27.3.12

Ritmo de cuestión es todo

Ayer me pareció llamativo un hecho que es casi cotidiano (¿y por qué es cotidiano?, vaya uno a saber):
He dicho que somos 700 en mi curso de Letras y quizás sea una hipérbole o quizás sea una situación ideal que le encantaría a más de un profesor obsesivo con este tema de la deserción universitaria; no, no creo, en síntesis, que seamos 700. Pero seguro somos más de 50 (un número desde el vamos bastante difícil de domesticar), más de 100, más de 200, quizás lleguemos a 300 en las cátedras más interesantes y haya que traer bancos del aula 2, de los cuales uno cada cinco son para zurdos. Proporción basada, seguramente, en observaciones empíricas, ya que todo en la universidad tiene perfecto sentido (ironía/off).
Me sorprendió el hecho trivial de que esas 300 personas supieran casi instintivamente darse cita para la misma hora, en el mismo lugar, todos los días. ¿Qué requiere eso? Pequeño (por cotidiano) pero gran requisito: que todos nuestros relojes estén sincronizados, a partir de allí que todos durmieran más o menos a la misma hora, que supieran bañarse y comer a la misma hora, que tuvieran horarios de caminata o de colectivo bastante parecidos y que tuvieran un mínimo de localización geográfica para poder llegar a destino; mera experiencia, diría Aristóteles, "saber nacido de la costumbre". Y no por eso menos sorprendente.
En todo esto pensaba mientras la profesora borraba los vestigios que la clase anterior había dejado en el pizarrón (donde habían hablado de mi Durkheim querido que ya quedó tan en el pasado... ¡adiós Nonino!), y sus movimientos iban y venían, sincronizados, arrastrando teorías sociológicas en una nube de polvo blanco, siempre, también, en tiempos iguales.
Me pregunté, al fin, qué había en el medio de esos tiempos; si en el medio de esos tiempos (el del borrador del pizarrón, o el tiempo bastante más grande que hay entre las dos clases: las de los lunes, las de los martes) estaba la nada misma o, según John Lennon, estaba ahí la vida misma, mientras nosotros esperábamos a que el pizarrón terminara de ser borrado, mientras era lunes y esperábamos ya la clase del martes.

No reflexioné mucho. Descarté por el contrario la posibilidad de seguir pensando en eso porque tenía, a mi parecer, una abstracción que me iba a volver loco muy pronto. Sin embargo recordé eso hace un rato.
Me levanté a mediodía y tenía un café en la heladera, que había preparado ayer pero decidí dejar acá hecho,  cuestiones de la economía de guerra. Lo recalenté un poco y me senté a disfrutarlo; como nunca antes lo había hecho, a saber, en la mesa, mirando a la ventana donde pasaban los cordobeses preocupantemente abrigados porque no se abrigan sino cuando hace frío en serio (y he ahí mi preocupación, porque yo no tengo agua caliente y para peor estoy al borde de una gripe).
Y me di cuenta de lo que hacía. Nada, no estaba haciendo nada, vivía sólo (en el momento) para el café, para disfrutar el café. Antes habían venido cosas, después habían venido cosas, y TENÍAN que venir, vale decir, por este tema de los horarios que son los encargados primeros de poner un ritmo a nuestra vida, acorde con el tamaño de nuestros tiempos; y sin embargo, en este momento solamente, yo vivía sólo para mi café antes de que se termine (prepararme una segunda taza sólo para extender ese tiempo hubiera sido ya una ociosidad).
Pensé al fin, ¿son éstas las cosas que están en el medio de los tiempos rítmicos, esos tiempos que acaso esclavizan a los hombres?
¿Son estas las cosas abiertas para un infinito disfrute?
¿Le basta a la vida con ellas, o sólo hacen a la vida un poco más tolerable?

Feliz cumpleaños, asteroide

Hoy se cumple un año de la publicación de la primera entrada del asteroide (cuando se llamaba en realidad La tierra de los hongos).

En un año pueden hacerse muchas o muy pocas cosas:
muchas veces pensé que pasaría si decidiera pararme frente a una pared y estudiar sus manchas y su textura initerrumpidamente por un año entero, mientras mis amigos, que tienen 18 o 19 años, comienzan los estudios, conocen otros lugares, hacen intercambios laborales, se ponen de novios (hasta tienen hijos), y yo mirando una pared...
cuando salga del trance (cual el tornillo del cap. 73 op. cit), me daré cuenta de que pasó un año que no voy a recuperar jamás.
Y sin embargo, por muchísimos factores, eso es lo que pasa a veces.

Sea como sea, un año es un año.

26.3.12

No sé lo que estoy haciendo, ayuda

"[El trabajo] sólo podrá amarse cuando sea una gimnasia espontánea de los gustos y aptitudes."


Apelo a la sabiduría de las almas que se entrecruzan por acá, por casualidad o causa que sea, lean.
No sé qué estoy haciendo. Debe ser lo más común del mundo plantearse esto; todos los días, en la Facultad de Filosofía y Letras, somos 700 personas dentro de un salón gigante, todos mirando para adelante. Somos muchas personas. Somos muchos como para que alguno no se haya preguntado ya para dónde vamos estudiando lo que estudiamos, qué hacemos estudiando lo que estudiamos o incluso qué hacemos estudiando. Cómo sentarme junto a 700 personas, mirando todos al mismo lugar y a la misma persona que está diciendo lo mismo a todos, puede aportar a mi crecimiento personal y original.
(Borges no fue a la universidad, ¿lo habrá necesitado?; Cortázar fue grande a pesar de haber ido me da la sensación).
Está también la otra faceta; la vida es muy corta para estudiar una, dos, tres carreras, si no estamos llamados a eso. ¿Cuántos de nosotros hacemos lo que fuimos llamados a hacer, y cuántos estamos acá porque desde chicos nos dicen que teníamos que llegar acá algún día? ¿Estamos, en fin, disfrutando realmente lo que hacemos? ¿O sólo por fragmentos; y esto de estudiar no hace más que traer más desgracias que felicidades?
Índole de interrogantes numero tres. Ya Einstein lo dijo: la cultura es lo que te queda cuando te olvidás de todo lo que te enseñaron. Conozco gente recibida que no sabe ni el uno por ciento de la vida comparado con lo que puede llegar a saber, pongamos por ejemplo, Manu Chao. Demás está decir que la universidad no es sino otro sistema en el cual nos metemos, algunos con la ingenuidad de que somos libres y podemos hacer cambios radicales dentro del mismo. Obligatorio no es; nada, en realidad, es obligatorio, a menos que querramos ocasionarnos problemas con los pares. Problemas ya morales, ya legales; problemas al fin, sólo por desobedecer reglas que nos parecen estúpidas -lo cual está listado como lo más sensato del mundo, desobedecer lo absurdo. Volvamos a la pregunta tres: ¿realmente esto suma algo más que conocimientos? Rescato principalmente, de esta semana que tengo de vida universitaria "real" (más allá del mes que tenemos de vida universitaria "de ingreso", de la cual guardo un recuerdo académico más bien vago, difuso y amargo), el intercambio con los iguales, algo sobre lo que ya escribí creo que dos o tres veces. Iguales porque diferentes: señoras, académicos, cronopios, niñas de secundaria, chicas que me gustan, y yo mismo viéndome a mí mismo reaccionando ante los cambios. Casi diríase que no aprendí nada demasiado grato en este mes de ingreso y de lo que aprendí no recuerdo, en este momento, sino algunas palabras en sánscrito y la fecha de la liberación de Granada, cúlmine de la reconquista española y del afianzamiento del dialecto castellano como el idioma imperial (?), ¿ven? Conocimientos inútiles. Lindos porque inútiles, no útiles porque lindos, eso casi no se da.
Cuarta y última categoría: ¿qué haría si, en un caso hipotético (porque tampoco creo que me alcance el valor para hacerlo todavía), dejara la facultad? Problemilla: en primera instancia, me estaría alejando de este grupo enorme de personas que suma a mi vida, más que diversiones, cosmovisiones; estaría yo errando, como algunos amigos que tengo, que erran. No tienen rumbo, los he visto: no hacen nada, ni tienen ganas de hacer nada, porque romper la inercia es la parte del proyecto personal que más esfuerzo requiere (quizás lo mío sea justamente cuestión de romper la inercia, pero no abordo esa teoría para no extenderme acá). Me buscaría un laburo, interesantísimo, digamos que consiga uno y encima alcance para bancarme solo con todos mis caprichos que no son demasiados: ¿a dónde voy a partir de entonces? ¿Tendré al final la sabiduría mística para decidirme por un rumbo de vida que no incluya ni títulos ni experiencia ni amplios campos de contactos con gente con los mismos intereses que yo? ¿Condenado estaré a ser una persona que rehusó la cultura al mes de haberse iniciado en el nivel 'terciario', digamos, y también rehusó a ahondar en el alma de las personas, enigmática siempre, personas que había conocido también y apenas hace un mes? Suena a una vida solitaria, oscura y solitaria; oscura porque jamás, probablemente, "salga de la cueva".
Y lo único que hay que ver es si vale la pena salir de la cueva; si realmente, existe la cueva.


