31.8.11

Ficción #4

Al entrar a casa esa misma noche, percibí inmersa entre mi estupidez, a las vibraciones que Martina emitía por su lejanía. Quizás era sólo un espejismo, pero las podía ver claramente, y esperaba que se disipen de un momento a otro, pero ahí estaban: unas ondas pequeñas, azules, casi invisibles, que giraban sobre su propio eje, e inundaron el living cuando yo giré dos veces la llave y abrí la puerta. Martina había reparado en nuestro encuentro fugaz entre la bruma, y yo no estaba comenzando desde cero.
Subí las escaleras con desasosiego, no terminando de entender qué eran estos bucles azules que me transmitían el perfume inconfundible de Q. a las tres de la mañana. Antes de subir el último escalón ya entendía que era el perfume propio de Martina y yo me estaba acercando de alguna manera.
Este encuentro surreal no es imaginario, lo pienso ahora y lo transcribo ya sobrio, porque esta noche interminable pudo haber estado llena de equívocos, pero si los equívocos permanecen de sol a sol, es hora de redefinir su inverosimilidad, y pensarlos un poco más seriamente.
A la mañana aclaró todo sobre Q., seguramente, y Martina llevaba su vestido siseante por las escaleras gigantescas de mármol, llenas de un sol que penetraba como penetraría un tsunami que viniera del mar de P., mar mismo que se divisaba desde los ventanales de la mansión. Yo seguía despierto muy lejos de allí, y los bucles azules recién estaban disipándose, intimidados por el renacer de los cantos de los pájaros y la certidumbre de un sábado tórrido, otro más para la nómina. Cuando la sentí despertar y levantarse, entendí que no iba a ser una historia con un final muy pronto, y mi cabeza no iba a terminar de ordenarse en pocas horas, y es ahí donde decidí dormir, lo recuerdo claramente.
Acto seguido vino Martina a decirme buenas noches, envuelta otra vez en la bruma. Pero yo ya no la quise escuchar, y se desvaneció como vino, golpeando la puerta sordamente y todavía con una mueca de perplejidad entre los bucles tornasolados.

Elle se promène par Europe

Ich und Verena

Ahora mismo es el cumpleaños de una de las personas más importantes de mi vida y también le deseo muchos felices cumpleaños más, alguno con nosotros de ser posible. ¡Herzlichen Glückwunsch, o que te sea leve, si la estás pasando mal!

"Sentimientos y ese tipo de boludeces"

Horacio Quiroga me enseñó poco menos que personalmente a no escribir bajo el imperio de una emoción. Pero otras personas me enseñan que la hazaña consiste en no dejarse someter por la autoridad. Queda por debatirme si reconozco en Quiroga una autoridad o más precisamente una abominación, pero intentemos una hazaña futil: ahora mismo estoy muy emocionado.
falta menos de un minuto para que termine esta emoción, así que voy a aprovechar todo lo que significa este torrente de sonidos.
esta canción me suena a conocer una ciudad nueva en invierno y abrazado a gente, a gente, a mucha gente que se amontona, acá van, mis ciudades nuevas, porque nunca nos quedamos sin ciudades nuevas para conocer, mientras la mejor hora para viajar es siempre el atardecer, y la mejor hora para permanecer es también el atardecer, y comparecer, y desaparecer, e irse a dormir... quizás no tan sobrio...

Budapest, Magyar Köztársaság
listo, la canción terminó pero el eco persiste.
todo lo que significa para mí yo no lo puedo establecer, bastaría que el que quisiera saber qué significa todo esto, me acompañara en una travesía extraña por los confines de la Argentina -confines más que impredecibles.
Ahora mismo yo me siento un poco claustrofóbico porque la puerta está cerrada y el mundo se abalanza detrás con una presión que golpea pero no se siente. Muchísima gente corre por las autopistas y muchísima gente detrás de esa puerta probablemente esté teniendo la mejor noche de sus vidas. Es más, ni siquiera noches, es tan absurdo este mundo que en este mismo momento (si es que existe la simultaneidad de los momentos, es algo que también queda por debatir), hay gente viviendo en la ribera del Río Amarillo a la tarde, o tomándose un café de desayuno a la mañana de un miércoles en Budapest, entonces no seamos tan egoístas de sumir al universo en la oscuridad si es sólo acá que estamos en oscuro.

