miedo. ¿Estarás lejos ya? ¿Qué habrá pasado? Encima, para peor, no me puedo comunicar con vos —yo no, vos capaz que en una de esas—, ¿será que estaremos en contacto?
No tenías ganas de hacer el trámite que ahora tuvo que hacerse; todo se vuelve increíblemente parecido a como era cuando yo, escuchando Belle and Sebastian en mi madriguerita escribía sobre vos y el círculo, completo, cerrándose a sí mismo, se volvía más soportable. Pasaba por Glasgow, Chicago, Corrientes... pensé que iba a terminar olvidándome de esas cosas hasta que Martina, sabiamente, las recuperó quién sabe cómo.
No tengo mucho para decir. Vos creés que yo te entiendo. Cómo te puedo entender... nada —Peggy Lee, será que va a sonar bárbaro, siempre—, nada, repito, nada y acá me quedo. Cómo del mundo no me quiero llevar nada sino sólo verte, y cómo te hace feliz que las luces entren por tu ventana, escritas con crayón, dibujadas a través de los cristales;

es injusto mi miedo, acertaste y de lo lindo —siempre acertás menos cuando escribís Coelho.
El éxtasis que describís es tan hermoso, pintado con los crayones sobre el papel que forma tu texto (¿sabías que el texto es realmente eso? tejido, tejido sobre una tela, tela que forma papeles). Mi miedo es injusto por eso; el éxtasis no tiene que ser cosa fea, otra cosa sería que los eventos fueran desgradables —pero es relativo, a veces puede ser desagradable, para Martina no puede ser muy agradable—. Menos te puedo entender, yo que, más hongo que nunca, no hago sino estudiar, dormir a veces y hablar mucho con la gente... como para pasar el tiempo —pensando, cada día cada hora

las cosas están cerca hasta que no. "A las circunstancias las boicotea el tiempo"

23.6.12

Precursores, revolucionarios y profetas

El relato de una vida humana puede ser tan largo o tan breve como uno quiera. Naturalmente se recomienda, por su extrema brevedad, la opción metafísica o trágica, que se limita al fin y al cabo a las fechas de nacimiento y muerte grabadas clásicamente en una lápida. En el caso de Martin Ceccaldi, parece oportuno invocar una dimensión histórica y social, poniendo el acento no tanto en las características personales del individuo como en la evolución de la sociedad de la cual es elemento sintomático. Arrastrados por la evolución histórica de su época y, a la vez, habiendo decidido formar parte de ella, los individuos sintomáticos llevan, por lo general, una vida simple y feliz; el relato clásico de sus vidas puede ocupar una o dos páginas. Janine Ceccaldi, por su parte, pertenecía a la desalentadora categoría de los precursores. Muy bien adaptados, por una parte, al modo de vida mayoritario de su época, intentando a la vez sobrepasarlo «por arriba» a base de preconizar nuevos comportamientos o de popularizar comportamientos todavía poco practicados, los precursores necesitan, por lo general, una descripción algo más larga, puesto que su recorrido suele ser más atormentado y confuso. Empero sólo tienen un papel de acelerador histórico normalmente, acelerador de una descomposición histórica y nunca pueden imprimir una nueva dirección a los acontecimientos; este papel está reservado a los revolucionarios o a los profetas.


(M. Houellebecq, Las partículas elementales)

22.6.12

Dios en uno

[...] la palabra, que existió en el latín tardío como enthusiasmus, viene del griego ενθουσιαμóς, 'inspiración divina', 'arrebato', éxtasis'. Una voz formada de entheos o entheus ('que lleva un dios dentro': en + theos). El entusiasmo es el furor o arrebato de las sibilas al dar sus oráculos. La idea que hay detrás es que cuando nos dejamos llevar por el entusiasmo es un dios el que entra en nosotros y se sirve de nuestra persona para manifestarse, como les ocurría —creían los griegos— a los poetas, los profetas y los enamorados.


Hay diversos tipos de entusiasmo. Uno es el 'hermano menor' y otro es el auténtico entusiasmo.


El 'hermano menor' es una fuerte emoción, una cierta exaltación de la psiquis y aún de la mente, ante las ideas que despiertan en el alma la posibilidad de elevarse, volar o superar sus propios límites. Pero el esfuerzo cotidiano, el ejercicio de paciencia y voluntad que hacen falta para conseguir lo que se entrevió apenas en ese arrebato emocional, van apagando un fuego que, por su potencia, se hubiera considerado inextinguible en el primer momento. La idea permanece latente, subyacente, ocultas tras la gran cantidad de pasos que necesitamos para llegar hasta ellas. No obstante, en el caso del 'hermano menor' (la emoción), son las grandes ideas las que le dan vida.


El entusiasmo superior vive en un plano más alto, donde reside la intuición, en la fuente misma de la inspiración divina. Por eso es 'Dios en nosotros'. Las intuiciones surgen como una chispa inmediata de comprensión total y profunda; son de fuego, como las emociones, pero de un fuego mucho más estable porque no está sometido al devaneo de la psiquis ni al juego de las dudas de la mente. El gran entusiasmo es de la misma naturaleza que las grandes ideas, las que reavivan el alma y la llaman a su destino. 



Observación

Ya entusiasmado con el concepto de observador pasivo que encontré en alguno de los apuntes de Introducción a la Literatura (W. Benjamin), me tomé un tiempito, después del fracaso de mis trámites, para recostarme sobre el muro de una pared en la peatonal Rivera Indarte y mirar (qué desacostumbrado suena esto, qué exótico) hacia arriba. La información que se recopila, con la consciencia de que uno juega a ser un flâneur, es de otro tipo: más sentimental, menos ambigua, sobre todo menos culposa. Ya no se intenta una explicación sociológica; se sale a la calle buscando enamoramientos fugaces, y en las ciudades, uno siempre los encuentra. Nada más elegir el camino correcto que nos sintamos con ganas de tomar ese día. Muchos caminos coinciden con una canción; hoy fue Yann Tiersen y la Rivera Indarte, mañana será abajo y Morphine. En sucesiones inocentes.