Yo no quiero causarle crisis a nadie; espero que alguno venga ya superada la crisis y sepa exponerme claramente qué sintió en su momento frente a los mismos interrogantes, que sacan el sueño por lo precisos que son, crónicamente, con lo que estamos viviendo en conjunto [los ingresantes].
Afectuosos saludos y desde ya agradecimientos-

"...es el universo"

El otro día prendí uno de los sahumerios que me regalaste y me di cuenta que te extraño un poco.
Un poco es bastante; vos fijate cómo compartimos la misma ciudad un par de días y no me animé a verte, no sabía con qué cara verte. No sabría ahora con qué cara verte a menos que no necesite verte con alguna cara y te bese en la frente constantemente, como para redimirme más no sea un poco.
Malas decisiones tenemos todos, malos días también, malos meses escasean porque nos tenemos el uno al otro, como dos hermanos que comparten impúdicamente las cunas de muchos, muchísimos colores (más allá de la simpleza del celeste y del rosa). Malas decisiones abundan en tu vida, no sólo en vos sino en los otros; y así y todo vivís en paz. Yo también vivo en una paz maravillosa, y de tanta paz que nos sobra, nos queda el tiempo para arruinarnos mutuamente las cabezas, como una coreografía conjunta donde vestidos de marineritos nos arrojamos al abismo sólo para ver qué se siente y si hay algo al final o, aburridos, seguiremos perpetuamente cayendo.
Cuando no deseo nada tengo todo, buscar a alguien para compartir todas esas actividades simples que componen el más hondo y sencillo placer en la vida; cosas que se pueden describir fácilmente con palabras pero que no todos buscaron vivir. Ya en nuestro primer encuentro (casual, es decir, efecto de una causa ignorada) sospechamos odiándonos qué nos gustaba, ni hablar del segundo -donde ya tuvo Ella algo que ver-, mucho menos del tercero donde ya me habías buscado del laburo y del silencio de mi biblioteca pasé al silencio de una playa con Massive Attack cantándome lo que vos; compartiendo también una misa CAÓTICA (donde estaba mi profesora de matemática), compartiendo después REUNIONES CAÓTICAS donde acaso todos se odiaban o se amaban desaforadamente, interesados sin precedentes en seguir odiándose o amándose, y nos abrazábamos todos juntos por el alcohol intercediendo para hermanarnos. Malas ideas, malas decisiones serán, pero no malos momentos; quién carajo quiere buscarle una causa cuando se terminó de quebrar la cereza, y ya no se siente más el sabor y tiramos cada uno para un lado,
con simpleza,
con instinto,
con formándonos.


24.3.12

Nevertheless, R.I.P. I-R

Mirá hace cuánto no escribo en esta plataforma (más allá de la frustración de haber terminado con la Insanity Radio involuntariamente), que ya tiene cien funciones nuevas en el procesador de texto que ya voy a ir explorando
SOBRE TODO LA TRANSLITERACIÓN, para los amigos rusos que leen el blog y no sé cómo, los delatan las estadísticas. Espero que no les moleste que sólo sepa hablar en presente y no sepa conjugar más el должен, должна, должно, para esas clases ya había perdido un poco el interés por el idioma.

Antes que nada mi reacción por haber renunciado a ese "laburo de meses" que fue el widget de Grooveshark. Sí, comencé a armar otro ayer, en secreto dejando aquel, hasta que la sobreescribí por pura estupidez y quedaron las 15 canciones que pasaron de ser "promisorias" a "intrusivas", realmente una decepción. Me ha pasado antes sin embargo, que con la apropiada dedicación las cosas que vengan a las cosas perdidas terminan siendo cosas mejores, y manténganme en sus plegarias porque comienza otro laburo de meses (un poco más ordenado porque descubrí en mala hora que puedo hacer un backup de este laburo). Superé el trago amargo de a poco escuchando mucho surf brasilero, comiendo sorrentinos con salsa artesanal y reflexionando acerca de la capacidad cerebral humana.
Muchas veces estamos rodeados de imbéciles que actúan sólo por instinto; otras veces somos tan racionales que olvidamos el instinto. Otra vez es cuestión de equilibrio, como casi todo en la vida, pero el equilibrio es una opción, no una fatalidad; sería genial saber, no obstante, de todo lo que somos capaces.
Todo esto viene por una película llamada Limitless que vimos en la sobremesa de los sorrentinos y es la adaptación a Hollywood de esta teoría de nuestro 20% de capacidad cerebral usada (realmente estoy construyendo un eje de sentido, pensé ayer), un poco combinado con las Puertas de Huxley porque todo estaba inducido por drogas. La fantasía y la realización y la postrealización de este delirio cinematográfico fueron excesivas y en muchos casos insuficientes; creo que tendría que haberse abordado de otra manera. Más allá de los efectos especiales que hubiera sido un pecado no incluir, tan grande es la conversión del hombre que parece salido de una escena de Barfly (es decir, un hombre que parece ser Bukowski mismo) a un hombre que lucha contra la palabra de uno de los magnates más imbatibles del mundo. Su debilidad residía en que el carecía de experiencia y tenía sólo genio mientras que el enemigo tenía, por otra parte, muchísima experiencia con un genio algo menor. ¿Qué pesa más? Aristóteles dice, leí ayer: "la experiencia es un saber no reflexivo de los rasgos comunes de las cosas recogido a través de un trato frecuente con lo particular". ¿Cuánto de saber, cuánto de reflexivo, cuánto de rasgos comunes, cuánto de frecuente? Muchas veces la actuación era tan vívida que parecía actuar por instinto (llega hasta a tomar la sangre de un drug dealer muerto para una decisiva dosis de la droga en un momento fatal, delirio magno de la película en cuestión), y siempre tenía razón al percibir cosas que los otros no podían percibir. Moraleja más bien interrogativa: ¿es más importante entonces saber percibir lo que el ambiente nos brinda, que conocer lo que nos brindó en otras épocas repetidamente y que, seguramente, se repita en esta y otras oportunidades?

