30.3.11

La fe del miserable

Algunas veces en la noche.
-Piedad, ¿quién tendrá piedad de nosotros?


Sobre esta tierra, quién tendrá piedad de nosotros. Míseros, no tenemos un Dios ante el quien postrarnos, y toda nuestra pobre vida llora.
¿Ante quién me postraré, a quién hablaré de mis espinos y zarzas duras, de este dolor que surgió en la tarde ardiente y aún es en mí?
Qué pequeñitos somos, y la madre tierra no nos quiso en sus brazos y hemos aquí acerbos, desmantelados de impotencia.
¿Por qué no sabemos de nuestro Dios?
¡Oh! Si él viniera un atardecer y quedamente nos abarcara con sus manos las dos sienes.
¿Qué más podríamos pedirle? Echaríamos a andar con su sonrisa abierta en la pupila y con lágrimas suspendidas en las pestañas.



fragmento de Judas Iscariote, capítulo IV de "El juguete rabioso"

Las manzanas del valle

Un amigo sudafricano escribió, en el siglo XIX, una serie de novelas muy extraña, a propósito de este tema de las aventuras.
Las novelas relataban la historia de un pueblo de gente pequeña que, entre valles frondosos que otrora poblaran la tierra -los cuales yo muero por conocer, o hubiera muerto por-, entre ríos con nombres que rozan la categoría de mitológico y con montañas cuyos nombres, que si bien son trillados y de fácil ocurrencia, transmiten un frío sentimiento de imponencia.
Los hombres pequeños atraviesan adversidades ida y vuelta a través de un escenario que no existe, y ahí reside la más grande dificultad y el más grande mérito de la brillante saga: la descripción de paisajes bellísimos salida de la imaginación de John Ronald Reuen, que aparecen claros ante mis ojos traducidos solamente en palabras que... solamente son palabras. ¿Qué quiero decir con esto?
¿Qué tan poderosa es la palabra que me hace ver nítidamente la montaña, me hace sentir nítidamente el frío de la cumbre y me hace oler nítidamente esos pinos, robles y sauces viejos que se erigen más allá de Casa Brandi?
He aquí por qué un libro mágico supo trascender una frontera generacional y quizá, hasta una frontera de carácter económico. Su humilde transliteración en tres espectáculos hollywoodenses con todos los chiches y uno por venir no quita una esencia de tradicional, de épico, de antiguo, de una perfección inusitada que hace al adolescente más corroído por el agresivo bombardeo audiovisual de la contemporaneidad, imaginar unos paisajes de paz y belleza infinitas. Y es que nadie le quita a Tolkien -como suelen decir los encargados de hacer reseñas- el oficio de buen narrador.
Yo escribí esto principalmente por dos cosas.
Primero, el libro me hizo nuevamente posible escapar desde una realidad a la cual estoy acostumbrado, a un estado que se parece muchísimo a la realidad, pero de un universo muchísimo más puro que, hoy mismo, desgraciadamente puede ser sólo ficticio. Y por esto le debo un agradecimiento, porque de no ser por él, estaría un poco más loco, en un sentido que no me interesa estar.
Segundo, escuchar esta canción cuando venía por la calle, que se combinó, afortunadamente, con frío y humedad, y que transmite mucho de la energía que se despliega cuando Tolkien comparte su genialidad.


29.3.11

El método, 1

Lucio se despertó una mañana con una tarea muy importante: aprender a escribir poesía.
Como todo principiante, no sabía por dónde empezar. Una vez leyó que todo depende de las condiciones materiales: el feng shui, una buena máquina Remington, vivir en los años treinta, estar ebrio en una vieja estación de tren o en un hall de canto gregoriano. La poesía se contagia de la mística del momento y surge sola como la flor de loto en el barro.

"Pero, ¿dónde y cómo?", pensó Lucio, "no debería ser tan complicado. Tiene que haber algún manual."