Y cuando miré para arriba la vi; la empleada vieja. Más vieja de lo que haya visto a cualquier persona de mi familia, incluida mi bisabuela que todavía vive y cuenta ochenta y cuatro años; vieja porque, en el reflejo de los muebles de atrás, ella se movía lento y duro como una bisagra, extendiendo las persianas de madera y abriéndose paso a través del estrecho balcón. No era su casa porque ella lucía uniforme; no sé si el trabajo la hará feliz, si los dueños de la casa serán buenas personas, ni si ella misma vivirá allí. La cara no denotaba demasiada felicidad, y sin embargo para mí, parado mirando hacia arriba en la Rivera Indarte, no había espectáculo mayor que esa señora abriendo las persianas y, de fondo, como si fuera el soundtrack de mi destino y no el de alguna francesa cuyo nombre no quiero recordar, Yann Tiersen. Cuando la señora abrió las dos persianas grandes del balcón, y se metió nuevamente en la casa (mirándome de reojo, como espantada ante mi vigilancia que intentaba, al cruzarse con la suya, no parecer constante), pude ver, en lo profundo de las ventanas como quien ve alguna figura en lo profundo de los ojos de alguien, el reflejo del sol en unos viejos muebles de madera. Nada más puedo decir sobre la casa que sea algo que haya visto; todo lo que pueda meter dentro de ella entra en el terreno de la conjetura, ya que en realidad no sé a ciencia cierta si vi un mueble o una superficie sólida de otra naturaleza. Me alejé de Córdoba, como una persona se aleja de otra al mirar directamente al mundo de sus ojos; se aleja sólo geográficamente, para intentar abarcar terrenos que no son competencia tradicional de la geografía, o son competencia de otro tipo de geografía: la geografía del interior. Las personas, como las casas que uno se detiene a ver, son entidades engañosas y oscuras: mucho se puede conocer a través de sus ventanas, jugando a ser un tonto flâneur, desvelado, un viernes a la mañana después de que los trámites han fracasado. Así quedé alrededor de veinte minutos, tiempo bastante largo para la Rivera Indarte; y me mantuve este largo tiempo sólo porque vi, sobre la misma calzada, dos o tres personas haciendo lo mismo que yo: mirando hacia todos lados, detallando detenidamente los elementos de la peatonal bella, con las bolsas de la bombonería colgando. Cuando quise despegar para volver a mi casa, me tropecé con un hondo pozo en la acera, y varios tipos me miraron raro: señal, interpreté, de que tenía que volver al mundo exterior, donde hay baches y personas que te miran raro.

Dos o tres veces tuve que detenerme a descansar (nunca me había pasado esto antes) porque estaba agitado. Y una de las veces que me detuve, me detuve también a contemplar el panorama: era a cinco cuadras de mi casa, pero juraría que no hubiera podido caminarlas sin descanso. Y aquí comenzaba a oler un olor a carne podrida mientras me acercaba a un punto en particular, y al llegar al punto, descubrí muchos huesos viejos de vaca sin carne, despedazados y repartidos por toda la vereda donde uno tenía que caminar; también gajos de naranja viejos despegados de bolsas de basura, y cartones en el suelo.
Uno pensaría primero en obras de un perro, o más probablemente de varios perros. Pero la configuración de los cartones era rara y me puso un poco triste: todo parecía indicar que sobre ellos se había acostado, la noche anterior, un ser humano. Y esta pesadez me dura hasta ahora que lo recuerdo, aunque pasó hace algunos minutos: se me cierran los párpados, no duermo hace más de un día entero.

19.6.12

Galileo y Cervantes

Estoy engripado. Salí pensando que hacían 25 grados y hacían 8; le di importancia a un artículo de la MUY que decía "es imposible engriparte por frío, sino sólo por contagio", y estoy engripado. (Perico Villagra había dicho en alguna clase que la MUY era una revista de poca fiabilidad científica).
Esto me recuerda a una página que escribí, también engripado, hace dos años: el año 2010, en muchos sentidos el año del quiebre. Me había engripado a principios de abril, pero tenía una preocupación mucho mayor: ¿mi vida estaba sumergida por vocación en el ambiente académico o estaba haciendo algo que me privaba de libertades personales? Ese año sentí como nunca que el peso del mundo estaba sobre mis hombros, mucho más que ahora, lo cual para mi yo del hoy está muy bien. Un par de sesiones espirituales (ya escribí sobre eso en otra entrada) solucionaron o paliaron el problema pateándolo fuera de mi vista y mi limitada intuición.
La página dice así:

GALILEO con los ojos en órbitas mi destino mis deberes! están escritos con trazos gruesos y colores pastel
los ojos me duelen de tanto soñar y no de tanto ver
mis dedos se paralizan paulatinamente desde el amanecer al atardecer
me siento en las últimas del día y son recién las seis...
regreso a casa con mi mochila llena de soldaditos de ibuprofeno y ojalá mañana esté mejor después de tanta pastilla masticable


Recuerdos. Del 2010 los hay e innumerables.




"La chair est triste, hélas!
et j'ai lu tous les livres."
(S. Mallarmé)

Ayer quería conciliar el sueño, eran las una y media (no sé por qué me acosté tan temprano) y recordaba a cada rato a Juli "diciendo" que un ser humano tarda siete minutos en dormirse; yo estaba tardando mucho más. La Eneida me había aburrido, y Aureliano estaba dormido, así que reconocí la oportunidad como una oportunidad de oro; nadie podría molestarme, era hora de tener esos sueños que a la mañana demandan ser escritos para recordarse, a la tarde recordarse para ser escritos y a la noche recordarlos leyendo.
Antes de ese sueño decidí poner una música para poder dormirme. Revisé mi celular y no dudé demasiado (pero sí un poco) en poner Jazzuela otra vez, el disco inspirado o recopilado en pasajes de la opus citatum. El disco me lo sé de memoria, ¿y por qué me lo sé de memoria?


Se me vino a la cabeza de que nunca había descrito con detenimiento acá la biblioteca, el trabajo que tuve el año pasado por tres o cuatro meses y seguramente el mejor trabajo que tenga en mi vida. (Sería una lástima que la vida sea un ciclo, que es precisamente como la concibo por momentos, y su coherencia en la trama haga que pasara el resto de mi vida encerrado en esa biblioteca cuando alguno de los que la administra ahora se jubile; sería una lástima porque a la larga deviene en una prisión, y creo que también escribí sobre eso).
Jazzuela me recuerda a la biblioteca, y en el momento me dieron muchísimas ganas de escribir sobre ella acá; Horacio Quiroga dice en un decálogo para el buen escritor que no sucumbir a una emoción y evocarla luego nos sitúa a medio camino al arte. Lo recordé en ese momento, y aparte ya me daba sueño (me dormí en Empty Bed Blues, que es la canción número seis), entonces trato de escribir sobre la biblioteca ahora.