Todo pensado en la sobremesa de los sorrentinos mientras los comensales dormían. La película fue fantasiosa e interesante no en sí misma sino que me hizo pensar en una gama de posibilidades. ¿Abocar mi vida a descubrir el camino para el uso completo del cerebro, y escribir un folletito al respecto o acaso divulgarlo vía Asteroide, como hubiera hecho Aldley Huxdous en nuestros días? ¿No es un desperdicio? Me pareció entrever que la película quería significar que los placeres fútiles de la vida son exclusivos de las cabezas que no tienen nada mejor que hacer, y son los que el mundo mejor exalta, entre ellos, la súbita liberación de endorfinas.
Terminó la película y salí a fumar un pucho afuera. Mi compañero me prestó su balcón de un noveno piso para que, afuera y frente a mis ojos, se extendieran unas luces naranjas que titilaban yo-no-sé-cómo ni por qué. Atrás de los edificios más próximos, que subían desde unas piletas azules que a la noche eran bien opacas y unas plantas que distaban de ser verdes, estaba Ciudad y las Sierras, paisajes que conozco y frecuento; con personas dentro que conozco y frecuento.
La ciudad es muy bella de noche. Llegué a la conclusión a veces pensando un poco sin pensar (pero pensando luego que no era del todo incoherente) que el otoño es la estación del amor fuck-forår; salís a fumar un pucho afuera y es mejor requerir compañía que merced a una lotería imperceptible no siempre es la que en el momento nos gustaría. Y hablás, la actividad humana más básica y carente de instinto; pienso hasta qué punto el amor nace de la conversación y no de la saliva, o en otras palabras, en la saliva propia y no la saliva de otros en nuestra saliva.
Seguramente tiene un germen más contagioso que la mononucleosis y más voraz, muchísimo más voraz. Y sin embargo serán incapaces acaso estos amores nacidos de la razón de hacer cosas estúpidamente irracionales. Limitarán nuestra creatividad o la multiplicarán, se conformarán o no con amarnos en un 20% y no en todas nuestras capacidades.
Sumerjo la noche en reflexiones como estas para volver cuando vuelva, a hacer un poema sobre distintos personajes (un "proyecto" que se me ocurrió mientras caminaba por la Independencia, trayendo fotocopias bajo el brazo cuando la gente ebria proliferaba, una noche anormal). Se puede ser extravagante, pensé a propósito de lo de las fotocopias, hasta en la ciudad que pensabas como la más cosmopolita. Así y todo yo con Saussure, que vive en mis apuntes de alguna manera, imponíamos respeto, y al estar vestido de funebrero, nadie tuvo ganas de meterse conmigo ni con el encendedor verde que llevaba en mi bolsillo y funcionaba apenas.

Quisiera escribir más, pero realmente...
¡Saludos!



(Y sin embargo, que descanse en paz la radio insanidad.)

19.3.12

Finanzas

Creo que no importa que estés quebrado mientras no adoptes actitud de quebrado; me levanté esta mañana, me lavé los dientes, e hice todo lo que pude para no desesperarme.
Recién me sentí un ser humano cuando caminé erguido, me abroché los botones de la camisa y fui a prepararme el desayuno. Nada está muy distinto a ayer. La única diferencia que noto es que me di cuenta (mientras estaba despierto sin levantarme) que necesito un dineral para mañana, que no sé de dónde conseguir.
¿Para? Trámites, cosas urgentes, cosas que no dependen de mí, cosas aparentemente impostergables. No tengo un peso en el bolsillo. No tengo nada; los últimos tres pesos cincuenta que tenía los gasté en cerveza, sólo porque me parecieron una suma muy nimia como para hacer cualquier cosa. Creo tener dos pesos más en el cajón, y dos pesos que no puedo gastar porque me hicieron una dedicatoria en birome sobre ellos. Nada más. ¿Debería sentirme desahuciado? No puedo negar que la desesperación me está corrompiendo un poco los dientes, que agito compulsivamente unos contra otros, pero son las 7:27 de la mañana y tengo un día larguísimo por delante; quién me dice que al final de este día mi trabajo ya no esté asegurado y alguien me preste ese dineral que necesito para encarar los trámites más urgentes.
Creo que no importa, repito, estar quebrado, mientras no se haga notar al mundo que uno está quebrado. Recuerdo la película Barfly: "I'm broke. Back to normal". ¿Tenerle miedo a no tener un peso en el bolsillo? ¿Realmente, merece tal miedo el papel moneda?
Creo que lo más desesperante de la situación es darme cuenta que yo no puedo manejar mi propio bote, mientras los acreedores se suman sin tirarme salvavidas. Yo soy acreedor de 40 pesos que no vienen, no vienen, no vienen; todo esto es una aventura del hoy, que mañana seguramente vea resuelta y pasado mañana me haga cagarme de risa en caso de tener un asado, razón por la cual levantar un vaso de vino tinto en honor a la absoluta falta de ambiciones financieras, y eso que ni siquiera me gusta el vino.
Comparto esto con ustedes no para algún consejo, que vendría bien, sino porque el aburrimiento viene dado en demasía. Mi cuerpo y mi cabeza están muy cansados y no pueden sino seguir cavando superficies que, acaso, pronto puedan convertirse en lagos.

15.3.12

Aureliano

Acaso estas palabras no puedan pasar como testimonio de la cordura, porque se las reproduje a dos o tres personas y recibí de cambio el desdén que se les brinda a los locos. Creo poder citar una excepción ya sin cara ni nombre y creo que no la soñé, y que me mueve a publicar esto que de lo contrario existiría en mi cabeza. Y si no hubiera existido nunca esa excepción o si la hubiera efectivamente soñado, quizás en algún momento lo publicaría igual, porque da lo mismo la opinión de mil personas que me creen cuerdo que la de mil personas que me creen loco; todo no pasa de una cristalización social de categorías subjetivas.
Aureliano está sentado en cuatro patas en el extremo de mi cama púrpura, mirando hacia arriba constantemente. Hace un rato, estaba dormido y un poco después, despierto con sueño. De improviso, quedó alerta a algo. Yo estoy escuchando Django Reinhardt, y pensé primero que le molestó el sonido violento del violín gitano; bajé el volumen pero él seguía con las orejas paradas y mirando expectante alrededor.
¿Cuál es la belleza en los gatos? ¿Pasa, por ejemplo, por los colores? Los gatos de colores más bellos están probablemente abandonados a su suerte en alguna calle de París y he visto gente que adoptó gatos de los colores más mundanos y vulgares. Aureliano es un gato común de tres colores, aunque dicen que los machos no suelen pasar de dos; no dudo demasiado de su sexualidad pero creería que no es nada demasiado excéntrico. Ni demasiado vistoso. El color de sus ojos, comparado al azul profundo que vi en algún gato del mundo, también es de una belleza mediocre, con unas pupilas cambiantes que parecen, me dijeron, pupilas de perro. Las pupilas verticales no son un espectáculo para más de treinta segundos, y las pupilas dilatadas son apenas como ver la belleza de unos ojos humanos color café.
Creo que la belleza de los gatos no reside en su aspecto físico sino en un aspecto un poco más intangible. Los gatos son de alguna manera la perfección que buscamos los humanos para deleitar nuestra propia percepción con un espectáculo redondo. Es la misma razón por la que los DJ's son lindos, o los guitarristas virtuosos. Ellos nos brindan un espectáculo basado en la perfección del manejo de su técnica; un buen guitarrista o un buen cantante suman puntos porque saben hacer algo que nosotros no sabemos y para nosotros es un misterio. Ser gato requiere una técnica que viene supuestamente dada por el instinto, un instinto que llama a ser sigiloso, frío, caprichoso; llama a los movimientos a ser parsimoniosos, a los ojos a ser calculadores, al corazón a ser pragmático. Puede mi gato quedarse mirando el mismo punto por minutos enteros, algo que a un perro es difícil imaginar haciendo. Y no podemos evitar preguntarnos en qué carajo estaría pensando aunque no estuviera pensando en absolutamente nada. En eso reside la magia de los gatos: algunos, la mayoría, si no todos (porque los gatos, como las personas, son seres de algún modo cosmopolitas e inabarcables), parecen ser reencarnaciones de humanos, de los más viles, de los más flemáticos o de los más tristes.
Aureliano no es la excepción y su nombre que al principio fue dado por inercia cobró, pasando el tiempo, un sentido más ajustado a los Cien Años. A veces corre belicoso por los rincones de una casa que pronto será limitada para él; otras veces, se sienta en el alféizar de la ventana y ve la lluvia. No estoy jodiendo, ve la lluvia, mira la lluvia. Y no sabré nunca si piensa ni mucho menos en qué puede pensar un gato, pero en apariencia (que siempre fue algo muy importante para los observadores externos a una cosa), es un ser inquietantemente pensante.
En eso estaba recién. Al sentarse en cuatro patas, con la cabeza erguida y mirando fijamente hacia arriba, en algún rincón donde volaba un insecto para mí imperceptible, movió la cola alrededor de sus pies formando un círculo reducido, casi perfecto, una espiral que comenzaba por su extremo anterior móvil y se elevaba hasta las puntas de sus orejas rosadas por dentro. Cosa incomprensible el por qué de su conducta, instintiva (¿instintiva?: noción heredada y no observada), conducta que hace pensar en detalle, en melancolía, algo en lo que un perro, y aquí arriesgo, jamás se fijaría. Es un poco la naturaleza hermafrodita de sus movimientos que tienen un compás propio, que muchas veces rima con el compás de Django Reinhardt y sus dos dedos; esta conducta mana de sectores que en la mente de los gatos deben ser complicados de entender y por eso mismo infunden respeto.
La teoría pierde un poco de coherencia o, quizá, se hace más absurdamente ambiciosa, cuando me pongo a pensar si los gatos serán efectivamente pensantes, efectivamente (aún más) reencarnaciones de personas, como Salem, humano que fue castigado por su autoridad a pasar la eternidad en forma de gato. La naturaleza profunda de esta raza que en todos lados parece símil, también tiene sus profundas variaciones entre sujeto y sujeto: dadas siempre por el entorno, como la vida misma de los humanos. Pero son puras conjeturas y éste blog no tiene intencionalidad científica. Permítaseme agregar, no obstante, una idea que ya di por cierta hace un mes y una semana, cuando lo traje a Aureliano a vivir conmigo: no me sorprendería en lo más mínimo, dada esta personalidad felina que para mí es aún un mar de misterios, que Aureliano, de un momento a otro y por razones que no conozco y no me interesan, comenzara a hablar, comenzara (por decirlo con rigor) a expresarse verbalmente, a expresar pensamientos en mi lenguaje, por descabellado que suene y por simples que estos pensamientos puedan ser; probabilidad acaso mayor es que mi gato desarrolle conmigo una especie de lenguaje que vaya de alguna manera más allá del plano físico, del plano empírico, del plano real o cotidiano, sin llegar a ser español o irlandés. Todo esto parece artificio de la ficción y un chiste malo, pero no estoy diciendo que sea posible o probable; sostengo, más bien, que mi reacción futura sería como frente a algo que fue algo totalmente previsible y así, en esta nueva cualidad que he descubierto entre tantas cualidades que van sorprendiéndome en el transcurso de nuestra convivencia, ésta no sería la más llamativa.