Otra vez leyó que la poesía era fruto de un estado espiritual. Que la meditación era una especie de tratamiento que te ayudaba a extraer haikus de los gorriones o de las palmeras. Era un procedimiento casi de mago. "Río que fluyes / por tu cuenca hidrográfica / hacia el mar vacío", o mejor, más simple, "polvo viejo / que por la escoba / mueres".
Tantas reglas y aún así tantos poetas. Es un oficio para valientes. No son periodistas los poetas; no se sientan a escribir luego de asistir al incendio. Generalmente, el poeta es el pirómano que lo inicia.

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28.3.11

¿Te creo, Rober? (A no censurarse II)

 Roberto Arlt dice al respecto -de algo-:

Esta no es una fórmula para vivir feliz; creo que no, pero sí lo es para tener fuerzas y examinar el contenido de la vida, cuyas apariencias nos marean y engañan de continuo. No mire lo que hagan los demás. No se le importe un pepino de lo que opine el prójimo. Sea usted, usted mismo sobre todas las cosas, sobre el bien y el mal, sobre el placer y sobre el dolor, sobre la vida y la muerte. Usted y usted. Nada más. Y será fuerte como un demonio entonces. Fuerte a pesar de todo y contra todos. No importe que la pena lo haga dar de cabeza contra una pared, interróguese siempre, en el peor minuto de su vida, lo siguiente: “¿Soy sincero conmigo mismo?” Y si el corazón le dice que sí, y tiene que tirarse a un pozo, tírese con confianza. Siendo sincero no se va a matar, porque no se puede matar. La vida, la misteriosa vida que rige nuestra existencia impedirá que usted se mate tirándose al pozo. [...]

Me dirá usted: “¿Y si los otros no comprenden que soy sincero?” ¡Qué le importa a usted de los otros! La tierra y la vida tienen tantos caminos con alturas distintas, que nadie puede ver a más distancia de la que dan sus ojos. [...] Me dirá usted: “¿Y si me equivoco?” No tiene importancia. Un se equivoca cuando tiene que equivocarse. Ni un minuto antes ni un minuto después. ¿Por qué? Porque así lo ha dispuesto la vida, que es esa fuerza misteriosa. Si usted se ha equivocado sinceramente, lo perdonarán. O no lo perdonarán. Interesa poco. Usted sigue su camino [...] Vea, amigo: hágase una base de sinceridad, y sobre esa cuerda floja o tensa cruce el abismo de su vida, con su verdad en la mano y va a triunfar. No hay nadie, absolutamente nadie, que pueda hacerlo caer. Y hasta los que hoy le tiran piedras, se acercarán mañana a usted para sonreírle tímidamente.

Créalo, amigo. Un hombre sincero es tan fuerte que sólo él puede reírse y apiadarse de todo.

A no censurarse

Esto se me ocurrió hoy y hablo desde mi propio caso, que por suerte, es un caso sencillo.
La onda es así. Una persona que te detesta, o que por lo menos sospechás que te detesta, conclusión que debe haber derivado por lo menos de una o dos interesantes observaciones, a no dejarla tranquila. ¿Por qué?
En mi opinión, -podés naturalmente pedir otras opiniones si te molesta la mía así como podés visitar otro blog si te molesta el mío, así que repito la frase-
En mi opinión, el llamado perfil bajo, al menos en estas situaciones, es relacionable prolijamente con un carácter efímero. Ser efímero es condenarse a una próxima desaparición. No vayamos a autocondenarnos a ser olvidados.
Entonces, si una persona te detesta, no la dejes tranquila. Comentale su estado de Facebook menos dirigido hacia vos, un estado como "qué lindo día" con un mensaje rompebolas como "hay mucha humedad y me duelen los huesos" o "será para pegarse un tiro". Especialmente si la persona es un optimista inexorable, vas a sacarle unas canas verdes que serán divertidas de observar en su próximo encuentro incómodo en alguna parada de colectivo.
La ironía es algo a veces detestable, y como vos sos un ser detestable, interesante recurso para no descender de categoría. Entonces tirale un inesperado "¿cómo anda tu esposa? ¿igual de caracúlica?", con tu mejor cara seria, como para decirle que debería tomarte en joda... ¿debería?
Como lo mejor que podemos esperar es el auténtico odio, ver que la sangre hierve en las venas de nuestro compañero del alma al ver nuestra carita sonriente asomándose y nuestros inoportunos -pero por ello atinados- comentarios, es la mayor satisfacción posible al ver que la opción diplomática está felizmente descartada. Divirtámonos con la ingratitud del otro, y tomémonos todo con humor, con soda, con guarnición, con sencillez.
La onda es la siguiente. Si una persona presumiblemente te detesta, y vos lo descubriste basándote en un análisis riguroso de su conducta porque sos un ser sistemático, pensante y de sangre fría, no hagas que te olvide ofendiéndote como esos reprimidos.