La biblioteca Cervantes es una biblioteca fundada en los años 40 o 50 en un colegio católico que comenzó siendo de barrio, pero pasó a ser uno de los más prestigiosos de la ciudad. El cálculo de los años es puramente intuitivo; después corroboraré el dato con fuentes confiables. Consiste en un gran salón, dos veces más grande que un aula regular, dividido por una pared de estantes; esta pared separa lo que es el sector apto para todo público (literalmente todo público, aunque el público se va reduciendo de a poco) y el sector restringido de libros de consulta y las obras más viejas que nadie consulta ni por curiosidad menos yo; rescaté de sus anales un libro de Lanata y una biografía de Napoleón.
Trabajé ahí dos semanas a principios del año pasado 2011 y no me gustó; con la plata que cobré vine por primera-segunda vez a Córdoba. Odiaba el trabajo pero la avaricia me hizo aceptarlo de nuevo en agosto, y entré de nuevo el 18 (no me olvido el día y no sé por qué); para colmo de codicioso tuve que dejar algunos cursos que estaba haciendo, primero temporalmente pero no sabía que iba a durar hasta diciembre.
Entonces son en total cuatro meses. Déjeseme explayarme sobre todas las cosas que quiera de esta biblioteca; han sido cuatro de los meses más poco interesantes de mi vida, pero más bellos, como una canción de Belle & Sebastian, "la poesía del aburrimiento".

La biblioteca es un lugar para estar las siestas de invierno. Y a mí me tocó trabajar a la siesta, y para mejor, de invierno; el invierno en Corrientes no es el invierno de Glasgow, pero podía apreciar las gotas de lluvia por la ventana, agradeciendo estar encerrado y sobre todo agradeciendo estar en silencio. Escribí sobre esas gotas, creo, alguna vez improvisada. Ese lugar tenía un silencio que no escucho hace mucho, un silencio denso, atrapante, sobre todo silenciante; creaba una cadena que nos hacía a nosotros comunicarnos por miradas hasta que alguno rompía el silencio con desasosiego, olvidándose que no se trataba de un maleficio. Este silencio me pareció primero insoportable, después ideal. Comencé a aprender a dominar mis estados de ánimo. Venía de hacer muchísimos viajes muy intensos donde que más valía actuar que saber y saber, aprender, era una actividad tediosa incluso siendo pasajera. Tuve que aprender a olvidarme de Boom Boom Kid y los bares del bv. Pellegrini para pasar cinco horas reloj dentro de cuatro paredes, llenas de libros a rebosar.
(¿Cuánto de esto hubiera sido posible si hubiera dudado de mi vocación académica? Seguramente casi nada; lo hubiera hecho igual, ya lo digo, por codicia. Fue la razón que movió mi permanencia las dos primeras semanas, hasta que como quien dice "le agarré la mano". En buena hora: los últimos pesos del sueldo duraron hasta los primeros días en Córdoba, ya bien entrado el año siguiente).
Una vez dominados mis estados de ánimo, comencé a crear mi lugar. Fue ahí cuando, usando sin permiso los grabadores que nadie necesitaba, puse compilados de música que yo mismo grababa; había conocido a Belle&Sebastian hace poco y el If You're Feeling Sinister lo escuché sólo dentro de la biblioteca y nunca fuera, donde no hubiera comprendido su encanto; ya acá, descubro que es música para bibliotecas, y bibliotecas son lo que menos frecuento. Me fuerzo a entender el álbum como uno entiende el mundo, pero es inútil: para mí, ese álbum es la biblioteca, es el polvo de los libros viejos y es sobre todo las palabras "Sí, pero quién nos curará del fuego sordo...". No pasa con otros, éste es especial; sigue siendo uno de mis álbumes favoritos de todo el mundo, así su escucha genere tanto bocas torcidas como sonrisas de admiración.
También hubo en la biblioteca otros álbumes, como Bird&Diz ("— ¿Te gusta el jazz? —Hasta finales de agosto. —Te pregunté si te gusta el jazz, no hasta cuándo estás."), y fun., otras bandas indie que no me acuerdo y a veces un poco de Mano Negra (su Sidi'h'bibi faïn houa me daba ganas de leer Borges y sus críticas infinitas a la traducción de las Mil y una Noches).

Es dificilísimo, ahora que estoy acá, comenzando acaso de cero, tratar de conseguir un trabajo que me guste tanto como el que tuve desde agosto hasta diciembre; trato de recordar que al principio no me gustó y quizás acostumbrarme al callcenter también sea cuestión de tiempo, pero en realidad lo que realmente me gustaba de eso era que tenía mi espacio. Está claro, era nivel Medio, por así decirlo; ningún pendejo (y los había de 12 a 14 ó 15 años) iba a acercarse por cuenta propia a leer. Cuando me fui haciendo amigos, que venían constantemente en los recreos, la cosa fue perdiendo un poco de interés para mí, si bien se fue haciendo más dinámica; hablar con alguien ya no me gustaba para septiembre, y cuando llegó noviembre ansiaba como fuera un tiempo de silencio y paz para poder seguir leyendo las obras completas del viejo. Allí experimenté la desazón que me dio Oliveira en Buenos Aires, así como la incertidumbre de algo que iba a pasar muy lejos, que podía pasar muy lejos. Ahora que lo veo en perspectiva, la ciudad natal es natal porque en ella está nuestro espacio desde que somos chicos; jamás hubiera sospechado cuando entré a ese colegio que "el día de mañana" (expresión que aman nuestros padres) terminaría siendo bibliotecario en él. Comencé azarosamente ahí, y sin embargo, todo lo que hago ahora fue producto de ese azar: ése azar me impulsó a elegir una vida de constante inutilidad, guiándome más que nada por el sentimiento hacia lo que uno hace (que en un callcenter no comprenden demasiado), y tratando de crear constantemente un espacio donde pueda irme sin-que-me-hablen para poder pasar en limpio mis experiencias, horrorosas experiencias de un pasado visto en perspectiva desde un calmo presente en una hoja con súbito olor a mañana de sábado en Resistencia (y el viernes anterior a la noche, que en brazos de Isis era más o menos el mismo olor pero amplificado y en acción profunda).

Creo que me quedé con ganas de escribir sobre algo, pero esto me parece un cierre apropiado. Cualquier cosa no descarto una segunda parte, quién te dice. Una última cosa a saber: Cervantes, presente en el título de la entrada, es el nombre de la biblioteca; hay una entrada acá que se llama "Cervantes relativizando la mersa" y no sé de qué habla, pero en ese momento mi desprecio por la gente que la frecuentaba era casi total y me molestaba que los educadores pasaran tanto por alto la ignorancia de sus paidós, ovejitas desinteresadas presentes y bostezando.