13.3.12

Loneliness fuck'n crucio dat biatch

La madrugada está hecha un amor, son las 10 de la mañana.
Estoy escuchando Aterciopelados. Llueve. Tengo ese gusto a café Cabrales en la boca, que para ser sincero, no lo recomiendo, es uno de los peores cafés que hay. Y sin embargo va todo muy bien... el olor a medialunas (que hoy descubrí que sale de una chimenea justo debajo de mi ventana, en forma de humito blanco) ni siquiera logra molestarme.
Es un poco egoísta colgarme escribiendo ahora porque estoy hablando con Tina y está a punto de irse, pero es inevitable y no va a ser una entrada tan larga.

Ya me levanté hace cinco horas... bien, temprano hasta para un gringo, está bastante bien, ya estoy en horario occidental de nuevo.
Me pasé la mañana leyendo Galeano y Hermann Hesse, y a propósito fue la entrada anterior.
También escuché mucho surf rock, indie peruano, y jazz a la hora del segundo desayuno. Así está mi vida: cristalizada en pedacitos chiquitos, aplacando el aburrimiento con cultura robada.
Ausencias se sintieron, dos en particular, no voy a decir cuáles.

"Te dije nomás y te cagaste de risa, ja ja ja"-
sinceridad ante todo. Estúpido no me siento estúpido. Todavía.
Aguante Aterciopelados.














¡Que tengan unos buenos días, unas buenas tardes, y unas pacíficas y blancas noches!

12.3.12

Anotaciones de Harry Haller

Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces [...]

(El lobo estepario, de Hermann Hesse)

Status quo al 12 de marzo

Imagínense una locomotora tirando, a la tarde, humo negro. Pasa por Río Primero, pasa por Las Varillas, y sigue, y sigue, y sigue. Atraviesa de pleno pueblos que ya están vacíos y para la noche hay que ponerse un saquito fino de lana.
El aburrimiento que me topa es pleno. Ya no queda gente; mi casa está llena de pastos secos. El tiempo es siempre el mismo y no hay mucho que me llene. Libros no leo, mi gato caga y duerme y come. Nos quedamos hoy sin comida, ayer sin plata. La vida es siempre la misma.
La vida es siempre la misma en todos lados, qué joder.
Quizás aventure a decir que se perdió un poco la magia de estar acá. Extrañar no extraño, simplemente estoy ansioso de cosas nuevas, y extrañar es estar ansioso de cosas viejas. Los fenómenos de mi vida no funcionan así de diacrónicos, esto requiere mucha concentración, y yo soy un tonto obstinado buscando siempre lo mismo, dentro de las rúbricas bien mías que construí sin esfuerzo.
Acaso quiebre mi aburrimiento cuando, girando distraídamente por la ciudad, me sorprenda una esquina nueva con un encanto especial o me sorprenda la muerte con un edificio frágil que fue construido por albañiles en pedo. Besos no hay y manjares tampoco. Sería ingenuo esperar uno o lo otro.
Me acuesto muy tarde todos los días, me acuesto cuando sale el sol, y me levanto también muy tarde, cuando el sol ya se está poniendo. Lo que diríamos, el vigor de la ciudad, es algo que va a destiempo. Yo no lo conozco hace una semana; me baño cuando hace menos calor, lo cual está muy mal, porque el calefón no funciona y la que queda es siempre agua fría o endurecer de la mugre.
Las cosas no avanzan, están estancadas. Tiene que ver acaso con amigos, pero tampoco la solución es tan simple. Las esquinas, no salen si no las busco, las esquinas, no se presentan solas ante mis ojos. El tema es que yo no existo de día y hoy vi dos detenciones, prefiero también no salir de noche. Hasta NC está inundada de robos, yo no sé qué anda pasando. Quizás me pegó la paranoia congénita e inconscientemente saboteo mi vida cambiándola por el bienestar y la comodidad de mi casa que de entrada es un infierno constante. Dejé de deberle plata a la inmobiliaria, pero la ausencia de esa plata que debía y que gastaba en artesanías del Paseo de las Artes, pudrió un poco las cosas haciéndolas más tranquilas, como moho verde adherido a las patas de la silla donde apoyo mi culo sin hacer mucho más para mi satisfacción vital plena.
Una larga entrada de lástima tampoco era mi intención. Este es el parte; y si se pusieron felices en las entradas del súbito enamoramiento cordobés, acaso sea justo que se entristezcan con este patético notición. Es patético, por lo demás, porque las cosas se enfrentan enfrentándolas y yo no las estoy enfrentando, no estoy siendo proactivo.
Decir es, si tenés algo a tu alcance, salvame. ¿Verdad que es estúpido leer esto? Vos no podés salvarme. La salvación está en el puño que cada uno dibuje en su mano.

Placeres de la vida más próximos son un sándwich de aceituna y un café con leche frío.
"Arruinar el hígado para curar el corazón".
No seamos maricones. Los corazones no se curan solos, pero tampoco se curan destruyendo otras cosas.
[Quizás sí me haya pintado un poco la misantropía]

10.3.12

Inyección de combustible

Lo iba a hacer ficción pero no me dan las bolas, especialmente por Quiroga.
(" No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de vivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino. ", dice nada humildemente en el ítem nueve del decálogo del perfecto cuentista).