30.8.11

"Love. Pain. Glory"

The only place I get hurt is out there. [points away from the ring] The world don't give a shit about me.

Ficción #3

—¡Martina es una persona tan detestable!
B. me miró con cara de '¿qué dice este incoherente?', y en buena hora la hubiera adivinado, porque replicó después de diez segundos etílicos:
—Ni la conocés a Martina.
—Desvío mi filantropía en seres deformes como estos —dije una vez más, sin recordar que en efecto no conocía a Martina—, y resultan ser todos unos personajes detestables.
—Es muy jugado juzgar de detestable a una persona a esta altura —dijo B., sin crítica ni halago.
— ¿Qué altura?
—La altura en la que vos no sabés si esa persona es efectivamente detestable.
—Para mí lo es.
—Cuando combinás el alcohol, la inacción, y la frustración por inacción, hermano...
Me quedé pensativo y suspiré de pronto. ¿Qué me impide reaccionar?
Pues claro. La belleza de Martina. Recordé que yo soy el ser detestable y Martina sólo es una pieza más de un círculo vicioso de snobismo salvaje en el cual yo no encajo, y por eso estoy reescribiendo estas conversaciones.
Se lo dije.
—Puede ser un coso de snobismo —respondió con desdén, sin ánimos siquiera de defender a su amiga—, pero vos sabés por donde arrancar si te vuelve loco Martina. Nada de cosas locas. Nada de rosas puestas en la puerta de la mansión y sin tarjeta, ni nada de serenatas a medianoche, porque esas cosas se resuelven a zapatazos. Las personas no funcionan así.
—Sí, algunas personas sí —dije esperanzado—, Martina no, y por eso es detestable.

Q. a la noche es más bien impersonal, y no tiene nada para recordarme del día que encontré por primera vez a Martina, descendiendo desde las calles siguientes en un mundo de bruma, a una hora absurda en la que yo no estaba bien levantado.
La calle Q. a la noche es un atajo práctico para llegar a mi casa en la 25, y como es un callejón oscuro y de casas muy altas, el viento va y viene trayendo latas vacías de coca-cola de los barrios anteriores y un poco de sal de mar a mis espaldas a su regreso. Gente no, no hubo ni habrá nunca a esta hora, y todo le infunde un ambiente de misterio interrumpido a cada esquina por los únicos faroles naranjas que quedan de pie.
Martina vive por esta calle, pensé yo en una especie de ensueño inducido por el alcohol pese a que la noche había terminado temprano. Y por eso tomo este atajo casi inconscientemente cada vez que puedo. Quién sabe si hoy no encontraré a mi rubia gema del snobismo caminando de vuelta a casa.
—...pero si hay personas detestables en el mundo —murmuré entre dientes—, Martina es una, y por eso maldigo mi perversa obstinación...
En eso desciende la sombra de Martina desde la calle M. y sigue caminando rápidamente, de tal manera que en dos o tres minutos pasó por la vereda de enfrente y para el mundo, Martina y yo estuvimos alineados en la misma latitud, antes de que en una fugacidad exasperante agitara los flecos de su vestido buscando una llave y desapareciera por una de aquellas casas oscuras.
Yo me quedé mirando, parado en una baldosa escogida al azar, como si hubiera sido una aparición poco menos que sobrenatural. Miré para delante de nuevo, por si volvía a pasar —lo cual no hubiera sido precisamente inverosímil—, pero la bruma era la misma de siempre, ya estática y recuperada de la violenta interrupción de su quietud.
Miré mi reloj y eran las tres y cuarto de la mañana. Seguí caminando. Quién sabe si iba a dar con alguna solución en las cuadras que faltaban.