16.6.12

Recorte periodístico: Islandia al 300%


Me ponen feliz generalmente las cosas sencillas como la alineación del sol dentro de mi baño cuando me lavo los dientes (ilumina mi fregadero, crea una ilusión óptica que veo sólo yo) y cuando las manchitas de café sobre el café son más de cuatro; hoy me puso feliz una cosa un poco mayor (bastante mayor, incluiría según las previsiones de la CE muchos más fregaderos y mucho más café).

En Islandia encarcelaron a los banqueros. La Comisión Europea comenzó a ver, con la perversidad que nos llama la atención a nosotros, en Islandia tanto la destrucción como la salvación; mediáticamente ignorando tal acto iconoclasta, aunque no se puede dejar de reconocer que fue lo que salvó al país de la crisis y que si bien las cosas siguen yendo mal, es innegable que se han creado el triple de fuentes de trabajo y la deuda externa logró una "reducción palpable"; según cifras Europeas, Islandia podría triplicar su crecimiento este año.
No me suelen llamar la atención noticias (no sé si es noticia nueva) como éstas, pero a propósito de eso utilicé la palabra "iconoclasta": me alegra darme cuenta de que un país en el mundo se ha dado cuenta de que los hombres que corrompen con avaricia no son indestructibles, y que, todo lo contrario, ha decidido (por sabiduría de su propio pueblo) arremeter contra ellos porque vieron en esta embestida la solución.
Islandia es un país pequeño, y seguramente eventos como estos serían difíciles de articular en países mayores. Como España, donde el odio hacia los banqueros es casi general; y sin embargo, ahí las cosas van peor que en el resto de los países, en tanto siguen teniendo inmunidad y algo peor: el gobierno financiando millones para una visita papal. La economía no me interesa mucho, pero me resulta increíblemente positivo de que el pueblo islandés se haya dado cuenta que los hombres, incluso los más poderosos, son frágiles. Leo en la noticia, "lo que es digno de mención es la historia que habla de un pueblo capaz de comenzar a escribir su propio futuro, sin quedar a merced de lo que se decida en despachos alejados de la realidad ciudadana."


13.6.12

Etimología (breve y bruto)

Breve y bruto porque se me ocurrió cocinar las milanesas que me prometí.

En Literatura Clásica mencionaron, sobre la Eneida de Virgilio, que el nombre anterior de Italia era Hesperia, y sus habitantes se llamaban hesperios. El nombre Italia proviene del rey mitológico Italós, que reinaba en las tribus de Lacio cuando Eneas llegó a fundar su civilización.
Hesperia me recordó, en el silencio del ámbito académico que tanto nos gusta, a la hesperidina, concretamente a la que está a medio terminar sobre mi heladera pero podría bien ser otras (en octubre se cumple un año de que la compré, y en marzo del año que viene se cumple un año de que me gusta; de cualquier manera, me inspiró siempre). Y es que la hesperidina, la bebida nacional argentina que, todos sabemos, está hecha de naranja, forma justamente su nombre de la 'hesperidina', nombre técnico (pista: derivado del griego) de la familia de los cítricos. Entonces, ¿cómo conectaba yo a Italia con unas naranjas, escuchando a la profesora en plena clase, bostezando a más no poder?
No aguanté la intriga, y ahora que la resolví (de pedo más que nada) lo comparto acá como curiosidad que a nadie le interesa, ni siquiera a mí dentro de quince minutos. El supermercado ya cierra y tengo que ir a comprar las naranjas, PERDÓN, LAS MI-LA-NE-SAS y por eso tengo que ser conciso.

Las Hespérides eran un tipo de ninfas que habitaban en el Jardín de las Hespérides, jardín mitológico del cual la diosa de la discordia sacó la famosa manzana de oro sobre la que escribió la palabra καλλιστει, que significa "para la más bella". Este lindo mensaje fue reclamado a la vez por tres diosas: Hera, Afrodita y Atenea; en la disputa, nombraron al troyano Paris, hijo del rey Príamo, como juez. Paris es un personaje que detesto, varios de mis compañeros lo saben: 1. fue representado por Orlando Bloom en una película horrible que le hizo merecer mucho menos respeto incluso que el personaje de la Ilíada, y 2. sus helénicas feromonas le hicieron secuestrar una mujer, cosa perdonable si no hubiera sido la mujer de Agamemnón, oh rey de los aqueos, y su libidinosa estupidez desencadenó la guerra de Troya. Podría decirse que la destrucción de Troya fue, en última instancia, designio divino e irrefutable de la diosa Hera, pero de nuevo se vuelve a Paris: en esta ocasión eligió como Afrodita a la mujer más linda de todas las mujeres (es decir, destinatario de la famosa manzana de oro) y la rencorosa Hera le cargó el asco a él, a su ciudad y a sus descendientes; incluso hasta cuando el troyano Eneas llegó a Cartago algún tiempo después de la destrucción de Troya. En Cartago, para peor ciudad protegida por Hera (que ahora se llamaba Juno) sucede una historia que no leí y por eso no relato, muy a pesar de mi promesa de ser conciso.

Teorías hay y son fuertes de que estas famosas manzanas de oro, con las que las ninfas Hespérides jugaban tan inocente pero divinamente (es decir, tan lejos de los mortales), serían nada más que naranjas, desconocidas para Europa en ese entonces junto con tantas otras cosas. Naranjas que yo y seguramente usted asiduo lector tiene en su heladera.
En una muestra de ironía épica, los científicos griegos denominaron 'Εσπεριδοειδη (Hesperidoeidē) a estas famosas frutas tan míticas y tan cotidianas, y milenios después del mito Melville Bagley, en tierra argentina, nombró así a la bebida que había fabricado y que se patentaría en el gobierno de Pellegrini. Creo entonces que ya pasó una centuria de este nombramiento, por lo que la hesperidina es casi una reliquia (adquirible en algunos maxiquioscos), y ni hablar de las naranjas. Dos cosas que están, por sobre y en mi heladera, súbitamente cargadas de tanta mística y tanta historia.

Es por turnos y es turno de que me calle.