Es de madrugada, recién me despierto. Hace muchísimo calor; la cabeza y la espalda me duelen más que cuando me acosté y el colchón en el piso, sucio y sin sábanas, siempre usado y hasta creo que con pulgas, tocaría el piso si estuviera unos milímetros más hundido el pobre viejo.
No pasé una noche cómoda y no fue tampoco para nada divertida, ni para mí ni para un par de allegados que contaban conmigo para emborracharse (oh well, oh well, oh well).
Pero menos divertida fue cuando me desperté. Y no pude seguir durmiendo, y en realidad no pude hacer nada, el cuello me mataba por partes. Quisiera tener la humildad de no contarles esto porque no les interesa mucho, pero tipear sin moverme es la única actividad que se me ocurre, porque nada en esta noche la puede hacer más llevadera; descontando el hecho de que a las 5 y 49 la noche ya deja progresivamente de ser noche.
Todo esto es deprimente.
Los sueños no me facilitaron. A las 1 me dormí esperando un mensaje que llegó a las 1 y media y yo leí a las 4, todavía ebrio de sueños de la peor clase: sueños que se entrecruzan con la realidad del lecho y te hacen pensar que estás ahí. Peor. Una vez despierto te hacen dudar si todavía estás ahí. No suelen, por suerte, suceder muy seguido, pero las circunstancias de sus apariciones son casi símiles. No podría tentar a una descripción de ambiente ni mucho menos psicológica, pero me parecen ingenuamente comprables.
A las 2 me había despertado el sonido de unos aviones que parecían caer sobre mi casa, emitiendo bengalas de luz rosada con ese sonido casi silencioso pero mortífero que tienen las bengalas. En realidad primero escuché las bengalas; luego pude ver, tanteando su proximidad mediante un sonido histérico que se acercaba, a ese avión que venía a estrellarse. Confundía bruscamente oír con ver y fue blanco, naranja y famélico. No dudo que toda esta orquesta no habrá durado más de diez segundos, a lo sumo veinte. No tenía voz ni voluntad para gritar y me imaginé a mí mismo escribiendo una carta que mis familiares recibirían con una mezcla de incredulidad y pesadez; no me importaba, me imaginé a mí mismo ya muerto.
(Qué demonios, ni siquiera me habían matado, no tenía problemas de salud y de hecho me iba bien en la universidad; morir a esta altura de mi vida a causa de un accidente fortuito y si se me permite más bien hollywoodense, era la mejor circunstancia de muerte que podía desear. Mis familiares no entenderían eso, ciegos claro está por el shock emocional de saberme ido y sobre todo de los babilónicos trámites del entierro que se venía).
"La vida es un mal viaje, amigo. Pero te meterán en la cárcel por tomarte una pastilla."
(Bukowski dixit, hoy mencioné a Bukowski en oportunidades bien diversas por causas que todavía no alcanzo a comprender, pero que acaso encierren una respuesta).


Fue a las 4 cuando vino el sueño peor y más tangible. En las dos horas del medio soñé con dramas personales de importancia escasa o nula, que solucionaremos mañana; me sentí mal de alguna manera por la manera en que arranqué mis vacaciones, solo y sin plata. Son sentimientos efímeros, porque a mí la soledad me sienta no particularmente bien, pero como una licorita a media mañana o ese primer mate amargo que trago con toda la cara de asco, y es lo más estimulante del mundo.
Solo me desperté y solo reconstruyo, ahora, los vestigios de una visión o algo así que tuvo lugar hace casi dos horas, que las ocupé en un medio estado de vigilia, mirando al techo y tratando de explicar qué carajo había sucedido en realidad.
La emoción más nítida de este Sueñorreal fue voraz y de un golpe; mi pieza estaba flotando no en el primer piso de un edificio de trece pisos, sino solamente pieza, en una autopista enorme, entrecruzada también por vías de tren sin estación y pistas de aterrizaje con aviones, más aviones de cabotaje. Y era cierto: por la Balcarce bajaban autos a toda velocidad, no me engañaría si dijera que casi escuché pasar varios aviones porque no sería la primera vez, aunque lo del tren lo descarto porque los ruidos de la única estación que conozco no se escucha, creo, desde mi casa. Los autos, en particular, producían un frenético chirrido; no sé si alguien escuchó el idioma de los autos. Es un idioma gutural, gris, grasoso. Es perverso. Los autos se manejaban solos. La principal característica de este sueñorreal era no haber escuchado hablar una persona en todo su desarrollo. Fueron alrededor de diez minutos de un mal viaje tortuoso que me jugó, burlonamente, mi propia psiquis.
Aviones también; no había prados alrededor, sólo una larga pista de asfalto. Mi cama estaba rodeada por autopistas de varios pisos. En las autopistas, no se escucha el sonido humano; pararse en el medio de una autopista es arrancarse los oídos con sinfonías totalmente artificiales. Despertarse, y sentirse rodeado por tal falta de corazón, cuando al despertar somos tan sensibles a las cosas que odiamos o nos gustan, es una experiencia agresiva. Los trenes pasaban de largo, pero no se abstenían de su cuota de ruido. No había veredas; como es lógico, lo humano no tenía su vía, no sabía cómo iría a salir. La ficción me reconstruyó a mí, carol petrescu, tomando de nuevo una hoja para escribir acaso lo que sentía, acaso una última voluntad antes de tirarme a la autopista a que me pisen en un arranque de desesperación capilar; lentamente y por suerte los ruidos se fueron disipando. (Ya hace una hora que cerré las ventanas enloquecedoras, lo cual sirve para escribir ahora, pero en su momento hubiera sido, también, una buena idea).
Caractericé en mi mente como una ficción eso que acababa de ver, escuchar, y sentir con nitidez VHS: recuerdo haber pensado que la lluvia nunca podría haber pasado, y si pasaba, era de un color gris triste, como de hecho es, me dijeron, en algunas de las grandes ciudades. La lluvia nos hace humanos a veces; quizás sólo a los seres malacostumbrados a la soledad, pero no por eso menos humanos. Construí una ficción traslúcida alrededor: lo del papel de las últimas voluntades no fue, hablando estrictamente, un hecho veraz. Cuando me desperté, solo y consciente de que estaba de una vez despierto, fue cuando escuché las primeras voces humanas en todo el circo, mientras los autos seguían pasando pero con una regularidad menor y los trenes y aviones no se daban ya por admitidos en estos páramos hostiles para su paso, sus primeras palabras fueron "bueno, ya te llamo"; me sonaron tan tristemente artificiales como la autopista que mi cabeza acababa de confeccionar piedra a piedra.

El dolor de cuello me mata y no puedo dormir más. Es temprano para desayunar pero tarde para acostarme de nuevo; creo haber escrito por descarte en la mejor hora donde se puede escribir. Amaba ya estos últimos estadios de la noche en la que era mi casa en la otra ciudad puesto que esta casa era totalmente mía cuando el resto de sus habitantes dormían; en esta nueva casa que es totalmente mía, esta soledad no es, a veces, bienhechora o así de estimulante. Sin embargo da pie para muchas otras cosas y estoy de cualquier manera feliz, o eso creí ingenuamente cuando me desperté cantando una de Mano Negra, con un pie fuera del colchón en el piso frío, el ventilador una velocidad más lento de como lo había dejado, y ya un nuevo silencio inaugural, preludio de un día largo y absurdo de vacación preotoñal que acaso pase acá encerrado, pero tengo mis dudas.

Multimedia 1

Pink Flamingos es una película de culto estadounidense dirigida por John Waters y protagonizada por Divine, una conocida drag queen, que se convirtió en una estrella del cine independiente. [...] Divine está considerada como la "persona más inmunda del mundo". Por esta razón el matrimonio Marble (una pareja heterosexual que vende heroína en los colegios y roba bebés para dárselos en adopción a parejas de lesbianas) tiene envidia de su título y hará todo lo posible por quitárselo.  La película se rodó, casi en su totalidad, en la ciudad de Baltimore, Maryland.




— ¡No se encariñen tanto con Boby, que después, cuando los perros se mueren, se sufre muchísimo!- dijo la madre a sus pequeños hijos.
— Qué tontería —dijo la de 7 años, mirándola-: es como decirnos que no te queramos a vos, porque algún día te vas a morir.
La madre calló, azorada.
Acarició luego al perro.
(me mostró Magdalena que es una genialidad caminante)




"I'm travelling backwards in ecstasy..."
(Mucha gente dice que esta es una de las canciones más [oscuramente] tristes que escucharon).

Esto sería un meme vintage. ¿No? Son geniales.




















Siempre es un placer conocer personalmente a un escritor, pese a que se defina como una persona poco sociable.
Pero más placer es enojarse con alguien y tener la razón; hay que ser inteligente para aprovecharse de eso.
No me pasa muy seguido.
Placer tercero: confesión amorosa correspondida.


Eso sí, ¿a qué va eso?
¡ERES MAYONESA PARA MÍ!

El placer de haber casi vivido en 1993
Recuerdo que me contaban
que cada personaje de Doug
representaba una comida.