El fuego no se apaga con gasoil

(haga usted más agradable a esta entrada aquí)
Sucede que cuando me siento impulsivo la tendencia es vomitar sangre -y la sangre vomitada, según Charles Bukowski, tiene un olor horrible-, e inmediatamente sentirme mejor. Pero la picazón en las entrañas se puede aguantar, es simple cuestión de temple.
Acabo de volver de un viaje hermoso como todos los viajes, y conocí un par de lugares que conocía pero que no esperaba que me gusten tanto -cuando llegué a Rafaela dije 'chabón... tengo que hacerme amigos en Rafaela pronto, muy pronto'.
Llego y las malas noticias emergen debajo de la puerta como si me pasaran impuestos atrasados de hace dos o tres años, y malas noticias en todos los ámbitos: laboral, familiar, filosófico, sentimental, dicotómico, panegírico, acrónimos recursivos, etc.

Pero como bien escuché decir cuando volvía que 'el fuego no se apaga con gasoil', y más aún teniendo en cuenta que el gasoil -bah, no sé si el gasoil, pero de cualquier manera es un recurso natural no renovable- podría terminarse en cualquier momento, es mejor no desperdiciarlo sino simplemente amasarlo tranquilamente con huevos y harina para hacer un pequeño pastel explosivo para un cumpleaños fríamente prefijado.

¿Problemas sentimentales? La gente va y viene. ¿Laborales? Decididamente los laburos van y vienen, y si no, preguntémosle a Bukowski otra vez -que no se toma la vida en serio, y toma bien en serio, y así le va... lo que se dice bien, qué se yo, vivir para uno mismo a veces es todo lo que necesitamos-
El laburo influye directamente en la cantidad de dinero que se posee, y he aquí el quid de la cuestión: no nos mandemos nuestra parte eterna de antiimperialistas porque sabemos que el dinero lo queremos todos, y más aún cuando se labura para salir en vez de para permanecer, es decir que el laburo en sí es algo que comienza siendo pasajero pero que va a terminar como una liberación geográfica/espiritual/económica/lo que mierda quiera ser.


Los problemas filosóficos son más bien de desarraigo, de impotencia, de soledad, de todas esas frases trilladas que de vez en cuando te hacen sentir un poco mal, casi como se sentiría un incomprendido que no ahogara sus penas en alcohol sino prefiriera canalizar sus energías en caerle bien a todo el mundo. Y todo eso se soluciona mediante la liberación geográfica, que es una liberación espiritual, y por eso es tan importante viajar para mí. Lo dicotómico, lo panegírico y lo relativo a los acrónimos recursivos, queda por descifrar.
Y con respecto a la canalización: ad hoc Party in the U.S.S.R est. Y al que no le gusta que no lea -y disculpas por el retraso deliberado de este consejo.


25.8.11

El que extraña

Conozco una persona que vive al fondo de este pasillo, aséptico, con olor a alcohol, y con azulejos grises. Respira el aire del sol y aprendió toda su vida a vivir y todavía no le sale.
Es una mente que no se desperdicia, es un cuerpo que no abandona el cuerpo, sino más bien, agita con intensidad vaya a donde tenga planeado ir. Y deja su huella imborrable en los caminos que siempre son cuesta arriba, pero que no inspiran el miedo a las avalanchas que reconozco en mí y mis pares.
Aflora determinaciones que me hacen sentir como un misántropo, que me hacen ver que los minutos de mi propia vida están siendo desperdiciados, y por eso le agradezco infinitamente a la persona que vive al final de este pasillo. Porque para más, es complicado leer entre sus líneas. Si me dice que me extraña, no sé hasta dónde, ni sé hasta cuándo. Es casi una amargura anacrónica, es casi un castañear de dientes sin principio ni fin. Es casi un adiós para siempre, pero un poco irónico, con una muesca del que abandona la sala para siempre diciendo 'hasta luego'.
Yo nunca voy a terminar de entender a las personas. No a los skraelings, seres incapaces de sorprenderme, sino a estos ejemplares terribles por lo hermosos, con una profundidad que se podría confundir con un abismo, si no estuviera repleta de flores. Estos seres que respiran luz del sol pero no se quejan cuando es de noche, se despeinan con el viento pero no zozobran en la calma del mar. Estos seres que sufren desesperaciones como yo, pero aprenden a no desesperar, porque son fugaces como mariposas.
El mundo no siempre es bello pero ellos lo miran bello. Y yo, que los observo desde la rutina que ya llevo grabada en mis venas como si me la hubieran impreso al rojo vivo, admiro infinitamente su calma de mirar las atrocidades del mundo como los niños del sábado mirarían una burbuja de jabón.