12.6.12

Escribiendo para encontrarte

Q. CHARLIE. S/D

Sí, recién te llame asteroidito. No fue casual (no respondiste, pero capaz no se mandó el mensaje, porque el mensaje de comer chocolate junto a los patos se mandó tres o cuatro horas más tarde después de que me senté junto a los patos y no comí chocolate, sino una barra de cereal con miel que vino una mina a ofrecerme NI BIEN terminé de escribir el mensaje, cosa del destino que en el callcenter nunca pasa). Convengamos que es mucho más cómodo escribirlo por acá, así se juntan el asteroide y el asteroidito, que a veces orbita por el asteroide, tratando de entender lo que tan pobremente expongo.
Lo que sí puede ser casual es que recién haya leído el crayón azul, lógicamente, cagándome de gusto a más no poder, y más que eso que siempre es mucho: dándome a mí mismo ganas de escribir. Y escribir es sistematizar, sistematizar (para público) todas las cosas que en realidad tenía pensado decírtelas sólo a vos, que sos una conexión espiritual importante. Pero el asteroide también es a su manera una conexión espiritual, y estoy dando la oportunidad de encontrarse a dos asteroides que me conocen y me comprenden mucho.

Primero te digo lo que me gustó del crayón azul (después te pido permiso para poner el link acá, pero seguro no querés porque 'es un blog horrible'): el enlace a lancewdepunk (por supuesto que sí), Eclesiastés (nunca pensé que hubieras leído la Biblia) y el hecho de que lo hayas puesto; la descripción-express de París y la curiosa mención del correntino ebrio; la menos curiosa mención de Iñaqui que se parece mucho a Aureliano y deben ser primos, sólo que éste es monero y tomapritty de Güemes y aquél refinado pero igualmente felino del ¿barrio latino? o sabrá dios julio dónde lo encontraste. Lo más principal: dios julio; me lo trajiste a la memoria, cuando ya lo tenía olvidado (sí, me olvidé, estudio Letras y me olvidé, o mejor dicho, me olvidé porque estudio Letras y tengo que leer otras cosas, obligatoriamente, que no son julio; y por suerte no me dan para leer julio en la carrera porque quedaría horriblemente desvirtuado). Julio me enseñó sin querer lo que es vivir para una vocación, lo que es amar lo que se es y lo que se hace; sobre todo, me enseñó a vivir con intensidad esos pequeños momentos en la vida de una persona donde es necesaria una pausa para el café o para el cinzano (julio habla mucho de esas cosas, por eso es un 'escritor lúdico' según la definición de una compañera ratatoilet); después de todo, qué es un cinzano en la vida EN REALIDAD (porque tomarse un cinzano en plena oficina, con llamadas entrantes y salientes, puede ocasionar una oleada de puteadas y he ahí lo horrible de mi trabajo). Eso muestra lo acelerado que vivimos a veces, que no nos caben ni cinco minutos, y es horrible y esclavizante. En fin, me olvidé de todo eso porque me olvidé de julio, y vos capaz lo tenés más presente. Seguís teniendo ese libro crepuscular que yo tengo ahora tantas ganas de leer (lo necesito un poco) y no me animo a pedirte que me lo prestes, porque es tuyo y no te gusta prestar libros, menos a ratatuiles como Martina y yo.

Ahí va lo del laburo, y lo escribo por acá por lo que ya dije, una cuestión de comodidad. Si quisiera explayarme, te hubiera mandado un mail en vez de escribirte por mensaje o llamar por celular (estoy podrido de los celulares por hoy y por mañana y por toda la semana) y eso hubiera perdido un poco el encanto. Digamo', si voy a tipiar, por qué no tipiar para mi otro asteroide.
El trabajo es horrible, ya te lo dije; no es lo que tengo que hacer en mi vida, acorde al proyecto que todavía no tengo. Por lo mismo que vos te das cuenta que no deberías estar en Buenos Aires, estás ahí por cosas de la circunstancia. Yo caí en esa oficina del infierno porque una amiga mía me recomendó ahí y me llamó Y ME DESPERTÓ para decirme que al día siguiente vaya a la entrevista y yo de lo dormido que estaba no lo pensé y dije que sí. Pero me fabriqué una comparación para hacerme sentir mejor: ¿alguna vez fuiste a una fiesta donde no conocías a nadie menos a la persona que te invitó (que encima baila con sus amigos y a vos te deja de lado)? Seguramente que sí, vos que tenés tanta fiesta encima (!!!); ¿qué es mejor hacer en esos casos? Obviamente que lo primero que nos da ganas es de irnos, o para no quedar maleducados o sentirnos incómodos, nos quedamos sentados, relegados en la esquinita sin hablar con nadie, tragando constantemente un frizzé con pajita que nos trajo alguien que nos conoce sólo de vista o peor aún, tu amigo que se fue de nuevo a bailar con sus otros amigos. Es una situación de mierda, claro está; pero ya, ¿qué es mejor hacer en esos casos? Y vos tenés tanta vida que me vas a responder lo que yo aprendí de vos aunque capaz no con estas palabras: 'si estás en el baile, bailá', y estoy seguro de que me vas a responder eso porque ya me lo dijiste. Estoy en el baile, tengo que bailar (llamar); no da quedarse sentado y que todos me tomen de opa o autista y eventualmente me caguen despidiendo, así haya en el baile gente más ebria que yo y que está liderando la conga y poniéndole las vinchas-corbata a cuanta vieja se cruza por el medio. Yo bien podría (lentamente pero podría) ser ese que reparte vinchas-corbata. Y seguramente eso es lo que haga, porque no me gusta dejar las cosas a medio hacer. Implica avanzar entre gente que me desconoce, que no sabe quién carajo soy ni le importa en lo más mínimo, por lo menos, hasta que yo haga el esfuerzo por bailar con ellos, a la par de ellos.

No es la primera vez que te digo que ni siquiera puedo pretender entender tu situación, más allá de que te entienda a vos o a Martina a veces (capaz es un descaro decir esto porque a Martina no la conozco y, en el sentido estricto y pre-tecno de la palabra, a vos tampoco). Pero estas conclusiones las saqué gracias a vos y el estímulo que me das, como conexión espiritual. Es una conexión espiritual, evidentemente; nada de lo que vos decís tiene mucha lógica pero sin embargo, para mí tiene una lógica infinita. En una de esas sacaba las mismas conclusiones hoy en el parque sin haber escuchado tu vocecita soñolienta a mediodía, pero estoy seguro de que no hubiera estado tan seguro de estas conclusiones; en ese sentido, tu ayuda es invaluable y te la agradezco con esta pedorrada de entrada.

Hay muchas cosas que me faltan aprender, del trabajo, de vos, de la vida. Pero todo no se puede en un día (porque recién laburé un día en ese infierno), y en algunos casos, tres o cuatro años tampoco bastan, vos vas a seguir siendo un misterio quién sabe cuánto tiempo más. La vida ni hablar, pero eso ya es trabajo de los existencialistas y que me cuente Martina porque a ella le debe interesar el existencialismo más que a mí.