"Birds singing 
in the dark 
—Rainy dawn. "

(Kerouac)






Lujuria por la vida


7.3.12

Una canción muy celular



Esto lo vi en el estado de Fabu, un genio.
Es una transcripción de algo escrito por un sujeto llamado Bill Bryson, al principio no supe si lo había escrito él mismo. Leí, de cualquier manera, que los escritos renacen cada vez que los leemos. Así que les transcribo este zombie. Es hermoso y muy impactante.
Bienvenido. Y felicidades. Estoy encantado de que pudieses conseguirlo. Llegar hasta aquí no fue fácil. Lo sé. Y hasta sospecho que fue algo más difícil de lo que tú crees. En primer lugar, para que estés ahora aquí, tuvieron que agruparse de algún modo, de una forma compleja y extrañamente servicial, trillones de átomos errantes. Es una disposición tan especializada y tan particular que nunca se ha intentado antes y que sólo existirá esta vez. Durante los próximos muchos años –tenemos esa esperanza–, estas pequeñas partículas participarán sin queja en todos los miles de millones de habilidosas tareas cooperativas necesarias para mantenerte intacto y permitir que experimentes ese estado tan agradable, pero tan a menudo infravalorado, que se llama existencia.

Entidades que uno administra - mi blog y mi casa

Ésta es una entrada del 5 de febrero. La había terminado, pero no la había publicado porque no me convencía, especialmente el final, donde en vez de buscar diversas comparaciones sobre las impresiones que me pueden dar los regalos que dejan las visitas, simplemente clasifiqué a todos estos regalos como excrementos del inodoro. A falta de un lindo eufemismo cambié esto; quizás convenga aclarar que algo y espero que no, pueda llegar en un futuro a ser excremento. De manera que el último párrafo es nuevo (la casa que allí se menciona la acabo de visitar y fue la que me impulsó a revisar este borrador y algunos más que encontré en el camino). Tampoco se menciona a mi gato en ningún momento, él todavía vivía en Güemes y tenía otro nombre.

Me encanta hacer analogías. Analogías un poco locas, en realidad, y sin mucho sentido: seguramente la mayoría de las que hago sólo tienen dos o tres puntos en común circunstanciales o sumamente corrientes, pero yo las considero analogías. Nada pragmáticas; además, no tienen mucho esfuerzo retórico o filosófico.
Sin embargo y por causas puramente neotónicas hoy me hice una analogía. Entré a bañarme mirando por la ventana, y al sentir el agua helada recorrer la inmensidad de espacio que hay entre mi cortina y mi boulevard, pensaba como de costumbre en la palabra Traful (es agua helada porque mi calefón no anda pero qué diablos, en algún momento, también es alivio, también es paisaje). Recorriendo con mi mirada los espacios de mi casa que más me gustan, ya que mi baño es el espacio de mi casa que más me gusta, concluí sobre todo que son las cosas que están adentro lo que lo hacen bello y no la infraestructura en sí, que es igual a otro baño, acaso el del piso de arriba sea inquietantemente similar.
Al salir miré mis muebles. No tengo muchos muebles, pero tengo muebles que me gustan: sillas campestres, cubrecama violeta, escritorio ordenado, velador tenue, lámpara de lava.
Y pensé también en el asteroide, que es como parte de esta casa. Pero se me ocurrió que el asteroide podría ser una casa en sí.
¿Tener un blog, es parecido a tener una casa? Los invito a pasar; ya ven las cosas que están siempre: los cuadros en la pared, el Dr. Cox, Bob Dylan, acaso mi cartita de presentación, la botella de Hesperidina. Esas cosas nunca cambian y en realidad, requeriría un gran esfuerzo para hacerlas cambiar. Primero porque estamos acostumbrados a que estén donde están, segundo porque tendríamos que pensar qué diablos poner en su lugar si las sacamos para que todo no quede demasiado vacío; se sabe que una casa es acogedora en cuanto obedece a las estrictas pero instintivas reglas del horror vacui. Y mi casa es tan "yo" como mi blog, ya que yo elegí casi todo lo que hay en esta casa, sobre todo lo que hace a la decoración; lo que no lo elegí, lo eligió otra persona con buen gusto, y aquí he de nombrar las sillas campestres en caso de mi casa, y el fondo, tan lindo, que me suministró un tal héroe que respondería al nombre de peeterv si lo quisiera llamar.
Pero lo más importante del blog son, naturalmente, las entradas; no todo es estructura, aunque sea entretenido también observar la estructura. Tarea del anfitrión es sacar temas de conversación, ¿no es cierto?. Es así que ayer se habló de junip y de la vida universitaria, y en el pasado, después de largos días sin recibir visitas, pudimos hablar, entre otras cosas, de Ezra Pound, de Christopher McCandless, de los Beatles, de Tolkien, de mí mismo a veces. Ya sé que es un monólogo y que esta es una comparación pobre, pero es mi casa; todo aquí es pobre y es todo lo que tengo para ofrecerles.

Sucede a veces, con una frecuencia un tanto menor a la de las visitas que recibo, que algunas visitas dejan algo en mi casa. Realmente, no sé qué pueden dejar ellas en mi casa: un recuerdo, quizás, muy dulce de saborear en el futuro próximo. Quizás algo un poco más tangible como una servilleta rayada, algo un poco más indeseable como una rayadura en la pared. Algo que se desvanece como la suciedad de una taza o algo que permanece en el aire y después se olvida como humo de cigarrillos. No podría encontrar la correspondencia entre yo visitando las casas de mis invitados, porque muchas veces, yo no soy invitado a sus casas; escribo esto ahora porque acabo de pasar por una casa cuya disposición de los muebles me llamo muchísimo la atención y al principio no pude entender todo, y tratando de asirme a algo que tenga una cierta lógica fui al historial y elegí por instinto el mes más prolífico (68 entradas en septiembre, una cosa increíble).

Cuadro de la V.U. que está pegado en mi baño

4.3.12

Anacronía: "El cliente no siempre tiene la razón"



Los 19 de octubre de los tres últimos años escribí en mi cuaderno una carta para mí mismo del año pasado. ¿Se entiende el concepto? Es así que el del 2009, le escribió al del 2008, y así sucesivamente. Comenzaban con un formato estándar para las misivas: "Patricio, quiero contarte esto...".
Mentí, el último 19 de octubre no lo hice. Hoy fue 3 de marzo y estaba lavando los platos, y sin embargo me pregunté (había "hablado" fugazmente con Raymond hacía una o dos horas) qué pasaría si mi yo de hace dos o tres años se juntara con el yo de ahora. Creo que el más importante aporte del yo de ahora para la ruptura del hielo sería "ya sé todas las preguntas que vas a hacer, si es que hacés varias porque en realidad querés hacer una sola; sí, y en invierno, no te lo esperabas".
Raymond tiene que ver; mi única pregunta hace dos años hubiera sido si finalmente pude vivir Santa Fe como me gustaba, y las cosas que tardan más ciertamente se disfrutan mejor en su momento si el interés permanece. Todo esto va porque extraño Santa Fe de las dos veces que fui, del libertinaje a las once de la mañana y de los merodeadores de ciclo lectivo que a la noche van, con todo orgullo, a emborracharse en sus bares.
Gente asexuada por doquier y encuestadores de medio pelo. Y Paraná (que es horrible).


3.3.12

Dos impresiones pictóricas

Hay dos imágenes que me gustaría compartir con los lectores del blog (que en el momento que vean las imágenes, dejarán de ser formalmente lectores, para pasar a serlo nuevamente cuando lean el epígrafe, valga la aclaración).

1.
Un jueves hace alrededor de dos semanas hablé en una entrada sobre una visita a dos museos, el Palacio Ferreyra y el Provincial de Bellas Artes Emilio Caraffa. Hablé detenidamente sobre una muestra que me gustó en particular; hoy me sigue gustando. Llegaron las fotos del cuadro del que hablé todavía más detenidamente, que me había impresionado mucho. Me gustaría compartir ese cuadro con ustedes.
Valerse de la entrada para una descripción de la apreciación personal que tuve sobre el cuadro. Dije suficiente y no podría reconstruirlo ahora, con el cuadro tan dolorosamente lejos.