23.8.11

El ascético

Conozco un hombre joven de un metro setenta y reacciones rápidas. Anda todo el día de corbata, vaya al dentista o al parque con su hermano, un pacífico 'ser de luz' que disfruta perseguir mariposas. La vida del hombre joven debe ser en cambio una vorágine de sucesos incongruentes, e irrelevantes. Tiene un poco más de mi edad, pero dudo que se haya detenido a pensar en los años que ya corrieron. En sus ojos se ve más bien el afán obstinado de vivir por el futuro, aunque ya tiene los moretones que imparten dos o tres metas fracasadas ampliamente. El hombre joven de corbata y saco sueña con ingresar en la Fuerza Aérea Armada. Y está bien que todos nos ajustamos a nuestras conveniencias -pienso yo mientras paso por el Sendero de los Ángeles y lo saludo vagamente con la mano levantada-, pero lo imagino en su noche eterna, mirando por la ventana mientras está en arrodillarse para rezarle a la Virgen de Luján, la protectora de los argentinos, por una cruenta guerra con Inglaterra por el conflicto de las Malvinas, sólo para que él pueda esgrimir socarronamente el título de comandante en jefe ante sus compatriotas.
Yo no sé si sean éticas sus aspiraciones, sus deseos más reservados, ni tampoco sé si sea ético juzgarlo y a los ojos de quién -necesariamente no de un tribunal militar, ni tampoco con una arrogancia que me haga verlo desde arriba cuando, en última instancia, es él quien va a estar piloteando un avión-, pero todo lo que tenga que ver con este hombre joven, de mi edad, de saco, corbata y reacciones rápidas, me causa una intriga sombría, de esas curiosidades que rozan lo morboso y que nos empujan un poco para atrás en vez de alentarnos a acercarnos y conocer la fuente de sus misterios. Diría que está equivocado, pienso mientras me alejo de él por el Sendero de los Ángeles, pero es él quien tiene el sendero de su interés y su pasión bien delimitado, y soy yo quien está flotando a la deriva, sin saber qué hacer, ni qué batallas luchar ni hasta dónde.

22.8.11

Alarde introspectivo #2

Prosiguiendo con un examen de conciencia milenario -quizás más viejo que mí mismo-, ¿pago culpas hoy por mi estoicismo? ¿mi austerismo? ¿o lo debería llamar de un modo un poco menos científico, un poco más familiero, para dejar de hacer alarde a mi introspección que quiere creerse mejor que las introspecciones del prójimo?
¿Debería dejar de pensar en mí mismo y comenzar a darle la razón a los demás, que después de todo, no habitan en mí, sino habitan conmigo, y me ven con sus propios ojos austeros y pueden incluso tener más razón que yo?
¿Debería comenzar a abrazar extraños para sentir lazos fuertes, debería comenzar a besar a mis amigos y agradecerles por su amistad, sólo para comenzar a ser un poco más humano?
¿Debería dejar de pensar estas cosas y abandonar mis sentimientos a su suerte -me lleven a donde me lleven, y esto sí va geográficamente-?

¿Hay peores cosas que sentirse solo? ¡SÍ LAS HAY!
Así que me siento en una mesa con infinitos lugares y me tomo una copa, y le invito a todo el mundo a que se siente conmigo, y que se siente quien quiera a hablar toda la noche, siempre a riesgo de aburrirse -quién soy yo para influir sobre la conducta de los demás.

21.8.11

"oh yes"

there are worse things than
being alone
but it often takes decades
to realize this
and most often
when you do
it's too late
and there's nothing worse
than
too late.