Je t'embrasse deux fois, mueblito!



P/D.: Todo esto antes de la llamada de anoche, Charlie, que obviamente aclaró algún par de cosas más. No te voy a contar lo que hablamos porque da la casualidad que vos participabas en eso, pero va más o menos por lo mismo. No tengo mucho tiempo, el café ya está listo y entro a trabajar en una hora; tengo que correr por Córdoba, actividad que me gusta mucho pero que después me hace quedar con los pies doloridos. Y me comprometo por lo menos hoy a ir ahí con buena onda y una sonrisa, a no hablar tan rápido y a no despreciar el lugar donde estoy, así implique en lo posible dejar de reconocer que es una oficina de mierda con un ambiente de mierda y administrada por Satán mismo o alguna de sus sobrinas (no lo vuelvo a decir, lo prometo). Gracias de nuevo, gracias.

11.6.12

Notición de provincias

Creo que lo que más me gusta de mi vida es el encuentro con gente que está lejos.
Es un poco porque me gustan
1. los viajes
2. las cosas idealizadas
3. las personas diferentes
4. los intercambios profundos.

Y encontrarse con una persona que viene de lejos, o ir lejos para ver a una persona, tiene que ver mucho con esas cuatro cosas y sus derivados como memorizarse calles, conocer a sus amigos, hacerse hincha de un club de la B. Digamos que si quisiera "hacer una novela picaresca de mi vida" (algo que me enseñaron hoy, a saber: relato ficcional autobiográfico, por más estúpido que suene), ese sería un importante eje de sentido. ¿La carrera que estudio sirve para algo? No.
Venir acá, justamente por todas esas razones, desde ya que no fue nada errado y no creo que lo sea en ningún momento, porque más allá de que me cuestione el cómo vivir acá, sé demasiado bien que tiene que ser 'acá' y no en otro lado, y lo que venga después -sea sacrificio o paraíso-, no puede ser errado porque es para mantener lo que quiero.

Así mismo, así de seguro, me siento ahora que me dijo una comprovinciana que está por venir este fin de semana. No sé si sea algo confirmado (es a un encuentro político, y nunca se sabe con estos encuentros), pero me puso muy feliz saber esto porque es alguien que no conozco personalmente pero que formamos un nexo increíblemente rápido e intenso, porque tuvimos experiencias de vida en momentos paralelos, o casi paralelos. ¿Conexión espiritual? No sé y no vamos a tener tiempo de dilucidar esas cosas, la idea es divertirnos hasta explotar, todo en plena época de parciales por no decir finales.

Es genial saber que dos caminos se cruzan y quería contarlo acá, por contarlo en algún lado.

¿Qué habrá en Arabia?

Hoy fue mi primer día de trabajo. No creo que sea necesario describirlo a él mismo sino a que se desarrolla entre cuatro paredes, nueve computadoras y ocho mujeres-compañeras comandadas por una mujer-supervisora investida de autoridad, pragmatismo y exigencia. Todo muy romano.

Es necesario más bien lo de las cuatro paredes; es un detalle que noté recién cuando salí (y hablaba con uno de mis nuevos compañeros, avasallados, asalariados, desencantados) que todo se desarrolla entre cuatro paredes y nada parece ser muy extraño hasta que recibimos un mensaje desde Arabia Saudita diciendo que cierta activista política leyó, en un momento de su tarde calurosa, algo que nosotros escribimos para ella.¹
Desde ese momento somos víctimas conscientes de un abismo insalvable. A saber: Arabia Saudita, las cuatro paredes. Córdoba (ni siquiera es Córdoba, sino las cuatro paredes) y Riad. El activismo político excelso de la señora o señorita, apellidada Salem, contra la censura y la dictadura; y nuestra triste sala blanca compartida con ocho mujeres, tres hombres y una fiera capataz mal pagada.

Sabato aborda, dicen, el absoluto en su Abbadón. Abbadón es la novela que más me gusta, pero no le logré cazar el gusto apocalíptico, sino el vertiginoso gusto de tratar de agarrar vidas dispares de Buenos Aires. Muy dispares aunque a veces se crucen en la narración y en la realidad también, porque Sabato mismo está ahí hecho personaje. Es un vértigo indescriptible; por eso me gusta mucho. El "absoluto" (palabra que, como "espíritu", un tiempo me pareció muy vacía de sentido) es inabarcable, y es tonto querer tratar de entenderlo, encontrarle leyes generales. Ya probó un físico que no las hay, no todas funcionan en todos lados igual y mucho menos las que tienen que ver con existencialismo, ética laboral o prácticas sociales.
¿Qué diferencia hay entre mi oficina, la que a partir de mañana va a ser más bien como una cárcel (donde me dejo encerrar a cambio de dinero, es decir, persiguiendo un fin puramente pragmático, y decirlo así suena casi como prostitución), y la activista de Arabia Saudita? ¿Se cuenta en kilómetros? ¿Se cuenta con magnitudes inmensurables, es decir, no se cuenta? ¿Se cuenta según parámetros de realización personal, excentricidad, diferencias oriente/occidente?

¿Qué estará haciendo la gente en Arabia Saudita mientras yo, cinco días por semana, hablo por teléfono con gente para vender planes para su teléfono?
¿Con qué fin lo hago, si siento que mi destino, mas bien, es tratar de entender a los árabes, a sus problemas, a sus modos de vida?
Es un fin a corto plazo. ¿Es un fin a-corto-plazo?
¿Vale acortarlo? ¿Es ser desagradecido con San Cayetano? ¿Será que algún día (y lo sueño, y no sólo lo sueño sino que me siento extrañamente destinado a esto), este trabajo me retribuirá, así sea indirectamente, con un viaje a Arabia Saudita, y el posible entendimiento intercultural, sumergirme en una piscina de velos negros, lexemas semíticos y conflictos políticos sin resolver?

Uno de los sueños más bellos que tuve en mi vida, y lo recuerdo claramente, fue haber soñado que estaba en Arabia, era de noche y no podía (no sin desesperarme) leer los carteles. Los paisajes eran bellísimos; los creó mi mente y no voy a cometer la ingenuidad de pensar que van a ser iguales, pero bastó para marcar a Arabia como uno de mis destinos. No el mayor porque ese se sabe que es Rumania (y si no se sabe, basta mirar en cualquier lugar de este blog que dice Rumania a gritos), pero confrontar a Arabia, distancia inmensurable, carteles que no entiendo, conflictos que no cazo y gente muy distinta, con esta oficina pequeña y blanca donde voy a pasar cuatro horas de lunes a viernes haciendo una tarea mecánica; todo esto es tener consciencia final del abismo que separa a los hombres, a sus vidas, a sus costumbres, a sus prácticas y en última instancia a sus almas, a sus comunicaciones y a sus tolerancias.