2.
De manera totalmente fortuita encontré una galería de fotografías que cautivaron mi atención, y en mucho.
Siempre me han gustado las fotografías viejas. Ya que estamos hablando de esto de las impresiones, grande fue la mía cuando vi unas fotos a color que sacó un ruso de principios del siglo pasado, ¿o será el otro?, en definitiva, medio siglo o un siglo antes de la invención de la fotografía a color. Significó un testimonio aislado e increíblemente verídico (no estoy seguro de que la palabra sea verídico) de las costumbres de la Rusia de esa época, país que siempre fue de mi interés. En esta ocasión me crucé con algo en algún punto similar, pero con un toque deliciosamente macabro que lo hace muchísimo más interesante.
La galería en cuestión golpea desde el nombre. The Thanatos Archive, burdamente catalogado como galería abocada al arte y a las humanidades, se especializa en mostrar  fotos de "inmediato estado de post-mortem, memoriales y de luto, de antigüedad hasta de los años 1840".
No sé si tenga mucho más para decir, porque el archivo fotográfico se jacta de ser tan grande que como cada imagen tiene un valor tasado ligeramente superior a mil palabras, una empresa de descripción está bastante lejos del límite de mi paciencia. Vale más verlo por ustedes mismos y ya he brindado la información apropiada, más una imagen que viene a continuación que sería yapa si no hubiera sido previamente promesa.


Cavilación técnica

Como consecuencia de lo absurdo de mi reloj biológico estoy otra vez en un estado entre el sueño y la vigilia, despierto a medias a las 2:48 am, con muchas ganas de divertirme, mientras otros efectivamente se divierten. Las ganas, las ganas. Todo va a pasar. Yo mientras escribo en el blog, se me va la vida, se me va la energía, y se me va también el tiempo para estudiar; tengo que presentar un coloquio sobre Terry Eagleton el miércoles a primera hora (definición de primera hora: una hora que no existe).
Esta entrada pretende ser corta. Me quedó picando silenciosamente una noción que ayer abordamos con Vicky, en esta noche larga que mencioné en la entrada anterior, y que es la noción de equilibrio. Concretamente, hablábamos de la dicotomía entre conocimiento y arte que muchas veces toman caminos totalmente opuestos. Verse por ejemplo el caso de Dan Johnston, un artista naïve totalmente loco, que hace un arte desgarrador. Él encuentra su contrapunto (en apariencia, al menos) en esos tediosos escritos académicos de una sobriedad y una pulcritud indiscutibles. Conocimiento y arte., ¿son en consecuencia dos cosas que van de la mano?: Vicky, al comenzar el año pasado a estudiar simultáneamente dos carreras, me asegura no haber escrito nada. Doy fe, puesto que el acumulamiento de conocimientos a ritmos aceleradísimos puede tener como consecuencia algún desgaste en nuestras capacidades artísticas, que muchas veces no se basan en conocimientos sino se limitan a utilizarlos como rueda de auxilio. ¿Qué es el arte, cómo se logra? Ella propuso tratar de encontrar algún equilibrio entre estas dos fuerzas; me pareció en el momento que no, la idea del equilibrio es errada. El arte, posiblemente basado en exceso, se perjudica si, por tratar de equilibrarlo al sobrio conocimiento (que no mucho tiene que ver con el exceso sino con la posibilidad), se ve truncado. Llegamos a la conclusión conjunta de que el equilibrio no tiene nada que ver con el arte. ¿Será perjudicial? Sólo no es relevante.
En un diálogo similar con Alonso hoy (atravesado por el ruido de la ciudad, el peligro de los autos que pasaban y las bellas estudiantes de artes), él me relataba que le habían 'bochado' su último trabajo práctico, germen del informe que hoy terminé a la mañana, por el hecho de estar escrito no muy académicamente. A todo esto, cabe suponer (me cabe suponer y a usted le cabe discrepar) que arte y conocimiento se producen en instituciones diferentes que coexisten sólo en el absoluto; acaso también la institución que determina el arte es justamente la carencia de institución. "Hay momentos para todo", diríamos, y esto ponerlo en evidencia con todas las personas que entran en Letras queriendo formarse como escritores locos y que a la semana se tienen que enfrentar con un engorroso texto de Jorgito Guglielmelli. Son dos cosas totalmente distintas, y es importante, también a esta altura y para ahorrarse confusiones, no dejarse guiar por imágenes o preceptos equivocados. Por suerte, mientras Alonso me contaba que le supone un esfuerzo grande tratar de adaptarse al ambiente académico de la Universidad (que felizmente para él, es un ambiente equivocado), yo pensaba que contaba con la ventaja (ventaja sólo a corto plazo) de que mi cabeza está puesta un poco mejor en términos de academia e institución. A corto plazo: no sé hasta qué punto esto sea una ventaja sino dentro de estos cinco años que acaban de comenzar. ¿Tendré alguna especie de realización espiritual o artística, o toda mi vida será un insensato e insensible fluir de conocimientos racionales que no van para ningún lado? (Walter hablaba siempre de que la erudición no es sabiduría; algo parecido dice Zappa a la izquierda de la página).
Me puse a pensar qué pasaría si durante toda la noche me dedicara a desordenar las fechas y las horas de las entradas de manera que una entrada escrita en mayo de 2011 quedara ahora fechada para hoy, o incluso para el 2015 (hasta donde lo sé Blogger lo permitiría), al mismo tiempo de que esta entrada podría quedar fechada para agosto de 1959, o para el día en que murió Cortázar. No sé qué ganaría con eso y no sé si eso mejoraría en algún punto a este blog o todo lo contrario. Ergo, no estoy dispuesto a hacerlo; esto me hace llegar a la conclusión de que este no es un blog artístico. Muchas veces pienso que el arte maneja una técnica que yo no manejo, muchas veces pienso que el arte y yo estamos parados en galaxias muy separadas. Pero felizmente no todo (no me gusta la idea del todo) en mi vida es no permutable. Hay una carpeta en un cierto segundo cajón de mi habitación en algún lado la cual se rige por la ley matemática de la inmutabilidad del resultado sin importar el orden de los factores; primero porque nada obedece a un desarrollo personal lineal, segundo porque de tanto obedecer a este desarrollo, podría reconocer en qué época fue precisamente escrito cada meopa. Agitar esta carpeta absurda como estandarte de mi locura es algo totalmente estúpido, porque quizás tal locura no exista y si existe no se puede demostrar mediante una carpeta de hojas permutables; quiero rescatar este principio que alguna vez existió de creación más o menos original antes de sumirme cinco años en vomitar conocimientos volcados en la sintaxis de un examen que seguramente gracias a eso mismo apruebe.

Bertrand Russell (1872 - 1970)

Do not feel absolutely certain of anything.
Never try to discourage thinking, for you are sure to succeed.
Have no respect for the authority of others, for there are always contrary authorities to be found.

Do not feel envious of the happiness of those who live in a fool’s paradise, for only a fool will think that it is happiness.