Charles Bukowski

12.8.11

"I heard what you said, and of course you're a bore, but in that, you're not charmless..."

Ciudad mía, provéeme de huesos, dientes, provéeme de valor para verte como un turista, para no tener que escapar cada vez que me ves, con esos ojos profundos, viejos, llenos de cansancio, y de manchas negras por lo débiles que son tus rodillas, de tanto correr de vos misma!
¡CIUDAD MÍA! Que me viste crecer y hartarme de vos, cargándome en tus brazos flacos y en tus veredas roídas por el ejército de ignorantes del César, los viles personajes de viles comedias. A tus azares yo me entregué y me sigo entregando a los azares del mundo, que son muy distintos a tus propios azares, que ya no me sorprenden porque los adivino a todos.
¡CIUDAD MÍA PROSTITUIDA POR LA AMBICIÓN Y LA DEMAGOGIA!
¡CIUDAD MÍA LACÓNICA EN LOS PARQUES, Y RUIDOSA LOS DOMINGOS A LA TARDE! ¡Porque aprendiste a no dormir con el devenir de las horas y más bien, aguardar a todos los delincuentes, agazapada en comisarías de mala muerte!
Si caminara a otra ciudad, y de repente viera un paisaje que me recordara a mi madre, a mis noviecitas, o a los magníficos lapachos de la San Martín, dejaría flotar en el aire extraño un suspiro de desarraigo, pero enseguida me abocaría a disfrutar la vida, porque sos tan efímera, ésas son tus propiedades.

"Hete aquí una lección de tolerancia: todos necesitamos a nuestro enemigo."

A todo esto, hoy fue jueves a la mañana
¿vieron cuando hay días iguales a otros días en lo que respecta a la rutina? así son mis jueves con mis martes. Habida cuenta de que el martes no dormí nada por soñar con Cien Años de Soledad, lo que estoy por contar tuvo con toda razón que haber sido jueves.
 y tenía que irme a clases a las 8, entonces lógicamente, para las 7 y cuarto ya tenía que estar vivo y coleando -en un mundo ideal según dicen, porque las cosas generalmente no salen así los jueves a la mañana.
Salí de mi casa enfilando para el instituto pero a las dos cuadras ya había desertado de mi determinación, y preferí torcer el rumbo derecho, unas seis o siete cuadras, hasta llegar a nuestro gran y desvencijado Parque Mitre.
Todo el camino vine pensando en la misma cosa en que las mañanas en el parque con la compañía indicada haría a la mañana casi tan bella como el parque en sí, porque a cierta hora de la mañana, esa hora donde hay viejos que se bajan del auto frente al Paraná para salir a caminar por la flamante vereda que puso Octavio César.
Me acerqué al viejo faro y noté que hay un árbol muy viejo que estaba antes, pero antes era más viejo, y que Octavio César había mandado a su ejército azul a tapar los últimos vestigios de las tortugas de río que existían ahí impunemente.
Entonces me senté en el pasto y de cara al río -antes de reanudar lo que sería mi última travesía en un Macondo que declinaba-, miré largamente un barco que pasaba y que no terminó de pasar jamás, capaz encalló en un banco de arena, o paró en el puerto a tomarse un café con Octavio César y su ejército azul.
a propósito de eso pensaba en lo siguiente: si Octavio César, un magnate vil y egoísta, cegado por la ambición, la ignorancia y la sumisión ante la gente que le dice ¡POSTULATE PORQUE SOS POPULAR!, en fin, Octavio César, si Octavio César fuera la peor figura pública del mundo, pero si regalara pan (sólo pan) a una persona que no lo tiene a cambio de que esta persona usara una campera con su cara, la persona probablemente lo haría, quizás por comodidad, quizás porque no entiende de prácticas maquiavélicas, en su nula maldad que no se aproxima a la virtud. Este tipo de gente es peligrosa. También la gente muy pobre para tener principios. Y a ambos hay que erradicarlos -pero como son diferentes en esencia, los métodos para erradicarlos también tienen que ser distintos
Pensé como mil trescientas catorce veces en el pasado, cómo sería subirme a uno de esos botes gigantes y terminar en el único lugar donde tengo ganas de ir ahora, a visitar a las únicas personas que tengo ganas de ver ahora, en este mundo extraño de extraterrestres y huracanes que destruyen pueblos y familias completas.
Todo esto pasó en un día, entre tres o cuatro obras de teatro más, igualmente delirantes e igualmente indignas de mención. La cosa es que terminé de leer Cien Años de Soledad en esta mañana del jueves, y después de cerrar el libro -grande como una Biblia pero mucho más significativo porque a mi hijo quizás llegue a ponerle Aureliano en vez de Salomón-, experimenté una emoción muy distinta a la que soñé en la noche interminable del martes. ¿Habrá sido alivio, o una súbita erudición con pretensiones de infinita?
Por fin terminé de leer Cien Años de Soledad, y son de esas historias que de principio a fin, terminan y comienzan en muchos puntos. Y de una manera vertiginosa, que es eso que le agradezco a Gabriel García Márquez.