(Todo esto, léase detenidamente, no forma parte de un deseo exacerbado por mostrar que los modos de vida occidentales están errados del todo y perseguir dinero por dinero está también errado, como las dietas Cormillot o la iglesia. No quiero recaer en lugares comunes, ya Trainspotting lo dijo y mucha gente también estuvo de acuerdo: "no es saludable estar adaptado a una sociedad enferma". Ejemplos así hay miles y pasan desde la violencia hasta el esoterismo; no-hay-que-adaptarse-a-la-vida-cómoda-y-conformista-de-los-burgueses-trabajadores-proletarios-explotados-consumistas-etcétera-etcétera-etcétera. Lección que nos quedó clara, sobre todo a los jóvenes, pero que a corto plazo, ¿será que es irrealizable? Eso no lo sé. Quizás no siga trabajando para el fin de semana, quizás aguante mi alienación hasta fin de mes para cobrar el dinero que, no miento, estoy anhelando: nada de eso acaso me conduzca a Arabia Saudita sino hasta dentro de muchos meses de arduo esfuerzo y entretanto, voy a ser un burgués conformista más que camina por las calles de Córdoba sin conectar con su prójimo y tiene, en la medida de lo posible, las cuentas al día y limpia la caja del gato).
________________________
¹Correción: en realidad el mensaje es de Egipto, pero tómese a la activista
 como una figura retórica. Además, el sueño sí fue en Arabia.

De manera informal y sin presiones

En neurofisiología, la sinestesia (del griego συν-, 'junto', y αἰσθησία, 'sensación')
es la percepción conjunta o interferencia de varios tipos
de sensaciones de diferentes sentidos
en un mismo acto perceptivo.


Hagan la prueba, de manera informal
pero con muchísima dedicación, y van a ver que es cierto:
como dos versos riman y uno lo ve a simple vista, ¿verdad?
No tarda uno mucho en darse cuenta, a esto voy. Lo mismo
va a ir la luz naranja rimando, de a poco, mientras se detona
con la canción 'all manic' de la billy tipton memorial.
(BÚSQUENLA)
Luz naranja, parque abierto
oscuro y la chica yéndose para su barrio
-porque es la segunda cita.
(Y en la segunda cita, puesto que somos casi como de dos siglos antes
no pasó-nada; pero hemos descubierto que la chica nos gusta).
Esa sensación.
La luz naranja (no ilumina el parque
cosa de que encima, andamos con la paranoia pequeña
de que nos pueden robar o matar impunemente, mientras cruzamos a pie las vías
que separan el barrio del no-barrio
"eligiendo el camino largo y menos peligroso")
pero a la vez con la SEGURIDAD insegura de que FELIZ NO PODRÍAN MÁS MATARME
¿se entiende? porque la chica nos gusta.
Y el jazz también; el jazz es algo mágico.
No sé si me explico.
Y la luz naranja...
y la chica que se va...
y la billy tipton...
y la noche de viernes, y la gente, y las vacaciones, y el parque, y la luz naranja.


9.6.12

Un departamento

A veces pienso que (en días como hoy por lo menos) cumplí el sueño que tenía desde los doce o trece años por lo menos: un departamento para mí solo en una ciudad nublada.
Me lo imaginaba de las más diversas maneras, siempre en un piso alto aunque ahora vivo en el primero. Pero no tengo nada de qué quejarme, más allá de que estoy acá por un esfuerzo totalmente ilusorio e insostenible. Pero eso es otro tema.
Las cosas las tengo: "cosas", léase que es invierno, está nublado y estoy escuchando Belle and Sebastian como podría estar escuchando Fatboy Slim o Corinne B. Rae; todas esas cosas me recuerdan a este sueño ora imposible ora bien posible que tuve desde los doce o trece años.

Escribo esto porque no sé si este sueño me satisface o ya mi mente se articuló para perseguir otra cosa, como cualquier niño caprichoso. Estoy seguro de que si me viera con doce años a mí mismo manejando mi propio departamento en una ciudad nublada un sábado a la siesta, no podría esperar y contaría cada uno de los segundos que faltan para la gloria; pero manejar un departamento (así esté nublado, así sea de siesta) es una actividad muy mundana que no me deja demasiado tiempo para darme cuenta que realmente cumplí el sueño y lo estoy viviendo todavía.
Y cuando me doy cuenta como ahora, no puedo sino atinar a escribirlo en el blog porque me duele que algo tan idílico y hermoso haya sido tan corrompido con los quehaceres que su solo existir requiere, como soñar con un bebé y no querer cambiarle los pañales. Y ahora vuelvo efectivamente a articular mi mente de otra manera: quisiera, en un plano material, muchas menos preocupaciones que me consuman la energía que necesitaría para otras cosas (el león y el toro, ejemplo que un señor ponía ayer en el cine: "el toro representa todas las preocupaciones materiales que el león, la fuerza creadora y espiritual, debe asesinar. Y no olvidarse que la tauromaquia es una de las actividades presentes en muchas culturas a lo largo de toda la historia.")
Porque verme a mí mismo sentado en mi departamento en una gran ciudad un día nublado es realmente un momento, y ese momento es maravilloso; pero no me cabe duda a esta altura de que vivirlo todos los días (y esto incluye también los nublados como los soleados y las noches) es más parecido a una cárcel donde a la vez de preso alguien espera que yo sea también administrador y carcelero.

8.6.12

¡Cáete muerto!