2.3.12

Somos las perras de Mairal

Como medida cautelar me encerré a comer papas fritas con salsa barbacoa en mi habitación, que en el delirio frenético de las pobres gentes de afuera, es un paraíso apacible donde siempre son las nueve y cuarto de la noche, a menos que corra las cortinas (con lo que quiero decir que el control horario es supremacía mía y sólo mía). Falta asegurarme las ganas de trabajar, pero vienen solas, depende mucho del momento y del disco de turno; sobre eso no hay que preocuparse demasiado mientras se tenga, en cambio, energía para gastar, y créanme que la tengo en este momento. Son casi las nueve de la mañana. Es sorprendente a veces cómo las horas se van sucediendo sin que nosotros las podamos controlar demasiado, y en cierto momento nos asalta la certeza de cuánto tiempo desperdiciamos.
Yo por mi parte desperdicié una semana. Las ganas de trabajar vienen porque tendría que estar entregando un informe de análisis literario en aproximadamente diez horas y sólo tengo escritos dos párrafos de seis o siete hojas que estableció Guada como mínimo. Eso no me preocupa mucho. Tengo la estructura, falta el corpus, la situación no es gravísima. Figúrense que hasta me doy el lujo de malgastar el tiempo en ustedes, a quienes no les interesa este relato en lo más mínimo.
¿Qué sucedió? Casi entré en una crisis vocacional de aquéllas; era ciertamente muy grosa la desidia en la que me había hundido, y casi tuvo como consecuencia una resignación secular, una redefinición personal-laboral-espiritual de primer orden. Todo por un informe, ¿se dan cuenta? El primer paso fue descubrir que el informe no era obligatorio para mañana-hoy-viernes, sino para el lunes [qué demonios, lo voy a hacer igual]. El segundo paso se llama Vicky. El cenicero se me llenó tres veces hoy, y entre dialéctica y dialéctica, pasé sucias ideas en limpio; ni hablar del intercambio que hicimos en cuanto a libros y experiencias personales, que dan para muchísimas madrugadas más. Son las cosas así en el barrio. Hay gente que (como ella lo describe en su papel anónimo de 'alguien diferente') vive al revés, hay gente que vive transversalmente, diacrónicamente, sincrónicamente, patas parriba, patas pabajo, y mientras otra gente se mete en los cajeros con tonta prisa sólo porque desde la inmobiliaria presionan presionan presionan; otra gente se para a mirar, se mira a parar. Contaríamos (creo y espero no malinterpretar su punto de vista) entre este último grupo. Agradecimientos infinitos a la apertura intelectual que Vicky está, cual bisagra, imprimiendo en mí. Y sobre todo con su comprensión que se aleja del sadismo de otras gentes, al leer un escrito mío de alrededor de siete hojas bicolores todas desordenadas. Eso no fue primordial, pero fue muy importante para quien suscribe. Gente buena, gente talentosa. Gente que no abunda en los colectivos -pero debería, es cuestión de transmitir este virus de virtud que en Vicky habita, simplemente como si fuera una influenza, sí, de esas que la tele nos enseñó a temer.*
En fin, ya son casi las nueve. Yo me tendría que poner a trabajar. Las cortinas están cerradas (lo digo todo esto por puro amor a las descripciones fútiles), la lámpara de alto consumo que amo, y que estuvo toda la noche prendida, sigue prendida, cual fuego perpetuo del monumento a la bandera que sin embargo el otro día me enteré que se apagó. Como si fuera poco la lámpara de lava violácea TAMBIÉN está prendida, y acabo de gastar casi diez pesos virtuales en un paquete de papas fritas corte francés, pagado en un solo pago con tarjeta naranja, qué cosa absurda. Si me preguntan qué hacía comprando papas fritas a las ocho de la mañana (segundo cliente que tuvo el supermercado hoy, después de la primera chica que se llevó una escoba verde a cuestas), les voy a decir que hay que vivir y derrochar como si se viviera en vacaciones, sólo así la vida se comienza a hacer un poquito menos aburrida.

____________________
*[sí, otra llamada al pie]. Todo esto me gustaría ampliarlo, pero creo que el inventario de recuerdos tendría que ser más vasto. Un párrafo corto, demasiado corto para la larga noche, no hace mi agradecimiento infinito más limitado. Se vive sólo una vez y de una cierta manera que nosotros elegimos; debo a esta noche y a las causas múltiples de su genialidad la lucidez de haber entrevisto, aproximadamente, cómo debo vivir, que no difiere mucho del quiero.

1.3.12

Voynich

Bueno, no quería adelantar nada.
De hecho no adelanté nada porque nada de esto fue planeado; fueron cosas que encontré de pura suerte en la web y helas aquí, siendo usadas para algo totalmente opuesto a lo que normalmente se usa.
Estos fondos nuevos que parecen tan vintage y tan hermosos, son deformaciones cromáticas de ciertas páginas (fondo: página 74; banner: página 6) de un manuscrito muy misterioso escrito entre 1404 y 1438, catalogado actualmente como el ítem MS 408 de la Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos de la Universidad de Yale.
El manuscrito, tácita pero deduciblemente, no sirve para nada. Es considerado el Santo Grial de la criptografía histórica, y con prestigio y mérito porque nadie sabe leerlo. La mayoría de las plantas que describe en su sección botánica (si es que puede denominarse así) son inexistentes, y los signos en el sector con intenciones acaso esotéricas no tienen para la astrología ni para la ciencia significado real. El idioma 'voynichés' ha pasado cinco siglos sin haber sido descifrado, y rumores varios aseguran de que se trata de una broma grande como una casa. Nada me parece muy improbable, excepto el hecho de que como fondo de este blog, me ha parecido estéticamente no desagradable. Tuve la suerte de encontrar hoy, metido en un solo .rar, fotos o escaneos del manuscrito completo hoja por hoja. Y pese a no tener, como he dicho antes, demasiado usos prácticos, puedo estar orgulloso de tener una reproducción digital de uno de los manuscritos más famosos de la historia (o por lo menos, una de sus bromas más logradas).

Quise rendir el apropiado homenaje a tal libro embebido en neblinas mediante una entrada que estuviese a su altura, exceptuando claro está de que soy incapaz de cifrar mi lengua natural. El fondo y el banner del blog quieren también, a su manera, rendirle homenaje. En lo relativo a la prosa, este objetivo no lo logré pero me gustaría retomarlo con mas energía en algún futuro.




Esta entrada no tiene intencionalidad informativa. Consultar:





Ineficacia de las cunetas

las esquinas, hablame de las esquinas. esas que te inspiraron tu esquinazofrenia. horacio. encantado.
houston, ¿encontramos o no a la princesa? mirá que a oscuras, estamos sobrevolando la Antártida, y no se destaca este continente por la claridad de su señalética. ¿o ya dejaste de buscar?
suena en algún lugar del hemisferio un triste gurú de invierno.
desarrollamos una teoría de qué tan rápido tenemos que ponernos a trabajar, así ganamos tiempo para ser cucarachas, tristes blátidos sin obligaciones.
[el delirio de un hombre con fiebre es también como la ficción testimonio de la sociedad en que vive.]

INEFICACIA DE LAS CUNETAS

Estando inundados, quisimos aventurarnos a la esquina. La lluvia, que caía a gotitas (cada una un re o un sol) no nos iba a encerrar. Corrí el portón de hierro y ella salió primero, el paraguas surgió sobre su cabeza rubia. Eché llave.
Tic tic tic, las gotas de lluvia caían sobre mi cabeza. Imposible describir, entre la belleza de los cielos y la ineficacia de las cunetas, su fina voz riéndose, en la lluvia formaba un acorde, vení bajo el paraguas, te vas a mojar. Hundí los bolsillos en mis manos, pero no, frescavena. Calláte un poco. Dejáme escuchar el tic, tic, tic.
Y tenía miedo porque el bizcochuelo en el horno no iba a ser retirado a tiempo, aquél espectáculo daba para dos horas. En un susurro, iban y venían los ombúes, sus hojas, tontas, inocentes, enamoradas; houston, tneemos un problema, no podemos pispear entre las nubes para ver los ojos de la rubia que paradójicamente están llenos de sol. Déjelos ser, private Jones.
Encantado. Se dice, cuando recién se conoce a alguien. Lo dije cuando te conocí. Pero ahora estoy también hundido en tu encantamiento. Pero vení. No quiero. La pasión vista desde la mera pasión. Tontos del espacio que no comparten la misma baldosa con ella, la misma baldosa con el sol.
El beso inundó nuestras caras, tic tic. Llovía más fuerte. Después de unos segundos nos separamos. Siesta de barrio; nadie había visto nada, todos durmiendo. Volvimos, esta vez lentamente, tic tic, taciturnos. Houston, el espectáculo está terminando.
Fin de los susurros del ombú. Abrí la puerta con la llave, metí un pie húmedo dentro. El olor a bizcochuelo había llenado la casa. Quién sino vos, cuándo sino ahora; está todo bien.

MIS RÚBRICAS, CREAKING NOTEBOOKS, TECLADOS SIN TECLAS

somewhere I knew you
tirados al azar comiendo mandarinas?
un testimonio
partimos de la etimología
oh biblioteca de alejandría
handwritten speech that cannot be decoded
guide my delirium
through the sunny forest
les étoiles sont là pour toi, tu peux les regarder
comme petites miracles des yeux quand on est finalément reveillé
qué me han dicho de la mirada en código
que alarga las noches en verano
y las hace eternas en invierno
muerto de frío y de sed la Tierra navega en círculos un poquito más rápido
todo se mezcla
cesira y cerveza
mapuche y starbucks
dulzura de lluvia dulzura de café dulzura de labios
may I lady
you don't know me
but let's walk.