Si una persona te detesta, para que te deteste bien, facilitale amistosamente el camino.



"Vi una estrella caer.
Pedí un deseo. 
Y la estrella cayó en tu casa." 
-R. Fontanarrosa

27.3.11

Reflexión sobre el agua congelada

Esto fue un 17 de julio, gracias al cambio climático dicen, pero yo no vi ninguna fábrica en el camino a Salta. Me gustaría relatar la historia. Al que no le interese, abajo tiene otra entrada que leer, y próximamente, arriba también habrá una.
17 de julio fue un pedazo de día, así. Tenía encima una alegría maníaca e inexplicable cuando me levanté, y hace dos días tenía gente en Salta  que me decía que estaba nevando en Capital, y ¡¿qué demonios?! porque es bien sabido que no nieva hace toneladas de años en Lerma en el Valle, todos lo saben... entonces era una experiencia increíble. De modo que volamos, después de una noche muy intensa, y yo cargué una guitarra roja y un par de medias y guantes muy abrigados en la parte de atrás de un auto y en el camino escuchamos Creedence Clearwater Revival. Viajaba, sí, con mi familia, pero pude prescindir de ella desde el primer día, viviendo más que sobrevivir en la casa de una buena amiga mía, con cuyos abuelos me encariñé mucho y me contaron historias increíbles y me enseñaron algunas palabras en yiddish. Gente bonita si la hay. Y desde julio 2010, en el que nevó en Salta la Linda, en el que yo caminaba por la avenida con la nieve cayendo misteriosamente de arriba abajo y sin entender bien todo lo que estaba pasando -que era mucho y sería mucho más-, yo estoy enamorado de Belén, de Salta y de la vida.

La aventura de nuestras vidas

Buenas. Este es mi primer blog con intención de serlo, dado que ya tenía otros dos que fracasaron, cuyas URL no divulgaré por motivos de fuerza mayor.
Me gusta redactar y no encuentro muchas veces el medio propicio para hacerlo. El blog, sin embargo, escribir en forma de blog -tan sencillo y regular como cocinar huevos con forma de óvalo-, fue la alternativa más lógica durante toda mi búsqueda de espacios de reflexión a través de interfaces incómodas, y sin embargo, lo negaba sistemáticamente para mí mismo dado que el blog es una cosa que requiere ante todo mucha creatividad, porque es un medio libre, y yo soy libre pero no tanto, entonces me gusta que me presionen un poco y que me otorguen esquemas desde dónde arrancar con lo que serían "mis cosas".
Pero decidí darle un intento más después de ver dos o tres blogs y decir que podría bien tomarlos como ejemplo a seguir y, en una de esas, recolectar algún que otro colgado que decida seguirme.
Vale aclarar que blogs con entradas de 5 palabras hay miles y no es el formato que prefiero. Los textos elaborados, bien puntuados y corregidos, con links a cosas, y todas esas herramientas, me parecen algo más comunicativos que una frase escrita en colores, enter enter, y una foto que refleja el narcicismo infinito del que suscribe.
Comienzo este blog con una anécdota, entonces.