P/D.: ahora comencé con el libro más conocido de José Ingenieros, y todo el tiempo me voy preguntando si la gente que conozco lo leyó o lo leería, lo comprendió, se ofendería, se pondría a la defensiva, admitiría su mediocridad (?), se daría cuenta de ella ya sea sinceramente o no y aún así, bajaría la cabeza y se pondría el buzo azul para ser un subordinado del César. Y todo acá me hace pensar en los skraelings, y en todo lo que me falta conocer para poder no ser uno de ellos... 

9.8.11

¡estos cabrones son capaces de disparar!

alora, como son las 6 veintitrés de la mañana y yo ya estoy despertado, saltado de la cama, desayunado, afeitado, lavado los dientes y vestido -y tengo que matar tiempo hasta aproximadamente las ocho-, me pregunto: ¿qué pasó por mi cabeza esta noche?
quizás heredé la sabia costumbre de mi viejo de morirse de sueño y dormir una hora por estar "pasado de rosca", pero la cosa es que esta fue una de las noches más surreales de mi vida. a las 5 y media me desperté por completo y me di cuenta de que no había dormido casi nada en toda la noche, sino que estuve pendiendo entre distintos estados de alucinación. lo curioso va aquí: toda la noche pareció como si todos los personajes de Cien Años de Soledad hubieran entrado en mi pieza y hecho un festín, especialmente Amaranta -que se acababa de morir-, José Arcadio Buendía hijo, el marinero fusilado, y Remedios, la bella, que ascendió a los cielos </spoiler>.
y no sólo soñé con los personajes de Cien Años de Soledad, sino que también soñé conmigo mismo terminando de leer Cien Años de Soledad, y llorando como niño al final, y más aún, viendo el final de la película y volviendo a llorar. ¿y si inconscientemente sé cómo va a terminar el libro por haberlo leído... en alguna vida pasada? ¿y si soy el mismo Gabriel García Márquez?
y también me soñé a mí mismo asistiendo a una fiesta con mis amigos y comentándoles que Cien Años de Soledad fue uno de los mejores libros que leí en mi vida, por todo: por la profundidad de los personajes, el vértigo del ritmo con el que está escrito y el final impactante -que creo aconsejable hacerle notar a Ud. lector que todavía no lo conozco, porque me faltan 150 páginas para terminarlo-.
entonces, cuando me desperté a las 5 y media convencido de mi propia locura y sin haber dormido más que unos lapsos aislados de quince minutos, encendí la luz que de inmediato se puso de un color naranja muy tenue y acabó por apagarse. yo pensé estar alucinando. un poco más despabilado, me dejé llevar por un impulso de superstición y saqué Cien Años de Soledad de debajo de mi almohada, donde lo había dejado la noche anterior después de leer 100 páginas, y lo puse en la mesita de noche.
me quedé media hora en cama pensando boludeces, pero Macondo ya se había disipado.
tengo que estar muy loco.