Raymond me los mostró, como una subcategorización dentro del mundo de cosas nuevas que Raymond me hizo conocer -ya conocidas en este blog, y a veces incluso presentes en él, en su forma de ser, en su idiosincrasia.
El único problema, en su momento, fue que todo era bastante asistemático. Había llegado ese día a Santa Fe (digamos, la madrugada anterior a las cinco de la mañana, era Día del Amigo y Raymond me recibió con un whisky y la linda libertad musical de los piratas de "poné lo que te pinte"); estábamos explorando sus carpetas de música y el me mostraba todas las cosas que iba escuchando en ese momento, canon que siempre cambia. Me habló de una banda que conocía un tío nuestro, banda amiga, bah, de Buenos Aires; entre otras cosas que se me borraron (que decidí dejar cuando tuve que cargar música como loco en un pendrive para escucharla más adelante), dijo que andaba escuchando mucho surf. Yo esto ya lo sabía, me lo había dicho en un mail. Ajá, surf, dije yo: surf, esos punteaditos de guitarras con eco, esa rítmica de la batería regular que por ahí adoptan los Ramones y ese olor a sal, esa imagen de tabla, esa tranquilidad de mar vertiginoso como el video hecho en casa de Jane's Addiction: la locura del tipo surfeando con la melodía más poderosamente liviana que escuché en mi vida.
Qué vacío de sentido (no lo pensé, pero podría haber pensado) escuchar surf en invierno, con un frío de recagarse, en Santa Fe capital donde si bien no estamos en el medio de la tierra (como acá en Córdoba) es la confluencia de bueh, dos ríos y nada más que ríos. Asimilé que es música, y la música es como un libro; no hay que ser cortesano para leer al primer Shakespeare, ni griego para leer a Sófocles. Aunque quizás sí para entenderlos, como requiere la playa entender a los Tormentos. Me lo mostró y me pareció un milagro musical de lo bien logrado, bien armado y bien armónico; tenía todos los elementos que yo había metido en la definición genérica de "surf", y en realidad no aportaba nada nuevo excepto acaso su instrumentalidad. Del Death Drop!, 13 de los 14 temas son instrumentales. Y todos se parecen bastante (excepto hasta algún punto Mother of Pearl, que también es instrumental). No pienso que la perfección o la impecabilidad son virtudes en sí mismas; la virtud, la razón por la cual me gustó tanto esta banda, pasa por otro lado, obviamente nostálgico como muchas cosas son nostálgicas y por eso llenas de virtud. Llegué a aprenderme, nota por nota, todas las canciones para silbarlas en el colectivo mientras iba a trabajar en Corrientes; dejé de escucharlos en verano para gran paradoja y abordarlos de nuevo hace poco, cuando comenzaron de nuevo los primeros fríos. Ahora, frío yo también, puedo escribir que me olvidé muchas cosas de la vacación anterior, hace casi un año, en Santa Fe. Estaba un poco triste, pero al mismo tiempo, muy-ansioso-de-. Y con las notas, que las sé, vienen las calles, que incomprensiblemente las sé; en realidad, nunca tuvo mucho sentido escuchar Tormentos fuera de Santa Fe, el libertinaje de Santa Fe, la otra cara de Santa Fe que debe estar pero yo nunca vi, por estar forzosamente conectado a Raymond, a Andrea, y a todos los pequeños grandes pensadores, que en un continuo carpe diem van pateando las basuritas que dejan los otros, los sucios y los ricos, por la Fernando avenida infinita.
Pero al mismo tiempo, escuchar Tormentos desde afuera es ir de nuevo a Santa Fe. Y es una oportunidad genial el hecho de tenerlos cerca (son de Mar del Plata y espero algún día poder verlos en vivo); probablemente vengan a Córdoba y sea una fiesta, probablemente agite a los extranjeros para que vengan a visitarme, o con más probabilidad vaya yo a Santa Fe persiguiendo a los tormentitos más allá de que, sin tormento o con tormento, ya tenga una visita prometida desde hoy. Los cambios en la vida son pocos, por lo general, y más escasos son aún los que tienen la suerte de estar musicalizados.
La banda para su eterno disfrute.



3.6.12

El día en que me volví panteísta (cont.)

I.
todavía no había olvidado a Dios,
no es admirable mi memoria
sino la impresión que me dejó el haberlo visto.
entonces al segundo encuentro
(nada más sencillo)
con él sentado en pza. San Martín,
no dudé en relatarle una versión de los hechos
que, en rigor, nunca habían ocurrido.
"lo vi a usted, señor
sentado en el bar que acaso no recuerde
tomando un café entonces caliente
ha pasado tiempo y hoy estaría frío".
"sé sincero conmigo, mi hijo
porque recuerdo bien el café
no dudo que me viste,
me recordaste, quisiera saber por qué."
"fue grande la impresión que tuve
esa noche cuando volvía
y me detuve treinta segundos (generosidad)
porque llevaba gran prisa;
luego escribí sobre usted.
no es difícil de explicar.
sé yo que Usted es Dios y el mozo;
no me pregunte cómo,
pero disuadirme no podría."
y el viejo calló, no falto de hechos tontos
(este hubiera sido a lo sumo uno más),
pero el silencio se matizó
de incómodo a ridículo
y yo estaba levantándome
cuando el viejo tuvo a bien replicar.






II. Monólogo de dios padre
"tenemos origen divino, hijo
pero sólo origen.
que mis palabras no deriven
(Dios o yo no lo quisiera)
en exacerbado fanatismo;
tal destino
sería de lamentar."


"nos toca a nosotros
(en el transcurso de los años)
alejarnos de la divinidad
que es la madre;
seguir nuestro camino
juntando valor
ora con precisión
ora en el vacío."


"y si me has tomado como Dios
es porque Dios está en ti mismo,
construirlo en el otro
es querer confiar en su palabra;
diciéndote yo todo lo que pueda
mañana lo pensarás, admirado,
el martes viene la crítica
y el miércoles la perfección;
pero yo soy un ser finito
y el miércoles me habré ido.
tendrás una sola elección."


"vendrá un joven como tú a hablarte,
cuando te repongas de la sorpresa
de que a ti hayan acudido,
no calles, pues es perfecta,
tu última conclusión:
serás Dios para el joven que venga
afrontarás luego forzosa extinción.
pero tiene semilla tu palabra
y encuentra fértil la cabeza
en un crítico joven panteísta
(y hábil escritor de poemas)
crecerá hasta por fin doblarse,
en eso consiste la iluminación."


"con este mecanismo,
¡cuán fácilmente podemos ser todos
Dios o dioses, religiosos
del amor que prodigan
las palabras del otro!
pues su repartir desinteresado,
en bancos de plazas, en mesas de bares,
vuelven a todos los ritos excelsos
no más que pregonar secas semillas
en cabezas que a Dios
no son sino terrenos pedregosos."






III.
en silencio me fui sin despedirme.
Dios no lo esperaba.
la vida entonces se me hizo cargada de señales
el universo un gran laberinto
que estaba yo en posición de resolver;
mi vida estaba por ser extenuante
virtud que no la cambiaría por nada
entre la sequía que el viejo figuraba
como matiz unívoco del silencio y el conformismo.