Para mí la vida es una aventura, y seguramente para usted también. OK. Es muy lindo todo esto. ¿Aventura es subyugarse ante un sistema que, elaboradamente a través de la edad contemporánea, no ha hecho más que modelar los intereses y los desarrollos personales de los mal llamados "occidentales"?
-¿al oeste de qué? ¿del medio? ¿de un Greenwich arbitrario y discriminador?-
Aventura, creo, es rehuir a todo eso. Y así, durante dos o tres noches de un insomnio que terminó siendo aguantable, terminé condensando en pequeñas gotitas que se convirtieron en una imagen nítida de lo que yo considero aventura.
Así planeé mi propia aventura absurda, loca, como todos quisieran tener.
El coraje de comenzar una aventura, creo yo, reside en lo absurdo y loco que esté en el momento donde es propicio comenzarla.

Una semana después llegó a mis manos un libro de Alexandr Pushkin, "La hija del capitán", un libro que la editorial que lo publicó, lo publicó diciendo que era una deliciosa novela de aventuras escrita por un ruso moderno y fresco del siglo XIX.
La novela de aventuras, ipso facto serla, requería un extenso prólogo que explicara, en pocas palabras que no eran tan escasas, qué era una novela de aventuras.
Definió entonces una aventura. Una idea que rondó las mentes de los primates hasta hoy, hasta la época donde somos quizás más primates que nunca. Los hombres de las cavernas, bien dice M. R. Rivero -el señor encargado de cometer este prólogo-, veían en un héroe una persona que había vuelto de espacios ignotos, que ha conocido a otras gentes y ha enfrentado a muchos peligros, y que se dirige a un auditorio para contar su experiencia.
La aventura sirvió, con el correr del tiempo, para educar a todos los pequeños héroes que las tradiciones de las primitivas sociedades belicosas -oh, la guerra, tan primitiva, tan prehistórica...- necesitaban. La aventura transmitía una escala de valores. Las mitologías, bruto ejemplo. Hércules y sus doce trabajos, la Ilíada y la Odisea, todo eso que, ficticio o no, escapaba a la realidad cotidiana de sociedades que se sentían anacrónicamente alienadas.


Aventura es rehuir de la cotidianeidad. Aventura es una necesidad espiritual de los hombres encerrados en una rutina que hace que el día de hoy no sea un día muy distinto al de ayer, y sea terriblemente parecido al día de mañana.
Y viajar con la imaginación -aunque sólo sea la fucking imaginación!-, cosa que los iluministas, gente seria, estirada y autoproclamados "positivos" veían como una pérdida de tiempo y de potencial intelectual, es en realidad una necesidad espiritual que, en pocas palabras, nos previene de volvernos locos con nuestro propio modelo de vida que elegimos, pero sólo hasta cierto punto.
Una vida de aventura es lo que elijo yo.
Y esta aventura consiste en lo siguiente.


Para mí, este paisaje es bello, cómo no. Pero por alguna razón, éste también. Y yo y en realidad todos, de proponérnoslo -escuchamos en la tele relatos de gente que te dice todo el tiempo: creé en tus sueños y tené confianza de vos mismo-, podemos conocer ambas cosas, porque vivimos en un mundo que tiene ambas cosas para ofrecernos. Y podemos aprender y vivir la vida tanto del señor que vive en esa casa que se llega a vislumbrar entre los árboles, como de ese señor viejo que acompaña a su nieto a una plaza en Rumania, mientras los padres trabajan por un sueldo que no supera los 150 euros.
La aventura no es una europea travesía por los paisajes más bellos de la Cordillera de los Andes, yendo y viniendo todos los días de un Sheraton donde se consume de la misma manera pero en otro idioma. Ése es el héroe que dice conocer a otras gentes que, en realidad, tienen los mismos prejuicios que ellos porque viven el mismo miedo que ellos y la misma rutina que ellos. Y terrible peligro debe ser el ilusorio peligro de salir del hotel y que te roben la billetera de camino al taxi... en un país desconocido, oh dios, ni pensarlo.
tranquilidad, es ser héroe.

A veces me gustaría, invece, cabalgar por espacios enormes y rescatar princesas de castillos. Pero elegí la era equivocada y la urbanización está por todas partes y en ciertos sentidos es siempre igual. Y bueno.