7.8.11

La vida es una obra de teatro que no admite ensayos

SIEMPRE PUEDO caminar e irme
porque

"hèroe es quien se enfrenta a la autoridad de sus padres, y la vence"
si mis padres jactàndose de su efìmera autoridad me prohìben irme, y yo me voy igual, y les demuestro que era YO quien podìa irme y sobrevivir,
no sòlo sobrevivir, sino ser tan impulsivo y estùpido, pero al mismo tiempo tan brillante, como para poder realmente hacerlo,
ENTONCES yo soy el hèroe de la historia, el hèroe que transgrediò las relaciones interpersonales, que en un mar gigantesco de personas con las cuales relacionarse, son un diamante que quedan enterrado para ser alabado mil años despuès, cuando el verdugo se decida a coser la cabeza de su vìctima

yo por lo pronto, puedo tomar decisiones muy impulsivas e irme, o respirar tranquilo y callado un ambiente de continua tensiòn, como una nube tenue de dinamita que flota sobre las baldosas de mi casa, a la que vos prendès un fòsforo para prender un pucho y revienta todo èpicamente, como sabe mostrar hollywood, que nos convierte en fieras asesinas pero sin coraje.
què tan estùpido puedo ser para el camino a la iluminadora autosuficiencia -que es lo que màs anhelo-, para flotar libre! eso es algo que tengo que descubrir yo mismo con Boom Boom Kid.

4.8.11

un día nuevo

cuando comiences un día nuevo, por más drogado que estés, te vas a levantar, mal que mal, y va a brillar el sol -porque es tan frío que ni siquiera se preocupa por cuánto necesitemos dormir, por más impactos haya tenido nuestra noche-.
y sólo ahí vas a recordar, por suerte, todo lo que sentiste, después de haber dado un paso al costado y haber cruzado el río que separa la realidad de la surrealidad para entrar de nuevo en la realidad -¿se entiende?-, y todo entonces estará un poco más frío, impreso en cemento, sea cual sea la impresión que te hayan causado los acontecimientos.
y cuando el sol brille vas a decir "'¿yo hice esto? ¿yo declaré esto? ¿yo deseé esto?",
habiéndolo ya hecho, declarado o deseado, podrás analizar realmente cuáles eran tus intenciones en la noche loca que pasaste, hayas hecho o declarado o deseado lo que sea, y no antes, porque si reflexionamos antes en la noche loca, la noche no es loca, sino es simplemente una noche opaca de bibliotecario.

cuando la noche loca ya se volvió un poco impulsiva y te volviste con agresión a quienes mañana tendrás que pedir perdón por tus acciones, es la noche en la cual tenés que irte a dormir, o divertirte más para liberar tus penas. entonces medio dormido pedís a un amigo que te rescate, y vayas a vivir la segunda etapa, ya sea llorando en un pub porque la chica que (supuestamente) amás se vaya lejos, muy lejos, o simplemente acá, cuando añorás tiempos pasados hace dos semanas diciendo "me gustaría que las cosas sean de otra manera, una manera tan distinta que ni siquiera me animo a pedirle al destino que cambie las circunstancias".
cuando te morís de miedo de perder la cabeza por una u otra cosa, y tomás lo que sea que te caiga en las manos -también por las circunstancias más extrañas pero bueno, será cosa de analizarlo en cada uno de los casos-, estas cosas se amplifican y terminás u olvidándote de todo y amaneciendo en una vereda, casi claro para analizarlo desde un punto de vista un poco más humano, o llorando encerrado en tu madriguera, pidiendo que las fichas cambien de lugar para vos poder hacer tu jugada tranquilo, tu jugada de nene sobrio.

la vida y el sol siguen brillando aunque no quieras, y si querés, querés también seguirles el paso, así que a no ponerse agresivo con las circunstancias de la vida, son cosas que pasan tarde o temprano y si no pasan, andá a terapia o, si sos un poco más terco, pegate un tiro en el medio de la frente para que, sumido en el nihilismo, tus pensamientos se disipen y tengas la cabeza un poco más clara. y con gusanos.